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FREDERICK WILLIAM GRANT

UNA BREVE BIOGRAFIA

 

Frederick William Grant (1834-1902)  nació en un hogar  anglicano donde se temía a  Dios, en Putney  distrito de Londres. Presumiblemente en su  adolescencia vino a ser   un  creyente mientras  leía  privadamente la  Biblia. Él fue al King´s College  School, en  vista a obtener una  posición en el  departamento de  defensa británico. Pero obtener  estas posiciones  entonces   requería, a menudo,  tener  conexiones  dentro.  Desilusionado, a la  edad de  21  años,  Frederick fue a  Canadá.

 

En el año  1850 la   iglesia de  Inglaterra estaba  agresivamente  abriendo  parroquias en la frontera  canadiense.  Frederick  fue  examinado  y ordenado como  sacerdote  anglicano, aunque  él nunca  asistió a un  seminario  para entrenamiento.  Alrededor del mismo  tiempo él estaba  practicando medicina. Ya sea  que esta  haya sido su profesión  o no, no hay  forma de  saberlo.  Pero él  administraba  una  farmacia cuyo  dueño era   un  creyente  que  tenía  literatura en  su escaparate. El  farmacéutico   tenía  comunión  con  una  asamblea,  que  Frederick  había  asumido era  un lugar contra el cual debía  estar  alerta. Pero leyendo la literatura,  vino a  convencerse  que  los autores  no eran de   una  secta  peligrosa, sino mas  bien, estaban  fielmente  presentando la  palabra de  Dios. Él  y su hermano,  Robert T. Grant, que   también  vivía  en  Canadá,  y  había llegado a ser  un sacerdote  anglicano,  dejaron los  "sistemas de los hombres"  como ellos los denominaban, alrededor de 1860 después de  abrazar las  verdades que  descubrieron. F.W. Grant  vivió en  Toronto antes  de moverse a los  Estados  Unidos, donde  vivió en  Brooklyn,  New  York y después en  Plainfield, New  Yersey.

 

En medio de  todas sus labores  para los santos de  Dios, él no eludió la  gran  responsabilidad de  ser  un  piadoso marido y  padre. Los  Grants fueron los  felices  padres de   cuatro  hijos,  Frederick, Robert, Frank,  y Hattie. 
Su demanda  por  un permanente lugar en los corazones de los santos descansa, como  realmente lo hace para cualquiera, pero más ostensiblemente que muchos, se encuentra en su identificación con la palabra de Dios. Desconocido para muchos  en la  carne, que se  han beneficiado por su ministerio, con poco de lo que  puede llamarse  popularidad, o el magnetismo esencial en un líder, él se pierde  de vista en la preciosa verdad que fue su gozo desplegar. Aquellos que  le conocieron personalmente lo amaron por la dignidad y nobleza cristiana  de su  carácter, fruto de la gracia de  Dios; por esa sorprendente mente recibida de Él, y por la  simplicidad y dignidad de un verdadero cristiano.  Pero no es de  estas cosas que deseamos  hablar, mientras debemos siempre tratar de andar en los pasos de piedad y fe dondequiera que pueden estos ser vistos.  Nos volvemos mas bien a esa palabra a la que él se aferró, y con consciente debilidad y dependencia, uso constantemente. ¡Qué vistas  de la palabra de Dios nos ha  presentado!  ¡Qué pensamientos de Cristo! ¡Qué verdades bajo la guía del Espíritu Santo!

 

Si un poeta pagano, que ha dejado detrás algunos bellos  especímenes de la  sabiduría y arte humano, ha podido decir, "he edificado un monumento más permanente que el bronce," ¿no podemos con mayor propiedad aplicar estas  palabras  a uno cuyo solo anhelo fue edificar solo la pura palabra de Dios en todo  su ministerio? Esa palabra permanece, "cuando todo parece ser destruido"  ¿Qué más elevado honor puede  haber  para alguno de nosotros que estar asociados, e identificados con esa Palabra?

 

Al tomar, entonces, su ministerio  y tratar de analizarlo, de comprender sus características prominentes, es con el ruego de que Cristo pueda ser  glorificado, no Su siervo.; que las verdades de la palabra de Dios sean nuevamente presentadas  ante el pensamiento y la conciencia, y de  este modo seamos movidos nuevamente a aferrarnos de Cristo y Su verdad. Esto, estamos seguros, debe ser la única  forma en la cual nuestro amado  hermano querría que hablásemos de él.  Para él, como para cada uno que  ama al Señor, solo puede ser, "no yo, sino Cristo."

 

Hablaremos primeramente de  su ministerio del evangelio.  Todo aquel que ama a Cristo, ama el evangelio. Es una cierta señal de frialdad  espiritual cuando  uno pierde  el gusto por las más  simples  verdades de la salvación.  Nuestro hermano no fue un evangelista, aunque  él ha simpatizado profundamente con cada ganador de almas, y deseado una más amplia, plena y constante obra en la evangelización. En sus discursos evangélicos no encontramos mucho de esa ardiente insistencia  que a menudo se  ve  en el predicador del  evangelio. Una palabra  caracterizó el pensamiento de su predicación. Llamados a la  voluntad, tocantes narraciones, y denuncias; todo adecuado cuando uno es guiado por el Espíritu, no estuvieron  allí.

 

Pero  hubo un rico y tierno despliegue de la gracia y el amor  divino. El pecado del  hombre fue llevado ante la  presencia de la santidad  infinita, una compasión  divina y una perfecta redención. El pecado fue visto como pecado, no tanto en sus efectos, o en su justa  recompensa, como a la luz del Hombre que se sentó junto al pozo de Sicar, o que  trató con la pobre pecadora en la casa del  fariseo. En su libro de discursos evangélicos muchos ejemplos de  esto pueden  encontrarse. Lea nuevamente   "El Evangelio  en la genealogía", y verá como la gracia  es magnificada  en la asociación de Cristo con el pecado de Su pueblo; bendito sea Dios, Él mismo inmaculado ante el contacto de toda la desgracia humana. Lo mismo puede verse  en "Un Tizón arrebatado del fuego," y otros discursos en el mismo  libro. 


Cuan dulce es, queridos hermanos, tener estas preciosas verdades recordadas a nuestros pensamientos. Nuestro hermano no estuvo solo en estas preciosas verdades. Él las recibió de otros que, como él mismo, han encontrado descanso y paz a los pies de Jesús.  Él deseaba un avivamiento de la obra del evangelio entre nosotros. ¿No estaremos dispuestos, por el amor de Cristo, para hablar a las almas que perecen, de las buenas nuevas de  esa gracia que alcanza  al más bajo, y que nos ha  alcanzado a nosotros?

 

Pero fue como maestro, como uno que despliega la palabra de Dios para Su pueblo, que nuestro hermano será mejor recordado. Podemos decir que él ha  recibido y asimilado el ministerio de nuestro amado J.N. Darby, a quien él  reconoció como llamado de forma especial por Dios, levantado para dar a la iglesia de Dios con frescura y claridad la invaluable heredad de la  verdad por largo tiempo perdida al pueblo de Dios. Ninguno  valoró más grandemente o hizo un uso más constante del "Sinopsis" y "Collected Writings" de J.N.D. que nuestro hermano.  Sus dones eran distintos. El mayor tuvo,  quizás más claramente  que cualquier otro desde los  días de los apóstoles, un bosquejo  claramente definido de la verdad revelada. Ya sea en la  exposición de un solo  verso, libro, o una sección de las Escrituras, él comprendió  las características sobresalientes y las puso  ante sus oyentes en pocas significativas sentencias. Sus ojos recorrían los cielos con un vistazo; él cogió la corriente del  pensamiento divino, y siguió obedientemente sus direcciones. Más adelante seguiremos  las características del ministerio de nuestro hermano. No podemos refrenarnos de  decir  que será un triste  día para  la asamblea  cuando los escritos de J.N. Darby sean descuidados o ignorados.

 

Como se ha dicho, nuestro  hermano ha asimilado las enseñanzas de J.N.D.  Entonces  él ha tenido un muy claramente  definido bosquejo de la verdad de las Escrituras, dentro de las cuales él podía introducir  las "cosas nuevas  y viejas" que él mismo ha  sacado de su estudio personal de la palabra de Dios.  Aquellos que  han leído "Las Lecciones de las Edades," y "Misterios del  Reino de los Cielos,"  verán  cuan claramente  él ha comprendido y presentado el gran bosquejo de la verdad  dispensacional. Mientras sosteniendo en lo principal, con  aquellos que  han estado antes que él las grandes  y sobresalientes  características de la  verdad profética y dispensacional, nuestro hermano F.W. Grant, las ha presentado en una  forma fresca y  útil, que es peculiar de él mismo. Su libro sobre Apocalipsis ilustra  esto en muchas páginas de este muy provechoso estudio de esa bendita doctrina. De forma similar  él tomó las grandes  doctrinas de la  palabra de  Dios y las  exhibió en su belleza y poder. Su obra "La  Expiación"  es un examen  escritural de  esa bendita doctrina.  Él traza  desde el comienzo la gran verdad de la salvación  como vista  típicamente en los primeros  libros de la Biblia; proféticamente, en los  Salmos y Profetas;  actualmente cumplida, en los Evangelios,  y doctrinalmente desplegada en las  epístolas de Pablo y los otros apóstoles y Apocalipsis.  Uno se levanta del  estudio de este libro con la profunda convicción, más clara que nunca,  del lugar cardinal en el plan de Dios de la verdad de la expiación, y una más clara realización de la sabiduría, amor y habilidad divina desplegada a través de las páginas de la palabra de Dios. El hilo "escarlata" puede verse a través  de todo, y vemos como Cristo y su obra está siempre presentes en el pensamiento de Dios.

 

Con este libro podemos enlazar otro, sobre la Persona de nuestro Señor, "El Cristo  Coronado."  Nadie que sea sano sobre la obra de Cristo puede sostener  vistas erradas en cuanto a Su persona. De manera que en esta obra  encontramos  una reverente, pero completa, investigación  en cuanto a lo que la palabra de  Dios enseña relacionado con el Hijo de Su amor. Nuestro hermano no creyó en pasar superficialmente sobre la  verdad con unas pocas  y vagas generalidades.  Por  hábito y fe él fue un investigador esforzado  en pequeños puntos que escaparían a la atención del lector superficial. Él por  tanto trata con la  Deidad y humanidad de nuestro Señor, en una doble forma, como el Hijo de Dios, y también Hijo del hombre; divino Creador por  un lado; obediente, inmaculado, e inmortal hombre, por el otro.  Las  analogías entre  el primer  hombre, el primer  Adán, y el segundo Hombre,  el último  Adán,  son cuidadosamente notadas. Se hace distinción entre el Primogénito, sugiriendo otros hijos, y el  Unigénito excluyendo a otros. En resumen,  nuestro hermano trata de  señalar las "muchas coronas" sobre la  cabeza  de  Aquel a quien la  fe ama seguir en cada  carácter que Él lleva, y lo adora en  cada uno de ellos, lel Verbo, Dios sobre todo, el Hombre de  aflicciones,  el  Hijo, el Rey, ¡Bendito sea para siempre, y que todos Sus  santos digan Amén!

 

Pasando después a un libro más conocido, quizás, que cualquier otro de sus obras separadas, podemos ver  "Hechos y Teorías en  cuanto al  Estado Futuro." Hubo necesidad para tal obra, y esta es una triste evidencia, no  solo  entre públicos negadores de la palabra de Dios, sino también con aquellos que demandan inclinarse a la Escritura,  y que la citan como prueba de su posición.  Hubo tiempo cuando ser un "universalista", un  "Unitario," era uno  que no podía ser admitido dentro de los  limites de las declaraciones de las Escrituras. Pero durante el tiempo del  avivamiento de la verdad de la venida del Señor, y el exacto estudio de las escrituras, se  han levantado  varias  escuelas  de pensamiento, todos profesando inclinarse ante las  Escrituras,  en que la solemne  realidad del castigo eterno, consciente e  inmutable, fue negada.  Esto es como si Satanás, como sin duda lo  es, estuviese tratando de poner enseñanzas paralelas a aquellas que estaban siendo  puestas  ante la  iglesia de  Dios. De esta forma  él desacreditaría la   verdad,  y crearía una repulsión  en las mentes  de muchos contra las Escrituras,  y al mismo  tiempo inyectaría en las mentes de otros el mortal veneno.  Hay muchas formas de pensamientos en los  hombres, y para cada clase Satanás  tendrá  una forma  especial de error que él sabe  atraerá mucho. De  este modo está la "más amplia  esperanza" de aquellos cuyas sensibilidades  no les permiten  mantener  el  pensamiento que  el  Hijo de  Dios claramente llama "el fuego eterno."  Esta esperanza de salvación final para todos tiene varias  formas  en que se  viste, todas  están incluidas  en el  encabezado  general  acerca del  "Restauracionalismo."

 

Directamente opuesto a  esto, ¡ay! , no opuesta, porque el error tiene muchos lados,  sino unidos en su odio de la verdad, está la materialista enseñanza de la "Aniquicionalismo", o "Nihilismo" en sus variadas  formas, mientras  entre las dos  hay muchas  formas  individuales de error, compartiendo del carácter de uno o de ambos de  estos sistemas.

 

Tampoco debe suponerse que  estos errores  son sostenidos solo  entre  alguna  secta  peculiar u oscura, como el "Cristodelfianismo".  Donde  quiera que  comiencen, ellos  forman su  camino con persistencia  satánica  en las fibras de la  iglesia profesante, hasta que en el día presente estas se encuentran, más o menos abiertamente  defendidas  en muchas de las  denominaciones  evangélicas.

 

El enemigo ha  venido  como  una inundación, y el Espíritu de  Dios, como siempre, en fidelidad ha levantado un estandarte contra él. La tarea  ante nuestro hermano ha sido  ardua y  difícil. No era útil escribir en generalidades; meras denuncias, no importaba cuan merecidas, estarían fuera de  lugar. Caer dentro de una pasión, si podemos usar tal lenguaje, con el enemigo sería caer y venir a ser un juguete en sus manos por manifestar una  debilidad que  él diría era inherente en la vista ortodoxa.

 

Lo que  era necesario era un templado, y completo  análisis de cada vista  falsa, el examen de  cada pasaje de la Escritura usado para apoyar el error, y una completa exhibición de la  falsedad que estaba siendo enseñada. Pero la mera destrucción del error no era  suficiente. Cada escritura debe ser puesta en su verdadera luz, la doctrina de la palabra de Dios plenamente manifestada, de modo que el  lector sería dejado, no solamente con errores  refutados, sino con un sólido  fundamento de la verdad divina que estaba debajo de sus pies. Incidentalmente, mucha tosquedad y conceptos erróneos entre los ortodoxos han debido ser corregidos.

 

Es el unánime juicio de muchos lectores del pensamiento cristiano, no solamente de aquellos que podría pensarse estaban favorablemente inclinados, que en "Hechos y Teorías" el Espíritu de Dios ha provisto una riqueza de verdad para enfrentar el error. Exhortamos sinceramente a los santos, particularmente a aquellos que podían estar en alguna  forma presionados con las variadas formas de error, a armarse con las armas encontradas  aquí.

 

En este  libro se encontrará considerablemente lo que puede llamarse un sicológico  estudio de las  Escrituras. Nuestro hermano no duda en entrar en cada campo del conocimiento, Él creyó que toda verdad es una, y que si la  fe no cultiva un campo, Satanás lo  hará. Él fue un profundo estudiante de lo que es llamado naturaleza, leyendo de amigos y  enemigos de la verdad  revelada. De  esta manera él no solo  estudió las obras de  Dios en la vida de las plantas  y animales,  sino que también examinó las enseñanzas de líderes en el error como Darwin y sus discípulos. Para él la  "evolución" no tenía atracciones ni terrores, como, con agudo pensamiento y fe como de un niño, y con la Biblia en su  mano, probó todo por la luz  divina. De forma diferente a un brillante pero mal guiado líder, de quien esperaríamos lo  mejor, a pesar de los errores que ha enseñado, nuestro hermano fue inmovible de la solida roca de la verdad  divina.  El hizo de los infieles investigadores de los fenómenos naturales "acarreadores de madera y sacadores de agua para la  casa de Dios." Él quitó las armas de sus propias manos, y las usó contra ellos.  Aquí, nuevamente, él no fue un crítico meramente destructivo, sino  un edificador de la verdad. Un comentario favorito suyo fue que la naturaleza enseña no solamente de Dios, sino también de Cristo, y que encontraríamos la expiación y otras  grandes verdades en el libro de Dios extendidas ampliamente en el campo, bosques, y estrellados cielos, como también en las páginas de las Escrituras. Él se  deleitó en todos los libros que sobriamente  presentaron las verdades típicas de la naturaleza, y en su libro "Ley Espiritual en el Mundo  Natural" ha presentado una muy atractiva línea de  verdad, para encender nuevos deseos por  el conocimiento divino.

 

Su gran deseo fue escribir otra obra sobre  Génesis, en la cual  estas  verdades  tuviesen  un pleno tratamiento. Lamentablemente, él ha sido  tomado y la obra  no ha  sido hecha. ¿Hay alguno que  tomará esto con la misma  fe, y libertará estos  campos de verdad de la mano del enemigo, y lo pondrá a disposición de los  santos? El tiempo  está maduro para  esto; ¿hay alguno haciendo esta obra? ¡Qué el Señor mueva  los  corazones  de aquellos  a quienes  Él ha dado las llaves del  conocimiento, para que puedan usarlo para abrir la puerta a  estos tesoros!

 

También es justo, hacer  otro comentario en esta  conexión. Los hombres han ido primeramente a la naturaleza, como si pudiesen  en ese  camino  encontrar a  Dios. Pero siempre debemos  recordar que el hombre es  un pecador, "alejado de la vida de Dios." hay solo una forma, Cristo mismo,  y "nadie va  al Padre sino por mí."  Si hemos de  conocer a Dios en algún sentido verdadero, debemos conocerlo a través de Cristo, y Su palabra.  No debemos  esperar que la naturaleza interprete la Biblia, sino al  contrario.  Debemos usar la palabra de Dios como una lámpara para corregir nuestros pensamientos  naturales. "El mundo por la  sabiduría no conoció a Dios." Nuestro hermano siempre defendió la supremacía de  las Escrituras. Él negó la declaración  común  que sostiene que  la Biblia no fue  designada para enseñar  ciencia. El declaró que la Biblia fue  designada  para enseñar  todo lo que vino ante ella , historia, hechos de la naturaleza, o cualquier otra materia. Ella no usó el lenguaje de la  ciencia moderna, sino el modo de hablar diario de  aquellos a los que fue dada, pero no es debido a eso menos  divinamente  exacta.  Haremos bien en  recordar  esto, y no ceder  a los ardides del enemigo, quien, bajo argumentos engañosos, nos quiere privar de la  absoluta infabilidad de la palabra de  Dios.

 

Y esto nos lleva a considerar aquella que  puede ser verdaderamente llamada la obra de la vida de nuestro hermano. Él por años  ha  estado impresionado con la absoluta perfección de las  Escrituras en sus "jotas  y  tildes", una  verdad que todos aceptamos. Pero para él esto  vino a ser  el pensamiento absorbente de su vida, y puso esto a prueba hasta la plena  extensión de sus poderes. Si la Biblia es absolutamente infalible, entonces no solo sus doctrinas son perfectamente verdaderas, sus narraciones perfectamente  exactas, sino que sus mismas palabras  han sido divinamente escogidas.

 

Él encontró, como lo han hecho otros antes, que las Escrituras dan muchos indicios, y ejemplo de la forma  en la cual el Espíritu de Dios quiere que la usemos. Simples citaciones de la ley y los profetas, alusiones a sacrificios  o  costumbres, alegorización de  hechos del A. Testamento, énfasis sobre el significado de los nombres, yuxtaposición de palabras, todo  esto él encontró en las Escrituras. El espacio aquí impide  entrar más que solo en menciones. Será suficiente  referirse a las narraciones de Agar y Sara, en Gál.4. Por ejemplo de cómo las Escrituras usan las narraciones del A. Testamento; el sacerdocio de Melquisedec, en Heb. 7, como  mostrando  el uso de la interpretación de nombres  y su relación  uno con otro; a toda la epístola de los Hebreos como un comentario divino sobre el ritual del A. Testamento. Él también encontró que el uso de nuestro Señor de las parábolas para enseñar no fue un método casual, sino uno de los métodos usuales del Espíritu de Dios a través de toda la  Escritura. Todas las parábolas no fueron interpretadas. Unas pocas fueron explicadas, no como  un  límite a nuevas investigaciones, sino para dar la clave a ellas. "¿No conocéis esta parábola? ¿Cómo entonces, conoceréis todas las parábolas?" La palabra de Dios no es solamente una revelación; este es un  libro para ejercitar cada facultad del hombre renovado. Conocer esto en alguna plena medida es tener, en el más elevado sentido, una educación liberal. Esta ofrece poco a la ociosidad; pero al buscador diligente y que con oración se acerca a ella esta es, como su divino Autor, "recompensador de los que le buscan diligentemente".

 

Que esta verdad se fije en nuestros corazones como a través de la gracia nos hemos aferrado de Él, y un campo ilimitado se encontrará en nuestra misma  puerta en la cual encontraremos  alimento y sustento para la  delicia de nuestras  almas. ¡Como su corazón se ha dolido ante la indiferencia, incredulidad, y letargo que colgaba  como un paño mortuorio sobre el amado pueblo de Dios! Que su  remoción  estimule a otros a sacudirse del polvo, y podríamos bendecir a Dios por ello.

 

Pero debemos trazar  un poco la forma  en la cual el Espíritu de Dios  guió a  este  humilde  estudiante de la palabra de  Dios. Si la Escritura presenta el significado  de los nombres de  personas y lugares , aquí y allí, él en todo lugar buscaría el  significado. Si ésta "espiritualizaba" una narración, él tomaría la  clave, y la usaría a través de toda la palabra. Cada porción de Génesis sería como el relato de Agar y Sara, y Melquisedec. Éxodo y Números serían como  Levítico. Samuel y Reyes no serían excepción a la palabra que dice que "toda escritura es útil."

 

Él por  años  ha sido un diligente  estudio del libro de los  Salmos. No solo sus contenidos  lo atrajeron, sino también la forma en la cual  están escritos, sus divisiones  en un Pentateuco, la forma acróstica de un número de ellos,  su evidente relación el uno al otro en variados grupos, todas  estas  cosas imprimieron sobre  él el hecho que Dios los  había  escrito sobre un  claro plan en el cual el significado numérico  del salmo, grupo y libro tenían un lugar claramente  marcado. Pero si los Salmos fueron escritos de este modo, ¿por  qué no todas las Escrituras? De modo  él siguió adelante en su estudio, hasta que encontró la misma armonía  divina a través de toda la Palabra  inspirada. Todo esto resultó en un muy cautivante pequeño libro, "La  Estructura Numérica de las Escrituras," una obra  que  será una revelación a aquellos que  aún  no la  han leído.

 

Pero a la mente reflexiva tal tratamiento de las  Escrituras  parecerá, para decir lo menos, arriesgado. Y así es. Y así pareció a nuestro hermano. Él evitó las fantasías e imaginaciones de la mente del hombre. Varios libros  han ilustrado demasiado tristemente los peligros de  este método, cuando esto es emprendido aparte del Espíritu de  Dios. Él  temía, y fue prudente, y oró mucho, pero no volvió atrás. El  Espíritu de  Dios de  esta forma,  sin duda,  lo puso en guarda contra el uso de la imaginación; de manera que él siguió adelante cuidadosa y lentamente, probando cada paso. El resultado, una muy  rica y bella  exhibición de los tesoros de la palabra de  Dios.

 

El tiempo no nos permitirá entrar aquí en los detalles. La "Biblia  Numérica" está en nuestras manos, y hablará por  si misma al estudiante reflexivo. Debe bastar aquí señalar la aplicación de estos principios a los cuales hemos aludido.

 

Toda  Escritura está  escrita de acuerdo a un plan bien definido, en el cual cada libro tiene un lugar  claro, que corresponde, en significado  espiritual,  con el número de ese lugar. De este modo el primer libro de  un  grupo (como  también el primer grupo) tendrá un significado sugerido por  un  número; y  así  con el segundo,  tercero, etc. El significado escritural de estos números se encontrará en la misma Palabra, y será justificado por muchos textos.  El Pentateuco de Moisés, se verá, es la  base, el plan, sobre el cual fue  escrita toda la Escritura. De  esta manera hay un Pentateuco  histórico, uno profético, y uno poético, como  también uno para el N. Testamento.

 

Cada uno de estos pentateucos, él encontró que correspondían, con el pentateuco mosaico. De  este modo un tercer libro tuvo un significado levítico, o al menos un significado correspondiente con el  número. Incidentalmente, ¡qué prueba tenemos aquí que la autoría mosaica del  Pentateuco, no más y no menos, forma un todo completo y simétrico! La misma estructura  se encontró que existía en cada libro separado. Cada  división y sección menor correspondía en significado con su lugar  numérico. De esta forma  una cuarta división de un libro tendría  las características de un  número, una segunda sección en esa daría algún pensamiento conectado con el número  2, y así  sucesivamente. Estas divisiones fueron notadas en porciones pequeñas como los  capítulos en nuestra  versión ordinaria, y en algunos casos  a  porciones cuya extensión era de dos versos. En los  Salmos  cada verso tiene su lugar numérico. De este modo, en lugar de divisiones arbitrarias en capítulos  y  versos, sin ninguna ayuda salvo para  propósitos de referencia, tenemos exhibida una estructura, cada parte tiene un significado divino. Lejos  esté de nosotros sugerir  que  esa perfecta  exactitud  ha sido  alcanzada  al notar  estas divisiones. Otros pueden, aquí y allí, encontrar más simples  y  definidas  marcas; pero  en lo principal ellas  son vistas  por la mente reflexiva como  siendo las  verdaderas  divisiones.

 

¡Y qué testimonio a la perfección de la palabra de Dios son estas! Una respuesta a la lamentable obra de la  "Alta Critica", y muy útil, también, para comprender el contenido de algún libro de la Biblia.

 

Hemos estado hablando solo del texto de la  Escritura y sus divisiones. Cuando llegamos a las "notas", que forman un pleno comentario sobre el  texto, encontramos no solo el uso de las  divisiones, sino también una muy  lúcida y profunda  exposición de la palabra de Dios. El alcance de cada libro, su tema y principales  divisiones, se declaran en unos pocos párrafos. Entonces cada porción  es tratada  con cuidadosos detalles, y los  resultados se extienden ante el lector, abriendo todo el  pasaje. Todo  es tratado, como hemos  estado diciendo, desde un punto de vista espiritual. Cada palabra tiene significado,  cada  alusión un propósito en el pensamiento del  Espíritu. De esta manera los tipos en Éxodo  y Levítico son tocados con reverente particularidad, y todo el libro viene a ser luminoso con  significado divino.

 

Hay poco o nada de espíritu de dogmatismo en estas notas. Somos solo simplemente  capaces de acompañar al escritor, y ver sobre qué fundamentos escriturales él ha alcanzado sus  conclusiones. De este modo no somos  estorbados, y en lugar de  escuchar la  palabra del hombre, hemos sido señalados a la palabra de  Dios. También debemos  referirnos al tratamiento de la última mitad del  libro de Josué. Aquí, muchos comentadores han andado simplemente a tientas  entre los nombres  y señalado aquí y  allí un lugar identificado por sus modernos nombres árabes, o por alguna alusión histórica más o menos oscura. Nuestro hermano, por el contrario, viendo  esto como las descripciones de la herencia de Dios para Su pueblo terrenal, y  espiritualmente para nosotros, encontró en cada tribu, con sus  límites,  algunas características de la  verdad  divina.; en el nombre de cada fuente, montaña, valle y ciudad ha observado alguna bendición espiritual en Cristo. Una parte de nuestra  herencia  espiritual podría  haberse  construido. De este modo una cantidad de  nombres aparentemente sin significado, el Espíritu Santo los ha  hecho  florecer con bellos y preciosos frutos para los  santos.

 

La labor  en todo  esto fue ardua, y necesariamente el progreso fue lento. Pero  el Señor capacitó a Su siervo, a pesar de una salud débil, para que pasase desde Génesis  a 2 Samuel en una forma  ordenada y completa; para dedicar un  volumen a todo el libro de los  Salmos, y para completar todo el N. Testamento. Cuando había realizado un poco más de la mitad de  esta obra   su vida pareció terminar, pero, en respuesta al ruego ferviente,  él fue levantado y capacitado para completar esa porción. Después, volviendo al A. Testamento, casi había terminado el profeta  Ezequiel cuando este cansado siervo fue llamado al descanso de  Dios.

 

Al pensar en lo que se  ha cumplido,  bendecimos a Dios. Al pensar en lo que  queda, nos lamentamos.  Pero hemos aprendido en  vano de nuestro hermano si pensamos que su obra  no ha sido terminada, o que la palabra de  Dios  está atada.  Cuando aparentemente  estaba  cerca de la muerte él expresó una significativa sentencia en una oración. "nosotros fallamos y somos puestos a un lado, todo poder humano desaparece, pero Tú permaneces, Tu Espíritu permanece, Tu palabra permanece." Si, amados, tenemos la permanente Palabra, y Espíritu; y  cuando  todo lo demás  falla, estos quedan, el Autor y su Palabra. La obra de nuestro hermano nunca puede ser realizada tal como  él la comenzó, pero el  Espíritu de  Dios aun guiará a la  fe dentro de las  insondables  riquezas de Cristo. Hay otras características de su ministerio sobre las cuales podemos  provechosamente detenernos por unos momentos, para recordar las preciosas  verdades  hechas más  claramente conocidas a muchos de nosotros por medio de él.

 

Pero un pequeño, pero muy útil panfleto sobre la "Libertad" ha sido usado para libertar a muchos. El tema de la  santificación ha sido mal comprendido, quizás, más que  cualquier otra doctrina en la palabra de  Dios. Por una parte se ha enseñado que el creyente puede  experimentar tal cambio de modo que su naturaleza pecaminosa es eliminada, y él puede  vivir en "perfecto amor;" y por el otro, se sostiene que debemos pasar a través de una  vida de gemidos bajo la  esclavitud  del pecado que mora en nosotros. Ambas vistas son  claramente  no escriturales y dañinas. Una promueve el orgullo  espiritual, y la otra provee para la carne. En el panfleto referido el sujeto es tratado muy lucidamente. El  capitulo siete de Romanos es expuesto, la  esclavitud del hombre  salvado buscando fructividad por medio de la ley, el creciente peso y la desesperanzadora lucha hasta que, en completa desesperanza, el alma  clama "¡Miserable de mi! ¿Quién me librará de  este cuerpo de muerte?" El autor entonces  pasa a mostrar la verdadera libertad a través de  Jesucristo.

 

Diferente a muchos, él no cierra este tema con el capitulo siete, sino que pasa a los primeros versos del  capítulo ocho. De esta manera el creyente no es visto al final con  un doble servicio de la ley de Dios y de la ley del pecado, sino una muy diferente ley,  una ley de emancipación de la  esclavitud del  pecado, "La ley del Espíritu de vida en Cristo  Jesús."

 

¿quién que haya andado a tientas a través de las  terribles experiencias de Romanos siete, y golpeado sus alas contra las barras de hierro de su jaula, hasta que, herido y desesperanzado, ha  llegado al fin de sí mismo, quien, decimos, puede  olvidar el alivio, la paz y gozo que viene cuando esta verdad entró en el alma? Somos libertados, no solo de la culpabilidad, y la esclavitud externa del pecado, sino, lo mejor de todo, libertados de nosotros mismos.

 

Pero  esta  verdad es solo la puerta de  entrada a los cielos abiertos donde Cristo puede verse  en toda Su belleza como el objeto del alma. La santificación viene a través de la ocupación con Él. Justo como el ocuparse de uno mismo, ya sea con el bien o mal, es contaminador, ocuparse de un Cristo  glorificado transforma a Su imagen. Estas  verdades son presentadas en el panfleto referido  arriba, y en "Santidad Cristiana. Sus raíces y frutos"; "Algunos pensamientos sobre el foso de Job," etc. Otros han  escrito útilmente  sobre estos temas, pero mencionamos estas características como distintivas del ministerio de nuestro  hermano. Él ministró  a Cristo al alma. Él alimentó a los  corderos y ovejas  con pastos tiernos de la gracia y el amor divino.

 

Ninguna alma sincera puede pasar a través de este mundo sin ser llamado a contender  ardientemente por la fe. Algunos son más  claramente guerreros que otros, pero todos  aquellos que deseen ser  leales a nuestro Señor deben esperar soportar aflicciones por  Su   causa.  No debemos  avergonzarnos, por tanto, de hablar de nuestro  hermano como siendo un controversionalista. Esto ocupó  gran parte de su vida, pero este fue un tiempo de intenso ejercicio. Él no buscó la controversia, pero cuando  sintió que la verdad de Dios  estaba envuelta, no evitó declarar lo que  creía era la  doctrina de la  Escritura, y la mantuvo a todo  costo.

 

Tristes como han sido las pruebas de estos tiempos, muchos pueden bendecir a Dios por una más clara comprensión de Su verdad a través de ellos. Las  verdades de la vida eterna, la porción de  cada creyente; el sellamiento con el Espíritu que no depende de la suma de  conocimiento poseído, sino de la  fe en la persona de Cristo, han venido con alivio para aquellos  que estaban en peligro de  esclavitud  y ocupación propia. Su libro "Hechos y Teorías" es  una  obra controversial  muy necesaria y útil, como hemos  visto. Cualquiera mención del ministerio de nuestro hermano sería incompleta sin referencia a sus  vistas y posición eclesiástica. De estas él no hizo secreto, tampoco las hizo ondear desafiantemente, sino que permanentemente las mantuvo. Él creyó en la  suficiencia del nombre de Cristo y la persona del Señor como un centro de reunión para Sus  santos, en lugar de las multiformes divisiones y sectas de la cristiandad, por las cuales  él se lamentaba. Él creyó en la presencia y competencia  del Espíritu Santo para ordenar y controlar a la Asamblea de Dios sin la intervención del oficialismo humano o la ordenación no  escritural. Sobre todo, creyó que una justa actitud  de corazón hacia el Señor  era indispensable, sin lo cual todo lo demás  era como "címbalo que retiñe."

 

Sus "Cosas Presentes" es una escrutadora presentación de las epístolas a las siete  iglesias, en las que él entra en la corriente de la enseñanza del Espíritu acerca de la  iglesia como un vaso de testimonio para Cristo.

 

Por otra parte él no fue indiferente a los peligros  de un lugar de separación. Él ha trazado con una mano afligida en  el folleto "Un Movimiento  Divino" los peligros  que  amenazan a aquellos que  han salido, al menos exteriormente, "fuera del campamento." Él no evitó el camino, sino que advirtió contra la estrechez no escritural e igualmente contra la indiferencia  a lo que se creía concernía al honor del Señor.

 

Él estaba persuadido que una verdadera base de comunión solo podía obtenerse al aceptar y actuar sobre todas las doctrinas de la palabra de Dios. No creía que una verdadera comunión pudiese ser asegurada ignorando  cuestiones de doctrina o disciplina sobre las cuales los  santos se habían formado diferentes  juicios.

 

Con amplitud de  corazón salió, como lo hizo, en amor a los santos de Dios, cualquiera fuese el nombre que estos llevasen, y sintió y expresó la necesidad del más grande cuidado al mantener el orden escritural, de acuerdo a las verdades de la unidad del Espíritu, una materia que pesaba grandemente sobre él. Él sentía y deploraba la tendencia a dejar todo ministerio en manos de unos pocos. Sus discursos sobre profecía no son sino uno de muchos testimonios  con relación a  esto.  Él mantenía de las Escrituras que "todos podéis profetizar" no debe tratarse  como letra muerta; que cada hermano, de acuerdo a la medida del don de Cristo, era responsable de usar ese don. No era que él sostuviese alguna vista diferente sobre esto que es común a los  santos, sino que sentía profundamente acerca de ello. Él también temía el peligro de que las cosas se cristalizasen y llegasen a ser una forma, y advirtió una y otra  vez en cuanto a  esto. Que cada uno pueda dar oído a esas advertencias.

 

Pero debemos terminar. ¿Cuál, puede  preguntarse, es el objeto de este memorial del ministerio de nuestro  hermano? ¿Es glorificar al hombre? ¡No lo quiera Dios! Con él solo atribuiríamos la Gloria a Cristo. "No yo, sino Cristo". Como  dijo también Juan el Bautista, "Él debe  crecer y yo menguar."

 

No, amados hermanos, nuestro objeto ha sido hacer a Cristo más precioso, hacer Su palabra más amada, más leída, y estudiada. Esta fue la pasión de la vida de nuestro hermano, el deseo que lo consumía. Él dijo una  significativa expresión un poco antes de  partir. Estando sentado en su silla, con la palabra de Dios abierta ante si, como fue su costumbre a través de los  días de  cansancio, y espera, se volvió al escritor de estas líneas, y con profundo sentimiento, mirando su Biblia, dijo, "¡Oh, el Libro, el Libro, el Libro!" Parecía como si dijera, “¡Qué plenitud  hay allí!; ¡cuán poco he entrado en ella! ¡Qué débilmente he expresado sus pensamientos!" Puedan las palabras de este moribundo siervo de Cristo grabarse en el corazón de muchos. ¿Es así la Biblia para nosotros? ¡Oh, amados, él aún nos habla, y dice, ‘haced todo del Libro!”

 

 

S. Ridout