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JOSÉ Y SUS HERMANOS CONSIDERADOS DISPENSACIONALMENTE Y EVANGELICAMENTE

 

Desde que dejamos Gén. 37-38 nada hemos escuchado de la familia de Jacob.  José es aquel sobre quien el Espíritu Santo ha concentrado la atención.  En Gén. 37 vemos como José fue enviado por su padre en una misión de misericordia hacia sus hermanos, a ver como estaban; José vino a ellos y ellos no le recibieron, y en lugar de eso, lo envidiaron y odiaron, y lo vendieron a los Gentiles. Después, hemos seguido su carrera en Egipto, y visto como los egipcios también le han tratado mal, arrojándolo en el lugar de vergüenza y humillación. También, hemos contemplado como Dios vindicó a Su fiel siervo, sacándolo de la prisión y haciéndolo gobernador de todo Egipto. Finalmente, hemos aprendido como la exaltación de José fue seguida por un tiempo de abundancia, cuando la tierra produjo abundantemente, y como esto a su vez, fue seguido por una penosa hambre, cuando José aparece ante nosotros como el dispensador de pan a una humanidad que perece. Pero durante todo este tiempo los hermanos de José no han estado a la vista, pero ahora, en el tiempo del hambre ellos aparecen nuevamente.

 

Todo esto es profundamente significativo, y perfecto en su aplicación típica. José  prefigura al Amado del Padre, enviado a sus hermanos conforme a la carne, a buscar su bienestar. Pero ellos lo desprecian y rechazan. Lo venden, y entregan en manos de los Gentiles. Estos a su vez  lo condenan injustamente a la muerte, y siguiendo a la crucifixión, Su cuerpo fue puesto en la prisión de la tumba. En debido tiempo Dios lo libertó,  y exaltó a Su diestra. Siguiendo a la ascensión, Cristo ha sido presentado como Salvador del mundo, como el Pan de Vida para la agonizante humanidad. Durante esta dispensación los judíos son puestos a un lado: es entre de los Gentiles especialmente que Dios está tomando un pueblo para Su nombre. Pero pronto esta dispensación terminará y vendrá el período de tribulación cuando, siguiendo a la remoción del Espíritu Santo de la tierra, vendrá una penosa hambre, un hambre espiritual. Es durante este período de tribulación que Dios retomará Sus tratos con los Judíos_ los hermanos de Cristo conforme a la carne. Entonces,  verdadero a su tipo, los hermanos de José aparecen prominentemente en los últimos capítulos de Génesis. Continuando nuestra previa enumeración ahora seguiremos las experiencias  de los hermanos desde el tiempo que ellos rechazaron a José.

 

José expulsado de su propia tierra. En Gén. 37 los hijos de Jacob  son vistos  entregando a José en manos de los Gentiles, y nada más se escucha de ellos hasta que llegamos a Gén.42. ¿Y qué leemos concerniente a ellos allí? Esto: “Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? 2Y dijo: He aquí, yo he oído que hay víveres en Egipto; descended allá, y comprad de allí para nosotros, para que podamos vivir, y no muramos. 3Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto. Vinieron los hijos de Israel a comprar entre los que venían; porque había hambre en la tierra de Canaán.” (Gén. 42:1-3,5) Canaán había sido golpeada por el látigo de Dios. Esta estaba siendo arrasada por el hambre. Jacob y su familia estaba en peligro de  morir, y los dolores del hambre impulsaron a  los hermanos de José fuera de su tierra, y los obligó a descender a Egipto_ símbolo del mundo. Esta fue una profecía en acción, una profecía que tuvo su trágico cumplimiento dos mil años después. Justo unos pocos años después  de que los hermanos hubieron rechazado a José, ellos fueron forzados  por un hambre (enviada por Dios) a dejar su tierra y descender a Egipto, unos pocos años después que los Judíos rechazaron a Cristo y lo entregaron a los Gentiles, el juicio de Dios cayó sobre ellos, y los Romanos los expulsaron de su tierra, y ellos fueron dispersados a través de todo el mundo.

 

José fue desconocido y no reconocido por sus hermanos. “José era el señor de la tierra, quien le vendía a todo el pueblo de la tierra; y llegaron los hermanos de José, y se inclinaron a él rostro a tierra. 7Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos. 8José, pues, conoció a sus hermanos; pero ellos no le conocieron” (VV.6-8) José había sido exaltado sobre toda la casa de Faraón, pero Jacob no sabía esto. Todos estos años él había pensado que José estaba muerto. Y ahora su familia estaba sufriendo por el hambre, el látigo de Dios, y sus hijos, expulsados fuera de Canaán debido a los dolores del hambre, y descendiendo a Egipto, ellos no conocen a aquel que es el gobernador de la tierra. Así ha sido con los descendientes de Jacob  desde que ellos rechazaron a su Mesías. Ellos no recibieron el amor de la verdad, y por esta causa Dios les  ha enviado un espíritu de engaño para que crean a la mentira. Ellos no saben que Dios resucitó al Señor Jesús: ellos creen que Él está muerto, y a través de todos estos largos siglos de la era Cristiana un velo ha estado sobre sus corazones, y el comienzo del período de la tribulación los encontrará a ellos ignorantes de la exaltación y gloria  del Señor Jesucristo.

 

José, sin embargo, vio y conoció a sus hermanos. “José, cuando vio a sus hermanos, los conoció” (Gén. 42:7). Si, José, “vio” a sus hermanos, sus ojos estaban sobre ellos, aunque ellos no lo conocían. Del mismo modo el ojo del Señor Jesús ha estado sobre los judíos a través de  la larga noche de Su rechazo.  Escuche Sus palabras (como Jehová) a través del profeta Jeremías. “Porque Mis ojos están sobre todos sus caminos: ellos no están ocultos de Mi rostro, tampoco es su iniquidad oculta de Mis ojos” Así también en Oseas, Él dice, “conozco a Efraín e Israel no está oculto de Mi”

 

José castigó a sus hermanos. “Y José, cuando vio a sus hermanos, los conoció; mas hizo como que no los conocía, y les habló ásperamente, y les dijo: ¿De dónde habéis venido? Ellos respondieron: De la tierra de Canaán, para comprar alimentos… Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días. 18Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios” (Gén. 42:7,17) Citamos aquí de las solemnes palabras de Haldeman: « José era ahora la causa  de sus tribulaciones.  José los estaba castigando por sus tratos pasados con él.  El secreto de todos los sufrimientos de Judá durante los siglos pasados se encuentra en el hecho que el rechazado Mesías ha estado tratando ásperamente con ellos. El los ha estado castigando, haciendo uso de su obstinación y la codicia de las naciones, pero, al mismo tiempo, castigándolos. “Mi Dios los desechará, porque ellos no le oyeron; y andarán errantes entre las naciones.” (Oseas 9:17). “He aquí vuestra casa os es dejada desierta. 39Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.” (Mt. 23:38,39)  “35para que venga sobre vosotros toda la sangre justa que se ha derramado sobre la tierra, desde la sangre de Abel el justo hasta la sangre de Zacarías hijo de Berequías, a quien matasteis entre el templo y el altar. 36De cierto os digo que todo esto vendrá sobre esta generación” (Mt.23:35,36) Nada puede explicar el inigualable sufrimiento de este pueblo, sino el juicio y la disciplina de Dios »

 

José les dio a conocer un camino de libertad a través de la sustitución. “Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días. 18Y al tercer día les dijo José: Haced esto, y vivid: Yo temo a Dios. 19Si sois hombres honrados, quede preso en la casa de vuestra cárcel uno de vuestros hermanos, y vosotros id y llevad el alimento para el hambre de vuestra casa. Y se apartó José de ellos, y lloró; después volvió a ellos, y les habló, y tomó de entre ellos a Simeón, y lo aprisionó a vista de ellos” (Gén. 42:17-9, 24) Una vez más citamos del espléndido artículo de Haldeman sobre José.

 

« Al tercer día él hizo que Simeón fuese atado en lugar de sus hermanos, y declaró que por este medio todos ellos podían ser libertados, en la era del tercer día,  es decir,  sobre el lado del sepulcro que nos habla de la resurrección. En el día de Pentecostés, el apóstol Pedro presentó a nuestro Señor Jesucristo como el resucitado a quien Dios exaltó para ser príncipe y Salvador a Israel, declarando que si los últimos de arrepentían de su mal y pecado hacia Aquel al cual había enviado para ser  Mesías y Rey, Él  aceptaría Su muerte como la sustitución por el juicio debido a ellos; para que Él pudiese  salvarlos  y enviarles nuevamente a Su Hijo para ser su Salvador y Mesías. »

 

José hace provisión para sus hermanos mientras ellos están en una tierra extraña.  “Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos.” (Gén. 42:25) Aunque ellos no conocían a José, y a pesar de que él les habló ásperamente a sus hermanos y los castigó arrojándolos en prisión, a pesar de ellos, sus juicios estaban templados  con misericordia.  José no dejaría que sus hermanos murieran en el camino. Ellos estaban en una tierra extraña, y él ministró a sus necesidades. Así ha sido a través de toda la dispensación. Al lado del hecho de que los judíos han sido severamente castigados por Dios, de manera que han sufrido como ninguna otra nación, ellos han sido milagrosamente preservados.  Dios los ha sustentado durante todos los largos siglos en que ellos han estado ausentes de su propia tierra. Dios ha provisto para ellos en su camino.  Como José hizo para sus hermanos. De este modo Dios ha cumplido Sus promesas de antiguo. “Porque yo estoy contigo para salvarte, dice Jehová, y destruiré a todas las naciones entre las cuales te esparcí; pero a ti no te destruiré, sino que te castigaré con justicia; de ninguna manera te dejaré sin castigo.” (Jer. 30:11). Y nuevamente, “Por tanto, di: Así ha dicho Jehová el Señor: Aunque les he arrojado lejos entre las naciones, y les he esparcido por las tierras, con todo eso les seré por un pequeño santuario en las tierras adonde lleguen” (Ezeq. 11:16) »

 

José se da a conocer a sus hermanos una segunda vez. Esto fue enfatizado por Esteban en su mensaje final a Israel., “Y en la segunda, José se dio a conocer a sus hermanos, y fue manifestado a Faraón el linaje de José” (Hech. 7:13) En su primera visita, aunque José conocía a sus hermanos, ellos no lo conocieron. Fue en la ocasión de su segunda visita a Egipto que José se reveló a ellos. ¡Cuán maravillosamente exacto es el tipo! La primera vez el Señor Jesús fue visto por Sus hermanos conforme a la carne, ellos no le conocieron, pero cuando le vean una segunda vez  Él será conocido por ellos.

 

Es significativo que el Espíritu Santo ha señalado este altamente importante punto, y ha repetido esto una y otra vez, en otros tipos.  Así fue con Moisés e Israel. “En aquellos días sucedió que crecido ya Moisés, salió a sus hermanos, y los vio en sus duras tareas, y observó a un egipcio que golpeaba a uno de los hebreos, sus hermanos. 12Entonces miró a todas partes, y viendo que no parecía nadie, mató al egipcio y lo escondió en la arena.” (Ex. 2:11,12) ¿Y cómo apreciaron sus hermanos esta intervención en su favor? Ellos lo despreciaron; y dijeron, “¿Quién te ha puesto a ti por príncipe y juez sobre nosotros? ¿Piensas matarme como mataste al egipcio?” (Ex.2:14). Ellos dijeron, en efecto, como Israel dijo de Cristo. , “No queremos que este hombre reine sobre nosotros” (Lc.19:14). Pero la segunda vez (después de un largo intervalo, durante el cual Moisés  estuvo oculto de ellos) que él apareció a ellos, le aceptaron como su líder.

 

Así fue con Josué e Israel.  La primera vez  que Josué apareció ante la nación fue como uno de los dos espías que trajeron un reporte favorable de la tierra, y aconsejaron a sus hermanos que subiesen a la tierra para poseerla.  Pero Israel rechazó su mensaje (Núm. 13). No fue sino hasta mucho después, cuando Josué vino ante el pueblo, públicamente, una segunda vez, que ellos lo aceptaron como su líder, y fueron conducidos por Él a la herencia.

El mismo principio es ilustrado nuevamente en la historia de David. David fue enviado por su padre para ver cómo estaban sus hermanos. “Y dijo Isaí a David su hijo: Toma ahora para tus hermanos un efa de este grano tostado, y estos diez panes, y llévalo pronto al campamento a tus hermanos. 18Y estos diez quesos de leche los llevarás al jefe de los mil; y mira si tus hermanos están buenos, y toma prendas de ellos.” (1 Sam. 17:7,18) Pero cuando él llegó hasta ellos, se resintieron  de su bondad, y su ira se encendió  contra David (ver 1 Sam. 17:28), y no fue sino hasta años después que ellos, junto con todo Israel, le reconocieron como su rey.

 

Cada uno  de ellos fue un tipo del Señor Jesús.  La primera vez que Él apareció a Israel ellos no le recibieron; pero a Su segunda venida le aceptarán como su Líder y Rey.

 

Los hermanos de José confiesan su culpabilidad a vista de Dios. “16Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa.” (Gén. 44:16). Hay varios sorprendentes versos  en los profetas que arrojan  luz sobre el significado anti-típico de este punto. “Y sabréis que yo soy Jehová, cuando os haya traído a la tierra de Israel, la tierra por la cual alcé mi mano jurando que la daría a vuestros padres. 43Y allí os acordaréis de vuestros caminos, y de todos vuestros hechos en que os contaminasteis; y os aborreceréis a vosotros mismos a causa de todos vuestros pecados que cometisteis.” (Ezeq. 20:42,43). Y nuevamente, “Andaré y volveré a mi lugar, hasta que reconozcan su pecado y busquen mi rostro. En su angustia me buscarán” (Oseas 5:15). Así fue con José; él no se reveló a sus hermanos hasta que ellos reconocieron su iniquidad. Y así Israel tendrá que volverse a Dios en verdadera y profunda penitencia  antes de que Dios  envié nuevamente a Su Hijo a ellos (ver Hech. 3:19,20).

 

Los hermanos de José estaban al principio, turbados en su presencia. “Y dijo José a sus hermanos: Yo soy José; ¿vive aún mi padre? Y sus hermanos no pudieron responderle, porque estaban turbados delante de él.” (Gén. 45:3) ¡Qué perfectamente el anti-tipo corresponde con el tipo! Cuando Israel vea  por primera vez a su Mesías rechazado, se nos dice, “Y derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito.” (Zac. 12:10) Entonces todo Israel aprenderá lo terrible de su pecado al rechazar y crucificar a su Mesías, ellos entonces serán realmente “turbados”.

 

José actuó hacia sus hermanos en  maravillosa gracia. “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. 5Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros… Y besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos; y después sus hermanos hablaron con él.” (Gén. 45:4.5, 15). Así será cuando Israel se reconcilie  con Cristo, “En aquel tiempo habrá un manantial abierto para la casa de David y para los habitantes de Jerusalén, para la purificación del pecado y de la inmundicia.” (Zac. 13:1). Entonces Cristo dirá a Israel, “7Por un breve momento te abandoné, pero te recogeré con grandes misericordias. 8Con un poco de ira escondí mi rostro de ti por un momento; pero con misericordia eterna tendré compasión de ti, dijo Jehová tu Redentor.” (Isa. 54:7,8).

 

José fue revelado como un hombre compasivo. “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos. 2Entonces se dio a llorar a gritos; y oyeron los egipcios, y oyó también la casa de Faraón” (Gén. 45:1,2) El lloró cuando sus hermanos se reconciliaron con él (Gén. 45:15). Lloró sobre su padre Jacob (Gén. 46:29). Lloró a la muerte de su padre (Gén. 50:1) Y lloró cuando, después, sus hermanos han cuestionado su amor por ellos (Gén. 50:15-17) Todo esto nos recuerda al tierno Señor Jesús, de quien a menudo leemos, “fue movido a compasión”, y dos veces leemos que Él “lloró”_ una vez ante el sepulcro de Lázaro, y después por Jerusalén. José se reveló a Judá y sus hermanos, antes de darse a conocer al resto de la casa de Jacob. Así también,  se nos dice en Zac. 12:7, “Y librará Jehová las tiendas de Judá primero, para que la gloria de la casa de David y del habitante de Jerusalén no se engrandezca sobre Judá”.

 

José después envía por Jacob.  « En la Escritura, Judá representa a Judá y Benjamín considerados juntos.  Notará que son Judá y Benjamín quienes son  hechos prominentes  en la revelación de José.  Jacob en lenguaje profético significa las diez tribus.  Enviar por Jacob y su casa, es  lenguaje típico, es enviar por las diez tribus de Israel. Precisamente como el tipo pone ante nosotros a Judá ante el revelado José, y después Jacob  es llevado a la tierra a la presencia de José, de este modo las Escrituras  nos enseñan claramente que después que el Señor venga al arrepentido Judá y sea recibido por ellos en Jerusalén, Él  enviará por el resto de la casa de Jacob, por las tribus perdidas de Israel,  para que vengan a la tierra y lo saluden, “traerán a todos vuestros hermanos de entre todas las naciones, por ofrenda a Jehová, en caballos, en carros, en literas, en mulos y en camellos, a mi santo monte de Jerusalén, dice Jehová, al modo que los hijos de Israel traen la ofrenda en utensilios limpios a la casa de Jehová.” (Isa. 66:20) (Haldeman).

 

Los hermanos de José proclaman su gloria. “Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas. 10Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 11Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. 12He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. 13Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá.” (Gén. 45:9-13) De igual manera, después que los israelitas hayan sido reconciliados con Cristo, ellos saldrán y proclamarán las glorias de su rey. “Y pondré entre ellos señal, y enviaré de los escapados de ellos a las naciones, a Tarsis, a Fut y Lud que disparan arco, a Tubal y a Javán, a las costas lejanas que no oyeron de mí, ni vieron mi gloria; y publicarán mi gloria entre las naciones.” (Isa. 66:19) Y nuevamente, “7El remanente de Jacob será en medio de muchos pueblos como el rocío de Jehová, como las lluvias sobre la hierba, las cuales no esperan a varón, ni aguardan a hijos de hombres” (Miq. 5:7).

 

José prepara su carro y sale al encuentro de Jacob. “Y José unció su carro y vino a recibir a Israel su padre en Gosén; y se manifestó a él, y se echó sobre su cuello, y lloró sobre su cuello largamente.” (Gén. 46:29) Haldeman dice, « Esta es realmente la epifanía (manifestación) de José. El se revela en esplendor y realeza a su pueblo. El encuentra a Judá en Gosén primero, y después a su padre.  Esta es una representación  de la verdad que ya hemos visto. Esta es la venida de Cristo en gloria a encontrar primero a Judá, y después a todo Israel. Nuestra atención es llamada especialmente a su aparición en su carro de gloria. Así de una más grande que José leemos, “Porque he aquí que Jehová vendrá con fuego, y sus carros como torbellino, para descargar su ira con furor, y su reprensión con llama de fuego” (Isa. 66:15).

 

José establece a sus hermanos en una tierra propia. “Así habitó Israel en la tierra de Egipto, en la tierra de Gosén; y tomaron posesión de ella, y se aumentaron, y se multiplicaron en gran manera” (Gén. 47:27). Gosén era la mejor parte de la tierra de Egipto (símbolo del mundo). Como Faraón ha dicho, “6La tierra de Egipto delante de ti está; en lo mejor de la tierra haz habitar a tu padre y a tus hermanos; habiten en la tierra de Gosén; y si entiendes que hay entre ellos hombres capaces, ponlos por mayorales del ganado mío.” (Gén. 47:6) Así Palestina, cuando sea restaurada a su prístina belleza y  fertilidad, será  “la mejor tierra”; y allí, en el milenio, Israel tendrá “posesiones” y se multiplicará en gran manera.

Los hermanos de José se postran ante él como el representante de Dios. “18Vinieron también sus hermanos y se postraron delante de él, y dijeron: Henos aquí por siervos tuyos. 19Y les respondió José: No temáis; ¿acaso estoy yo en lugar de Dios?” (Gén. 50:18,19) El sueño profético de José es realizado. Los hermanos reconocen la supremacía de José, y toman el lugar de siervos ante él.  Así será en el día futuro, todo Israel caerá ante el Señor Jesucristo,  y dirá, “Y se dirá en aquel día: He aquí, éste es nuestro Dios, le hemos esperado, y nos salvará; éste es Jehová a quien hemos esperado, nos gozaremos y nos alegraremos en su salvación.” (Isa. 25:9).

 

Cerramos en el punto que hemos partido. José significa “añadir”, y esto es también “aumentar” que es la misma palabra usada por el Espíritu Santo para describir la dominante característica del reino de Aquel a quien José tipifica de manera sorprendente. “Lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán límite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto.” (Isa.9:7)

 

 

José y sus hermanos considerados evangélicamente

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Hemos agrupado nuevamente los últimos nueve capítulos de Génesis, que tratan principalmente de José y sus hermanos, y hemos señalado de ellos sus más prominentes  y significativas enseñanzas típicas. En nuestro último artículo, hemos contemplado el alcance dispensacional del tipo, y esta, es sin duda, su principal aplicación. Pero hay también una  aplicación secundaria, una que puede ser llamada evangélica, y es esta la que ahora consideraremos. José aquí de manera sorprendente representa a Cristo como el Salvador de los pecadores, mientras sus hermanos retratan exactamente la condición natural del impío, y las experiencias a través de las cuales ellos pasan hasta que finalmente su reconciliación con José es efectuada, tenemos aquí un hermosa representación del evangelio  y de cómo los no salvados  son sacados de la muerte y llevados a la vida. Continuando  nuestra previa enumeración, notamos.

 

Los hermanos de José moraban en una tierra donde no había grano.  Ellos moraban en Canaán, y se nos dice, “el hambre estaba en la tierra de Canaán” (Gén.42:5). No había nada allí para sustentarlos. Continuar donde ellos estaban  significaba muerte, por tanto Jacob mandó a sus hijos que descendiesen a Egipto y comprasen grano allí, “para poder vivir, y no morir” (Gén. 42:2). Esta es la condición  que se obtiene en el lugar donde mora el impío, alejado de la vida de Dios, ellos están viviendo en un mundo herido por el hambre espiritual, en un mundo que no presenta ningún alimento para el alma. La experiencia de cada persona no regenerada es aquella del hijo pródigo_ no hay nada para él allí sino solamente algarrobas.

Los hermanos de José deseaban pagar por lo que recibieran. “Y descendieron los diez hermanos de José a comprar trigo en Egipto.” (Gén. 42:3). Es sorprendente observar la prominencia de esta característica aquí. La palabra “comprar” ocurre no menos de seis veces en los primeros  versos de este capítulo. Claramente, ellos no tenían otro pensamiento más que asegurarse del alimento necesario más que por comprar. Esta es siempre la concepción del hombre natural. Sus propios pensamientos  nunca se levantan al nivel de recibir un don de Dios. El supone que debe ganarse la aprobación, favor y merecer la aceptación de Dios. Así fue con Naamán, cuando fue al profeta de Dios, para ser sanado de su lepra. Esta también fue la concepción del hijo pródigo_ “hazme como uno de tus siervos,” es decir, como uno que trabaja por lo que recibe. Y así es aquí con los hermanos de José. Y así es también con cada hombre natural.

 

Los hermanos de José asumen una actitud de justicia propia al venir al señor de Egipto. Cuando ellos aparecieron ante José Él los probó. El “les habló ásperamente” (Gén. 42:7). Y les dijo, “Espías sois; por ver lo descubierto del país habéis venido” (Gén. 42:9) ¿Y cuál fue la respuesta? Ellos respondieron, “Ellos le respondieron: No, señor nuestro, sino que tus siervos han venido a comprar alimentos. 11Todos nosotros somos hijos de un varón; somos hombres honrados; tus siervos nunca fueron espías” (Gén. 42:10,11) Es de esta forma cuando Dios comienza  Su obra en el pecador.  El hiere antes de sanar, hiere en vista a sanar. Por medio de Su Espíritu habla “ásperamente”. El envía las flechas de convicción. Expresa aquello que condena al hombre natural. ¿Y cuál es la primera respuesta del pecador? El se resiente de este hablar áspero. El repudia las acusaciones  presentadas contra él.  Niega también  que sea totalmente depravado y “muerto en delitos y pecados.” El intenta vindicarse a sí mismo. El está lleno de justicia propia, y se jacta de que es un “hombre honrado”.

 

Los hermanos de José son arrojados en prisión por tres días. “17Entonces los puso juntos en la cárcel por tres días.” (Gén. 42:17) Esto no fue injusto, ni un duro tratamiento. Era lo que exactamente merecían. José estaba poniendo a estos hombres en su propio lugar, el lugar de vergüenza y condenación. Es de este modo que Dios trata  con el perdido.  Debe hacérsele realizar al pecador lo que merece. Debe enseñársele que no merece nada sino castigo. Debe mostrársele que el lugar de condenación y vergüenza es donde él, por derecho, pertenece. El debe ser humillado antes de ser exaltado.

 

Los hermanos de José fueron tocados en su conciencia. “Y decían el uno al otro: Verdaderamente hemos pecado contra nuestro hermano, pues vimos la angustia de su alma cuando nos rogaba, y no le escuchamos; por eso ha venido sobre nosotros esta angustia” (Gén. 42:21). Note que ellos se dijeron esto “el uno al otro,”  ¡sus conciencias todavía no estaban activas en la presencia de Dios! La analogía se repite en la experiencia del alma no regenerada. La obra de Dios sigue en el alma, la conciencia viene a estar activa, entonces hay profunda “angustia” y un reconocimiento del pecado, pero en esta etapa el alma despertada y turbada no ha llegado aún al punto donde tomará el lugar de un pecador perdido ante Dios. 

 

José da a conocer la libertad es por gracia. “Después mandó José que llenaran sus sacos de trigo, y devolviesen el dinero de cada uno de ellos, poniéndolo en su saco, y les diesen comida para el camino; y así se hizo con ellos” (Gén. 42:25) ¡Qué hermoso toque al cuadro es este! El Pan de vida no puede ser comprado. Este debe ser aceptado como un don gratuito, si ha de ser recibido.  Los términos del evangelio son “sin dinero, y sin precio”.- Y cuan bellamente fue mostrado esto aquí, cuando José, tipo de Cristo, ordena que el dinero sea devuelto a aquellos que habían venido a “comprar grano”. Claramente, esta era una sombra de la bendita verdad, “por gracia sois salvos, a través de la fe; y no de vosotros mismos: este es el don de Dios: no por obras, para que nadie se gloríe” (Efes.2:8,9).

 

Los hermanos de José gozan ahora de un breve respiro. “Y ellos pusieron su trigo sobre sus asnos, y se fueron de allí” (Gén. 42:26) Ellos son sacados de prisión, el deseado grano fue obtenido, y ellos estaban ahora retornando a casa. Sus pensamientos están ahora aquietados, y bien podemos concluir  que sus conciencias recientemente perturbadas  están quietas nuevamente. Pero ellos aun no han sido llevados a su verdadero descanso. Todavía no han sido reconciliados con José.  Solamente un alivio temporal ha sido obtenido. Pero ejercicios más profundos están delante de ellos. ¡Y cuán sorprendente esto prefigura las experiencias de un pecador despertado! Después que el primer tiempo de convicción ha pasado, después que uno ha primero aprendido que la salvación es por gracia y no por obras, generalmente a esto sigue  un tiempo de alivio, y se goza  una falsa y temporal paz, antes de que el pecador sea verdaderamente llevado a la presencia de Cristo.

 

Los hermanos de José pronto tienen su superficial paz perturbada. “27Pero abriendo uno de ellos su saco para dar de comer a su asno en el mesón, vio su dinero que estaba en la boca de su costal. 28Y dijo a sus hermanos: Mi dinero se me ha devuelto, y helo aquí en mi saco. Entonces se les sobresaltó el corazón, y espantados dijeron el uno al otro: ¿Qué es esto que nos ha hecho Dios?” (Gén. 42:27,28) El tipo es fácilmente  interpretado. Dios no permitirá que el alma despertada  descanse hasta que descanse en Cristo solamente.  Y así,  Él hace que las experiencias del camino expulsen esa falsa paz.  Después leemos “El hambre era grande en la tierra; 2y aconteció que cuando acabaron de comer el trigo que trajeron de Egipto, les dijo su padre: Volved, y comprad para nosotros un poco de alimento.” (Gén. 43:1,2) Y nuevamente, la analogía es fácilmente trazada. El hambre del alma viene a ser más aguda en uno con quien el Espíritu de Dios está tratando, el sentido de necesidad es profundizado; la condiciones del “hambre” de este pobre mundo son sentidas más agudamente. Y no se obtiene alivio hasta, que una vez más,  él viene a la presencia del verdadero Gobernador de Egipto.

 

Los hermanos de José continúan  manifestando un espíritu legal. “Entonces Israel su padre les respondió: Pues que así es, hacedlo; tomad de lo mejor de la tierra en vuestros sacos, y llevad a aquel varón un presente, un poco de bálsamo, un poco de miel, aromas y mirra, nueces y almendras. 12Y tomad en vuestras manos doble cantidad de dinero, y llevad en vuestra mano el dinero vuelto en las bocas de vuestros costales; quizá fue equivocación. 13Tomad también a vuestro hermano, y levantaos, y volved a aquel varón. 14Y el Dios Omnipotente os dé misericordia delante de aquel varón, y os suelte al otro vuestro hermano, y a este Benjamín. Y si he de ser privado de mis hijos, séalo. 15Entonces tomaron aquellos varones el presente, y tomaron en su mano doble cantidad de dinero, y a Benjamín; y se levantaron y descendieron a Egipto, y se presentaron delante de José.” (Gén. 43:11-15) ¡Del mismo modo el alma comienza a ser ejercitada ante Dios! Inquietud en la conciencia y discerniendo más y más la vanidad del mundo, el pecador redobla sus esfuerzos para agradar a Dios. El vuelve otra hoja y busca más fuertemente que nunca ganarse la aprobación de Dios. ¡Qué poco conocían estos hombres a José!_ ¡Que él, como gobernador de Egipto, necesitaba sus presentes! ¡Cuán poco, todavía, el alma recién despertada, conoce a Cristo! José dijo, “vio José a Benjamín con ellos, y dijo al mayordomo de su casa: Lleva a casa a esos hombres, y degüella una res y prepárala, pues estos hombres comerán conmigo al mediodía” (Gén. 43:16). Así. También, Cristo es Aquel que  extiende la fiesta. La palabra del evangelio es, “Venid porque todas las cosas están preparadas” (Lc.14:17). Cristo es el Proveedor; el pobre pecador es solo un recibidor.

 

Los hermanos de José son ahora hechos felices nuevamente. “se sentaron delante de él, el mayor conforme a su primogenitura, y el menor conforme a su menor edad; y estaban aquellos hombres atónitos mirándose el uno al otro. 34Y José tomó viandas de delante de sí para ellos; mas la porción de Benjamín era cinco veces mayor que cualquiera de las de ellos. Y bebieron, y se alegraron con él.” (Gén. 43:33,34) ¡Ah, qué es el hombre! El pecado todavía no ha sido confesado. Aun no era justo que las relaciones fuesen restablecidas. Sin embargo,  ellos podían “alegrarse”. Un observador superficial habría concluido que ahora todo estaba bien. Esto nos recuerda la tierra pedregosa de la parábola del sembrador_ el que “Y el que fue sembrado en pedregales, éste es el que oye la palabra, y al momento la recibe con gozo; 21pero no tiene raíz en sí, sino que es de corta duración, pues al venir la aflicción o la persecución por causa de la palabra, luego tropieza.” (Mt. 13:20,21) Debe temerse grandemente que hay muchos hoy como estos. La obra salvadora de Dios va mucho más profundo que producir emociones fugaces.

 

José está determinado a conducir a sus hermanos a la lucha. “Mandó José al mayordomo de su casa, diciendo: Llena de alimento los costales de estos varones, cuanto puedan llevar, y pon el dinero de cada uno en la boca de su costal. 2Y pondrás mi copa, la copa de plata, en la boca del costal del menor, con el dinero de su trigo. Y él hizo como dijo José.” (Gén. 44:1,2) No podía haber una verdadera comunión entre José y sus hermanos hasta que el mal fuese justamente tratado. No podía haber comunión de corazón hasta  que se hiciese una plena  confesión de la culpabilidad. Y este es el objetivo que Dios tiene en vista. El desea introducirnos en la comunión con Él. Pero Él es santo, y el pecado debe ser confesado y quitado, antes de que podamos ser reconciliados con Él. 

 

Los hermanos de José, al final, toman su verdadero lugar ante Dios. Ellos habían estado en presencia de José, aunque no lo conocían, se habían “alegrado” ante él,  y ahora estaban siguiendo su camino de vuelta a casa. José, entonces,  envió a su “mayordomo” tras ellos, diciendo, “Habiendo ellos salido de la ciudad, de la que aún no se habían alejado, dijo José a su mayordomo: Levántate y sigue a esos hombres; y cuando los alcances, diles: ¿Por qué habéis vuelto mal por bien? ¿Por qué habéis robado mi copa de plata?” (Gén. 44:4). De igual forma, Dios envía el Espíritu Santo para seguir Su obra en el corazón del alma despertada. El “mayordomo” trae a los hermanos a la presencia de José una vez más.  De este modo, también, el Espíritu Santo trae al pecador convencido a la presencia de Dios.  Y note lo que sigue, “Entonces dijo Judá: ¿Qué diremos a mi señor? ¿Qué hablaremos, o con qué nos justificaremos? Dios ha hallado la maldad de tus siervos; he aquí, nosotros somos siervos de mi señor, nosotros, y también aquel en cuyo poder fue hallada la copa.” (Gén. 44:16). ¡Qué bendita cosa es esta! ¡Qué cambio a su primera actitud ante él, cuando afirmaban que eran “hombres honrados”! Ahora, ellos abandonan todo intento de justificarse a sí mismos, y toman el lugar de culpables  ante José, reconocen que Dios ha encontrado su “iniquidad”. Este era el objetivo que José tenía ante él todo el tiempo. Y este es el propósito de la obra del Espíritu en el pecador. Hasta que él deje de vindicarse a sí mismo, hasta que él venga a la luz, solo entonces reconoce que es culpable, e incapaz de  justificarse a sí mismo, solamente entonces puede ser bendecido. Una vez más el pecador reconoce ante Dios que no es nada, sino un pecador perdido, y entonces  Cristo se revelará a él como Aquel que  puede satisfacer plenamente sus necesidades como tal. Así fue con José y sus hermanos.

 

José se da a conocer a sus hermanos. “No podía ya José contenerse delante de todos los que estaban al lado suyo, y clamó: Haced salir de mi presencia a todos. Y no quedó nadie con él, al darse a conocer José a sus hermanos” (Gén. 45:1) Ahora que sus hermanos han reconocido su culpabilidad, no hay retraso. Aquello que estorbaba que José se revelara ya no existe.

 

Note, especialmente,  que cuando José se dio a conocer a sus hermanos, él clamó “Haced salir de mi presencia a todos”  Así es cuando Cristo se revela  a un pecador que confiesa su culpabilidad. Nadie debe estar  entre el alma necesitada y el Redentor. Hay que poner lejos, entonces, a los sacerdotes, y a quienes se ponen como mediadores.  Lejos con los ritualistas que quieren interponerse con sus ordenanzas como condiciones de salvación.

 

José invita a sus hermanos a acercarse. “Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto” (Gén. 45:4) Esto es inexpresablemente  bendito. No hay distancia aquí.  Toda distancia se ha ido. Así, también, en maravillosa gracia, el Salvador manda al pobre pecador tembloroso que se acerque a Él. José hizo más. El proclamó a sus oídos un sorprendente mensaje; él dijo, “Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación.” (Gén. 45:7).

 

“Esta gran salvación,” note. No es la limitada, parcial, salvación que algunos hombres presentan  para ayudar a salvarse a sí mismos, o salvarles  por un tiempo, permitiéndoles  caer y perderse nuevamente. No,  gracias a Dios, esta es una salvación digna de Él mismo, y tal salvación  solamente podía resultar de esa consumada, perfecta obra de Cristo en la cruz. ¿Y qué, sino una gran salvación como esta podía sernos de valor a pecadores como nosotros? Todos hemos sido grandes pecadores; nuestra culpabilidad ha sido grande, como nuestra necesidad, y nada sino una gran salvación podía sernos de utilidad. Espero que usted tenga, amigo esta,” (C. Knapp)

José habla a sus hermanos de  una plena provisión hecha para ellos. El les dijo, “Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 11Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes” (Gén 45:10,11) ¡Como esto nos habla, en tipo, de lo que está en el corazón de nuestro bendito Salvador! El desea que Sus redimidos estén cerca de Él. El no quiere ser un extranjero para con ellos ahora.  Además,  promete sustentarlos_ “yo los alimentaré”, dice José, y la promesa a todos los que creen es, “Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.” (Fil. 4:19).

 

José da pruebas que se ha reconciliado  plenamente con sus hermanos. “besó a todos sus hermanos, y lloró sobre ellos.” (Gén. 45:15) El “beso” señalaba el hecho que estaban perdonados. Este, también nos habla de amor.  De este modo fue saludado el hijo pródigo después que volvió de la ciudad lejana y se reconoció como pecador. Note, que fue José quien los besó, no los hermanos quienes lo besaron a él. Así, también,  fue el padre el que besó al pródigo. Dios siempre toma la iniciativa, en cada punto, ¡Cuán benditas, son  también, las palabras que sigue! “; y después sus hermanos hablaron con él” Todos sus temores ahora se han ido. Reconciliados con José, ellos ahora podían tener comunión  y conversar con él. Así es con el pecador salvado y su Salvador.

 

El gozo de José fue compartido por otros. “Y se oyó la noticia en la casa de Faraón, diciendo: Los hermanos de José han venido. Y esto agradó en los ojos de Faraón y de sus siervos” (Gén. 45:16) « Este es el Cáp. 15 de Lucas en el A. Testamento. Pecadores son recibidos y reconciliados; el perdido es encontrado; esto es como, “vida de entre los muertos”. Y hay gozo en la presencia de Dios y de Sus ángeles, como Faraón y sus siervos, se regocijan cuando los pecadores son llevados al arrepentimiento. Hay gozo alrededor. José se regocija; también sus hermanos, juntamente con Faraón y sus siervos.» (C. Knapp).

 

Los hermanos de José ahora buscan a otros. José dio a sus hermanos una honrosa comisión. El les había dicho, “Daos prisa, id a mi padre y decidle: Así dice tu hijo José: Dios me ha puesto por señor de todo Egipto; ven a mí, no te detengas. 10Habitarás en la tierra de Gosén, y estarás cerca de mí, tú y tus hijos, y los hijos de tus hijos, tus ganados y tus vacas, y todo lo que tienes. 11Y allí te alimentaré, pues aún quedan cinco años de hambre, para que no perezcas de pobreza tú y tu casa, y todo lo que tienes. 12He aquí, vuestros ojos ven, y los ojos de mi hermano Benjamín, que mi boca os habla. 13Haréis, pues, saber a mi padre toda mi gloria en Egipto, y todo lo que habéis visto; y daos prisa, y traed a mi padre acá.” (Gén. 45:9-13) Así, también, en maravillosa gracia, el Señor comisiona a aquellos que salva. El los manda a buscar a otros que aun no le conocen. José manda a sus hermanos para que digan a su padre que él estaba vivo, y que Dios lo había hecho “señor de todo Egipto,” y ellos debían contar su gloria. De igual forma, los creyentes  son enviados  a decir que el Salvador vive para siempre; a hablar de un Salvador a quien Dios ha hecho “Señor y Cristo;” de un Salvador, que ha sido coronado con “gloria y honor.” Note que dos veces José manda a sus hermanos a darse “prisa” (vv. 9,13).  Así es con nosotros: no debe haber en esto tardanza. Los intereses del Rey requieren “prisa”. El tiempo es corto, y almas preciosas están pereciendo alrededor de todo el mundo.

José dio a sus hermanos una palabra de advertencia al salir. “Y despidió a sus hermanos, y ellos se fueron. Y él les dijo: No riñáis por el camino” (Gén. 45:24). ¡Y cuanto necesitamos esta palabra de exhortación! La carne está todavía en nosotros. El diablo trata de mover y producir un espíritu de rivalidad y celos. Pero el apóstol dice, “el siervo del Señor no debe ser contencioso; sino amable para con todos” (2 Tim. 2:24) Si cada uno de nosotros diese atención  a esto, habría menos abandonos del camino.

 

Dejamos al lector trazar por sí mismo la aplicación típica de lo que sigue. Los hermanos de José son fieles a la comisión dada. Ellos  no inventan un mensaje propio al acercarse a Jacob. Ellos no tienen necesidad de hacer esto. José les había dicho lo que tenían que decir, su tarea era repetir las palabras del gobernador de Egipto. Y Dios reconoció su mensaje. El fin para el cual había sido designado estaba alcanzado.  Jacob y  su familia_ setenta almas en total_ descendieron a Egipto y fueron recibidos por José. Así, también,  nosotros no tenemos que inventar un mensaje. Somos enviados a “predicar la palabra,” y si somos fieles a nuestro llamamiento, Dios nos recompensará, porque Él ha prometido que Su palabra no volverá vacía. Debemos ser estimulados por este ejemplo de los primeros evangelistas del A. Testamento, al salir a hablar a un mundo que perecía de hambre de Aquel que es poderoso para salvar, dejando la medida de nuestro éxito a la voluntad soberana de Aquel que solamente da el crecimiento. De este modo tendremos parte en cumplir nuestra honrosa comisión  de entregar el evangelio a cada criatura, y de este modo glorificaremos a Dios, y seremos llevados más cerca de ese feliz día cuando Aquel a quien José ha prefigurado retornará a esta tierra, para tomar el gobierno en Sus hombros, y reinar en justicia y paz.

 

                                                                                             A.W.P