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EPISTOLAS DE PEDRO SANTIAGO JUAN Y JUDAS

 

Nuestro Tema esta vez  es la última de estas series de epístolas,  escritas por cuatro discípulos, Pedro, Santiago, Juan, y Judas. Tenemos en los escritos  de  estos cuatro,  las epístolas que siguen a aquellas de Pablo; y estas en general son llamadas  las epístolas católicas o generales en contraste  con las especiales,  que escribió Pablo.  Casi cada una de estas fueron escritas  a asambleas especiales, y con objetos particulares.  Las epístolas fueron escritas  al pueblo de Dios en general, y por tanto usualmente son llamadas  epístolas católicas o generales, que significan la misma cosa.

 

Hay cuatro escritores, y estas epístolas vienen en cuarto lugar. Estas toman el lugar del libro de Números en el Pentateuco de Moisés; justo como hemos encontrado  que las epístolas de Pablo tienen que hacer  con el  lugar santo,  nuestra posición ante Dios, y nuestras relaciones con Él, del mismo modo estas epístolas  tiene que ver con  nuestra posición en el mundo.

 

Esto es muy sugestivo, y debemos estar clarificados primero en cuanto a nuestras relaciones  con Dios y nuestra posición ante Él, antes de que tengamos que pasar al mundo y enfrentar los obstáculos, y la oposición del enemigo. Cuan bueno es Dios; hemos visto una y otra vez  que Él primero nos introduce, como si fuese,  en el mismo cielo, y después nos envía aquí  abajo a la tierra para vivir para Él.  Eso es exactamente  lo contrario del pensamiento del  mundo de agradar a Dios.  Este pone ante los hombres un largo y seco camino. Este dice,  sube esa montaña, y al final, si tú eres fiel, quizás, alcanzarás a Dios.  Dios por el contrario encuentra al pobre pecador aquí abajo a los pies de la montaña, nos encuentra en la misma entrada  del desierto, y antes de que demos un solo paso en nuestra jornada a través del mundo como Su pueblo,   nos introduce en Su presencia  y allí nos hace descansar.  Todas las cuestiones en cuanto al futuro  y al pasado son arregladas. Miramos atrás al largo curso de nuestros pecados, y podemos dar gracias a Dios de que cada uno de ellos ha sido borrado por la preciosa sangre de Cristo.  Miramos a la eternidad a la cual nos estamos acercando, y vemos cada cuestión arreglada. Entonces como  aprendemos a crecer  en el hogar, en la santa presencia de Dios, Él nos envía como peregrinos  al mundo para que vivamos para Él.  Encontraremos que este es el marcado carácter  de estas epístolas. Estas no tratan tanto con la presencia de Dios como con la presencia del enemigo; no tanto del cielo como de las cosas terrenales.  El creyente,  encontraremos,  es contemplado en ellas como peregrino pasando a través del mundo.  Este es para él un tiempo de prueba, a través de todas las dificultades que manifiestan su debilidad, y que,  lamentablemente,  muestran el fracaso que acompaña esa debilidad.

 

Justo como hemos estado  encontrando que en el N. Testamento,  tenemos una asombrosa  abundancia  de preciosas verdades, como por ejemplo,  en la vida de nuestro Señor en los evangelios, o en las epístolas de Pablo como siendo los libros del santuario, encontramos esto también correspondientemente aquí.  Estas epístolas peregrinas nos presentan  bellas, y plenas provisiones  para nuestro camino.  Consideremos un poco las características sobresalientes  de cada una de ellas, comenzando  con la primera epístola de Pedro. Él es evidentemente el primero que tenemos que considerar, porque pone  ante nosotros el hecho de que somos extranjeros y peregrinos aquí.

 

 Notaremos  que en el mismo primer verso del capítulo uno, él se dirige a ellos como extranjeros  que están dispersos  a través de las variadas provincias del imperio Romano.  Él está hablando, por supuesto,  a Israel conforme a  la carne principalmente; a los judíos, a los  extranjeros de la dispersión, pero que también eran cristianos, que  aunque  por naturaleza  un pueblo terrenal habían venido a ser, por gracia,  algo más. Ésta está dirigida, como  he dicho,  a  extranjeros y peregrinos. Si usted mira el cap.2:11, "amados , os ruego como a  extranjeros  y peregrinos";  y a  través de  toda la epístola, usted  encontrará  que el  creyente  es  contemplado como pasando a través de  este mundo.

 

Tomemos  aquí un verso característico ".Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,

1:4 para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, 1:5 que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero" (1 Ped. 1:3-5). Ahora tenemos casi idénticamente  las mismas  palabras  en Efesios con esta sorprendente  y característica diferencia , que  en Efesios tenemos lo que es nuestra posesión presente  en Cristo en  lugares  celestiales; el creyente  ya  es considerado como  estando en  lugares  celestiales en Él. Aquí por el contrario esto es una  esperanza.  Estamos  sobre la tierra, y tenemos una  esperanza que nos enlaza  con la  herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible. Todo en Pedro es futuro; en Efesios  todo es  presente,   es  decir, bendiciones  espirituales  que se  nos comunican por  medio del Espíritu Santo. Eso es  característico del libro y su tema. Este es el libro  peregrino.

 

Pero observemos cuan bellamente, si somos  peregrinos, hemos sido provistos de todos. Ante todo,  la  esperanza  que tenemos es una  esperanza  viva, y hemos  sido engendrados de nuevo para esto por medio de la resurrección de  Cristo.  Piense en eso, cansado peregrino, como  su trabajo bajo  el sol  en un mundo hostil  y extraño. Piense en esto,  que la  esperanza que es querida  a su corazón es una esperanza de resurrección; esta enlaza con un Cristo resucitado.  La  esperanza  está conectada con una  herencia que  está  reservada en el cielo para nosotros,  y sobre la  tierra  "somos  guardados por el poder de Dios a  través de la fe." Usted mira con esperanza  sobre su herencia, con la cual  está enlazado.  Ésta  está reservada para usted. Dios la guarda para usted. Suponga que  usted  debiese  enfrentar a  un cristiano  con dudas,  uno que  está turbado  con temores e  incertidumbres, y le dice, ¿piensa que hay algún peligro de que el cielo pase? ¿Piensa  que  es posible que  estas glorias  desaparezcan? Él diría, no, sé que el cielo  está seguro, y que estas glorias  son eternas, pero es  acerca de mi mismo que  estoy turbado. Ahora usted puede dirigirlo a este pasaje  y decirle, el mismo  poder  que  ha reservado nuestra  herencia  nos  guarda para nuestra  herencia. Dios, digo esto con reverencia, tiene dos manos.  En una mano tiene  nuestra  herencia; en la otra  el mismo poder que nos ha dado eso, nos guarda.  Todo lo que Él tiene que hacer  es juntar Sus dos manos, y Su pueblo  estará en su herencia. Queridos hermanos, que  gozo es  ser un peregrino  con una  esperanza  viva como esa,  que nos conecta  con lo que  está ante nosotros.  Usted  encontrará que  esta es la clave  a la epístola de  Pedro.  Estamos  rodeados de pruebas, como él nos dice  aquí; estamos languideciendo  a  través de  multiformes  tentaciones; rodeados de  toda  clase de  dificultades, tan grandes como  él dice, la prueba de  vuestra fe es como por  fuego. Aun así esa ardiente  prueba  es más preciosa que  el oro, y será hallada en gloria  y alabanza  a la aparición de  Jesucristo. Un poco más lejos él dice, "amados, no  os sorprendáis del fuego de la prueba que os ha sobrevenido, como si alguna  cosa  extraña os  hubiese sobrevenido."

 

Es comprensible que  tengamos  tribulación en un mundo como este.  Cuando pensamos  en Getsemaní y en el Calvario, pensamos en el camino de  nuestro Señor de sufrimiento y rechazo aquí,  ¿podemos esperar como aquellos que deben andar en Sus  pasos, ser exceptuados de sufrimiento? ¡Ah, no! El pueblo de  Cristo sobre la  tierra debe ser un pueblo sufriente, y guardémonos  de un camino que evite  lugares rudos y espinosos. Pero podemos agradecerle a  Él  por la seguridad que nos ha dado desde el mismo  comienzo, que somos  guardados por el poder de  Dios para salvación, a través de la fe.

 

Entonces en el mismo capítulo tenemos un pensamiento similar sobre el cual me  detengo  un momento, que es  familiar a  muchos de nosotros. Él ha  estado hablando de ceñir los lomos  de nuestro entendimiento, y no hay nada más importante para peregrinos que  estar  ceñidos. Supongamos que debiésemos ir  a  un campamento  donde los soldados  están a punto de  partir en una larga  y ardua marcha, y los viésemos reclinados y cómodos, no haciendo ningún  esfuerzo para levantarse. La orden para marchar ha sido dada, y aun así ellos  permanecen cómodos. Usted  dirá que ellos son unos pobres  peregrinos y soldados. Ahora en el mismo capítulo, Pedro nos dice que tenemos que ceñir los lomos de nuestro entendimiento. Justo como el peregrino, y el corredor, tienen que ceñir los lomos de su cuerpo, del mismo modo debemos  ceñirnos los lomos del  entendimiento, y desearía decir que la materia para un peregrino es  más clara acerca  del corazón que de su andar. Es el corazón peregrino lo que hace el andar peregrino. Si mi corazón y mente están ceñidos, entonces mis pies andarán indudablemente en el camino justo.  Ciñámonos, por la palabra de  Dios,  los lomos de nuestro entendimiento para que podamos andar con vigor. Si hay algo que estorba,  algún relajo, guardémonos.  Estoy seguro que podemos estar comprometidos y ocupados en la obra del Señor y  a pesar de eso no ser  verdaderos peregrinos.

 

Entonces tenemos que estar ceñidos  en nuestros pensamientos, Él quiere que estemos seguros de otra cosa,  que en este andar debemos ser  santos.  Él dice "sed santos, porque Yo soy santo".  Él desea  que comprendamos  que no hay nada incierto  en  toda la  experiencia cristiana.  Si miramos al cielo,  o la tierra,  y a través de  todo no hay incertidumbre. De manera que nuestro apóstol nos dice, "sabiendo que fuisteis rescatados de vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres, no con cosas corruptibles, como oro o plata, 1:19 sino con la sangre preciosa de Cristo (1 Ped. 1:8,9). Sabemos Que hemos sido redimidos, por tanto debemos pasar el tempo de nuestro peregrinaje aquí abajo en temor.  Qué características son estas  cosas  del andar terrenal, del andar peregrino,  una  esperanza viva, ceñidos los lomos, el santo deseo, el  temor piadoso y la absoluta certeza de nuestra redención, ,  todo esto junto es un incentivo para vivir aquí abajo para Aquel que  ha ido a lo alto por nosotros.

 

De este modo podríamos pasar a través de  toda la epístola  con nuestro ojo deteniéndose  sobre  cada verso para encontrar lo que no es  útil como peregrinos.  Hay dos o tres cosas en el capítulo 2 que usted debe notar.  Primero,  que debe haber crecimiento.  Hay un gran error, al pensar que el creyente en su camino a través de este mundo no debe crecer.  Usted debe recordar que en el censo de los hijos de  Israel al final de su jornada, encontramos que algunas tribus habían  aumentado en gran manera sus números, y otras  habían disminuido  notoriamente; otras se habían mantenido; y otras hicieron pocos progresos, como finalmente otras perdieron poco. Ahora, encontramos, si  consideramos esto,  algunas  causas de esto.  Tome, por ejemplo,  la tribu de  Simeón.  Ésta perdió casi la mitad de sus números, y la razón no está lejos de  buscar; porque encontramos que  fue en conexión con  la corrupción de  Baal-peor, que el juicio de  Dios cayó sobre ellos. Estos se mezclaron con las moabitas idolatras y el resultado fue que ellos  perdieron un gran número  los suyos.

 

Por otra parte, otras tribus hicieron  grandes progresos. Por ejemplo,  la tribu de  Manasés; ,  muy sorprendentemente. Manasés, ·olvidando las cosas que quedan atrás, me extiendo hacia adelante". Si y un peregrino en ese carácter, crecerá en este mundo.  Judá tiene a  Caleb  como un líder, ,  el hombre  consagrado a Dios, su corazón está  puesto en su herencia en la tierra, y por tanto, se extiende hacia  eso.  En este capítulo podría decir que tenemos el carácter de  Manasés.  Es olvidando las cosas que  quedan atrás: "despojándonos de todo peso, y del pecado que nos asedia."  Él dice poniendo a  un lado por tanto todas  estas cosas malas  que se enumeran, "como niños recién nacidos desead la leche espiritual no adulterada  para que por medio de  ella crezcáis."

 

El desierto es un lugar feliz si solo estamos en la actitud  de verdadero peregrinaje.  Este es un lugar de  crecimiento.  El cielo es un gozo; será allí donde  veremos a  Cristo, y seremos semejantes a  Él; pero la tierra es donde aprendemos a Cristo.  La tierra es  donde obtenemos  experiencias de  Él, que no podríamos tener  en el mismo cielo.  Y usted  sabe que si no estamos creciendo, sino estamos usando  los talentos que  nuestro Señor nos ha dado,  es nuestra falta. Podemos lamentarnos que el  desierto está lleno de pruebas, que hay muchas dificultades, que nuestras circunstancias  son  peculiares,  pero estas son las mismas cosas  que nos hacen crecer hacia el cielo.  Si estuviésemos en una prisión debiésemos   florecer y crecer  allí.  Si estuviésemos en circunstancias  muy difíciles nuestro crecimiento  debiese  ser manifiesto.

 

Como peregrinos debemos crecer  ahora, pero hay dos  cosas  esenciales para crecer;  una  es poner  a un lado, y la otra es alimentarse.  ¿Ha notado las cosas que el apóstol nos dice que debemos poner  a un lado? Él no dice que debemos poner a  un lado el robar y asesinar, y otras  variadas inmoralidades  exteriores. Es más bien el engaño, la hipocresía, la malicia, y la lengua que habla mal, que lamentablemente,  es común entre el pueblo de  Dios.  Si hemos de crecer, debemos poner a  un lado estas cosas.  ¿Un corazón no completamente honesto? ¿Un propósito no completamente  honesto?,  ¡Ah! Debemos ser  claros  como el mediodía.  De otra manera no puede  haber  un verdadero crecimiento.

 

Pero el Cristianismo nunca es una cosa negativa, debemos también  alimentarnos de la Palabra.  Como niños recién nacidos  debemos alimentarnos con la leche, y estar  en toda la simplicidad de recién nacidos de modo ha desear, anhelar,  y alimentarnos de la preciosa  leche de la palabra de  Dios para crecer por medio de  eso.  Eso es lo que caracteriza a  un peregrino. Y creciendo de este modo,  manifestamos  el verdadero carácter  peregrino que es el poder para el andar peregrino. Tenemos que acercarnos para ser edificados como un templo santo, para ofrecer  sacrificios  espirituales, como  sacerdotes,  una nación de  sacerdotes, para llevar los vasos  santos a través  del mundo,   para publicar las alabanzas de  Aquel que nos ha llamado de las  tinieblas a  Su luz admirable.

 

En esta conexión se nos dice que tenemos que abstenernos  de las codicias  carnales.  El cristiano como un peregrino no debe estar luchando siempre contra el pecado.  Ningún hombre que está creciendo está siempre luchando, y si me estoy volviendo  alrededor y atacando a Amalec no estoy haciendo  muy grandes progresos  hacia Canaán. Cada vez  que tenemos  que luchar contra la carne, somos detenidos en nuestro andar  peregrino.  No digo que  usted no deba  tener que hacer eso; pero muéstreme a un hombre  que está contendiendo constantemente con la carne, y en constante conflicto con la tentación y no verá mucho progreso.  Si él dice, Dios me ha libertado de esto otra vez, y he obtenido la victoria. Yo le preguntaría ¿Qué ha hecho usted para necesitar una victoria? ¿Qué hizo para tener tal turbación? Usted debe haber estado rezagado o nunca habría tenido tal turbación. Ya que debe recordar que  Amalec,  al cual se hace alusión aquí, ,  atacó la parte postrera del ejército de Israel.  Con uno que  está en vigor presionando hacia adelante, con su vista sobre la herencia,  Amalec está lejos  atrás. Pero cualquiera que se retrasa y queda atrás, que olvida el gozo de su primer amor, y las cosas de  Cristo que están delante de él dejan de atraerlo, a éste atacará Amalec. Sea este un individuo o toda una asamblea, la carne de este modo  pronto lo alcanzará, y usted encontrará que el tal  se encontrará en un conflicto con ella;  y también la asamblea  deberá entrar en conflicto con ella  cuando debiese  estar presionando para extenderse y crecer en la obra del Señor.

 

Tome una reunión de  cientos de  santos, y allí debiese  haber cientos de  predicadores del evangelio.  Cada uno de nosotros debiésemos estar ocupados en el servicio del Señor de manera que no  tendríamos tiempo para  contender con las  codicias  carnales.  No necesitaríamos; y allí habría poco de disputas o de algo de esa forma en la asamblea del pueblo de  Dios, si estuviésemos  esforzándonos  por andar como peregrinos en  energía y consagración al servicio del Señor.

 

Hay otra característica  de la cual deseo hablar ,   de nuestras relaciones con el mundo. Somos peregrinos en éste, al pasar a través de él.  No tenemos nada que hacer con su ciudadanía, pero tenemos todo que hacer en cuanto a nuestro deber. Debemos someternos a cada ordenanza  del hombre por causa del Señor.  Después él enumera; él comienza  en el recolector de tributos, toma cuenta de cada ordenanza  del hombre, de cada regla.  Debemos someternos a sus reglas mientras éstas no entren en conflicto con la autoridad de  Dios. ¿No es  eso bello para un peregrino?

 

Otra cosa  es,  el sufrimiento que debemos esperar aquí. En el cap.2:19,20, "Porque esto merece aprobación, si alguno a causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 2:20 Pues ¿qué gloria es, si pecando sois abofeteados, y lo soportáis? Mas si haciendo lo bueno sufrís, y lo soportáis, esto ciertamente es aprobado delante de Dios"  Encontramos en un  número de lugares  a  través de  esta epístola  que el apóstol habla de   sufrimientos.  En el cap.4, por  ejemplo, él dice, "Puesto que Cristo ha padecido por nosotros en la carne, vosotros también armaos del mismo pensamiento; pues quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado," Cristo sufrió una vez por el pecado, y ese  es todo el sufrimiento que debe haber por el pecado. Mire  la cruz. ¿Podría usted  añadir algo a ésta? ¿Podría  añadir algo a los sufrimientos  de  nuestro bendito Señor  bajo el juicio de Dios por el pecado? No, esta fue una obra perfecta, y no hay nada que pueda añadírsele. Pero mire a un hijo de  Dios.  Él tiene que ser  castigado por sus faltas, abofeteado; su Padre se ve obligado a  herirlo.  Él no está sufriendo por hacer bien, sino por el pecado. No nos asombremos si él toma  esto pacientemente.  Él no tiene que sufrir por el pecado. "Cristo sufrió una vez por el pecado, el Justo por los injustos para llevarnos a Dios."  Nuestro Dios nos ama demasiado para omitir el sufrimiento si lo necesitamos  a  causa de  nuestras faltas, pero veamos cuales son nuestros sufrimientos por causa de la justicia, porque damos testimonio de  Cristo; porque andamos  en el camino en el cual Él anduvo, y no porque  andamos en un camino  prohibido.

 

De este modo hay dos clases de sufrimientos, ,   por el pecado y la justicia.  Al sufrir por la justicia el apóstol no nos dice que debemos  esperar escapar; debemos armarnos  con el mismo pensamiento que tuvo Cristo.  Podemos estar seguros  que en el mundo donde ellos dieron al Señor la cruz, habrá también una  cruz para nosotros.  Pero en el cap. 4:15,16, él dice, "Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entremeterse en lo ajeno; 4:16 pero si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello." ¡Ah! Hermanos,  hay confort: no debemos sufrir como malhechores, sino que debemos sufrir como cristianos. O,  como se dice en el cap.3:14, "Mas también si alguna cosa padecéis por causa de la justicia, bienaventurados sois. Por tanto, no os amedrentéis por temor de ellos, ni os conturbéis,"

 

 Esto me lleva a lo último de lo cual puedo hablar  en esta epístola peregrina de Pedro.  Hemos  visto las variadas características  del peregrino.  Después hemos sido introducidos a la misma  presencia del Señor. Se nos dice al final del cap.2, en conexión  con este mismo sujeto del sufrimiento, que Cristo también sufrió por nosotros, dejándonos ejemplo  para que sigamos Sus  pisadas. Este sufrimiento por la justicia  es la comunión de los sufrimientos de  Cristo.  Él nos ha dejado ejemplo no solamente  para que sigamos Su camino, sino Sus pisadas. Juan Bunyan  uno de Sus peregrinos  al final de su jornada  dice que dondequiera  que él ha visto las pisadas  de  Cristo  ha codiciado poner  sus pies en las mismas  huellas. ¡Qué preciosa cosa  sería para nosotros  si al trazar el camino del Señor a través de  este mundo, quien no hizo pecado,  ni fue encontrado engaño en Su boca,!,  si pudiésemos poner nuestros pies  en los mismos pasos en los cuales Él anduvo aquí abajo.  Allí está el ejemplo de  Cristo para nuestro camino peregrino.

 

 Permítanme leer una vez  más  el verso antes de  dejar esta epístola. Cap.5:4, "Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria". Cristo es el camino,  y el fin. Ese es el curso peregrino. Tenemos Su camino aquí; nuestro confort y apoyo, Él mismo con nosotros.  Lo tenemos a Él mismo al fin  de éste camino con  la corona de recompensa  para aquellos que han andado fielmente  aquí.  ¡Qué incentivo realmente  es  este para los peregrinos en este mundo!

 

La segunda  epístola, sobre la cual no nos  extenderemos, es casi como muchas segundas  epístolas. Esta habla de  decaimiento, de mal,  y alejamiento de Dios  que caracteriza a los últimos  días.  Lea por ejemplo,  como  característica  de ésta, el segundo capítulo. Allí el mal es  abundante, presente en todo lugar, de modo que el hijo de  Dios debe andar en santa separación de  todo lo que lo rodea para que  eso no lo arrastre.

 

Él pone ante ellos el contraste. Aquí hay un mundo que va hacia la apostasía, donde  hay toda clase de maldad, pero allí están los cielos nuevos, y la tierra nueva, y la venida de  nuestro Señor.

 

Todo aquí se  está haciendo  pedazos; todo allí permanece.  Y si todas  estas cosas  en las cuales  estamos viviendo ahora han de ser disueltas, dice él,  qué clase de hombres debemos ser  en nuestra conducta  y piedad, esperando por el día de  Dios,  en el cual todas  estas  cosas  han de ser disueltas.  Gracias a  Su gracia hemos recibido un reino que no puede ser conmovido.

 

Segunda  de Pedro nos lleva a los  cielos y tierra nueva, que son mencionadas en la última parte de  Apocalipsis.

 

Pero debemos pasar a  Santiago. Usted  está familiarizado con esta epístola, aun así pienso que deberíamos leer más  esta epístola.

 

Y no solo leerla, sino aun más practicarla.  Esta es llamada, usted  sabe, el libro de  Proverbios del N. Testamento.  Todo en ésta parece apelar a la conciencia.  Hay abundancia allí que nos muestra  que la gracia es conocida.  Pero entonces todo que apela a la conciencia, de modo que los  santos sean movidos en su andar aquí abajo.  Debe haber  libertad  práctica para la justicia. Encontramos en esta epístola en segundo lugar, que debemos esperar verdadera libertad.

 

Usted recordará en Gálatas, que es una segunda  epístola, que tenemos libertad de la ley. Rom. 7 nos presenta el mismo pensamiento. Pero ahora necesitamos libertad para el peregrino. Esta no es libertad en cuanto a principios, o doctrinas.  Deberíamos ir a Romanos o Gálatas `para eso, sino que esta es una libertad  practica para nuestro andar.

 

 Santiago llama las cosas por sus justos nombres.  Esta es una gran libertad  cuando podemos llamar prácticamente a las cosas por sus justos y verdaderos nombres, y ver como la palabra de  Dios cortaría lejos  todo lo que  no es  santo y contrario a  Su voluntad en nuestro camino.  ¡Cuán pungente es  Santiago!  Él no libra  al rico ni al poderoso, no importa cuán exaltado pueda ser éste.  Él habla muy claramente.  Si hay alguna cuestión  en cuanto a la santa honestidad, él dice, "limpiad vuestros corazones los de doble ánimo". Él nos dice que un hombre de doble ánimo o pensamiento es inestable en todos sus caminos. No piense un tal hombre que recibirá cosa alguna del Señor. ¿Por qué nuestras oraciones  no son respondidas? Santiago nos presenta dos razones.  Una  es el doblez  de pensamiento; es decir,  la mitad de una cosa y la mitad de otra.  Si mis pensamientos  están la mitad en el mundo, y la otra mitad  en Cristo, puedo orar todos los  días de  mi vida y no tener  respuestas  a mis ruegos. ¡Oh! Cuando busco al Señor, debe ser como es bellamente presentado  en el libro de  Crónicas, "ellos le buscaron  con todo su corazón y deseos."  Esa clase de oraciones será respondida.

 

Santiago nos presenta  también otra razón.  Pedimos y no recibimos, porque pedimos para nuestras propias codicias y egoísmo.  ¿Ha notado el secreto de todo ruego? Mire lo que el Señor nos ha presentado.  No un modelo  para  expresarnos como cotorras, sino para mostrarnos el verdadero  espíritu de  la oración, "Padre nuestro, santificado sea Tu nombre; venga Tu reino; Tu voluntad sea hecha". Todo es para gloria de  Dios, todo para los intereses de Dios; el yo y el egoísmo son dejados atrás, puestos en segundo  lugar.  Dondequiera que estamos pensando más de la gloria de  Dios  que de nuestros propios y egoístas intereses, debiésemos estar en una verdadera actitud de  oración.  Debiese ser  de este modo: Tu voluntad; Tu reino,  Tu gloria. Dondequiera que  Dios  es  glorificado podemos estar seguros que Su amado pueblo  no faltará de su bendición.

 

 De este modo Santiago habla constantemente  a la conciencia  y de este modo prácticamente  liberta al pueblo de  Dios.  Muchos que pueden hablar  claramente  en  cuanto a la  libertad de Romanos o Gálatas, necesitan a veces  una palabra practica que hiera como  una  espada  justo  en el lugar de su vida que hay que mejorar, como  David cuando Natán le habló.

 

Añado una palabra acerca de ese  familiar pasaje  sobre la fe y las  obras.  Todo está en acuerdo con el tema de  Santiago. Solo el más ignorante podría  imaginar contradicción  entre Pablo y  Santiago.  Pablo habla de  justificación ante Dios, que ciertamente es por fe, sin obras; y Santiago de  justificación ante los hombres y aquí solo las obras son la prueba de  aquello.  El mundo no puede  ver mi fe excepto ésta opere a través de  obras.  Un hombre puede decir que tiene fe, pero Santiago no está  satisfecho con decir, debe ser así.

 

Ahora llegamos al verdadero santuario en esta serie peregrina, las epístolas de  Juan. Bellas  y en contraste con las epístolas de  Pablo. Nadie puede fallar en ver las diferencias  entre los  escritos de  Juan y de Pablo.  El pensamiento principal en las epístolas de Juan, es aludido, pero no  el tema del  escritor.  Juan trata de  tres grandes temas, luz, vida, y amor.  De la vida eterna que estaba con el Padre, y que nos ha sido manifestada, y de la cual participamos; y declara todo a través de  la  epístola, "Dios es luz, y en Él no hay tinieblas."  De este modo tenemos la vida y la luz. Cuando tenemos la vida y la luz mezcladas, ¿cuál es el resultado?  Vida  en las actividades practicas del  amor.  De este modo tenemos tres  palabras ante nosotros  como el tema del santuario, "vida, amor y luz",  para el hijo de Dios en el mundo.  Tenemos vida en Cristo,  luz en la santa presencia de Dios,  y conocemos Su amor  porque Él nos amó primero.  El apóstol  circunda  los cambios  sobre estos temas  a través de toda la epístola.  Si tratamos de analizarla en forma lógica encontraremos gran dificultad, aunque  no dudo que  hay pensamientos  prominentes , y conexiones  evidentes  allí; pero podemos trazar estas preciosas  verdades  como   hilos de plata y oro  a  través de  toda la epístola.  Si él se detiene, por ejemplo, sobre la luz, la santidad y la justicia,  pasará desde eso al tema del amor y la gracia.  Si él ha estado hablando de amor, que debemos amarnos los unos a los otros, él explica esto diciendo que amamos  a Dios  cuando  guardamos Sus mandamientos; y para que no seamos legales él dice,  Sus mandamientos  son que creamos en Su Hijo y nos amemos los unos a los otros. Entonces  estaríamos en duda  en cuanto a lo que  esto  significa plenamente, él dice entonces  que Dios envió a Su Hijo para ser una propiciación por nuestros pecados, y que es la sangre de  Jesucristo la que nos limpia de  todo pecado.  Después pasa  nuevamente  a nuestra responsabilidad.  Pero  todo esto es enlazado, vida, luz, amor, y el resultado es una hermosa  mezcla, en comunión con Dios, que es el verdadero santuario para nosotros en este mundo.  Característicamente este es el santuario de estas epístolas  peregrinas.

 

Por supuesto, esto es solo tocante en Juan.  Este es un libro para estar en secreto, ,  un libro de oración, más que para un frio análisis intelectual.

 

 No hay otra palabra y eso es todo lo que diré para la primera epístola. "Hijitos, permaneced en Él." "Permaneced."  Permaneced en la preciosa verdad que estas tres palabras presentan; permaneced en Aquel que es  luz, que ha mostrado el amor,  y quien es  vida.  Debemos permanecer en Cristo; ese permanecer  es el poder para andar  aquí abajo.

 

La segunda  epístola de  Juan está en contraste con la primera en muchas formas.  La primera nos ha presentado estos santos temas del santuario, y la segunda  es  una palabra de  advertencia  y ayuda, dirigida  muy sorprendentemente a una hermana  en el Señor.,  quien naturalmente  es una persona privada, y no prominente.  Aun  así en cuanto a  ella,  una hermana,  él dice que debiese  estar en guardia contra cualquiera que no llevase la verdad. Si tenemos palabras características  en la primera epístola como hemos mencionado,  también las tenemos en la segunda, la palabra característica es la palabra de verdad; amamos en la verdad, andamos en la verdad, si alguno no trae la verdad no le recibáis ni le saludéis. De esta manera encontramos que el amor que debe caracterizar a todos  aquellos que aman a Cristo no es  débil.  Cualquiera asociado con lo que es  deslealtad y deshonor a  Cristo, debe ser tratado como Su y nuestro enemigo.

 

En la tercera epístola se nos presenta bellamente el otro lado;  y sorprendentemente, esta  está escrita a un hermano, como la otra a una hermana.  La hermana  tiene el instinto de la  hospitalidad y amor;  lo que ella necesitaba era estar en guarda acerca de la deslealtad hacia el Señor en la materia de aquellos que eran Sus enemigos.  Aquí tenemos a un hermano, bastante fuerte quizás  en el lado de la firmeza, pero quien es encomendado por mostrar ese  amor y hospitalidad a los verdaderos siervos de  Cristo que han salido no tomando nada de los gentiles.  De manera que  encontramos que  el falso e infiel siervo, el enemigo de  Cristo, debe ser rechazado,  aun por el más débil de Su pueblo, estos ocupados en Su servicio deben presentar el evangelio a los paganos o dondequiera que ellos han sido enviados a hablar de  Cristo, deben ser encaminados  en su jornada  de acuerdo a una manera piadosa.  Bellamente estas  tres  epístolas  nos presentan  de esa forma  los principios de  santidad que deben guiarnos en  nuestra jornada peregrina.

 

Judas parece cerrar toda la sección con una oscura apostasía.  En segunda de Pedro, cap.2, tenemos lo que es casi idéntico con Judas, excepto que Pedro nos presenta el mal abundando en el mundo, y Judas  el mal en la  Cristiandad profesante.  Judas  nos presenta la apostasía pública  de estos que han estado, y sido, profesantes;  que se  han  introducido encubiertamente entre los santos.  Él señala el juicio que caerá sobre todos los  apostatas, también hace referencia  desde los ángeles que cayeron hasta el final de la historia.  Después en bendito  contraste, después de  desplegar todo el solemne estado del pueblo apostata entre  ellos,  y después de la exhortación a que deben contender  ardientemente por la ve que fue una  vez  entregada a los  santos, tiene una dulce palabra al final que es muy confortante.

 

Estamos viviendo en tiempos  apostatas; cuando aquellos que toman el nombre de  Cristo, ¡lamentablemente!, están usando esto, no para Su gloria, y no tienen ningún interés ni deseo por Su gloria.  Estamos viviendo en oscuros tiempos que fácilmente podríamos desanimarnos.  Pero escuche: "Pero vosotros, amados, edificándoos sobre vuestra santísima fe, orando en el Espíritu Santo, 1:21 conservaos en el amor de Dios, esperando la misericordia de nuestro Señor Jesucristo para vida eterna." (Judas  20,21) ¡Qué bello!  Estamos rodeados por apostasía; ¿Qué debemos  hacer? Mantenernos en el amor de  Dios. Estamos rodeados por aquellos que  están confiando en su propio orgullo y poder; ¿Qué debemos hacer? Orando en el  Espíritu Santo. Estamos rodeados por aquellos que niegan aun los mismos fundamentos del Cristianismo, ¿Qué debemos hacer? Edificarnos en nuestra santísima fe. Ese verso a menudo es mal citado.  Las personas dicen,  edifíquese a sí mismo en su santísima fe, como si la fe fuese algo en nosotros,  que es lo que debe ser fortalecido.  Ese no es el pensamiento.  Debemos edificarnos  sobre ese sólido, santo fundamento de la fe,  la fe que una vez fue entregada a los  santos. Esa es la fe.  No podemos fortalecer  eso, pero podemos fortalecernos nosotros en eso.  Debemos estar establecidos  sobre esto en días de apostasía.  Eso nos lleva nuevamente a  la preciosa  palabra de  Dios, que es la única cosa que nos establecerá sobre ese sólido fundamento.

 

Aun más,  si él nos ha estado hablando del  juicio que ha de venir sobre el mundo apostata, ¿Qué acerca del hijo de  Dios? ¡Oh! Si, dice él, ustedes están esperando por la misericordia del Señor Jesucristo para vida  eterna. No estamos esperando el juicio que  ha de caer sobre este mundo.  Estamos esperando por la misericordia de  nuestro Señor para vida eterna.  De este modo él añade  una bendición,  una muy bella bendición.  Judas significa alabanza,  ¿y piensa usted  que este es un nombre muy inapropiado que tiene que hablar como él lo ha hecho?  Y aun así cuando él nos ha narrado  este relato de  dolor, cuando ha advertido a los santos,  y guardado, aun Judas es verdadero a su nombre. Él dice, ".Y a aquel que es poderoso para guardaros sin caída, y presentaros sin mancha delante de su gloria con gran alegría.1:25 al único y sabio Dios, nuestro Salvador, sea gloria y majestad, imperio y potencia, ahora y por todos los siglos. Amén"

 

Alabanza porque hemos sido libertados de toda esa apostasía. Hemos sido libertados con la seguridad de que Él es capaz de  impedir que nuestros pies se deslicen. Estamos andando a  través de  un cenagal, a través de un vasto pantano, pero Él es  capaz  de impedir que nuestros pies  caigan, y de presentarnos sin mancha ante la presencia de  Su gloria, esa gloria  que manifestará  las cosas que no son conforme a la  santidad de  Dios,,  capaz de  tomarnos y llevarnos a  través del pantano del pecado que describe Judas, y presentarnos ante la  presencia de Su gloria, sin mancha, y con gran gozo.  ¿Gozo de quién?  Pienso que nuestro gozo no es  excluido. ¿No nos regocijaremos  cuando seamos presentados sin mancha ante la presencia de  Su gloria? Pero, ¡ah!  Amados hermanos,  nuestro gozo no es nada comparado con el gozo de Aquel que  está siempre mirándonos, y anhelando el tiempo cuando seamos presentados  sin mancha delante de Él, con gran gozo por Su parte; como Él dice, "Aquí estoy Yo y los hijos que Tú me diste."

 

Y eso es Judas.  No sorprende  que él prorrumpa en alabanzas al final del libro, y diga que todo terminará en gloria sin mancha allí arriba,  para nuestro gozo y el del Señor.  De  esta manera  tenemos el desierto con todas sus pruebas, sufrimientos, contradicciones, y enemistad por parte del hombre, terminando en la presencia de  Dios con gran alegría, siendo sin mancha.  O como Pablo dice bellamente a los efesios, Cristo se presentará a Si mismo a la iglesia sin mancha ni arruga. Después de todo su fracaso, de todas sus experiencias aquí,  la iglesia será sin mancha, una  esposa bella para entrar en el gozo eterno con nuestro bendito Señor.

 

"Allí toda nube  se alejará;

El desierto terminará;

Y dulcemente  cada  corazón alegre

Gozará de eterna paz."



EL APOCALIPSIS

Ahora llegamos al último libro de  todos, el final del Libro inspirado. No podría haber nada más allá de  Apocalipsis, el despliegue, el encabezamiento de  todos los  designios y consejos de  Dios, la introducción en plena luz de aquello que ha sido  mantenido en secreto ; el carácter desde la fundación del mundo: el carácter de Dios  ahora claramente  desplegado ante los ojos de  todos.  Es muy sorprendente ver  el alcance de este libro. Ya estamos  alcanzando la misma eternidad; mirando las cosas desde el mismo punto de vista de  Dios,,  como si nosotros mismos, fuera del tiempo,  y lugar,  sobre el monte con Dios  mirando sobre toda la creación, y viendo en ella su maldad, locura, y rebelión, todo llevado  bajo la poderosa mano de  Aquel  que debe reinar hasta poner a  todos Sus enemigos debajo de Sus pies, y Dios mismo entonces será todo en todos.

 

Siento dudas al tomar tal libro. No me siento capaz  para tal tarea; ,  poner ante otros su maravillosa  plenitud. Y aun así somos  estimulados desde el mismo comienzo, a tomarlo en simple dependencia de  Aquel que nos ha dicho, "toda  escritura es  dada por inspiración de  Dios, y útil para doctrina, reprensión, corrección, e instrucción en justicia."  El v.3, en el primer capítulo, presenta un estimulo que sugiere al mismo  tiempo el peligro de  descuidar este libro.  Podría decir que no hay porción de las  Escrituras, probablemente,  que haya sido más descuidada, menos creída que este mismo libro de  Apocalipsis; y como resultado eso que es  desplegado es  extraño y nuevo para muchos.  Gracias a  Dios Él ha estado abriendo para nosotros este libro,  y podemos comprender algo de  esta bendición: "bienaventurado el que lee y los que escuchan las palabras de esta profecía, porque el tiempo  está cerca."

 

"Bienaventurado el que lee." Uno podría decir, no puedo comprender  estos maravillosos  símbolos que abundan a través de  todo el libro,  cosas que han sido ocultas de los sabios y prudentes. ¡Ah! Note que no se dice, bienaventurados los que comprenden, sino "bienaventurado el que lee, y los que escuchan las palabras de  esta profecía."  Eso es algo más que el mero oír  audibles palabras.  Escuchar en las  Escrituras siempre está conectado con el corazón. : "escuchad y vuestra alma vivirá."  Esta es la apertura del corazón a la verdad; y la bendición es pronunciada a aquellos que leen y abren sus corazones  a la Palabra; y el resultado es que ellos  guardarán las  cosas escritas en el.  Y después de ese solemne pensamiento, el tiempo está cerca.  Nadie puede verdaderamente comprender el libro de  Apocalipsis, sino realiza algo, por una parte del valor y la solemnidad, por la otra,  de estas simples palabras, "el tiempo está cerca."

 

Hay también otro  estimulo para tomar el libro, que también indica  el espíritu en el cual debemos  estudiarlo, que es muy precioso para mí.  El apóstol pone ante nosotros, como usted  sabe,  en este capítulo introductorio,  algo en cuanto a la venida del Señor; pero antes de  decir algo respecto a  eso, introduce una  preciosa verdad fundamental. "Al que nos amó, y nos lavó de nuestros pecados con su sangre, 1:6 y nos hizo reyes y sacerdotes para Dios, su Padre; a él sea gloria e imperio por los siglos de los siglos. Amén.

1:7 He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él.  Sí, amén".

 

Esto nos presenta el espíritu en que debemos tomar y examinar  los contenidos de este libro.  Somos redimidos,  tenemos que hacer con Uno que está sentado sobre el trono de gloria, que ha tomado el libro de la mano derecha de Aquel que estaba sentado sobre el trono, ejerciendo todo el juicio que le ha sido dado por el Padre, hasta que finalmente Él viene con los ejércitos del cielo para ejecutar el juicio final sobre la tierra.  Cual sea el carácter en el cual Él sea presentado, es aun Aquel que nos ama; este es  Aquel  que nos ha comprado, y lavado de  nuestros pecados en Su propia sangre; es como redimidos que Él nos  ha dado a  conocer  estas cosas.

 

 ¡Qué confianza podemos entonces  tener al tomar este libro!  Y vemos las terribles  escenas de  juicio, siguiéndose una tras otra en sucesión en el panorama en que Dios las hace pasar  ante nosotros, podemos agradecer por Aquel que nos amó, y lavó de  nuestros pecados en Su propia sangre. ¡Ah! Hermanos,  debemos estar sobre todo esto,  estaremos entonces en lo alto,  y miraremos sobre todo con Cristo, y compartiremos con Él la gloria cuando veamos estos juicios.

 

Por otra parte, lo opuesto a eso,  "He  aquí viene con las nubes, y todo ojo le verá."  Nosotros le conocemos como Aquel que nos ama, y quien nos ha lavado de nuestros pecados, y nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios Su Padre.  Pero para el mundo,  le conocemos como Aquel que  viene con las nubes,  y todo ojo le verá; y los que le traspasaron; y todas las tribus de la  tierra  se lamentarán a causa de Él. Aun así podemos añadir nuestra palabra, "Ven, si, amén."  Estamos tratando con Aquel que va a juzgar todo, pero que es también nuestro Redentor.

 

¿Cuál es el efecto de esto? Justo lo que usted encontrará que es el efecto de  toda la preciosa verdad de  Dios: Su gracia nos da confianza, y un sentido de cercanía en posición y relación.  Sus juicios nos solemnizan, y nos guían a  ver lo que es el pecado, nos dan ese  temor de  Dios  que siempre acompaña todo verdadero conocimiento de la gracia, y nos hace realizar también que estamos en un mundo sujeto a juicio.

 

De este modo encontramos eso que bendecirá nuestras almas, y nos llevará más cerca que nunca en la bendita comunión con Dios, que nos ha dado esta  revelación.  Él nos dice que  ésta es una revelación, no algo oculto, sino algo desplegado para que nosotros lo comprendamos.  Esto nos lleva a los contenidos del libro y su alcance.   El lector más superficial que está familiarizado con toda la  Escritura,  sabe que  ésta se divide fácilmente en dos partes.  Los primeros tres capítulos tratan de la iglesia como un  vaso responsable de  testimonio sobre la tierra en esta dispensación cristiana.  El resto del libro, del capítulo cuatro adelante hasta el veintidós, trata  claramente con lo que no es la iglesia, sino  con la tierra en general, hasta que llegamos al final de la  etapa  donde encontramos nuevamente a la iglesia desplegada en gloria.

 

En cuanto a la primera  parte, usted  está familiarizado con su carácter general,  y no necesito más que señalar  algunas de sus características.  Tenemos, ante todo, el capitulo introductorio que pone ante nosotros al Señor Jesús en Su carácter  sacerdotal, como Aquel que anda  en medio de los candeleros para juzgarlos. Los candeleros son las siete iglesias, se nos dice, con las estrellas en lugar de luces, y estos se nos dice, son los ángeles de  las siete iglesias. El candelero es el vaso de  testimonio, eso que porta luz.

 

El Señor no  es visto aquí como Salvador, ni como Cabeza de la iglesia.  Él aparece con Sus ojos como llama de  fuego, sondeando las cosas  secretas, probando todo por Su santidad, y pronunciando Su juicio sobre cada testimonio que  ha dejado en el mundo.  Esa es la actitud en la cual  es presentado.

 

En cuanto a la iglesia, la vemos  como candelero de oro, el oro nos habla de  la gloria divina con que ella está dotada en privilegio, y después la estrella, que es el ángel de la iglesia, que representa esa luz que viene del cielo y que ha sido confiada a la iglesia,  responsabilidad en testimonio en un mundo oscuro como  este.  Hay siete candeleros, y estos nos presentan a las siete iglesias de  Asia, como ellas son enumeradas,  Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia y Laodicea,,   todas estas iglesias  existían en días  de Juan, y con el carácter que  el Señor juzga aquí.  Tenemos indudablemente  en vista más que eso.  Tenemos,  en esta séptuple historia de la iglesia, el despliegue de todo el período de la iglesia durante el cual ella existe sobre la tierra, comenzando como lo hace  con Éfeso y terminando con Laodicea.

 

Tenemos, simbólicamente, la iglesia desde los días de los apóstoles  hasta la venida del Señor. Cuando las tomamos, las características  se desarrollan en una  forma y orden muy claro.  Primero,  tenemos las iglesias  juntas, terminando con Tiatira, donde por primera vez  se menciona la venida del Señor como la  esperanza que está ante Su pueblo.  Después  tenemos las otras tres juntas,   Sardis, Filadelfia y Laodicea. En las  cuatro primeras iglesias, muy sorprendentemente agrupadas, tenemos el lado terrenal de la iglesia, terminando  vívidamente con Tiatira, que  habla de ese gran sistema-mundo de Roma, desarrollado desde Babilonia, posteriormente en este libro.  Primero en estas  tenemos a Éfeso y Esmirna unidas por el hecho que en ambas tenemos mucho bien, y Pérgamo y Tiatira unidas porque hay mucho mal en ellas.  Esa misma división de  estas cuatro iglesias en dos y dos,  sugiere el mal que se encuentra en la historia de la iglesia.  ¡Qué solemne es cuando Dios  va a desplegarnos la historia de Su iglesia, Él nos presenta el pensamiento  clave, que este es un desarrollo del mal!  ¿Qué significa esto? No ciertamente que la verdadera iglesia es mala, tampoco que no haya mucho bien en cada una de estas cuatro iglesias. Pero ¡lamentablemente!  Principios de mal están obrando, justo como vemos esto en las siete parábolas del reino, en Mt.13, que nos guían  al final de lo que tenemos en Laodicea.  Considerémoslas por unos  breves momentos.

 

¿Qué es lo que caracteriza a  Éfeso? Mucha labor y paciencia; intolerancia de malos hombres y doctrinas; mucha obra fiel, ,  pero "tengo contra ti que has  dejado tu primer amor."  Esto es alejamiento del primer  amor; y queridos hermanos,  ya sea en un individuo o una iglesia,  esa es la señal de  alejamiento final del Señor.  ¿Qué es lo que caracteriza  el declinamiento en nuestras almas? No es caer  en algún pecado grosero primeramente. La primera cosa es el olvido, alejamiento del primer amor; y así es con la iglesia.  Tenemos, después,  el oscuro período a través del cual  ella ha pasado, vemos la lamentable condición en la que fue llevada, pero la raíz de todo la encontramos en Éfeso.  ¡Oh! El amor de tus desposorios, de lo cual habla el Señor,  el tiempo cuando Israel era santo al Señor.  Dios recuerda el primer amor de ella. La recuerda en Ezeq. 16, el tiempo de amor, cuando  Dios  encontró a Israel, y cuando la sedujo y la atrajo a Si mismo.  Así es con la iglesia. Hubo un tiempo de  amor, en Pentecostés en la primitiva historia de la iglesia  apostólica; Cristo era todo, el yo nada;  sus mismos  bienes eran indignos, excepto como dados a Él.  Cristo era todo.  ¡Lamentablemente!, la historia de  la iglesia comienza con alejamiento del primer amor.

 

Después en Esmirna  vemos la  fidelidad de Dios introduciéndose  quizás en una forma  extraña.  Él permite al enemigo la libertad de caer sobre la iglesia y usar todo su poder para destruirla.  La persecución se introduce con Esmirna, y de acuerdo a ello no encontramos  allí ninguna palabra de  reprensión.  Usted encuentra muy sugestivamente aun en Esmirna, el judaizar; estos que dicen ser  judíos y no lo son.  Y esa  es la historia actual de la iglesia después del tiempo de los apóstoles.  Persecución por una parte mantuvo a la iglesia  exteriormente pura, impidiendo que ella cayese en corrupción, volviéndola en algún grado a su primer amor, pero por otra parte, ¡lamentablemente!, esta tendencia  a introducir la ley y ordenanzas, que llega a su pleno crecimiento en Tiatira, la iglesia de  Roma.  Estas son las primeras iglesias,  alejamiento del primer amor, y la misericordiosa restauración, a través de la gracia de  Dios, a través de la persecución.

 

Después tenemos las próximas dos, Pérgamo y Tiatira. Pérgamo nos  presenta la raíz de la cual crece  Tiatira, "moras donde está el trono de  Satanás".  Establecimiento y unión con el mundo como perteneciendo a  éste.  Este fue el próximo  paso en la historia de la  iglesia.  Después de las terribles persecuciones durante los primeros siglos, Satanás trató, como lo hace a menudo,  de corromper  por medio de  atraer al mundo. Cuando la persecución terminó, hubo un  aparentemente y sorprendente avance, una maravillosa  extensión del  Cristianismo. Constantino es llamado el primer emperador cristiano. Encontraremos  a la iglesia y el estado unidos bajo él,  una aparentemente maravillosa  victoria del Cristianismo.  Pero la iglesia ha dejado de ser una virgen pura desposada a Cristo.  Aquí ella  está enlazada al mundo, ¿y cuál es el resultado? Tiatira, ese sistema donde la mujer  Jezabel domina, esa terrible ramera que corrompe en lugar de ayudar al mundo, cuya  `presencia es  un poder  contaminante.  Este es el sistema donde la mujer, la iglesia profesante, usurpa el lugar de Cristo y viene a ser maestra, llamándose a sí misma profetiza, por lo cual el Espíritu la designa llamándola Jezabel.  Ella se encuentra en todo su poder  aquí; y ese es el fin  de la historia de la iglesia en lo que concierne a la tierra.  Encontramos que Tiatira va hasta el fin.  Las características de  Éfeso,  Esmirna, y Pérgamo se han mezclado en el carácter de  Tiatira.  Y aquí, como he  dicho antes,  tenemos por primera vez la venida del Señor como la única  esperanza de Su pueblo.

 

 Eso deja a las otras tres iglesias como presentándonos otras características. Sardis es la iglesia reformada, como ella es  muy notablemente descrita "tienes nombre de que vives y estás muerta."  Solemnes palabras  para estos que han sido libertados de las corrupciones de  Roma, con su esclavitud y supersticiones., y llevados al lugar de luz, aun así solo con un nombre de  vivir,  una profesión. Es eso lo que caracteriza el Protestantismo, una profesión de  vida.  No hablo del remanente del pueblo del Señor  aquí o en Tiatira, sino del carácter general de  estas iglesias. Un nombre de vivir es lo que tiene el Protestantismo; más particularmente las iglesias nacionales que se  han levantado de la Reforma. En ellas la unión entre iglesia y estado aun es mantenida, tal como las encontramos en Alemania, Inglaterra, Escocia, y aun en Francia.

 

Filadelfia, por otra parte, nos presenta lo que Dios hace. Dios en Su misericordia ciertamente sacó a la luz  la preciosa verdad con respecto a la salvación en el tiempo de la Reforma, la verdad de la justificación por la fe sobre todo; pero en Filadelfia tenemos algo más.  Su mismo nombre es sugestivo. Esta significa  amor fraternal; pero si usted lo nota, el amor fraternal no es  descrito más lejos, salvo  en que lo encontramos  mostrado en obediencia y lealtad a Cristo. Verdadero amor de los hermanos es mostrado por consagración, sujeción a Cristo.  "Has guardado Mi palabra y no has negado Mi nombre."

 

Creo que la historia de  Filadelfia comenzó mucho antes de que  ésta tuviese  una  expresión en un testimonio absolutamente  escritural.  Creo que comenzó  en el deseo en personas piadosas, que se  separaron de los  sistemas  eclesiásticos a los cuales he aludido bajo el nombre de  Sardis; estos, por ejemplo,  no deseaban estar enlazados con el mundo, y  no creían en la unión de iglesia y estado.  Estos creo, fueron los primeros comienzos del testimonio de Filadelfia. Muchas  separaciones  tuvieron lugar por parte de  estos hombres piadosos, quizás, doscientos  años atrás, cuando el testimonio corporativo de pequeñas compañías fue  establecido.  Un testimonio,  digo, en separación del mundo por una parte,  y marcado también  por la unión de  santos en piadosa comunión, con una disciplina y orden, algo al menos, de acuerdo a la palabra de  Dios.  Creo que el origen de las  sectas Bautistas, Metodistas, y otras  denominaciones  cristianas, y posteriormente el establecimiento de la Iglesia Libre de  Escocia, fue una obra del Espíritu de  Dios, en que  almas sinceras estaban sintiendo conforme a  eso que respondía al corazón y pensamiento de  Cristo, en cuanto a la santidad y un camino  conforme a Su palabra.

 

Lejos  sea de mí, por supuesto,  aprobar todo lo que ellos  hicieron,  o decir que ellos han tenido plena luz. Pero en alguna medida hubo allí una obra del Espíritu Santo entre ellos. ¡Lamentablemente! , miremos alrededor hoy, ¿y qué vemos  entre estos mismos, que en el comienzo han salido y actuado para Dios en esta forma? Ellos son edificados en dos grandes  sistemas del mundo, establecidos de tal modo que ellos no tienen más  el carácter de  peregrinos, que debiese  caracterizar el verdadero testimonio de la  iglesia de  Cristo. Ellos nuevamente se parecen a Sardis justo como Sardis se parece a Tiatira. La tendencia de todo es volver  atrás, a la corrupción que habían dejado.

 

Creo que, como tenemos la promesa de la venida del Señor presentada en Filadelfia, del mismo modo tenemos la confortante seguridad de que habrá un testimonio para el Señor mantenido hasta el fin, un testimonio que está marcado por dos cosas: ante todo mantener firme la palabra de Cristo,  y segundo,  no negar Su nombre. La palabra de Cristo es la palabra de  Dios, y lo que  caracteriza a todo verdadero testimonio para Él es  dar un perfecto lugar a  la palabra de  Dios desde comienzo a fin, en nuestras vidas y testimonio.  El nombre de Cristo sugiere Su autoridad, y la plena suficiencia de Su bendita persona.  Nos sugiere que Él mismo es el centro dominante, el objeto que atrae y mantiene junto a Su pueblo.  La palabra y nombre de  Cristo, ,  es amor a los hermanos.  Si amo a mis hermanos, me aferraré a la palabra de  Cristo y no negaré Su nombre, pero ¡ah! Si pongo el amor a los hermanos primero, olvidaré lo que es  debido a Cristo y Su honor.  Ese es el secreto de todo declinamiento del verdadero espíritu filadelfiano.

 

Permítanme decir una palabra  en cuanto a eso para nuestras conciencias.  Mientras no dudo en decir que nosotros, por la gracia de  Dios,  estamos tratando de mantener  un carácter  filadelfiano, debemos por otra parte, ser muy cuidadosos y  estar en guardia contra cualquiera asunción de que somos ese maravilloso pueblo.  Queridos hermanos,  cuando pienso cómo Dios nos ha abierto Su palabra como nunca antes, no tengo dudas al decir que nunca  desde los  días de los apóstoles, ni siquiera en el tiempo de  Martin Lutero en la Reforma, la palabra de  Dios ha sido abierta  como en estos últimos años,  cuando pienso en ello, digo, ¡Qué responsabilidad! ¿Vamos a jactarnos de que tenemos una Biblia abierta y que la comprendemos, y de que tenemos cierto testimonio que mantener?

 

Si nos jactamos,  encuentro que jactarse no es característica  de Filadelfia, sino de Laodicea. Es Laodicea quien dice, "soy rico, y me he enriquecido, y no tengo necesidad de  nada."  ¡Ah!, Laodicea se jacta de su propia suficiencia. La misericordia  solo puede  decir de ella, "no sabes  que eres miserable, pobre, ciego y desnudo."  Guardémonos del orgullo, y de la suficiencia propia.   Lo que caracteriza el testimonio de un remanente es  siempre un  espíritu de duelo, tristeza y confesión.  Un espíritu de verdadera contrición, un corazón quebrantado es uno que el Señor espera.  Un corazón contrito y quebrantado es el lugar donde  Él tiene Su habitación, y solo allí.  De este modo tenemos al final de la historia de la iglesia dos condiciones contrastadas.  Sardis nos presenta el Protestantismo como un sistema, pero Filadelfia y Laodicea nos presentan dos estados en conexión con  un testimonio  escritural.  Filadelfia tiene poco poder,  hay mucha debilidad, ,  pero hay allí un  humilde y  firme esfuerzo por  aferrarse al Señor y Su nombre.  Laodicea por el contrario se caracteriza por  satisfacción y jactancia propia.  ¿Estoy muy errado cuando digo que  el laodiceano en su pleno desarrollo parece ser uno que tiene la luz de Filadelfia sin la conciencia de Filadelfia? La luz de  Filadelfia ¿pero usándola para sí misma, jactándose en aquello que debiese  exaltar solo a  Cristo?

 

Y de este modo termina la historia de la iglesia. Estoy seguro que nos encontramos justamente  en el fin.  No hay nada más que deba desarrollarse en la historia de la iglesia. De manera que podemos ver cuán cerca debe estar la venida del Señor.  Eso nos muestra la primera división del  libro.

 

Encontraremos al comienzo del cap.4, un claro cambio en el lenguaje, sujeto y posición.  El apóstol ve una puerta abierta en el cielo.  El ha visto al Señor antes de eso, observado a la iglesia sobre la tierra; él es ahora tomado arriba  y ve en gloria a esa misma  iglesia  que él ha visto en testimonio sobre la tierra. Porque encontramos en estos 24 ancianos a toda la familia del pueblo de  Dios, no excluyendo a los santos de otras dispensaciones, haciendo una completa familia  sacerdotal.  Veinticuatro ancianos nos presentan en esa forma a todo  el  sacerdocio,  con coronas sobre sus cabezas, lo que nos sugiere que la realeza también es suya, y que responde bellamente al doble  lugar de bendición, que el apóstol ya había mencionado cuando dice, que Cristo nos ha hecho reyes y sacerdotes para Dios Su Padre.

 

Esta parte del libro se divide en siete porciones marcadas muy claramente, que notaremos antes de  entrar un poco en los detalles. Tenemos primero el trono de Dios y del Cordero, y los siete sellos, como la primera división desde el cap. 4 al 7. Después, desde el cap.8:9, se trata de los juicios de las siete trompetas.  Comenzando con el  último verso del cap.11, y yendo a través  del cap. 13 tenemos a Satanás, la bestia y el anticristo.  Como una cuarta división tenemos el cap.14, donde vemos a  144.000 sobre el monte Sión por un lado,  y el juicio de la ramera y el mundo por el otro. En los capítulos 15 y 16, tenemos las siete copas, las siete ultimas plagas,,  la quinta división; mientras la sexta es el juicio de Babilonia, que se nos presenta en el cap. 17 y 18, y los primeros versos del cap.19. La séptima y última división se nos presenta al final en la culminación de  todo esto,  desde el cap.19:7 hasta el fin, donde tenemos las bodas del  Cordero, el juicio de las naciones, la resurrección de los muertos, el juicio de  Satanás, de las naciones después del milenio, y la gloria final.

 

Primero tenemos el trono de  Dios.  Hay una cosa que es particularmente notable además de la gloria y este es el arco iris alrededor del trono.  Estamos siendo introducidos aquí a los terribles juicios que serán derramados sobre la tierra. El trono del Dios Todopoderoso es  establecido para ejecutar estos juicios.  Pero vemos primero el trono de gloria rodeado por un arco iris. Esta es la promesa del inmutable pacto de Dios con la tierra, el arco iris de promesa  que Él puso en las nubes  muestra  que Él nunca más volverá a destruir la tierra. Usted debe recordar,  que Él puso Su arco en el cielo, y dijo que  cuando trajese nubes  sobre la tierra también pondría Su arco allí, para que supiesen que  las nubes no traerían otra  destrucción como aquella del diluvio. ¡Ah!  ¡Qué oscura nube se está posando sobre la tierra en estas terribles descripciones!  Aquí seguimos  un juicio tras otro barriendo la tierra. ¡Cuán precioso es  estar seguros que  éste es todavía el objeto de los inmutables consejos de  Dios, que ésta no perecerá, y que estos juicios son solo la oscura nube que trae la fertilizante lluvia!

 

La próxima cosa que nos sorprende  en esta primera parte (por supuesto no podemos pretender  considerarlo verso tras verso) es la presencia de los seres vivientes.  Estos son cuatro,  usted recuerda,  los hemos visto tipificando los variados caracteres de juicio en que está nuestro Señor, caracteres que también Él ha llevado.  Aquí tenemos a estos cuatro seres vivientes  típicos del poder providencial de Dios, que deben ejecutar juicio sobre la tierra.

 

 Ahora miramos la diestra de Aquel que está sentado sobre el trono, y vemos un libro  en que está contenido el relato de todos  estos juicios, ese libro está  escrito por dentro y por fuera, pero sellado con siete sellos.  Hasta que ese libro es abierto y sus secretos dados a conocer, y todos los juicios en él ejecutados, no puede haber bendición sobre la tierra.  Cuando se publica el desafío para que alguno pueda  venir y abrir el libro, éste  queda sin ser respondido.  El cielo  no contiene a nadie digno para hacer esto,  y ciertamente tampoco la tierra, ,  nadie es digno ni  siquiera de mirarlo.  Juan llora mucho, pero es  asegurado que hay Uno digno, un león,  cuyo gran poder es capaz de  ejecutar cada juicio que  se encuentra en ese libro, Uno realmente digno de ejecutarlos todos,   el León de la tribu de Judá ha vencido,  Él ha logrado esto como un derecho para desatar los sellos y mirar  este libro.

 

Juan mira,  y ve con el ojo de la fe, bendito sea Dios,  justo aquello de lo que he estado hablando desde el comienzo.  Él ve un Cordero como inmolado.  Y como he estado diciendo, estamos tratando con el juicio, pero éste  es encomendado a  Aquel que nos ama, y nos lavó de nuestros pecados en Su propia sangre.  Él se acerca y toma el libro de la mano de  Aquel que estaba sentado en el trono, y todo el cielo y la tierra prorrumpen en aleluyas  hacia Aquel que  está sobre el trono y el Cordero. Cuando el Señor, el  Cordero y León de Dios, tome Su gran poder y reine, habrá alabanza, bendición, y  adoración como nunca la habido antes, y en estas maravillosas escenas en el cap.5 de Apocalipsis, tenemos una anticipación del fin de todo juicio. "Bendición, honor, gloria, y poder sean al que está sentado sobre el trono y al Cordero por los siglos de los siglos."

 

Él toma el libro y desata sus sellos uno tras otro. ¡Qué revelación es ésta!, comenzando con el cap.6. Al comienzo de los cuatro sellos cada uno de los seres vivientes dice, "ven." Esto parece sugerir que como Cristo fue rechazado, Él ahora envía el apropiado juicio. El primer sello nos presenta un caballo blanco, la flecha y el arco, que significan  conquista universal por parte de un poderoso  conquistador en los últimos días.  Ellos no quisieron al Cordero, al verdadero Rey, y tendrán a uno que  sugiere a la bestia, en el cap.13. El segundo  es un caballo rojo, que nos habla de carnicería y derramamiento de  sangre.  Como ellos no quisieron al pacifico buey, Cristo como presentado en Marcos, ahora la paz  es quitada de la tierra. En el tercer caballo, tenemos el hambre, el hombre sobre un caballo negro y en su mano la balanza.  Ellos rechazaron al Hombre que los habría alimentado con la abundancia de la casa del Padre, como en Lucas. Y finalmente,  en el cuarto sello,  tenemos  esa terrible muerte y hades representado por el caballo amarillo.  Ellos rechazaron la vida eterna, como en Juan,  y ahora la vida  es quitada de los que moran sobre la  tierra.

 

En estos cuatro sellos tenemos  juicios preliminares, primero conquista, después matanzas, posteriormente hambre, y finalmente muerte, que son la introducción a los  juicios que han de tener lugar sobre el mundo.  En el quinto sello tenemos las almas  de los santos que son vistos bajo el altar; persecución es evidentemente el pensamiento. ¡Cuán bello es  esto! Cuando se trata de juicio sobre la tierra, los vemos ejecutados; cuando es persecución de los  santos, vemos sus  espíritus en el cielo. En el sexto sello tenemos lo que parece  destruir todo.  Cada cosa parece haber sido hecha pedazos. Pienso que estos símbolos hablan principalmente de la confusión, desolación, y anarquía que existirá en el mundo político y religioso cuando estas cosas  sucedan: una confusión que guiará a los hombres a pensar que el gran día del Señor ha llegado.  Después de  eso,  en el cap.7, tenemos,  no el séptimo sello, como podría esperarse, sino otra forma de sello.  Un sello es puesto sobre las frentes  del pueblo terrenal de Dios, Israel.  Los redimidos  entre las naciones  también son vistos, pero no la iglesia, que no pasará a través de la Gran Tribulación. Como hemos visto en Ezeq.9, a ese hombre con el tintero para marcar con el sello de  Dios a todos los que gimen por las abominaciones que se hacían en Jerusalén. Creo que este intervalo toma el lugar del séptimo sello y es como una vista perspectiva de  Dios, permitiéndonos mirar hacia adelante al fin de todo. ¿Y qué vemos allí?  Un remanente librado a  través de los juicios que deben ser desplegados en las  siete trompetas. Estos son los que han pasado,  no solamente a  través de  gran tribulación, sino,  a través de la Gran Tribulación, quienes han  sido llevados a salvo al otro lado.  Esta es una visión de aquellos que  entrarán en la bendición del reino milenial con el Señor.

 

 Eso nos lleva a la segunda porción: El séptimo sello que, como usted ha notado,  no es descrito, y que parece estar conectado con todo lo que sigue.  Parece como rompiendo el último eslabón que sostiene el libro junto de modo que este es ahora desenrollado y en estas siete trompetas y lo que sigue tenemos  más particularmente  los actuales y efectivos juicios que  estaban escritos en el libro.  ¡Cuán solemne es el pensamiento que los sellos, terribles como son,  son simplemente juicios preliminares!

 

En cuanto a las trompetas, tomándolas juntas, nos presentan un desarrollo en una forma similar a los sellos.  Tenemos seis trompetas y un intervalo; y en ese intervalo tenemos el libro pequeño y los dos testigos dando su testimonio.  Los siete sellos parecen presentarnos los juicios introductorios que  han de ser ejecutados en gran parte por medio de agencias humanas. Los juicios de las trompetas  son ejecutados a través de  agencias  providenciales, más particularmente parecidos a aquellos realizados en la tierra de  Egipto, sangre,  granizo, y la muerte que viene sobre todo.  Estos sin duda  simbolizan la muerte espiritual también.  Hay otra cosa que notar; estos caen más particularmente sobre la tercera parte de la tierra. Eso parece ser el occidente, o el imperio romano.

 

Cuando llegamos,  sin embargo,  a las trompetas quinta y sexta, que son tratadas más detalladamente, estamos en oriente.  El pozo del abismo es abierto y de éste salen langostas. Esto parece caracterizar la venida del anticristo.  Las hordas del oriente sin duda significan lo que es  conocido en las  Escrituras como el asirio.

 

Después tenemos un intervalo en los cap. 10 y 11. Este es otro bello vistazo dentro de los pensamientos de  Dios. Aquí vemos a Uno que desciende  con un libro pequeñito en Su mano, que parece estar en contraste con el gran libro, es decir, el rollo que estaba en la mano de  Dios.  Juan debía tomarlo y comerlo.  Ese libro pequeño parece  hablar de  juicio terrenales  definidos que han sido profetizados en gran parte por  el A. Testamento. En conexión con este libro pequeño tenemos el testimonio de los dos testigos.

 

Estos dos testigos se parecen a Moisés y Elías. Ellos son capaces de hacer descender  fuego del cielo,  y de trasformar el agua en sangre. Moisés hizo lo uno, y Elías lo otro.  Pero estos parecen ser típicos del remanente, el poder  del testimonio del remanente  durante el tiempo de  estos terribles juicios y persecuciones.  Esto sugiere que su testimonio es lo que honra a Dios por el envío de los  juicios de las  trompetas. En medio de esta terrible tribulación tenemos a estos hombres de  Dios  dando testimonio.  En su persecución,  muerte, y resurrección, tenemos un vistazo más allá del tiempo  cuando Dios los levantará, justo como lo hemos tenido en el sellamiento de los 144.000. Después el séptimo ángel toca la trompeta, y hay una realización de todo, la conclusión de los  juicios divinos y un cántico de alabanza.

 

En un sentido esto nos presenta el fin de los juicios de Dios sobre la tierra, pero deja todavía  sin desarrollar  el pleno cuadro del mal.  Él nos va a presentar no solamente  los  juicios sino también la causa, la causa moral de ellos,  y lo que se nos presenta en la próxima  porción que, vagamente hablando, son los capítulos 12,13.

 

El cap.12 nos presenta la persecución de Israel por parte del dragón.  Tenemos el nacimiento del Hijo varón de Israel,  de quien, conforme a la carne, vino Cristo.  Tenemos al Hijo varón  nacido que gobernará  a las naciones con vara de hierro.  Después  tenemos en  Su nacimiento al dragón tratando de devorarlo; Satanás  esforzándose  por destruir a Cristo  en Su nacimiento. Debemos recordar como Herodes  persiguió al Señor, y como José fue dirigido a huir a  Egipto hasta la muerte de Herodes.  Después  es perseguida la mujer, el Hijo varón habiendo sido arrebatado al cielo para Dios y Su trono. La mujer  huye al desierto donde  tiene un lugar preparado por  Dios, donde ella es alimentada por  1260 días; y entonces hubo una guerra en el cielo.

 

Ahora, aquí tenemos ante todo en el Hijo varón arrebatado al cielo para Dios y Su trono, toda la dispensación cristiana.  Este es Cristo y la iglesia como uno, y de este modo la iglesia es  tomada con el Señor.  Sabemos que el Señor se levantó y después fue llevado al cielo.  La iglesia no ha sido arrebatada todavía. El testimonio de la gracia aun continúa, y los santos están siendo reunidos, pero en el espacio de ese breve verso el tiempo no es contado; la iglesia y Cristo son glorificados juntos.  Esto es manifestado por el hecho que  Israel aparece enseguida al frente.

 

La mujer tiene un lugar preparado donde ella huye y es protegida, eso nos recuerda lo que  nuestro Señor ha dicho al remanente en cuanto a lo que éste debe hacer en los días de persecución. "Los que estén en Judea huyan a los montes."  Allí ellos son protegidos de la especial malicia de Satanás. Ella huye al desierto, y cuando el  dragón quería destruirla,  cuando él arrojó agua de su boca para tragarla, la tierra abrió su boca y se tragó el agua.  Eso nos presenta  la protección providencial del remanente de  Israel bajo los ataques de  Satanás.

 

Después se nos dice claramente quien es el dragón,  la serpiente antigua,  el diablo y Satanás.  Hubo entonces guerra en el cielo. Hasta este tiempo  Satanás  ha estado en lugares celestiales, y continuará allí hasta que Miguel lo arroje a la tierra.  Un coro de aleluyas tiene lugar en el cielo cuando el acusador de los hermanos es expulsado de allí, cuando los cielos son purificados no solo por sangre, como lo fueron cuando nuestro bendito Señor entró allí con Su propia sangre,  la promesa de que el trono de justicia de  Dios fue plenamente mantenido, ,  pero ahora purificado de la misma presencia de  Satanás.  Él es arrojado fuera, para ser echado en el futuro al pozo del abismo, donde pertenece.  Pero primero él debe esperar un breve tiempo sobre la tierra, y él tiene gran ira, porque sabe que le queda poco tiempo.

 

Ese breve tiempo son sin duda los tres años y medio, que encontramos constantemente en Daniel y Apocalipsis; los 1260 días, 42 meses, y el tiempo, tiempos y medio tiempo, o tres años y medio, son el mismo  periodo, la última mitad,  sin duda, de la última semana de la profecía de  Daniel, cuando el mal  alcanzará su más alto punto y tratará de  destruir cada testimonio para Dios en la tierra. ¡Cuán bueno es  saber  que habrá un remanente aun en estos días!

 

Después tenemos a la bestia y al falso profeta; ambos se nos presentan en el cap.13.  Solo puedo decir que la bestia representa  al cabeza satánico del reavivado imperio romano. En esta tercera sección tenemos  un carácter satánico para todo.  Tenemos al dragón, Satanás mismo,  la  bestia energizada por  Satanás, y el falso profeta, o anticristo,  que es el administrador de todo el poder de la bestia. Todo es satánico.  Aquí tenemos una forma de trinidad de mal.  Primero a Satanás, el cabeza de todo; después a la  bestia demandando ser divina, y su imagen levantada para ser adorada; y finalmente, el anticristo, esa aborrecible  figura de toda la historia profética, porque él está usurpando el lugar del bello, bendito, y precioso Cordero de Dios. Aquí él se atreve a asumir la forma de  cordero, pero habla como dragón, y todo lo que hace  huele al pozo del abismo y el lago de fuego, donde encuentra su retribución.  Eso es todo lo que podemos decir acerca de estas personalidades, en conexión con las persecuciones y juicios que tendrán lugar y que son descritos bajo la séptima trompeta y cuan incompleto sería el libro sin estas descripciones.

 

Eso nos lleva ahora al  cap.14, que nos presenta otros dos prominentes  pensamientos.  Tenemos ante todo al  Cordero con 144.000 en el monte Sión y su cántico, el cántico de los redimidos, que ellos han aprendido, es como del cielo mismo, pero que ellos  cantan sobre la tierra. Hay algunas dudas en cuanto a quienes  son estos 144.000. Algunos han sugerido que pueden representar al remanente de Judá, como los otros representan al remanente de Israel; pero me parece que el remanente de Judá difícilmente sería mencionado como 144.000. En estos mismos números  tenemos una sugestión de que este es el mismo remanente que fue sellado en el cap.7, el complemento de toda la nación.  Allí los vimos sellados  y aquí los vemos con el Cordero.  Todos los sellados tendrán su lugar con el Cordero.  Después tenemos el evangelio eterno, es decir,  el evangelio que apela  al hombre como criatura de  Dios, diciéndole dos cosas: primero, que los juicios de Dios están viniendo, y que deben temer a Aquel que es el Creador de todo.  Después está la advertencia  contra recibir la marca de la bestia, y el anuncio de la caída de  Babilonia.  En la última parte del capítulo tenemos a Aquel viniendo sobre una nube, como Hijo del hombre.  Él primero reúne en la siega, después viene la  vendimia. En estos dos actos simbólicos tenemos primero el juicio de los justos y los malos, la  reunión de las  naciones, justo como lo tenemos en Mt.25. En la vendimia tenemos juicio puro de la ira de Dios tal como lo vemos en Isa.63, donde el Señor viene de Edom con Sus vestidos manchados con sangre, porque ha pisado el lagar de la ira de Dios.

 

Esto nos lleva  a los cap. 15 y 16, donde tenemos las copas,  que se nos dice, están llenas  con la ira de  Dios.  Ellas parecen presentarnos las características de las plagas y pertenecen evidentemente al tiempo  de las trompetas, probablemente a la última parte.  Aquí parece que tenemos conectado lo que es completamente similar a  y  está conectado con los juicios de las trompetas.  ¡Qué terrible derramamiento de ira habrá cuando estos ángeles  derramen estas copas, y sus plagas sobre la tierra! Estas nos sugieren las ofrendas liquidas. Gozo en Dios rechazado trae realmente dolor.

 

Después tenemos el juicio de Babilonia descrito aquí en términos no medidos. Babilonia es descrita en su verdadero carácter, y es puesta en conexión con la  bestia, el poder imperial sobre que se sienta sobre la ciudad con siete montes.  Ella se sienta como una reina jactándose de su dominio y poder hasta  que las naciones de la  tierra la despojan, y Dios mismo cumple Sus terribles juicios que son descritos aquí en las lamentaciones  de aquellos que  negociaban con ella.  Como una gran piedra fue arrojada al mar  y juzgada para siempre.  Lo que  la ha hecho merecedora de este juicio es que esta gran ramera ha contaminado los  reinos de la tierra.  Tiatira y Laodicea van a formar Babilonia cuando ella sea juzgada.  La ciudad e iglesia del  hombre, la corrupta ramera que profesaba ser una virgen casta de  Cristo,  encuentra su condenación,  y entonces tiene lugar en el cielo las bodas del Cordero.  La  esposa se ha preparado y está adornada como una  esposa para su marido.  Ella entra  con su Señor a las bodas cuya fiesta nunca termina y  que se celebrará  a través de  toda la eternidad, y el amor de su desposorio nunca se perderá como fue en la tierra, ,   como fue en Éfeso.  Ella es llamada la novia, no la esposa solamente, porque en el término tenemos  el gozo, amor, y ternura conectado con el mismo comienzo de la unión que perdurará para siempre. Ella siempre será la novia, ,  "la novia, la esposa del  Cordero."

 

Tenemos el matrimonio o fiesta de bodas antes de que Él  aparezca sobre el caballo blanco para enfrentar a los ejércitos de Satanás.  La bestia y el falso profeta hacen su último gran esfuerzo.  Ellos son tomados, Satanás es atado y encerrado en el abismo, la bestia y el falso profeta son arrojados vivos al lago de fuego, y se entrega la invitación a las aves del cielo a  venir  a festejarse sobre la tierra,  y alimentarse de aquellos que  se han negado a entrar en las bodas del Cordero.  ¡Qué solemne es pensar en aquellos que forman la cena para las bestias de la tierra   son los que han rechazado las bodas del Cordero! Ellos fueron enemigos del infinito amor, y el infinito amor no podría hacer nada sino juzgar eternamente a aquellos que lo rechazan y desprecian.

 

Después tenemos en el cap.20 a Satanás atado, lo que señala  el Milenio del cual a menudo hablamos, y el trono del Señor al cual estará asociado Su pueblo con Él en juicio.  Aquí encontramos la primera resurrección incluyendo a todos los que han sido resucitados mostrando que aun los martirizados santos  en la última terrible persecución tendrán su parte en esta primera resurrección.  Bienaventurados y santos son aquellos que  son partícipes de esa resurrección,  de la cual Cristo es las Primicias (1 Cor.15:23):

 

 Al final del milenio Satanás es soltado por un breve tiempo y él sale  y reúne nuevamente un gran ejército. ¡Qué terrible comentario de la corrupta y desesperanzadora  condición del corazón humano! ¡Después de  mil años de  bendición, cuando Cristo ha reinado sobre la tierra, habrá naciones dispuestas a someterse al malo que les dirá que Dios no es bueno, y que el reino de  Cristo no es  una bendición!  El ejército de las naciones  subirá para pelear contra Dios,  pero solo encontrará su juicio desde el cielo.  Hay solo una respuesta que Dios puede dar a eso; el fuego del cielo los destruirá, y el dragón,  Satanás,  que ha puesto mentiras en sus corazones y en los nuestros acerca de  Cristo y de  Dios, finalmente  encontrará su destino y condenación final; él será arrojado al lago de fuego "preparado para el diablo y sus ángeles."

 

Después tenemos  el destino de aquellos para quienes éste no estaba preparado, pero que han escogido el lago de fuego antes que la ciudad celestial; quienes han rechazado la gracia, y que son juzgados  no solamente por los libros en los cuales estaba el registro de sus vidas, sino que serán juzgados  porque sus nombres  no estarán inscritos en el libro de la vida del Cordero.  Esto nos  presenta  un doble carácter de  juicio,   por una parte debido al pecado del hombre, y por la otra, su rechazo de  Cristo.

 

Y después,  cuando todo ha sido purificado, cuando el último desdichado encuentre el destino que ha  insistido en tener, nuestros ojos son abiertos para  ver esa hermosa ciudad, como una novia adornada para su marido, que desciende  y entra en intimidad con la tierra.  Vemos ahora los cielos y tierra nuevos, donde el mar, que nos habla de separación y muerte, de tormentas e inquietudes y maldad, ya no existe más.  Vemos la ciudad celestial con sus habitantes, sin duda con Israel como la principal nación, y las otras naciones enlazadas   con Israel,  en feliz, y eterna bendición sobre la  tierra. Vemos  a la ciudad celestial, la morada del Cordero y de la iglesia, con  todos los redimidos celestiales, los  santos del A. Testamento,  y allí para siempre en feliz e intima comunión.

 

¿Nos atreveríamos a hablar de eso? ¿Quién podría  describir  eso que, y lo digo reverentemente, el mismo bendito Dios ha visto adecuado darnos en símbolos que revelan  y ocultan parcialmente las glorias detrás de ellos? Todo brilla con la gloria de  Dios, la gloria de  Dios es luz.  No hay nada sino aquello que es precioso y permanente en conexión con todo esto.  No hay necesidad de  sol, de la luz de la naturaleza allí.  Durante todo el milenio, sobre el día de esplendor, brilla siempre el testimonio de lo que es la iglesia en los pensamientos de  Dios. Aquí tenemos lo que Caín trató de edificar en su propio poder, pero solo construyó un lugar de alejamiento de  Dios,   el hombre tratando de  hacerse el mismo confortable en un lugar donde Dios ha pronunciado la maldición. Allí,  donde no hay más maldición, y donde está el trono de  Dios y del Cordero,  y donde Sus siervos le servirán, y Su nombre  estará sobre sus frentes. Allí tenemos,  sin maldición,  la ciudad de Dios  en contraste con la del hombre.  Él no se avergüenza  de ser llamado nuestro Dios, y nos ha preparado una habitación.

 

Comenzamos hablando de alabanza, "a Aquel que nos ama y nos lavó de nuestros pecados,"  y cerramos nuestro libro con nuestros ojos abiertos sobre esa ciudad que es Su hogar y por gracia, nuestro hogar. Pasamos a través de los  mares de juicio y las tormentas de ira. Estos han pasado para siempre, y hay un eterno descanso y gloria, estaremos con Él para  Su alabanza. Eso es lo que está ante nosotros, ¡Y cuán pronto!  ¡Y qué gracia, amados, qué infinita gracia la de nuestro Dios de tomarnos arriba!,  indignos como somos,   que hemos lavados y emblanquecido nuestras ropas en la sangre del Cordero,  tomados arriba, y darnos un lugar allí, con Él mismo en esa ciudad.

 

Jesús está allí y donde  Él está, nos ha dicho,  Su pueblo también estará.  Podemos esperar por esto. Si Abraham esperaba la ciudad que tiene fundamentos, cuyo edificador y constructor es Dios,  podemos,  con más luz que Abraham, tener  al menos, el corazón peregrino de Abraham, para poder  esperar y mirar por esa ciudad que tiene fundamentos.  Podemos ser característicamente ciudadanos del cielo  y no estar celosos por la pobre ciudad del  hombre, con toda su jactancia, y aun así, es una habitación de  iniquidad. Miremos arriba, a esa brillante, santa y gloriosa ciudad, ,   la novia del  Cordero, y que podamos decir que toda la esperanza que  tenemos, es tener nuestro lugar allí con Aquel que es siempre la gloria del mismo cielo.

 

Cerramos nuestras Biblias, ,  hemos llegado al fin de nuestro tema en una pobre forma, ,  y con ojos sobre el querido hogar que nuestro Dios nos ha dado con Jesús. De esta manera el fin de nuestras Biblias  nos lleva a  la  ciudad celestial donde Jesús es todo en todos.

 

                                                                                            S. Ridout