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C. H. MACKINTOSH

Un escriba docto en el reino de los cielos

 

Sobre Charles Henry Mackintosh conocido mundialmente por sus iniciales C. H. M. no se conoce mucho. De hecho, no lo suficiente como para redactar una biografía. Pero ¿por qué intentaremos reunir algunos de los escasos datos acerca de su vida? Por una razón muy simple: él fue uno de los más grandes maestros de la Palabra en la historia de la Iglesia.

Aunque su vida estuvo rodeada por todo un enrarecido ambiente de grandes controversias y pasiones por asuntos de doctrina, se puede percibir en ella una genuina pasión por Cristo, y un inclaudicable amor por la Palabra escrita. Sus escritos brillan con tanta luz y claridad que han servido para alumbrar muchos corazones en las generaciones que han sucedido.


Nacimiento y primeras experiencias


Charles Henry Mackintosh nació en octubre de 1820, en Glenmalure Barracks, condado de Wicklow, Irlanda. Su padre fue capitán del regimiento de Highlanders, y su madre fue hija de Lady Weldon, cuya familia se había establecido en Irlanda desde hacía mucho tiempo. Cuando tenía 18 años, el joven Mackintosh fue despertado espiritualmente a través de la lectura de cartas que le escribía su devota hermana después de su conversión. Obtuvo la paz con Dios a través de la cuidadosa lectura del artículo de J. N. Darby “Las operaciones del Espíritu”, aprendiendo de él que «lo que nos da la paz con Dios es la obra de Cristo por nosotros, y no la obra de Cristo en nosotros».

 

A los 19 años de edad dejó la iglesia Anglicana para unirse a los Hermanos, en Dublín, donde J. G. Bellet ministraba con gran acierto. Por este tiempo, leía mucho la Palabra y se dedicó con fervor a varios estudios. Cuando tenía 24 años, abrió una escuela privada en Westport, y se entregó con entusiasmo a su labor docente. Sin embargo, pese a su profesión, siempre consideró a Cristo como el centro de su vida, y el servicio para Cristo constituía su principal preocupación.


Nace un periódico cristiano


Por el año 1853, tras 9 años de labor docente, renunció a su tarea docente por temor a que ella suplantara su servicio para Cristo como interés principal, al cual entonces, con el sostén del Señor, consagró su vida y se dedicó por entero al ministerio de la Palabra, tanto escrito como público.

 

Poco tiempo después de ingresar al ministerio, se sintió guiado a iniciar un periódico de edificación cristiana, del que continuó siendo redactor y editor por 21 años: Things New and Old (Cosas Nuevas y Viejas, en referencia a Mateo 13:52), en el que aparecieron publicados la mayoría de sus escritos. Con su acostumbrada claridad y energía, declaró en parte de su presentación: «Somos responsables de hacer que la luz alumbre por todos los medios posibles; de hacer circular la verdad de Dios por todos los medios, ya sea a través de las palabras de la boca, ya por medio de papel y tinta; ya en público, ya en privado, «a la mañana y a la tarde»; «a tiempo y fuera de tiempo»; debemos «sembrar junto a todas las aguas». En una palabra,  sea que consideremos la importancia de la verdad divina, el valor de las almas inmortales o el terrible progreso del error y del mal, somos imperativamente llamados a estar de pie y a actuar, en el nombre del Señor, bajo la guía de su Palabra y por la gracia de su Espíritu».

 

Aunque era un hombre de carácter, siempre vivía en una atmósfera de profunda devoción, manifestando un ferviente amor no sólo por los hermanos, sino también por las almas perdidas. Un espíritu afable y cortés le caracterizaba, lo que hacía que evitara los conflictos y controversias, en tanto le fuera posible. Sin embargo, no siempre se vio libre de ellos. En una carta a J. A. Trench, expresa de la siguiente manera la absurda lógica de las disputas doctrinales: «El alboroto que se ha hecho sobre la doctrina es para mí muy humillante. La verdad, que ha sido corriente entre nosotros durante cincuenta años, se ha transformado hoy en una materia de disputa. Me recuerda a dos hombres que discuten sobre la forma de un globo -uno está dentro, y el otro fuera. El primero sostiene que es cóncavo, y el otro resueltamente afirma que es convexo: ellos no ven que, para sacar una conclusión legítima, deben cesar sus disputas, y considerar ambos lados».


Sus obras cumbres


En cuanto a su ministerio, no hay registro de su ministerio oral, pero, sin duda, son sus Notas sobre el Pentateuco la obra que marcó más profundamente su servicio. Todavía gozan de gran popularidad no sólo en sus varias ediciones en inglés, sino en muchos otros idiomas a los cuales han sido traducidas y siguen traduciéndose. Se ha dicho que si bien J. N. Darby fue el autor más prolífico de los «hermanos», las obras de C. H. M. son las que mayor número de veces han salido de la imprenta.

 

Sus escritos han sido de gran influencia en el mundo entero. Miles de cartas de agradecimiento llegaban de todo el mundo por tanta ayuda recibida en la comprensión de las Escrituras a través de su ministerio escrito, y especialmente en la comprensión de los tipos de los cinco libros de Moisés. Del mundo evangélico, Dwight L. Moody y C. H. Spurgeon reconocieron muy especialmente la ayuda recibida por los libros de Mackintosh, los que siempre recomendaban muy encarecidamente. De sus notas al Pentateuco, Spurgeon dijo que eran «preciosas y edificantes, grandemente sugestivas, aunque con las peculiaridades de su grupo».

 

Las «Notas sobre el Pentateuco» en inglés, aparecieron publicadas en seis volúmenes, comenzando con el Génesis, de 334 páginas, y concluyendo con dos volúmenes sobre el Deuteronomio de más de 800 páginas. El prefacio a cada volumen de las «Notas» fue escrito por su amigo y colaborador Andrew Miller, de quien se dice que fue el que le animó a escribir sus «Notas» y quien financió en su mayor parte su publicación. Miller dijo respecto de estas «Notas», que «presentan de una forma sorprendentemente completa, clara y frecuente la absoluta ruina del hombre en pecado y el perfecto remedio de Dios en Cristo». Efectivamente, Mackintosh escribía en un estilo notablemente claro, muy distinto de J. N. Darby, el cual le dijo en cierta oportunidad: «Usted escribe para ser entendido, yo solamente pienso sobre el papel».

 

Otra serie muy conocida de C. H. Mackintosh, y que fue también numerosas veces reeditada, son los Miscellaneous Writings (Escritos misceláneos), cuya primera edición apareció en 1898 en seis volúmenes que sobrepasan las 2500 páginas, los cuales consisten en una selección de artículos que escribió para el periódico «Things New and Old» (hoy en día se publican en un solo volumen de 908 páginas de doble columna). Desde entonces, la demanda por esta colección de escritos no ha cesado y han sido reimpresos una y otra vez hasta hoy.

 

En los «Miscellaneous Writings» encontramos unos excelentes comentarios de Mackintosh sobre la evangelización. En el volumen cuatro leemos de su artículo «La gran comisión», sobre Lucas 24:44-49, lo siguiente:

«Nuestro divino Maestro llama a los pecadores a arrepentirse y creer al Evangelio».

 

Algunos nos quieren hacer creer que es un error llamar a personas «muertas en delitos y pecados» a hacer algo. Arguyen: “¿Cómo pueden aquellos que están muertos, arrepentirse? Ellos son incapaces de cualquier movimiento espiritual: deben recibir primero el poder, antes de arrepentirse y creer.”

« ¿Qué contestamos a esto?: Simplemente que nuestro Señor sabe más que todos los teólogos del mundo qué es lo que debe ser predicado. Él sabe todo acerca de la condición del hombre: su culpa, su miseria, su muerte espiritual, su falta total de esperanza, su total incapacidad de producir siquiera un solo pensamiento recto, de pronunciar una sola palabra justa, de hacer siquiera un acto de justicia. Sin embargo, Él llama a los hombres a arrepentirse. Y esto nos basta. No debemos ocuparnos en tratar de reconciliar aparentes discrepancias. Puede parecernos difícil reconciliar la completa incapacidad del hombre con su responsabilidad delante de Dios; pero Dios es su propio intérprete, y él hará que estas cosas resulten claras. Nuestro feliz privilegio, y nuestro deber irrenunciable, es creer lo que él dice, y hacer lo que él dispone. He aquí la verdadera sabiduría, la que da como resultado una sólida paz... Nuestro Señor predicó el arrepentimiento, y él mandó a sus apóstoles a predicarlo; y ellos lo hicieron de manera perseverante».


SU MINISTERIO


Alrededor de 1874, él escribió:

"Yo no he tenido el honor de estar entre los primeros de aquellos  que pusieron sus pies sobre el bendito fundamento ocupado por los "Hermanos." Yo dejé la iglesia establecida  alrededor del año 1839, y tomé mi lugar a la mesa en Dublín, donde el querido J.G. Bellett estaba ministrando con gran aceptación. Siendo joven, por supuesto, anduve en retiro, no teniendo pensamiento de aparecer en ministerio público de alguna forma, o realmente, puedo decir que nada sino el más solemne sentido de responsabilidad podrían haberme  inducido a levantarme y tomar una posición pública. Nunca podría, tampoco puedo ahora, comprender la excesiva prontitud de algunos jóvenes, que parecen estar siempre preparados a introducirse ante la asamblea del pueblo de Dios, y aun en presencia de  cabezas canas y vasos dotados. Para mí esto ha sido  siempre  supremamente ofensivo."

 

Él abrió una  escuela en Westport en 1844, y se entregó entusiastamente en la obra  educacional. A pesar de este interés estaba entregado a Cristo como el centro de su vida y haciendo de la obra de Cristo su principal interés. Alrededor de 1853, él abandonó su escuela temiendo que ésta estaba desplazando la obra del Señor como su principal interés, a la cual entonces, con el sustento y apoyo de Dios, consagró su vida.

 

Cuando Mackintosh vino a estar bajo ataque por el uso de la expresión "humanidad celestial" con relación al Señor, J.N. Darby dijo en una carta de julio de 1862: "No tengo duda que CHM se ha expresado descuidadamente en sus expresiones, pero acusarlo de negar la verdadera humanidad de Cristo es simple injusticia." Pablo  bien podría haber sido acusado por decir, "el segundo hombre, del cielo," 1 Cor. 15:47

 

Por 21 años, Mackintosh edito un periódico, "Cosas Nuevas y Viejas," en  el cual aparecieron muchos de sus escritos. Con su usual claridad él declaró sus razones  para  comenzar tal obra:

"Al presentar al lector el primer número de nuestro periódico, nos sentimos llamados a declarar nuestras razones para entrar en tal servicio, y también el objeto que  esperamos, por la gracia de Dios, efectuar."

 

No estimamos que ninguna apología sea necesaria para añadir otra revista a las numerosas publicaciones ya existentes, teniendo como su objetivo la circulación de la verdad pura. Las necesitamos a todas estas, y miles más, si pudiésemos tenerlas. No podemos tener demasiadas agencias para la promoción de lo que es bueno, y la supresión de lo que es malo. Ante todo, es un lamentable hecho que el enemigo de las almas  ha actuado, lejos más diligentemente, en la prensa, que los siervos del Dios viviente. Numerosos como son los libros, los panfletos, tratados, y periódicos en que las palabras  de  eterna verdad brillan,  para la instrucción y confort de las almas, pero estas  son sobrepasadas, en una terrible forma, por las publicaciones  de  una tendencia  infiel, inmoral, e irreligiosa.

 

Creemos que el arte de imprimir fue designado, por la bondadosa Providencia de Dios, como una poderosa máquina para la difusión del conocimiento escritural; pero no podemos cerrar nuestros ojos al sorprendente hecho que el enemigo está haciendo un diligente uso de esa misma arte, con el propósito de corromper, en todas las direcciones, las fuentes del pensamiento y el sentimiento. Él está publicando, en la forma más barata y atractiva, grosero mal, error que destruye a las almas, y verdad pervertida. Y podemos ciertamente decir, que si claro error ha muerto a sus miles, la verdad pervertida ha matado a sus diez miles.

 

Ahora, estamos plenamente persuadidos que, a pesar de todos los esfuerzos del enemigo, el Señor está reuniendo a los Suyos que Él está cumpliendo Su propósito, y apresurando Su reino eterno. Pero ¿es esta una razón para pereza y negligencia, frialdad e indiferencia, por parte de los siervos de Cristo? Lo contrario; si, la seguridad de esto debe ser la base de un servicio "constante" y "resuelto". Es porque sabemos, sobre autoridad divina, que "vuestra labor no es vana en el Señor." Sería triste, realmente, si lo que nuestro Dios en gracia nos ha dado como un estimulo para el alma fuese usado como un argumento para la inactividad, si la seguridad de alcanzar el fin de Dios fuese una razón para descuidar los medios de Dios.

 

Pero además, emprendemos este servicio porque nos sentimos obligados a servir y testificar, mientras el tiempo para servicio y testimonio permanece. Se está acercando el día, en el cual no seremos llamados a rendir tales frutos. Cuando entremos en la presencia del Maestro, admiraremos y adoraremos; pero ahora, en este "poco tiempo", en la noche de Su ausencia, es nuestro santo y feliz privilegio estar "siempre abundando en la obra del Señor," 1 Cor. 15:58.

 

Somos responsables de hacer brillar la luz, en cada forma posible circular la verdad de  Dios, por todos los medios, por palabra de la boca, por papel y tinta; en público y privado, "en la mañana y tarde," "en tiempo y fuera de tiempo"; debemos "sembrar sobre las aguas."

 

En una  palabra, ya sea que consideremos la importancia de la verdad divina, el valor de las almas inmortales, o el terrible progreso del error y el mal, somos imperativamente llamados a levantarnos y  trabajar, en el nombre del Señor, bajo la guía de Su palabra, y por la  gracia de Su  Espíritu."

 

No hay registro del ministerio oral de CHM pero sus "Notas sobre el Pentateuco" (originalmente publicadas  en seis volúmenes) aun son populares. Sus "Escritos  Misceláneos" también aparecieron  originalmente en seis volúmenes.

 

El prefacio a cada volumen de las  "Notas" fue  escrito por su amigo Andrew Miller (autor de "Short Papers on Church History" y "The Brethren: Their Origin, Progress and Testimony") quien dijo haber estimulado que escribiese y en gran parte financio su publicación. AM dijo de las  exposiciones de CHM que, "la completa ruina del hombre en pecado, y el perfecto remedio de Dios en Cristo,  son plena, claramente y a menudo son sorprendentemente presentadas."

 

Mackintosh escribió en un estilo poderoso, y se cuenta la historia que una vez JND le dijo, "usted escribe para ser comprendido, yo solo pienso sobre el papel". Su primer tratado en 1843 fue "La Paz de Dios." Su último artículo, escrito en 1896, justo unos meses antes de partir para estar con Cristo, fue titulado "El Dios de Paz."


En la paz de Dios y sus últimos días.


Los últimos cuatro años de su vida residió en Cheltenham. Cuando, debido a la debilidad de su cuerpo ya no tenía más capacidad para ministrar en público, Mackintosh continuó escribiendo.

 

El 3 de abril de 1896, apenas siete meses antes de que el Señor se lo llevara, escribió desde Cheltenham: «Aunque ya no tengo más fuerzas para mantenerme erguido frente a mi escritorio, siento que debo enviarle unas afectuosas líneas para notificarle sobre la recepción de su amable carta del día 21 de este mes. Estoy inválido desde hace un año, confinado a estas dos habitaciones. Sigo pobre y bajo los cuidados del médico, padeciendo bronquitis, fatiga, asfixia y gran debilidad en todo mi cuerpo. Pero todo es divinamente justo. El Señor de toda gracia ha estado conmigo y me ha permitido comprender, de una manera muy notoria, la preciosidad y el poder de todo lo que he estado hablando y escribiendo por alrededor de 53 años. ¡Bendito sea su Nombre! Sé que sabrá disculpar este tan pobre fragmento, pues ya no tengo la capacidad de escribir demasiado...»

 

Su primer tratado, escrito en 1843, había versado sobre «la paz con Dios». Su último artículo, escrito en 1896, pocos meses antes de su partida a la presencia del Señor, se tituló: «La paz de Dios». ¡Qué hermoso significado de madurez espiritual! Hace recordar al apóstol Juan escribiendo primero su evangelio sobre «el amor de Dios», y al final sus epístolas sobre «el Dios de amor». El docto escriba de los Hermanos -pero más que eso, de la Iglesia- estaba preparado para partir.

 

Durmió en paz en el Señor el 2 de noviembre de 1896. Cuatro días después, una gran compañía de hermanos de muchos lugares se reunió para su entierro en el cementerio de Cheltenham. Fue sepultado al lado de su amada esposa, en la llamada ‘parcela de los Hermanos de Plymouth', donde yacen los restos de muchos hermanos de ambas corrientes, exclusiva y abierta.

 

El Dr. Walter T. P. Wolston, de Edimburgo, habló durante el entierro, acerca de Abraham, Génesis 25:8-10, y de Hebreos 8:10. Luego, al dispersarse, los hermanos cantaron el bello himno de Darby:

Luminosos y benditos lugares,
donde el pecado ya no tiene entrada;
que ven un espíritu anhelante
quitado de la tierra,
donde nosotros aún peregrinamos.


COMENTARIOS DE C. A. COATES


Pedro, sabiendo que pronto debía dejar su tabernáculo, y Pablo anciano, un prisionero en Roma, sintiendo que había combatido el buen combate y terminado su carrera, ambos se encuentran, en una muy devota y diligente forma, guardando el cargo.

 

Es realmente una muy  fina forma para el siervo individualmente terminar su curso en el desierto. Hemos conocido a amados siervos de Dios en nuestros propios días que han alcanzado años cuando la labor activa ha tenido que cesar, pero que han continuado hasta el mismo final guardando el cargo.

 

Yo fui una de las últimas personas en escuchar a CHM, orar. Fue muy tocante escuchar al anciano y débil levita derramando su corazón a Dios, primero por toda la iglesia, y después por las pequeñas compañías reunidas en todo lugar al nombre del Señor. Los  intereses del Señor han sido una  gran carga en su corazón. Aunque él  ha sido por largo tiempo incapacitado para algún servicio público él mantuvo el cargo. CAC.

 

En Noviembre 6, 1896. En sus propios últimos días antes de ser tomado por Cristo, J.B Stoney dijo de CHM., "Él  está ahora donde el amor es satisfecho".


EL DIOS DE PAZ, SU ÚLTIMO ARTÍCULO

 

"Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno," (Heb.13:20)

 

El titulo bajo el cual el Espíritu Santo en este pasaje introduce a Dios a nuestros pensamientos es peculiarmente expresivo. Él lo llama, "el Dios de paz". Eso es lo que Él es para nosotros en conexión con la apertura del sepulcro del "Gran pastor de las ovejas," y sobre el fundamento de "la sangre del pacto eterno."  En resumen, tenemos en este muy comprensivo pasaje dos Personas y dos cosas. Tenemos al Dios de paz, y al Señor Jesús; la sangre del pacto eterno,  y la resurrección de los muertos.  Todas estas las tenemos bajo la pluma del Espíritu Santo. Pero hay otro título bajo el cual Dios puede ser visto antes de que el alma realmente pueda gozar de Él como el "Dios de paz,"  y eso es como el "Dios de juicio." Hablar de paz mientras las demandas de Dios en este último carácter no son respondidas es la misma altura de la presunción. Dios no puede tener paz con el pecado en ninguna forma. Si el pecado no es quitado no puede  haber paz con Dios. Allí puede  estar la paz de la ignorancia, la paz de la seguridad carnal, del corazón endurecido, de la conciencia cauterizada; pero no puede haber paz con Dios mientras el pecado permanezca sin ser juzgado. Entonces, por tanto, viene a ser necesario investigar sobre qué fundamento el apóstol inspirado puede hablar de Dios como el "Dios de paz."

 

El fundamento es  este , pueda el alma ansiosa del lector comprender esto, el "Dios de  juicio" encontró a Aquel que ha llevado el pecado en la cruz y ha arreglado de una vez  y para siempre esto.  El Sustituto divino hizo la paz  por medio de la  cruz en vista a que "el Dios de paz" pueda encontrarnos sin juicio en la apertura del sepulcro. Todo lo que el Dios de  juicio tenía contra mi pecado, Él lo puso sobre la cabeza de mi Sustituto sobre la cruz en vista a que yo pueda conocer y gozar de Él como el Dios de  paz.

 

Esta es la gran verdad fundamental del evangelio que debe, cuando es simplemente creída, dar definitiva paz para la conciencia. La justicia de Dios ha sido perfectamente  satisfecha acerca del pecado por la muerte de Cristo. Y más, Dios ha sido glorificado acerca del pecado por la muerte de Cristo. Si, querido lector, no solo ha sido Dios perfectamente satisfecho, sino eternamente glorificado en referencia al pecado por medio de la sangre de la cruz. Esto debe dar paz  a cada uno que simplemente cree esto.

 

Es sorprendente pensar en la pobre vista que tenemos del evangelio, no obstante su grandeza moral como brilla ante nosotros en las páginas del Libro de Dios. Por la forma en que uno a veces escucha presentado el evangelio, parecería que el perdón de pecados fuese el fruto de un ejercicio de  misericordia a expensas de la justicia como que la justicia  consintiese en ser puesta a un lado mientras  la misericordia perdona y salva.

 

¡Cuán diferente es ese estupendo esquema de libertad que tiene su origen en el seno de Dios; y que fue establecido en los eternos consejos de la Trinidad, antes que el mundo  fuese; que fue ratificado, por la sangre del pacto eterno, que es revelado por el Espíritu Santo en las Escrituras de verdad y recibida por fe en los corazones de  todos aquellos que a través de la gracia ponen su sello en que Dios es verdadero! (Jn.3:33). En ese glorioso  esquema vemos la misericordia y la verdad, justicia y paz, de forma bendita combinadas  de manera que el pecador, sea positivamente salvado por la justicia y la verdad, como también por la misericordia y la paz. Estos últimos no son más  favorables a Él que los primeros. Justicia y juicio son los pilares de esa sangre rociada ante el trono de la gracia a la cual el pecador salvado se acerca en adoración. El "Dios de juicio" encontró a Cristo sobre la cruz, y allí entró y arregló definitivamente la cuestión del pecado.

 

¿Cómo puede  esto ser conocido? ¿Es por medio de algún sentimiento en mi mismo? ¿Es por pasar a través  de algún proceso mental? ¿Es por medio de algo que yo debo hacer, pensar o sentir? No. ¿Cómo entonces? "El Dios de  paz levantó a Jesús de entre los  muertos" Esta es la forma en que sé que la cuestión del pecado ha sido eternamente resuelta.  Si no lo hubiese sido, nunca habríamos escuchado del "Dios de paz", o visto el sepulcro del Gran Pastor abierto, o conocido la inmutable eficacia de la sangre del "pacto eterno". El Dios de paz  nunca habría aparecido en la escena si todas las demandas del Dios de juicio no hubiesen sido divinamente respondidas. ¿Cómo fueron estas  respondidas? Por la sangre de  Jesús , nada menos,  nada más, por nada diferente. Si todas las buenas obras que hubiesen sido realizadas bajo el cielo; si toda la moralidad, y el pietismo carnal, toda la justicia legal de lo que el hombre natural puede  jactarse; si todas las limosnas que han sido distribuidas por la mano de la benevolencia; si todas estas cosas y diez mil veces más fuesen puestas a mi crédito, esto no respondería a las demandas del Dios de juicio con respecto a mis pecados.

 

Pero la muerte de Cristo ha respondido por mí. Ese sacrificio permanece ante el ojo de la infinita santidad en toda su solitaria grandeza, en toda su divina suficiencia. Ésta no necesita adición. Ella ha satisfecho todo. ¿Qué más necesito como fundamento de mi paz? Nada más. Dios está satisfecho; y también yo; la materia está arreglada para siempre, tampoco ninguna cosa ni nadie  puede alterar esto.

 

Lector, ¿está usted satisfecho? ¿Es Cristo suficiente para usted? ¿Ha Él hecho suficiente para satisfacer las demandas de su conciencia? ¿Necesita usted añadir algo de sus hechos  a Su toda suficiente expiación? Si no, ¿qué está esperando? Usted dirá, "no siento." Respondo, "el justo vivirá," no por sentimiento, sino "por fe." ¿No ve usted que mientras  habla de no sentir, aun está sobre un terreno legal, sobre el  fundamento de las obras? Usted ha abandonado, puede ser, la idea de labor manual, pero aun está esperando por labor mental. Lo uno es tan indigno como lo otro. Abandone ambas cosas como fundamento de salvación, y tome a Cristo. Esto es lo que usted necesita en vista a ser feliz.

 

Si usted  escuchase a una persona decir, "soy feliz ahora, tengo paz con Dios porque he dado una gran suma a obras de caridad", ¿no consideraría como que se está engañándose a sí mismo? Sin duda;  y aun así usted dice, "si pudiese sentir, yo sería feliz" ¿Dónde  está la diferencia entre "hacer" y "sentir"? ¿No es una cosa un fundamento inestable tanto como la otra? ¿No es mejor dejar que Cristo suplante ambas cosas? ¿No hay suficiente en Él sin sus sentimientos como también sin sus obras? Si sus sentimientos y obras hubiesen sido necesarios, entonces ¿por qué el Dios de  paz resucitó de entre los muertos a Jesús? ¿No es evidente que usted está buscando algo más como fundamento de paz que  lo que le es presentado a través del  evangelio?

 

Querido amigo, piense en esto.  El deseo de mi corazón es que usted pueda descansar ahora y para siempre en un Cristo pleno para que Él pueda ser suficiente para usted como lo es para Dios. Entonces sus sentimientos y obras de justicia vendrán, no como un fundamento de paz, sino como el evidente fruto de una salvación gozada; no como un titulo a la vida, sino como la efusión de una vida  poseída a través de  la fe en Cristo. Es interesante observar los tres títulos aplicados al Señor Jesús como Pastor. En Jn.10 Él es llamado "el Buen Pastor" en muerte. En Heb. 13 como el "Gran Pastor" en resurrección. Y en 1 Ped.5 Él es llamado "el Principal (o Príncipe) Pastor" en gloria. Cada título tiene su propio y especifico significado, y su propio  apropiado lugar.