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EL BENEFICIO DEL ESTUDIO DE LA VERDAD DISPENSACIONAL 

 

En el curso de los tratos de Dios con los hombres, podemos observar que Él una y otra vez  los prueba; y aun así siempre proveyendo para el fracaso en el cual Él sabía que esta prueba terminaría.

 

Él comenzó de esta manera con Adán en el huerto. Lo puso a prueba, poniéndolo como bajo la ley.  Pero en el misterio del hombre dormido, y la mujer que fue sacada de él, Dios nos quería enseñar desde el mismo comienzo que Él sabía donde esto terminaría, y proveyó otra cosa mejor.

 

Así fue después con Israel. Él los probó por medio de la ley; pero Él les reveló “las sombras de las buenas cosas que vendrían,” las promesas de gracia y salvación; sabiendo que el hombre  nuevamente se  destruiría a sí mismo, y se arruinaría  bajo la ley del monte Sinaí, como ya lo había sido bajo la ley o mandamiento que le había sido entregado en el huerto de Edén.

 

Después, por el ministerio  de los profetas, Dios  estaba guiando al pueblo a la obediencia, si ellos habían de ser guiados por ese camino. Pero por los mismos profetas, Él estaba anticipando la gracia en que un pueblo  que se ha arruinado a sí mismo, sin esperanza e incorregible debe finalmente estar, si ha de ser bendecido.

 

Después vino Juan el Bautista, de acuerdo a las profecías que hubieron antes de él, como la voz, el mensajero, el Elías, del Mesías. Pero él fue también, en otro aspecto de su ministerio, el testigo del Cordero de Dios, y el heraldo de la Luz del mundo; caracteres  en los cuales las profecías  no lo habían  anunciado, pero que lo ponían en compañía con el Mesías, o el Cristo, como dispensando gracia y salvación a Israel y al hombre, sobre la clara asunción que todo caería  bajo el ministerio que  entonces estaba a punto de probarlos.

 

Por medio del propio ministerio personal en las ciudades y villas de Israel, es conducido el mismo proceso. Él está probando a Su pueblo por medio de una presentación de Sí mismo a ellos una  y otra vez; pero él está de igual manera dando testimonio de la gracia soberana y de la redención, sabiendo, como Él sabía,  que ellos  nuevamente se destruirían a sí mismos bajo la prueba que entonces se estaba haciendo de ellos. Por Su comisión a los doce y setenta, Él estaba haciendo lo mismo_ porque tales ministerios  no eran sino un reflejo del Suyo.

 

Y es de este modo hasta el fin. El apostolado en Jerusalén bajo el Espíritu Santo sobre la ascensión de Cristo aun estaba probando a los judíos; y ellos nuevamente fallaron: pero los “tiempos de restauración” y de “refrigerio” eran vistos a la distancia. Y después,  en la última comisión instituida por Él,  es decir,  el apostolado de Pablo, las buenas  nuevas  de la salvación de Dios fueron enviadas a los confines de la tierra, para reunir a los elegidos para que ellos pudiesen actuar y brillar como el Cuerpo de Cristo; pero en ese  apostolado Él anticipa  cual sería el fin de ese ministerio, y hace conforme a eso provisión para ello. Esto se ve  en la segunda  epístola a Timoteo; confirmado como eso es por el desafío de los siete candeleros deApoc.1-3; y además, por el juicio de la cristiandad  en Apoc.4-19.estos pensamientos pueden naturalmente introducirme a mi tema: “Verdad Dispensacional”

 

Se ha dicho últimamente que, “el estudio de esto tiene un efecto secante sobre el alma.” Probemos esto por medio de la luz de la sabiduría de Dios, y solamente  obtenemos esa luz (donde solo puede encontrarse esto) es decir, en la palabra de  Dios.

 

En la epístola a los Romanos, los santos de Dios son ampliamente instruidos en este carácter de  verdad. Rom. 9-11 es muy pleno sobre las dispensaciones. Pero admito que es después que ellos han sido establecidos, y establecidos en la verdad personal_ verdad, pienso,  que concierne  a ellos mismos en su relación con Dios, como lo muestra Rom.1-8.

 

Ahora, esto nos permite conocer, que existe una condición de alma, sin lo cual no sería sano e inconveniente estudiar los designios y dispensaciones de Dios. Por tanto, si la persona que ha hablado de este modo ha estado intelectualmente investigando las materias, divina y preciosa como es ésta, antes de que la cuestión de su propia relación con Dios haya sido arreglada. Puedo suponer que él ha encontrado este estudio secante para su alma.

 

Y nuevamente,  en la primera epístola a los Corintios, veo al apóstol  negándose a alimentar a estos santos de Dios con tal conocimiento como el que estamos ahora a punto de hablar.  En las reservas dadas a él por el Espíritu, él  ha “ocultado la sabiduría, o “la sabiduría de Dios en misterio” que manifestaría a los “perfectos”. Pero los corintios estaban en una mala condición espiritual, y él por tanto, los atendería personalmente, más bien que alimentarlos o mantenerlos  con el conocimiento de Dios y de Sus designios. Y es en la misma forma, puedo decir,  el mismo Señor ya ha tratado con Nicodemo, el Rabí, como lo vemos en Jn.3.

Nuevamente, admito,  que hay una condición de alma, en la cual no es sano, y además no autorizado por el Espíritu de Dios, comenzar a estudiar la verdad dispensacional.  Por tanto,  si la persona que de este modo ha hablado está andando descuidadamente, no me sorprendería que su alma se secase al ocuparse de este modo de estas  verdades.

 

Pero además, no solamente la condición de alma debe ser considerada, cuando hacemos de estas cosas nuestro estudio hay también solo un modo de estudiarlas  que la palabra de Dios sugiere, y que también debe ser considerada. Explicaré lo que pienso.  El apóstol, trazando las dispensaciones de Dios, como ya lo he observado en Rom.9-11, interrumpe su progreso a través de ese gran tema,  y se toma por unos momentos algo que es  fuertemente personal en su carácter, o en su alcance  sobre nosotros  individualmente. Pienso en el cap.10, en esa maravillosa escritura. Porque allí escuchamos, cada uno por sí mismo,  pecadores como somos,  la voz de la ley y de la fe,  con adecuadas  advertencias, y estímulos, y enseñanzas (Rom.10).

 

Justo, puedo decir,  como en 1 Cor. 12-14, donde  el mismo apóstol despliega la verdad eclesiástica, mientras está desplegando la verdad dispensacional; porque allí de igual modo él interrumpe por algo profunda, solemne y prácticamente  personal, como lo vemos en el Cap. 13 de esa escritura.

 

De manera que admito plenamente que la condición del alma y el modo de proseguir este estudio, tiene que ser considerado. Mientras estamos ocupados en ello. Pero, con estas y semejantes advertencias, encuentro la sabiduría de Dios cuidadosa y continuamente agregando a las meditaciones de Sus consejos y designios en Sus diferentes dispensaciones, lo que ha estado haciendo desde el comienzo.

 

¿No tenemos prueba de esto? Ciertamente los mismos primitivos registros divinos, las historias patriarcales del libro de Génesis, llenas con observaciones acerca de los consejos de Dios. En ellos Él está anunciando y el fin desde el comienzo, Todas estas son verdaderas narraciones_ ciertamente que lo son_ y nosotros  debemos conocerlos. ¿Pero es eso todo? ¿Es solo para decirme lo que ha ocurrido varios miles de años atrás  que estos han sido escritos?  O ¿debo esperar encontrar en estas narraciones, despliegues de los secretos divinos, buenos para el uso de edificarlo a uno en el conocimiento de Dios y sus designios? No tengo duda como debo responder a esto.  Sara y Agar no son solamente relatos domésticos, sino una alegoría.  Y estoy seguro,  que el mismo libro de Génesis, donde leo esa alegoría, está lleno de éstas_ unas más, otras menos, ricas y profundas en comunicaciones del pensamiento divino en consejos eternos.

 

Y después, las ordenanzas Mosaicas cuentan el mismo relato.  El año judío en Lv.23 nos habla, en su medida, como en miniatura y misterio, del camino de Dios desde el día del Éxodo de Egipto, hasta el día de entrar y morar en el reino, la gloria milenial de Cristo y la creación.

 

Después, los Profetas fueron instruidos en estos designios de Dios,  y ordenados para ser testigos de ellos a todas las generaciones. Admito, que hubo otro propósito de Dios al llamarlos; y ese fue, volver a Israel a su obediencia a Jehová, si ellos se volvían y arrepentían. Pero el más grande, y aun más característico propósito de su ministerio fue este_ declarar  los designios de Dios, de acuerdo a Su consejos y sabiduría al tratar con este nuestro mundo.

 

Y cuando llegamos a los escritos del Nuevo Testamento, encontramos lo mismo. No solamente ciertas partes de estos escritos hacen tal verdad su sujeto (tal como Rom.9-11), como ya hemos dicho), sino que tal verdad se verá a través de partes y pasajes, que están tratando más directamente con otras cosas. La verdad dispensacional es allí llamada con los elevados títulos de “sabiduría” y “misterio”;  y ciertamente que merece tales dignidades. Y el apóstol ora para que podamos tener  entendimiento  espiritual, para considerar y alcanzar tales temas.  Él nos dice, que él habla de tales cosas entre los “perfectos”;  e indica que, esta era la vergüenza y pérdida de los corintios, que ellos no estaban preparados para verdad de esa alta calidad. Y en todo esto, gran honor es puesto ciertamente sobre tal verdad, y un estimulo de  una forma  especial es dado al estudio de esto.  Si estamos  en compañía con el Espíritu, que escribió todo el volumen, no podemos sino familiarizarnos  con esto, mientras  cruzamos de Génesis a Apocalipsis,  a  través de las  Escrituras de principio a fin.

 

Pero además, piedad es la religión de la verdad (1 Tim. 3:15,16). Nuestro carácter debe ser formado por  esto,  y nuestro servicio debe ser definido  y dirigido por ello.  La verdad  es el instrumento y el estándar. Es eso por lo que el Espíritu obra en nosotros y con nosotros; y es aquello por lo que probamos todo.  Esto es un instrumento en manos del Espíritu y un estándar en las nuestras_ y la verdad está conectada con las dispensaciones de Dios.

 

Esto se ve enseguida. La moralidad y deberes que se ligan a las responsabilidades  humanas encuentran un  peculiar carácter  por  su conexión con tal verdad_  como,  entre otras  escrituras, Efes. 4, 5,6, en muchas particularidades,  lo ilustran para nosotros.  Ahora  estamos en esta  dispensación para aprender a “Cristo”, y ser enseñados “como la verdad que está en  Jesús.”  Lo que  fue la santidad y el servicio  bajo una dispensación, deja de ser  así bajo otra. Las acciones cambian su carácter  con el cambio del tiempo.  En vista a  hacer  lo justo, o ser justo, de acuerdo a Dios, debemos “conocer el tiempo,” como dice el apóstol. Hubo un día cuando era santo  invocar fuego del cielo para consumir a los adversarios. Pero llegó el día, cuando pedir tales cosas tuvo que recibir una  reprensión_ y eso también, bajo la misma autoridad suprema y divina que había autorizado,  aun más, inspirado esto antes. “Todo es bello en su tiempo”_ y la verdad dispensacional  es  el gran arbitro de los tiempos, hablándonos de los tiempos y lo que el Israel de Dios y la iglesia de Dios deben hacer.

 

En un tiempo el Señor puso la espada en la mano de Su siervo; y en otra la quitó de su mano. Josué y Pedro me dicen esto. “dad a Cesar lo que es de cesar, y dad a Dios lo que es de Dios,” fue el decreto divino en el día de los Evangelistas_ pero, en días primitivos, cada traza  de  gobierno gentil en la tierra de los padres se demandaba que fuese  limpiado por el celo y poder de los hijos. Entonces no se trataba de lo que era de “Dios” y de “Cesar”, sino que el nombre de Jehová debía escribirse  sobre la tierra de las doce tribus, y cada clavo y piedra debía demandarse en el nombre de Jehová de Israel, sin un rival.

 

Lugares  y ordenanzas, de igual modo, cambian su carácter con las dispensaciones. Pero esto es  más fácilmente admitido o comprendido que lo otro. El monte Sinaí donde Dios descendió, ese lugar consagrado y terrible, que nadie sino solamente Él podía tocar, es ahora simplemente “Sinaí en Arabia”_  e instituciones, que una vez fueron divinas, ahora solo son “rudimentos del mundo”. Además, estas cosas son puestas en compañía con los ídolos (Gál.4). De este modo lo que fue sagrado en un tiempo, viene a ser común en otro periodo; mientras, lo que una vez fue inmundo, es después  dado para comunión de los santos. La serpiente de  bronce viene a ser Nehustan_ una  compañía de  aquellos que han sido repudiados como “incircuncisos,” vienen a ser  “una habitación de Dios a través del Espíritu.”

 

De este modo es realmente así, que el carácter, el valor con Dios, de acciones, lugares, ordenanzas y otras cosas semejantes, cambian con el cambio de las dispensaciones. Debemos decidir su piedad, santidad,  por “la verdad”.  Y no solamente es  así con las cambiantes  dispensaciones, sino también con las cambiantes fases y condiciones de la misma dispensación. 

 

Las arpas de Israel, por ejemplo, fueron tocadas en los días de Salomón, y cánticos fueron cantados cuando Hemán, Asaf y Jedutún estuvieron en la tierra. Pero en días de la cautividad en Babilonia, las arpas fueron colgadas sobre los sauces, y los canticos de Sión estuvieron silenciados.

 

De este modo, David, de acuerdo al pensamiento de Dios, cuando su hambre y andanzas  hablaban de  una condición de cosas  arruinada entre el pueblo, pediría pan del tabernáculo para él mismo y sus seguidores, aunque en el día de la integridad de Israel y su dispensación, éste era solamente  licito para los sacerdotes.

 

Nuevamente, este mismo David no podía llevar adelante su propósito que era justo en su corazón, como el mismo Señor dijo de esto, porque no era justo, o en su tiempo, dispensacionalmente considerado (2 Crón. 6:8,9).

 

De este modo  vemos, por medio de unos pocos ejemplos, esas diferentes  etapas o eras, o condiciones de cosas en una y la misma dispensación,  tienen su variadas y peculiar verdad sobre la que fundamentar sus propias demandas peculiares, tan cierta y seguramente   como  si fuesen diferentes dispensaciones.  Los hijos de Israel bajo Josué y bajo los Jueces los judíos en su hogar, los judíos en Babilonia, los judíos retornados, aunque todos ellos de igual manera bajo el mismo pacto, han tenido muy diferentes demandas  y servicio de Jehová para responder y hacer. “¿pueden los hijos ayunar, mientras el Esposo está con ellos?” puedo citar en conexión con  esto. Cuando Él  es quitado entonces ellos  realmente pueden ayunar (Lc.5), y deben hacerlo. 

 

Ciertamente, puedo decir, que todo esto nos ayuda a mostrarnos, que la verdad dispensacional es la  grande, para no decir la única, regla y forma de santidad de acuerdo a Dios.  Debemos “conocer el tiempo,”  porque nada es justo fuera de  tiempo. “Los hijos de Isacar eran hombres que conocían los tiempos, y sabían lo que  debía hacer Israel” (1 Crón. 12:32). La Escritura está llena de instrucción sobre  este  principio, y no nos deja en libertad  para juzgar lo santo y lo impío, independientemente de “la verdad”. Nuestra piedad en vista  a que tenga un carácter divino, depende de nuestro conocimiento de la verdad, de los tiempos y sazones como estos son para Dios, o de acuerdo a Sus pensamientos  en Su perfectas y bellas, aunque cambiantes  dispensaciones. 

 

Aquí, sin embargo, permítanme decir, que no deseo ser mal comprendido, que ciertamente  sé  que hay reglas acerca de lo justo y lo errado, que son esencialmente  así,  por necesidad moral; y que no debemos cuestionar su autoridad. La conciencia debe siempre ser  respetada, aunque esta debe consentir en ser instruida. La misma naturaleza a veces  tiene una voz, que debemos escuchar. Ciertamente admito todo esto, aunque hablo de la verdad dispensacional como lo hago. Porque otra vez digo, que esto no solamente es la única regla y medida de la santidad. Y diré más. Admito que todas las dispensaciones  tienen ciertas  cualidades  comunes, ciertas  características que  marcan a  cada una  y a todas ellas. Permítanme detenerme sobre esto un poco. 

 

En este mundo, que  a través del orgullo y deseos de exaltación propia se ha alejado de Dios, donde un hombre  habría sido como Dios, si Dios aparece y actúa, ciertamente  lo hará en una forma que manche el orgullo de toda  carne, y haga volver a Su rebelde criatura a gloriarse  solo en Él. 

 

Y vemos, de acuerdo a  esto, que es de este modo, o sobre un principio como este,  que  Él siempre ha actuado en medio  nuestro, siempre escogiendo las cosas débiles para confundir a los fuertes, para que ninguna carne pueda gloriarse en Su  presencia, sino que el que se gloríe, pueda hacerlo solamente en Él. Que las dispensaciones cambien como puedan, o la escena se mude como pueda, esto siempre es visto.

Los Patriarcas fueron muy pocos en la tierra, y extranjeros  allí.  Ellos  no tuvieron donde poner su pie, fueron e nación en nación, de un reino a otro pueblo; aun así Él no permitió que el hombre les hiciese daño, reprobando aun a los reyes por sus causas, y diciendo, “No toquéis a Mis ungidos, y no hagáis daño a Mis profetas”.

 

Cuando Sus elegidos  vinieron a ser una nación, ellos eran los más pequeños de todos los pueblos, no dignos de  un memorial o lugar en los registros del mundo; pero ellos  se multiplicaron a pesar de los capataces egipcios, y después florecieron como un reino, y vinieron a ser el centro de la tierra y de las naciones, a pesar de toda la enemistad que los rodeaba. Sus victorias fueron ganadas por instrumentos de la más perfecta debilidad; cantaros y teas, aguijadas de bueyes, y hondas, haciendo la obra del ejército y del caballo de guerra, la espada y el escudo; mientras dos harían que  diez mil huyeran, y trompetas  de cuernos de carneros  derribasen los muros de ciudades  hostiles.

 

Y así, cuando los tiempos  cambian completamente, cuando la nación estaba rota a causa de su pecado y un ministerio de gracia y salvación sale, es de un pescador de Galilea, con su divino Señor, el Hijo de un carpintero a su cabeza, que lleva a las ciudades y villas de la tierra. 

 

Y de este modo nuevamente cuando el apóstol de los gentiles viene a hablar del ministerio en su día, él nos habla de la debilidad y locura de Dios  mostrando ser más fuerte y sabio que el hombre, y señala a la iglesia en Corinto como el testigo de este mismo principio que  hemos trazado desde el comienzo; que Dios estaba humillando  la carne o al hombre, y haciéndose Él mismo nuestra gloria y jactancia (1 Cor.3).  Y cuando Él nos permite conocer, que  él estaba actuando sobre este mismo principio, como en compañía con Dios_  porque  él estaba entre los corintios en debilidad y temor, como un ministro de Cristo, no usando palabras de excelencia o sabiduría; sino que,  en medio de su debilidad, él llevaba consigo, un glorioso y maravilloso secreto, que estaba más allá del alcance del ojo y oído o corazón  de los príncipes de este mundo.  Gedeón Sansón, y David conocieron la victoria  que estaba ante ellos en su día,  aunque ellos salieron  a la batalla con cantaros y teas, con quijadas de asnos y con una honda y piedra; y tal fue Pablo con sus tesoros de luz en el Espíritu, aunque él estaba en debilidad y temor y con mucho temblor. 

 

En el Nuevo Testamento, tenemos la actual dispensación presentada en tres  condiciones sucesivas. Primero, las iglesias, como tal,  son vistas  bajo el cuidado pastoral del Espíritu en Pablo_ como se testimonia por sus epístolas a ellas. Segundo, ellos son desafiados como candeleros, o como iglesias bajo responsabilidad; y ellas son llamadas a dar cuenta de sí mismas, por el Hijo del Hombre que aparece delante de ellas en brillante gloria judicial, como vemos en Apoc.1-3. Tercero, ellas son, como perdidas en la cristiandad, no más alimentadas y disciplinadas como iglesias, o desafiadas e impugnadas  como candeleros, sino que enfrentando,  como cristiandad (la corrupta cosa mundana en la tierra que se llama a sí misma con el nombre de Cristo), el juicio del Señor, como lo vemos en Apoc. 4-19.

 

Hay tres  eras en la historia o progreso de la dispensación, tres fases que ésta lleva sucesivamente. Pregunto, ¿muchas cosas conectadas con el lugar, servicio cristiano y debido cambio con estos aspectos cambiantes de nuestra edad, como lo hicieron en semejantes cambiantes eras en la historia de Israel? De la más simple analogía, si, de la necesidad moral, puedo ciertamente responder.  Pero una meditación sobre las dos epístolas a Timoteo determinar esto para nosotros, y nos da a conocer, que esta es la buena  voluntad  divina  concerniente a nosotros.

 

La primera de estas epístolas contempla las iglesias en la primera de las condiciones  que he mencionado arriba; es decir bajo el cuidado pastoral del Espíritu a través del apóstol. La segunda de ellas contempla, creo,  a los santos entre el intervalo entre la segunda y tercera de estas condiciones; es decir entre el desafío e impugnación de los candeleros y juicio de la cristiandad_  asumiendo que esta impugnación ha terminado en convicción y puesta a un lado y remoción. 

 

Puede, sin embargo, preguntarse ¿está tal asunción autorizada? Si, digo, plenamente, porque el desafío e impugnación de Su mayordomía por parte del Señor, en cada dispensación, en todos los tiempos, y bajo todas las circunstancias, siempre ha terminado así; es decir, en una puesta a un lado. El hombre  está en relaciones responsables hacia Dios nunca ha tenido  una respuesta para su Señor. Ninguno, al cual se le ha confiado algún depósito, jamás ha sido encontrado fiel, salvo Aquel de quien está escrito, “todas las promesas de Dios en Él son sí y amén.”  “Da cuenta de tu mayordomía,”  siempre ha terminado en que la mayordomía ha sido quitada (Lc. 16). Si “Dios está en la  congregación de los dioses,” si “Él juzga entre los dioses,”  el juicio será pronunciado , “no conocieron, tampoco comprendieron , ellos andan en oscuridad, todos los fundamentos de la tierra están fuera de curso;”  y será entregada la sentencia, “ moriréis como hombres, y caeréis como uno de los príncipes” (Sal.82).

 

De manera que la impugnación de los candeleros en Apoc.1-3 debe ser asumida  como habiendo terminado en una puesta a  un lado del vaso responsable.  Y para  establecer esto como  un hecho, puedo referirme  al mismo Juan en estos capítulos.  Él es una forma de representante de las iglesias  o candeleros, y es puesto ante el Señor Jesús, el Hijo del Hombre, como Uno que estaba andando entre ellos como un Juez, brillando ante Juan en una brillante gloria  judicial.  Si él hubiese aparecido a Juan como Juez del mundo, Juan habría permanecido de pie; porque él ya había aprendido que “tenemos libertad en el día del juicio.”  Pero él estaba  entre  los candeleros y  ante Juan como representándolos; y esto fue abrumador. Como uno muerto, él cayó a los pies de tal Juez, y de  tal gloria.  Él no alcanzó tal gloria, no tenía respuesta a ella, la sangre de Cristo, el Cordero de Dios,  respondería por  él como pecador, pero no como  mayordomo_ él es abrumado y cae a Sus  pies como  muerto.  Justo como  Isaías en semejantes condiciones; porque cuando el trono de  Jehová fue establecido ante él en gloria  judicial, el profeta clamó, “¡Ay de mí, que soy muerto!”

 

Todos se nos unirán a expresar  cual será el fin de esta impugnación.  El mayordomo es  llamado a  dar cuenta de su mayordomía, y esto sucederá una y otra vez, como siempre ha sido hecho antes, que él no es más un mayordomo. La mayordomía es quitada_ la dispensación  está en ruina_ y  sobre esto, la larga y seca  edad de la cristiandad, de una dispensación corrupta y arruinada, comienza a tomar su curso, y lo está haciendo en nuestros días, y lo hará,  en creciente corrupción de cada forma, y multiplicada  confusión en cada lugar, hasta que  ésta finalmente terminará en el juicio de la cristiandad como la cosa  especialmente culpable sobre la tierra  bajo el ojo de Dios.

 

Ahora,  la segunda  epístola a Timoteo anticipa, como creo,  lo que he dicho,  este intervalo _ la era entre la impugnación de los candeleros y su consecuente remoción, y el  juicio de la  cristiandad.

 

Y aquí permítanme decir,  que debemos familiarizarnos con los  misterios de esta dispensación, como el Señor Jesús dijo a Sus discípulos en su día,  que ellos debían conocer “los misterios del reino de los cielos.” (Mt.13:11) Debemos conocer el curso, y los cambios, y las fases sucesivas  a través de las cuales  éste reino debe pasar, porque de otra manera no podremos ser escribas debidamente instruidos para sacar de nuestros tesoro cosas viejas y nuevas de Dios, de  acuerdo a “Su multiforme sabiduría.”

 

Pero volviendo, sin embargo,  a las dos epístolas de Timoteo,  de las cuales  estoy hablando, y para examinarlas más detalladamente, podemos observar, que la primera de ellas contempla una  casa  disciplinada, de la cual  lo inmundo es puesto fuera; la segunda  contempla una casa repudiada, de la cual (en un sentido) los  santos deben retirarse .

 

No sabemos  qué tiempo intervino entre el escribir de estas dos epístolas. Es posible  que haya sido un tiempo considerable; porque  Pablo  estaba en un amplio, exterior y activo ministerio, cuando escribió la primera de ellas, pero era un prisionero en Roma, habiendo  ya aparecido ante  Cesar, para responder por  sí mismo cuando escribió la segunda epístola.  Y Timoteo estaba en Éfeso, dejado allí para el cuidado y ordenamiento de la casa de Dios, cuando la primera de estas  fue dirigida  y enviada a él; pero no podemos decir,  con alguna certeza, donde estaba él cuando recibió la segunda epístola. 

 

Pero entonces, cuando nuevamente consideramos las dos epístolas, y las comparamos un poco  más,  encontramos en la primera de ellas que la casa, bajo el cuidado de Timoteo,  es llamada “la casa de Dios, la iglesia del Dios viviente,” y esta es dignificada como “columna y baluarte de la verdad”_ mientras, en la segunda epístola,  la casa contemplada (aunque no bajo el cuidado de Timoteo, ni provista por el Espíritu Santo) es llamada “una casa  grande,”  y en su inmundicia  y corrupción. Esta nos es presentada como habiendo  sido formada por una mentira, es  decir esta, “que la resurrección ya había pasado.” 

 

Estos son contrastes fuertes.

 

Entonces  nuevamente, en el tiempo de la primera de ellas, Pablo es un apóstol autoritativo; en la segunda, él es abandonado como un prisionero en cadenas en Roma, y descuidado por los santos; uno que tenía que llorar a causa del fracaso dentro, como  también sufrir desde fuera.

 

Y otra vez, _ y este es un hecho conmovedor_ en la segunda  epístola, Pablo habla de  asociaciones personales y familiares, deteniéndose en el recuerdo de aquellos que evidentemente eran para él un  alivio y consuelo, como en 2 Tim.1:1-5. Pero esto con pleno interés y ternura, nos permite conocer  que las asociaciones  eran ahora una decepción para  él.  Porque no era de esta forma que  él había escrito en sus primeras epístolas a las iglesias. Él entonces  tenía entonces sus semejantes en Cristo que recordar,  y no debía volver  a sus asociaciones y recuerdos en naturaleza.

 

Y además, en el progreso de esta misma epístola, él habla de janes y Jambres, asemejando el día que esa epístola contempla al día de los adversarios. Porque Satanás estaba entonces, en la cristiandad, proponiendo y esforzándose en neutralizar la verdad, introduciendo en ella una compañía extraña o con malas mezclas, como  lo estuvo haciendo con aquellos magos en días de Moisés, y de este modo cegando la conciencia ya sea del rey de Egipto, o del mundo. 

 

¡Qué premonición de lo que habría de pasar!  ¡Qué es la cristiandad sino la escena de tales mezclas que han neutralizado el poder de la verdad! Estas y semejantes características nos muestran, que la dispensación era contemplada como bajo diferentes condiciones, como  el apóstol escribía estas dos epístolas. En la primera de ellas la luz en el candelero  era alimentada y despabilada_  en la segunda, el candelero había sido removido. 

 

¿Es esto una sorpresa para nosotros? ¿Debemos pensar que el mayordomo de Dios en esta edad se mostraría fiel, ya que  todos los demás  mayordomos Suyos, desde el comienzo hasta aquí, como ya hemos visto, han sido juzgados y puestos a un lado?  La iglesia  debiese haber sido bajo su Señor, y en el Espíritu, la luz del mundo, y la columna y baluarte de la verdad. Pero ella  ha venido a ser peor que oscuridad_ un faro falso sobre la montaña  que ha traicionado al viajero.  Pero Adán, el mayordomo de Edén, al comienzo, después  Noé, señor del mundo que ahora es,  y después Israel, el labrador de la viña en Judea, ya  había sido encontrado falto.  El  rey  antes de  esto ya había fallado, y también el sacerdote,  y el profeta_ y ahora el candelero. Este es el antiguo relato una y otra vez, el hombre es infiel hacia Dios, el mayordomo es llamado a dar su cuenta, y eso termina en que su mayordomía le es quitada. La casa de oración, por decir así, siempre ha venido a ser una cueva de ladrones.

 

Pero además, en cuanto al curso de las dispensaciones. En cada una de ellas entonces,  mientras cada una estaba aun subsistiendo, ha habido separación tras separación. Vea  esto en Israel, Zorobabel, Esdras, Nehemías, fueron cada uno de ellos, cautivos retornados, una remanente separado que, con sus compañeros dejaron Babilonia. Pero el día vino, el día del profeta Malaquías, cuando “los que temían a Jehová” tuvieron que separarse de los  cautivos retornados, y se “hablaron el uno al otro,”  como si hubiesen sido otro remanente (Mal.3).

 

Así es también en la  cristiandad. La Reforma, por  ejemplo, fue un tiempo de separación.  Pero la persistente, creciente, y aceptada corrupción que una  y otra vez  ha prevalecido, la separación una y otra vez ha tenido que tomar lugar. El retorno de  Babilonia no aseguró la pureza en Israel_  la Reforma  no ha recuperado  esto y mantenido esto en la cristiandad. La casa vacía, adornada y barrida no ha tenido lugar para el Señor Jesús.  Él no ha encontrado  habitación para Su gloria  allí.  El espíritu inmundo, el espíritu de idolatría,  podía haberse ido de Israel,  porque no había entonces ídolos o lugares altos en la tierra después del retorno de Babilonia; pero Israel no fue sanado; porque infiel insolencia, los desafíos del orgulloso y menospreciador se escucharon allí terriblemente.  Y qué  otra cosa, pregunto, ¿no es  esto nuevamente,  así  en los tiempos de la Reforma en la cristiandad? Lea al profeta Malaquías, y observe alrededor la condición de cosas moral bajo el ojo, y note las sorprendentes analogías que hay en las historias de corrupción y confusión en el mundo del hombre, ya sea aquí o allí,  ya sea ahora y entonces, sea en Israel o la  cristiandad, en nuestros días, o 2000 años atrás. ¿Y no es  así?

 

Cuando llegamos al libro de Apocalipsis, después de contemplar los diferentes aspectos de la dispensación en las dos epístolas a Timoteo, encontramos como ya he anticipado, el Señor impugnando y juzgando los candeleros  y juzgando al mundo_ en otras palabras, juzgando los candeleros poniéndolos a un lado, juzgando al mundo.

 

En los primeros tres capítulos, encontramos la primera de estas  acciones. Las iglesias, como candeleros, o  como en su lugar y carácter de responsabilidad, son  llamadas a dar cuenta de sí mismas.  El Hijo del Hombre anda en medio de ellos con gloria judicial.  Ellas han sido previamente alimentadas  y disciplinadas  por el Espíritu a  través de Pablo, como iglesias de santos, cuerpos elegidos, ejemplos de la novia del Cordero; pero aquí ellas  están, como candeleros, responsables de brillar como luces en el mundo, habiendo sido establecidas por Dios para ese fin, y siendo ahora impugnadas_ de acuerdo a  lo que el Hijo del Hombre comienza  Su dirección a cada una de ellas con estas palabras, “Yo conozco tus obras.”  Y como ya hemos visto, que ningún mayordomo jamás ha tenido una respuesta  para Dios, cuando ha sido desafiado para dar cuenta de su mayordomía, esta impugnación de los candeleros debe ser asumida como habiendo terminado en una puesta a  un lado como un testimonio responsable sobre la tierra. 

 

Pero al final de una meditación como esta, ¿Qué sugiere mi alma a mi conciencia? ¡Oh  por esa fe que convierte declaraciones en hechos,  e ideas  en realidades!  No que  cuestione lo que  he escrito, pero estoy seguro de su poca influencia y autoridad sobre mí. Estoy consciente que es una cosa  tener comunión con la verdad, y otra cosa  tener esta con el mismo Señor.  Y me uno en juicio con uno que  últimamente ha escrito de este modo: “el aspecto dispensacional de la verdad debe ser secundario a lo que es eterno.  El estudio exclusivo o desproporcionado de la verdad dispensacional frecuentemente ha engendrado ese conocimiento que hincha, para debilitamiento del amor que edifica. A menudo se puede  escuchar a  estudiantes de esta forma inferior hablar despreciativamente de otros mucho más profundamente enraizados en Cristo que ellos mismos, a causa de su falta de familiaridad con teorías que a menudo son meras especulaciones  humanas injertadas  sobre la verdad de Dios.”  Y él añade, “hay una  posibilidad de ser  deslumbrados en lugar de ser iluminados por la luz.”

 

En cuanto a mí mismo, deseo dar gracias  por  escuchar estas palabras, y tomar la advertencia que ellas comunican para mí mismo.  Estas son convenientes y sanas. 

 

 

                                                                                               J. G. Bellett