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John Gifford Bellett

(1795-1864)

John Gifford Bellett nació el 19 de Julio de 1795 y fue el hijo mayor de una familia anglo-inglesa de Dublín, La mayor parte de su juventud la pasó en su casa de campo fuera de la ciudad. Juntamente con su hermano menor, George, a quien amaba mucho y que más tarde llegó a ser “pastor” él cursó la primaria en Taunton,  pasaban las vacaciones con su abuela,  una mujer temerosa de Dios. Cursó la escuela secundaria en Exeter y más tarde asistieron al Trinity College en Dublín. Él se destacó por su talento natural. Durante ese tiempo él se convirtió en 1817. En el año 1821 estudio en Londres Ciencias Jurídicas y después volvió a Dublín, para obtener un puesto de trabajo, el cual posteriormente dejó para dedicarse  exclusivamente al estudio y anuncio de la palabra de Dios.

En esos años, él se unió en matrimonio con Mary Drury. Cuatro de  sus hijos el Señor se los llevó consigo a corta edad. Fue en el año 1826 o quizás 1827, John Gifford Bellett conoció a Anthony Groves de Exeter. John Gifford Bellett, como es sabido por muchos, ha formado parte de los primeros hermanos que comenzaron a reunirse conforme a la palabra de Dios. Anthony Groves, cuando más tarde ha visitado  Dublín, tenía la costumbre de  hospedarse en la casa de Bellett. Fue en el invierno de 1827/28 también John Nelson Darby ha venido a formar parte de ese grupo. A comienzos del año 1827, Groves  mencionó a Bellett que sería conforme a las Escrituras partir el pan cada día domingo. Evidentemente eso fue llevado a la práctica. En ocasión a su partida y despedida en Dublín, Groves (que fue como misionero al medio Oriente) expresó, más o menos a final del año 1829, que sería conforme a los pensamientos de Dios reunirse, en toda simplicidad, simplemente en la condición de hermanos sin tener en cuenta a los clérigos, sino que confiando exclusivamente en el Señor que Él sería capaz  de usar a los hermanos de entre ellos mismos  para edificación. Más tarde, Bellett escribiría que esas palabras  lo afectaron profundamente. En esa época, Bellett asistía,  junto con J.N. Darby,   a las conferencias conocidas como las conferencias de Powescourt, que se realizaban en el castillo de una hermana creyente.

Fue a finales del año 1829, el lugar de reunión de este pequeño grupo de hermanos estaba en la residencia de Francis Hutchinson en Dublín cerca de la plaza, en Fitzwilliam Square 9. El próximo año, ellos alquilaron un lugar público en la calle Aungier Street. En ese tiempo también John V. Parnell (posteriormente Lord Congleton) llegó a reuniré con ellos, a quienes el Señor había ido dando más y más entendimiento sobre Su iglesia.

Mientras los otros hombres, a medida que el tiempo pasaba, eran llamados por el Señor a otras localidades, para anunciar la palabra de Dios, y enseñar a los creyentes, John Gifford Bellett se dirigió a Irlanda. Allí pasó los días  visitando a los cristianos con la finalidad de estimularlos y aconsejarlos, y lideró estudios bíblicos en las casas de sus amigos. Él tenía la costumbre de levantarse Temprano. Durante el invierno él se sentaba junto a la mesa en la cocina con su Biblia y utensilios para escribir cerca del fuego, y escribía y meditaba  allí por un tiempo antes de que el desayuno estuviese listo. Durante esos años, los estudios sobre los Salmos, Lucas y Juan surgieron. Más tarde, estudios sobre el libro de Job (ocasionado por el fallecimiento de  su hijo), sobre los Patriarcas, los Profetas menores, y los Evangelistas, la epístola a los Efesios y Tesalonicenses y otros escritos. Sus libros más conocidos y tal vez los más hermosos, y cuyo asunto y tema es nuestro Señor Jesús, son “El Hijo de Dios” y “la gloria Moral del Señor Jesucristo en Su Humanidad.”  El último libro mencionado fue también, el último históricamente, escrito poco antes de su fallecimiento. El manuscrito él lo confió a  su amigo Edward Denny, que más tarde lo imprimió. A causa de su forma de expresarse, J.G. Bellett se ganó el nombre de “el ruiseñor entre los Hermanos.”

En los años 1846 al 1848 él ha vivido temporalmente en Bath. Solamente volvió a Dublín en 1854, para continuar allí hasta su fallecimiento.  Él durmió en el Señor el 10 de octubre de 1864,  más o menos un año después de la muerte de su amada esposa. Se relata que en sus últimos días fue visitado por uno de sus amigos, que lo encontró en un estado de gran debilidad física. Sus delgadas manos se unieron, y lágrimas han corrido sobre su rostro, y él dijo: “amado Señor Jesús, Tú sabes cuan perfectamente puedo decir juntamente con Pablo: es mejor partir y estar con Cristo, ¡y cuanto mejor! Ellos vienen y me hablan de una corona de gloria,  que se callen; y hablan de las glorias del cielo,  que se callen. ¡No deseo una corona! ¡Lo tengo a Él mismo, a Él mismo! ¡Y estaré con Él mismo! ¡Ah! ¡Estar con el Hombre de Sicar, con Aquel que se detuvo para llamar a Zaqueo, con el Hombre de Juan 8, con Aquel que ha colgado sobre la cruz, y que ha muerto en ella! ¡Oh!  Estar con Él aun antes  que las glorias, y coronas del reino se manifiesten. ¡Qué maravilloso! ¡A solas con el Hombre de Sicar, con el Hombre de Naín; estar para siempre con Él! ¡Ser sacado de esta triste escena, donde Él fue rechazado para estar en Su presencia! ¡Oh, el Hombre de Sicar!”

Todo el ministerio de J.G. Bellett fue dirigido para evitar el fracaso y cumplir la exhortación: “tened paz entre vosotros” (Mr. 9:50; 1 Tes. 5:13). ¡Qué feliz recuerdo es  acordarse de este fiel hombre de Dios, de quien podemos decir, que  nada de aquello que dice o escribe causó divergencias, pero todo ha servido para remover las barreras humanas y para fortalecer los corazones en el temor del Señor!