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LA ADMINISTRACIÓN DE LA PLENITUD DE LOS TIEMPOS.

 

Efesios 1: 10

 

Cristo es el verdadero centro de los propósitos de Dios, como es solo por Él que el Espíritu Santo los revela. Entonces es, y debe ser en proporción a nuestra enseñanza del Espíritu de Cristo, que los planes divinos son comprendidos y apreciados. Cuando Él no es mantenido permanentemente ante el alma, ¿qué viene a ser del estudio de la Escritura? Entonces no es más la verdad la que santifica, sino la estéril teología que hincha. ¿Y por qué la profecía ha sido pervertida hasta llegar a hacer de ella una estéril e injuriosa especulación? Porque el gran objeto de Dios se ha perdido de vista ("que en todas Él pueda tener la preeminencia" uno podría aplicar esto aquí); y de esta manera el Espíritu Santo ha sido entristecido, y ha soplado sobre la ocupada mente del hombre. "Él me glorificará," dijo el Señor, "porque tomará de lo mío y os lo mostrará" (Jn.16:14). Desde el momento que la vista de la gloria de Cristo es suplantada por investigaciones, por ejemplo de la providencia, importante como esto puede ser en su lugar,  el templo de la profecía se degenera y viene a ser  una casa del intelecto humano; y las mesas de este mero comercio en la mera erudición, llena sus atrios, hasta que por el justo juicio de Dios esta es desolada. Pero Su gracia tiene un  mejor santuario que es abierto para aquellos que tienen oídos para oír y ojos para ver a Jesús coronado con gloria y honor en los cielos. ¡Que podamos tener gracia para acercarnos a través del velo roto, y allí junto a nuestro Maestro, con pies descalzos y con  corazones llenos de adoración, seguir Su ojo y dedo  descansando sobre las esferas  de Sus variadas, pero armoniosas glorias!

 

Desde el comienzo del mundo lo que los hombres no han escuchado, ni han percibido por el oído, tampoco los ojos  han visto, son las cosas que Él ha preparado a los que esperan por Él. Allí necesariamente se detiene el profeta judío. "Pero,"  dice el apóstol, (1 Cor.2), "Dios nos las ha revelado por el Espíritu." "hablamos sabiduría de Dios en misterio, sabiduría oculta, que Dios ordenó antes del mundo (o, las edades) para nuestra gloria." Cuan a menudo escuchamos  a un miembro del cuerpo de Cristo citando las palabras, "lo que ojo no ha visto, ni oído escuchado," para justificar una ignorancia  que el Espíritu de Dios se esfuerza para mostrarnos que no es más excusable. Las cosas que Dios ha preparado para aquellos que lo aman son ahora manifestadas. Nuestra posición está en contraste con aquella de los judíos. Dios  nos las ha revelado a través de Su Espíritu; porque el Espíritu escudriña todas las cosas, si, las cosas profundas de Dios. Es verdad, estas cosas profundas no son las cosas del hombre, y por tanto están más allá del descubrimiento del conocimiento humano. Pero el cristiano no es llamado a andar o pensar: si parece que él es sabio conforme al mundo, debe hacerse necio para ser sabio. "Nadie conoce las cosas de Dios excepto el Espíritu de Dios." ¿Y qué es eso para el cristiano? Todo. "porque no hemos recibido el espíritu del mundo, sino el Espíritu que es de Dios, para que podamos conocer las cosas que nos han sido dadas libremente por Dios." "Tenemos la mente de Cristo".

 

Así en Efesios, "dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra. En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad" (Efes.1:9-11).

 

Las grandes y preciosas  revelaciones del A. Testamento, que Dios manifestó a los judíos (Dt. 30:29), pertenecen, en un sentido enfático, para ellos y sus hijos. Jehová su Dios ha reservado estas cosas secretas para Sí mismo. De allí la fuerza e importancia de los versos justo citados de esta epístola.  Su gracia  Él la ha hecho abundar hacia nosotros en toda sabiduría y prudencia. Él nos ha dado a conocer  el secreto de  Su voluntad, de acuerdo a su buen placer que Él se ha propuesto en Sí mismo para una administración del cumplimiento de los tiempos. ¿Y cuál es el propósito de Dios?  Este está relacionado con un Cabeza, Cristo, reunir el universo, las cosas que están en los cielos y las que están en la tierra; en Él, en quien también hemos recibido herencia. Es decir, que el misterio de Su voluntad  consiste de dos grandes partes: primero, Cristo debe  ser  cabeza  de todas las cosas  celestiales y terrenales; y segundo,  la iglesia debe estar asociada con Él en esa herencia. Y de este modo el apóstol, habiendo tratado el designio de Dios  de reunir todas las cosas en Cristo, se vuelve enseguida  al propósito colateral  de unir a la iglesia como heredera con Él, aludiendo primeramente a los santos judíos introducidos en estas relaciones, y después a los mismos efesios, santos gentiles a quienes  él se estaba dirigiendo: "para que  nosotros (los judíos creyentes) seamos para alabanza  de Su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo; en quien vosotros también (los creyentes  gentiles)",etc. Cuando ellos escucharon, creyeron  el evangelio. Porque ellos no tenían  previa revelación o esperanza como la de los  judíos.

 

En los versos finales de este capítulo tenemos la misma doble verdad, con esta diferencia, que esta no está conectada con el propósito futuro de  Dios  respecto a encabezar todas las cosas en Cristo cuando los tiempos señalados hayan sido completados, sino con la actual exaltación de Cristo a la diestra Dios. Sin embargo,  aquí como  antes, se ve la doble gloria de  Cristo.  Dios lo ha dado como  Cabeza sobre todas las  cosas a la iglesia, que es Su cuerpo, la plenitud de  Aquel que llena todo en todo. Esta, por tanto debe ser una cosa distinta de, aunque íntimamente conectada con, el misterio de Efes. 1:9-11. Tomemos uno de  estos testimonios  proféticos, y la diferencia será clara.

 

"Por tanto, di a la casa de Israel: Así ha dicho Jehová el Señor: No lo hago por vosotros, oh casa de Israel, sino por causa de mi santo nombre, el cual profanasteis vosotros entre las naciones adonde habéis llegado.

 

Y santificaré mi grande nombre, profanado entre las naciones, el cual profanasteis vosotros en medio de ellas; y sabrán las naciones que yo soy Jehová, dice Jehová el Señor, cuando sea santificado en vosotros delante de sus ojos.

 

 Y yo os tomaré de las naciones, y os recogeré de todas las tierras, y os traeré a vuestro país.

 

Esparciré sobre vosotros agua limpia, y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias; y de todos vuestros ídolos os limpiaré.

 

Os daré corazón nuevo, y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros; y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra, y os daré un corazón de carne.

 

Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu, y haré que andéis en mis estatutos, y guardéis mis preceptos, y los pongáis por obra.

 

Habitaréis en la tierra que di a vuestros padres, y vosotros me seréis por pueblo, y yo seré a vosotros por Dios.

 

Y os guardaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al trigo, y lo multiplicaré, y no os daré hambre.

 

Multiplicaré asimismo el fruto de los árboles, y el fruto de los campos, para que nunca más recibáis oprobio de hambre entre las naciones.

 

Y os acordaréis de vuestros malos caminos, y de vuestras obras que no fueron buenas; y os avergonzaréis de vosotros mismos por vuestras iniquidades y por vuestras abominaciones.

 

No lo hago por vosotros, dice Jehová el Señor, sabedlo bien; avergonzaos y cubríos de confusión por vuestras iniquidades, casa de Israel.

 

Así ha dicho Jehová el Señor: El día que os limpie de todas vuestras iniquidades, haré también que sean habitadas las ciudades, y las ruinas serán reedificadas.

 

Y la tierra asolada será labrada, en lugar de haber permanecido asolada a ojos de todos los que pasaron.

 

Y dirán: Esta tierra que era asolada ha venido a ser como huerto del Edén; y estas ciudades que eran desiertas y asoladas y arruinadas, están fortificadas y habitadas.

 

Y las naciones que queden en vuestros alrededores sabrán que yo reedifiqué lo que estaba derribado, y planté lo que estaba desolado; yo Jehová he hablado, y lo haré.

 

Así ha dicho Jehová el Señor: Aún seré solicitado por la casa de Israel, para hacerles esto; multiplicaré los hombres como se multiplican los rebaños.

 

Como las ovejas consagradas, como las ovejas de Jerusalén en sus fiestas solemnes, así las ciudades desiertas serán llenas de rebaños de hombres; y sabrán que yo soy Jehová." (Ezeq. 36:22-38)

 

La citación es más observable, porque parece que el Señor  la tenía  principalmente en vista en Su conversación con Nicodemo (Jn.3). Jesús había establecido la necesidad de  nacer de  nuevo como condición para ver el  reino de Dios; y la pregunta del líder  judío, Él la respondió, diciendo "si alguno no nace del agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino." Carne y Espíritu no admiten modificación  de naturaleza,  cada una permanece  distinta e inmutable.  Entonces Nicodemo no debía maravillarse  si los judíos debían nacer  de nuevo en vista a tener parte en el reino de  Dios; porque la  pregunta era acerca del  reino,  y no solamente de la  salvación. Cuando Nicodemo se pregunta, "¿Cómo pueden ser  estas cosas?", el Señor le dice, "¿Eres tú maestro de Israel, y no sabes esto? De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto, testificamos; y no recibís nuestro testimonio. Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales? "(Jn.3:11,12)

 

De este modo es  claro,  que cuando el Señor habló de la necesidad del nuevo nacimiento, el maestro judío debiese haber comprendido; porque  así lo había mostrado el profeta  Ezequiel.

 

Antes de que Israel goce las bendiciones terrenales en la tierra prometida, Israel debe nacer  de nuevo. Israel será rociado con agua limpia, y tendrá un  espíritu nuevo dentro de ellos. Es después de esto que ellos tendrán las cosas terrenales del reino de Dios. "Yo también os salvaré de todas vuestras inmundicias; y llamaré al grano,..." etc. "Y ellos dirán, esta tierra que fue desolada ha venido a ser como huerto de  Edén."  La cosa importante a decir es, que en todo esto el Señor no ha ido más allá de las cosas terrenales, o de aquellas que eran esenciales a su gozo, el nuevo nacimiento. Por supuesto,  para tener bendiciones en lugares celestiales un hombre debe primeramente nacer de nuevo; pero aun el pueblo judío, como hemos visto, debe nacer  de nuevo para tener las promesas   terrenales  en el reino de  Dios. Él no había ido más allá del rango de las cosas terrenales  y que un judío debiese  haber  aprendido de los propios profetas.

 

"Si os he dicho cosas terrenales, y no creéis, ¿cómo creeréis si os dijere las celestiales?”

 

Sobre lo último,  el Señor no va más lejos más que para indicar el levantamiento del Hijo  del hombre, y el don del Hijo de Dios en  amor no a los judíos sino al mundo: esas cosas  envuelven, como sabemos, la exaltación del Señor en la gloria sobre lo alto, y la unión de la  iglesia  con Él allí,  como la plenitud del  Hombre celestial.  El levantamiento del Hijo del  hombre fue, en cuanto a lo que concierne a la responsabilidad del  hombre, la demolición (aunque en la sabiduría y gracia de Dios, la última seguridad) de todas las esperanzas  terrenales de los judíos, porque en Cristo todas las promesas de  Dios  encuentran su lugar; y si Él hubiese sido recibido, estas  habrían sido cumplidas  a Su pueblo terrenal. Pero Él fue rechazado. Por tanto también Dios lo exaltó hasta lo sumo. Las promesas  quedan para ser cumplidas, basadas como están ellas sobre la  sangre del Mediador; pero antes  que ese cumplimiento tome lugar, una nueva y extraordinaria obra se realiza; es decir, la formación del cuerpo que ha de compartir la gloria de Cristo arriba, cuando el propósito de Dios sea cumplido en la reunión de todas las cosas, celestiales  y terrenales,  bajo Cristo, porque la iglesia compartirá  la herencia con Él. Esto, entonces, es el misterio de la voluntad de Dios: no del reino, tampoco el nuevo nacimiento, indispensable cómo es  esto para sus promesas terrenales. De esto los profetas han hablado; pero ellos  estuvieron silenciosos en cuanto al propósito de  Dios que  destina a Cristo y la iglesia para gobernar sobre todas las cosas  en los  cielos y en la tierra. La restitución de todas las cosas  de ninguna manera fue un misterio.

 

Pero debe observarse, que 1 Ped. 1:10-12 no se refiere a  este misterio, sino a otros privilegios que  formaban la carga de muchas ramas proféticas. La  salvación de las almas  ciertamente no fue un secreto oculto: "de cuya salvación los  profetas," etc. Ellos  "Los profetas que profetizaron de la gracia destinada a vosotros, inquirieron y diligentemente indagaron acerca de esta salvación, escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos." Testificadas por los antiguos profetas, no pueden ser el misterio que en otras edades no fue dado a conocer a los hijos de los  hombres, como es ahora revelado a Sus  santos apóstoles  y profetas por el Espíritu (Efes.3). Aquí estas  cosas  son testificadas de  antemano, y ministradas  para nosotros y no para ellos; porque esto fue  así revelado para ellos.

 

Pero claramente estos privilegios previamente revelados difieren totalmente de otra esfera de bendición que desde el comienzo del mundo fue mantenido oculto en Dios (Efes.3:9).Tampoco las epístolas de Pedro aluden una sola vez a nuestra comunión con Cristo como  Su cuerpo. El misterio  en ninguna parte es introducido. Somos considerados como nacidos de nuevo,  "nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,  para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios" etc. Somos  exhortados a ser diligentes, sobrios, etc., durante todo el tiempo de nuestra peregrinación, y andar en temor,  sabiendo que nuestra redención  ha sido a través de la preciosa sangre de  Cristo. No podemos dudar que las personas a las cuales se  dirigía Pedro eran miembros del cuerpo de Cristo; pero es cierto,  que el Espíritu se detiene  aquí sobre las  bendiciones  que  brotan de la  resurrección de Cristo;  nuestra  vida en poder incorruptible, sacerdocio santo y real, el llamamiento  peregrino. Él no habla de nuestra unión con Cristo en el cielo. Entonces  también, cuando el  Espíritu Santo enviado del cielo es referido, como siendo el poder de la  predicación del evangelio a  nosotros, nunca  como  Aquel que  constituyó, a judíos y gentiles , como la habitación de  Dios (Efes.2),  y quien nos bautizó en un cuerpo (1  Cor.12:13).En otras  palabras,  el misterio no es tratado en las  epístolas de  Pedro, considerando que este es el principal tema en Efesios y también en la epístola a los  Colosenses.

 

La administración, hemos visto, espera "la plenitud de los tiempos," o el término de los  variados periodos señalados por la sabiduría divina. Todas las  cosas  están fuera de curso, y van  de mal en peor, hasta que Cristo tome las riendas. El único Justo está desterrado del mundo, aunque conocido a la iglesia como coronado con gloria y honor en el cielo, mientras aquellos que aman al Señor de  gloria sufren aquí abajo. El favorecido pueblo terrenal de Dios es un proverbio y refrán entre todas las naciones, y expulsado  fuera de la tierra de la cual Dios  se deleitó en ser el Propietario. ¿Y cuál ha sido, y es, la historia de  ese pueblo y tierra? Sus opresores, los gentiles, ¿han  andado en humillación o en orgullo? ¿Han ellos honrado al Rey del cielo? Y en cuanto a la creación ¿No gime esta y está con dolores de parto hasta  ahora? ¿Y dónde  está Satanás? ¿Es solamente sobre la tierra que él anda, o hay maldad espiritual en lugares  celestiales? Bien, hay un tiempo establecido para cada una de estas cosas; y estos tiempos tendrán un pleno término. Satanás perderá su dominio sobre el aire y la tierra; la creación será libertada y llevada a la libertad de la gloria de los hijos de Dios; la imagen herida  da  lugar a un reino eterno; Israel florecerá como la rosa, y llenará la tierra con fruto; el desierto y el lugar solitario se alegrarán para ellos, y Cristo aparecerá y nosotros con  Él en gloria. Esta será la plenitud de los tiempos  de la cual se  habla.

 

Cuando la destinada plenitud llegue, cuán  grande nuestro gozo, amados, verle a Él, no solo  como la bendición de Melquisedec bendiciendo a Dios y al hombre, como el actual Poseedor del cielo y la tierra, todas las  cosas  serán encabezadas por Aquel que, aunque es el Dios  Altísimo, administra como el Hombre  exaltado; nosotros  mismos cerca de Él y verdaderamente uno con él, entonces  olvidaremos todo, salvo Su  amor y gloria. Y aun  así (¡oh qué gracia!) ¿No es  así ahora, con relación a Su amor? ¿No somos  aquí y ahora  miembros de Su cuerpo, de Su carne y huesos? Aun  así ciertamente anhelamos por el día cuando al verle, seremos para siempre como Él,  de acuerdo al poder  por medio del cual Él es  capaz aun de subyugar todas las cosas  a Si mismo.

 

Si, todas las  cosas en el cielo y la tierra serán encabezadas en Él, no cosas bajo  la tierra (seres  infernales); toda  rodilla se doblará, y cada lengua confesará que  Jesucristo es  Señor para la gloria de  Dios Padre. Dignamente  Él ha ganado tal lugar, el bendito Señor. ¡Y cuán verdadera  es la palabra!

 

"Quien, subsistiendo  en la forma de Dios, no pensó ser igual a Dios como  cosa a la cual aferrarse, sino que se  despojó a Si mismo, y tomó forma de  siervo, hecho semejante a los hombres;  y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.  Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre," (Fil. 2:6-9)

 

Es falso, absolutamente falso, que Jesús  tomó este lugar cuando nació. Es verdad, que entonces  llegó la plenitud del tiempo  para que Dios enviase  a Su Hijo.  Los mismos hijos estaban  esclavizados  bajo los rudimentos del mundo,  y todos estaban  encerrados bajo pecado. El hombre se había  mostrado competente para arruinarse a sí mismo  bajo la  ley de  Dios, y solo más rápidamente porque  la ley era buena y él era malo.  Pero ¿fue la  obra de Dios hecha cuando el Hijo estuvo aquí, nacido de una mujer, y bajo la ley? De ninguna manera. La encarnación fue el medio, no el fin. La redención fue el gran punto al cual se volvió Dios. Por  tanto el  Hijo fue de este modo enviado y vino para redimir a los que estaban bajo la ley, para que  ellos pudiesen recibir la adopción de hijos. Y porque vosotros (los gentiles, que no habían estado bajo la ley) sois hijos, etc. (Gál. 4:4-6)

 

Volviéndose a las más amplias y elevadas esferas de los  Colosenses, escuchamos la misma verdad.  En el amor del Hijo de Dios  tenemos redención, el perdón de pecados; "que es la imagen del Dios invisible, el Primogénito de cada criatura." ¿Es este Su título más elevado? ¿Es esta Su gloria divina? No; pero fundamentado sobre esto. Él es el Primogénito de toda  criatura, no porque Él participó de carne, tampoco porque Él fue el Santo Hombre que triunfó sobre todas las consecuencias del pecado del primer Adán, y venció a aquel que  llevó al primer hombre cautivo a su voluntad: en una palabra, no porque Él estuvo aquí abajo, como el más  fiel y glorioso, sino porque  Él era el Creador.  Él es el Primogénito de toda criatura, porque por (o, en virtud de) Aquel por quien todas las cosas fueron creadas. Aquí está Su derecho a la supremacía en cuestión.

 

"Porque por Él fueron creadas todas las  cosas, las que  están en los cielos, y las que  están en la tierra, visibles e invisibles, ya sea tronos, dominios, o principados, o poderes: todas las cosas fueron creadas a través de  Él, y para Él: porque Él es  ante todas las  cosas, y por (o, en virtud de) Él  todas las cosas consisten" (Col. 1:16,17)

 

Su primacía sobre  toda la creación fluye de Su divino poder creativo. El afirma esto como  Hombre; pero Su título fluye de otra y más elevada fuente. Pero Él es más que  el Primogénito de toda creación. Él es cabeza de un cuerpo, la iglesia, "el comienzo, el Primogénito de los muertos" Esto como lo hemos visto, es la gloria de la cual trata especialmente la epístola a los Efesios.

 

El pecado estaba aquí abajo, el hombre que debiese haber sido el primero, era el más bajo moralmente; y la misma creación, a causa de él, estaba bajo la esclavitud de la corrupción. Y aquellos a quienes Dios estaba a punto de introducir en la iglesia, ¿qué eran ellos? Alejados y enemigos en sus mentes por malas obras. Entonces, aunque el  Verbo se  hizo carne y tabernaculizó entre nosotros, aunque  toda la plenitud de Dios quiso habitar en Él,  aun esto no podía enfrentar el mal y la miseria del hombre, tampoco la santidad y el corazón de Dios. La luz de  Dios estaba allí, Su amor estaba allí; en Él estaba la vida y la vida era la luz de los hombres. ¡Ay! Fue manifiesto que los judíos, que todos, estaban irreparablemente ciegos, si, y muertos.

 

"Si yo no hubiera venido, ni les hubiera hablado, no tendrían pecado; pero ahora no tienen excusa por su pecado.

 

 El que me aborrece a mí, también a mi Padre aborrece.

 

Si yo no hubiese hecho entre ellos obras que ningún otro ha hecho, no tendrían pecado; pero ahora han visto y han aborrecido a mí y a mi Padre." (Jn.15:22-24)

 

¿Qué debía hacerse? "de cierto, de cierto os digo, "dice el Señor, "si el grano de trigo no cae a tierra y muere, queda solo; pero si muere, este da mucho fruto."  Su muerte solo podía libertar. Pero esto siempre estuvo ante el alma de nuestro bendito Maestro.

 

"Con un bautismo tengo que ser bautizado, ¡y cómo me angustio hasta que  este sea cumplido!" El vino por  agua y sangre, es decir, Jesucristo; no por  agua solo, sino por agua y sangre "(1 Jn.5).

 

Entonces en la epístola a los  Colosenses, Col. 1:20-22, leemos, "y por medio de él reconciliar consigo todas las cosas, así las que están en la tierra como las que están en los cielos, haciendo la paz mediante la sangre de su cruz. Y a vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en su cuerpo de carne, por medio de la muerte, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante de él;"

 

La iglesia está reconciliada aun ahora. A los miembros vivientes de Cristo puede decirse, "os reconcilió."  La creación  aún no ha sido reconciliada, aunque la  sangre de la cruz ha sido derramada, y sobre ella la reconciliación está fundamentada; y esto será así en la plenitud de los tiempos.

 

Al presente tal administración no tiene lugar, aunque aquí debemos aprender que el propósito de Dios se cumplirá. Cristo es, sin duda, Cabeza de los ángeles, de judíos, de los hombres, de la creación. ¿Pero está Él ejerciendo estos derechos? Ahora es de la  administración cuando los periodos estén maduros de lo cual habla nuestro verso. Pero ninguna de estas cosas están siendo ahora reunidas. Por el contrario, debe haber  todavía una crisis profunda de rebelión  como  nunca la ha habido. Este es ahora el tiempo cuando todas las cosas  están separadas de Cristo, o si reunidas, solo en la ruina e indignidad que la astucia  y poder de  Satanás  ha introducido. Este es el tiempo de otro reunir, la reunión de los  co-herederos que serán glorificados con Cristo.

 

Esta es la reunión de Efes. 2, no de  Efes.1. Esta es la reunión de los miembros de Su cuerpo, no de los sujetos de Su gobierno.

 

Algunos, sé,  han  imaginado que por "todas las cosas en los cielos y la tierra"  significa la  iglesia. Pero ante todo la  expresión "todas las cosas," etc., prohíben el pensamiento.  La iglesia  nunca fue y nunca será, "todas las  cosas." Y aunque  ahora  el llamamiento está siendo efectuado sobre la tierra, no es una reunión allí, sino fuera de  esta, y aun cuando completa, está en el cielo; considerando que la reunión en Efes. 1:10 es una reunión, al mismo tiempo, de todas las cosas que están en los cielos y la tierra, bajo Cristo. Nuevamente, la iglesia no solo es un cuerpo elegido, sino que en el v.11 tenemos a miembros de ella referidos  como una cosa  adicional al encabezamiento de  todas las  cosas  bajo Cristo, "en quien también hemos obtenido" etc. Además, en el v.22 tenemos "todas las cosas" nuevamente referidas como  puestas  por Dios debajo de los pies de  Cristo. Quien es  dado como Cabeza  sobre todas las cosas a la iglesia; que  por tanto,  lejos de estar mezcladas en todas las  cosas, goza y  comparte Su  supremacía, como Su cuerpo  y gloriosa  novia.

 

Esto es completamente  confirmado por los versos inmediatamente antes y después  del v.10: en un caso donde el  misterio de la  voluntad de Dios es  dado a conocer  relacionado con todas las  cosas en los cielos y en la tierra; y en el otro, debido a que son referidos como  teniendo el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia. Tal es  lo que tenemos mientras tanto: no la posesión que viene  en la dispensación de la plenitud de los tiempos,  no antes, pero mientras  tanto el Espíritu, como arras hasta  la redención de la posesión adquirida, para alabanza de Su gloria. Porque cuando esa plenitud llegue, será gloria, Su gloria,  y no como ahora  los tratos y riquezas de Su gracia, ¡Qué el Señor apresure ese glorioso día!

 

 

 

W. Kelly