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EL MISTERIO DEL OLIVO

 

La epístola a los Romanos se divide naturalmente en tres partes. Los cap.1 al 8 son doctrinales, y nos presentan el evangelio de la gracia de Dios en su plenitud. Los cap.9 al 11 son dispensacionales, y tratan con el pasado, presente, y futuro de Israel. Los cap.12 al 16 son prácticos, y nos presentan los resultados que debiesen fluir del conocimiento de las otras dos porciones.

 

Ahora nos volvemos a la segunda parte. Para comenzar podemos preguntar ¿Qué es una dispensación? Aun un gran y estimado predicador como C.H. Spurgeon dijo, cuando estaba criticando los escritos de otro, «demasiado lleno de verdad dispensacional, lo que quiera que eso signifique». Muchos otros tan confundidos como él, quizás no estarían dispuestos a confesar esto, cuando se usa ese término. Y a pesar éste es claramente escritural. La palabra "dispensación" se usa cuatro veces en nuestras Biblias Inglesas en las epístolas de Pablo, y una cuidadosa consideración de las instancias en las cuales la encontramos hará claro su significado.

 

Tres veces él habla de la dispensación que le fue encomendada (1ª Cor.9:17; Efes.3:2 y Col.1:25). Como siervo de Dios él había recibido instrucciones  concernientes al mensaje para la edad actual, que él nos muestra claramente era uno doble, abarcando la verdad del evangelio y la Iglesia o Asamblea. Una sola vez él usa la palabra en referencia a la edad futura, cuando declara que en "la dispensación de la plenitud de los tiempos" todas las cosas serán puestas bajo la autoridad de Cristo (Efes.1: 10). Claramente, como lo declara Heb.2, éste no es todavía el caso. Entonces, tenemos aquí al menos dos dispensaciones claramente marcadas; y de ellas podemos obtener una clave para la comprensión del término tan objetado y rechazado por el gran evangelista referido. La verdad dispensacional es distinguir la enseñanza de las Escrituras con relación a las varias dispensaciones, administraciones, en las que el hombre ha sido y será puesto. Porque esto es lo que significa una dispensación. Éste es un orden particular, o administración, para un tiempo particular.

 

Agustín escribió, "distinguid las edades, y las Escrituras son claras". Por falta de esto, ellas son muy confusas a la gran mayoría, pero la confusión está en sus mentes, no en las Escrituras.

 

Debe ser evidente al más superficial estudiante que la administración de Dios y la mayordomía del hombre no siempre han sido de la misma naturaleza. El orden que prevalecía en el huerto de Edén era diferente al que existía al lado exterior antes del diluvio, como el período posterior al diluvio al que lo antecedía. Aquí, entonces, tenemos tres dispensaciones. La primera es la de la inocencia. El hombre, sin el conocimiento del mal, fue puesto en una morada de delicias. Su dispensación fue una muy feliz hasta que ésta terminó debido a su propio pecado.

 

Desde el exilio de Edén hasta el diluvio hubo un largo período de casi 16 siglos, si seguimos la cronología aceptada. Éste fue un período cuando el hombre no tenía Biblia, ni tampoco la restricción de un gobierno organizado; él tenía una guía que los hombres llaman la luz de la naturaleza, unida con la luz de la conciencia. Pero este período terminó en corrupción y violencia prevaleciendo de modo que Dios cortó de la tierra toda esta iniquidad mediante el diluvio. Este período fue prominentemente una administración de conciencia, pero ésta falló miserablemente.

 

Una nueva administración comenzó cuando el gobierno humano fue establecido por Dios, y el poder magisterial y la autoridad fueron encomendados a Noé. Aquí tenemos un sorprendente ejemplo de la importancia de la verdad dispensacional. En la administración antes del diluvio Caín mató a Abel su hermano: y, como el gobierno aún no estaba encomendado a las manos del hombre, Dios puso una marca sobre el asesino, para que nadie lo matase. Después del diluvio fue dado el decreto, "el que derramare sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada". Dispensacionalmente, ambas cosas están en su lugar.

 

Para el mundo pagano no ha habido avance en las dispensaciones desde los días de Noé, como es claro por Rom.2:12. Pero después de la caída universal dentro de la idolatría por parte del hombre después del diluvio, Dios llamó a un hombre, Abraham, desde el otro lado del río Eufrates, donde sus padres servían a otros dioses, y le encomendó una nueva y gloriosa dispensación -aquella de la promesa de la Simiente. A la luz de esto anduvieron los patriarcas, de acuerdo a su medida, hasta que el declinamiento causó la esclavitud en Egipto.

 

A través de Moisés, después, otra dispensación fue introducida -la de la ley; que duró desde el pacto ratificado en Sinaí hasta el rechazo del Hijo de Dios- la Simiente, cuya venida había sido por largo tiempo predicha.

 

Esto abrió el camino para la actual administración del evangelio y la Asamblea, dada más plenamente a Pablo que a cualquier otro; que enseguida levanta la pregunta, ¿Qué de la esperanza de Israel?

 

La parte dispensacional de la epístola a los Romanos es la sucinta y perspicaz  respuesta a esta pregunta.

 

En el cap.9 se nos muestra que a Israel fueron hechas las promesas. El Mesías vino a través de ellos, y Él debía ser su Libertador y Rey. Pero ellos habiéndolo rechazado, ¿Ha sido el pueblo escogido cortado para siempre? El cap.10 nos suple la respuesta. En este tiempo presente queda una elección de gracia. Todos aquellos que confían en Aquel al cual la nación rechazó encuentran en Él un Salvador aun ahora.  Pero esto envuelve romper sus lazos con la nación como tal. Y al venir a ser parte de la Iglesia, el cuerpo de Cristo, será de lo que trataremos en el último capítulo.

 

¿Qué ha venido a ser entonces, de las promesas en cuanto al poder y dominio terrenal de Israel? ¿Serán ellas alguna vez cumplidas? Y si es así, ¿Cómo se explica la actual condición anómala del pueblo escogido durante la administración de la gracia? Esto es tratado plenamente, y aun así con simplicidad, en la instrucción en cuanto al misterio del olivo en el cap.11.

 

El olivo es el árbol que nos habla de los privilegios. Abraham es la raíz, porque la palabra es, "Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. 2 Y haré de ti una nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. 3 Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra" (Gén.12:1-3). El pueblo de Israel, por tanto, es representado por las ramas naturales. Los Gentiles son, ramas del olivo silvestre, injertado contra naturaleza en el buen olivo. A ellos el apóstol dirige una solemne advertencia y amonestación: "Porque a vosotros hablo, gentiles. Por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio, 14 por si en alguna manera pueda provocar a celos a los de mi sangre, y hacer salvos a algunos de ellos" (v.13-14). Es decir, que él se deleita en ver la gracia yendo hacia los Gentiles, y esperaba que por ello sus propios parientes conforme a la carne pudiesen ser movidos a tener un santo celo y decidir gozar para sí mismos la gracia de Dios, ofrecida primeramente a ellos, pero injustificablemente rechazada. "Porque si su exclusión es la reconciliación del mundo, ¿Qué será su admisión, sino vida de entre los muertos?" (Rom.11: 15). De acuerdo a los profetas, todo el mundo debe ser llevado dentro de la bendición a través de la bendición de Israel, en el último día, bajo el gobierno del Mesías. Si aun ahora, antes de que la palabra profética sea cumplida, la gracia ha salido a las naciones mientras el pueblo de la promesa es puesto a un lado a causa de su pecado, ¿Quién puede estimar el abundante favor que vendrá sobre todo el mundo cuando la largamente prometida restauración de Israel al final se cumpla como un hecho?

 

El rechazo del Mesías ha hecho que Dios -no anule Sus promesas hechas a los padres de los Hebreos, pero, -para sacar a luz Sus propósitos ocultos, hasta aquí no revelados, propósitos de gracia para los Gentiles durante un período de duración indefinida, mientras el pueblo del pacto está en parte cegado. Esto el apóstol lo despliega, declarando que Dios no ha olvidado Sus promesas a Israel, sino que su actual caída es el medio de introducir en una impensable bendición a los Gentiles; mientras Su antiguo pueblo permanecía todavía querido a Su corazón, aunque desconocido por un tiempo. Los Gentiles son como las ramas del olivo silvestre injertadas en el buen olivo, en lugar de las ramas naturales, que, a causa de su incredulidad, han sido cortadas (v.16-17). Esto es claramente contrario a la naturaleza.

 

Uno difícilmente sabe cómo tener lástima de la ignorancia o indignarse ante la presunción de un reciente critico que fríamente declara que Pablo evidentemente sabía muy poco acerca del proceso de injertar, escribir acerca de introducir ramas silvestres en un buen árbol no tiene sentido. Este juez demasiado confiado en sí mismo acerca de las cosas divinas no ha considerado que el instruido apóstol claramente declare que tal  proceder fue "contrario a la naturaleza" y de esta misma expresión él edifica un argumento, y por esto fortalece su exhortación.

 

Cito del v.18. A los Gentiles de esta forma introducidos en tan claro favor él escribe: "no te jactes contra las ramas; y si te jactas, sabe que no sustentas tú a la raíz, sino la raíz a ti. 19Pues las ramas, dirás, fueron desgajadas para que yo fuese injertado. 20Bien; por su incredulidad fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. No te ensoberbezcas, sino teme. 21Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, a ti tampoco te perdonará. 22Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; la severidad ciertamente para con los que cayeron, pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad; pues de otra manera tú también serás cortado. 23Y aun ellos, si no permanecieren en incredulidad, serán injertados, pues poderoso es Dios para volverlos a injertar. 24Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿Cuánto más éstos, que son las ramas naturales, serán injertados en su propio olivo?" (Rom.11:18-24).

 

El argumento es claro y consistente a través de todo. Israel está ahora rechazado a causa de su incredulidad. Mientras tanto, la abundante gracia divina fluye hacia los Gentiles. Dios está tomando de entre ellos un pueblo para Su nombre (Hech.15: 14). Pero si los Gentiles abusan de Su gracia, como lo hizo Israel antes, ellos serán a su vez, rechazados; considerando que, si los hijos de la promesa son llevados al arrepentimiento, ellos una vez más serán tomados y bendecidos conforme a las promesas hechas a través de todos los escritos de los profetas. Por tanto él solemnemente declara, "Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis arrogantes en cuanto a vosotros mismos: que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles" (v.25). Hay un límite para la dispensación actual de gracia. Cuando este límite sea alcanzado, la plenitud de los gentiles habrá llegado, y Dios nuevamente extenderá Su mano sobre Su antiguo pueblo. "Y luego todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sión el Libertador, que apartará de Jacob la impiedad. 27Y este será mi pacto con ellos, Cuando yo quite sus pecados" (v.26-27).

 

Note cuidadosamente: no es el Redentor actuando desde el cielo, como ahora, es el Libertador viniendo de Sión; es decir, apareciendo una segunda vez  en Jerusalén como el Mesías de Israel, cuando "...derramaré sobre la casa de David, y sobre los moradores de Jerusalén, espíritu de gracia y de oración; y mirarán a mí, a quien traspasaron, y llorarán como se llora por hijo unigénito, afligiéndose por él como quien se aflige por el primogénito" (Zac.12: 10).

 

Esto guía a un estallido de alabanza por parte del apóstol que debe mover cada corazón a tono con el pensamiento de Dios. Con esto termina el capítulo. Éste es un sorprendente despliegue de los tratos de Dios, de los cuales, pocos parecen comprender su importancia. Al no dar atención a la advertencia, los Gentiles, como resultado, se han elevado en orgullo; y, en lugar de humildad y temor de Dios, se complacen a sí mismos en una jactancia laodiceana, como si el fin de la dispensación estuviese muy lejos, en lugar de muy cerca ya de nosotros.

 

Fallando en distinguir entre los llamamientos terrenal y celestial, el Cristianismo del día actual ha venido a ser una triste y sorprendente mezcla de Judaísmo, paganismo, y Cristianismo. La porción y esperanza de la Iglesia se ha perdido de vista, y esperanzas Judías son apreciadas en todo lugar.

 

El misterio del olivo, si se comprende y toma en el corazón, será un gran correctivo para todo esto, y sería el medio de guiar al pueblo de Dios a distinguir claramente entre los dos llamamientos. Ciertamente que conviene a cada creyente verdadero alejarse de las vanas especulaciones de guías ciegos y no espirituales, y sondear las Escrituras para ver si estas cosas son así. Somos exhortados a andar como es digno de nuestro llamamiento, y sólo podemos hacer esto cuando comprendemos lo que es el llamamiento.

 

 

 

 

H. A. IRONSIDE