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EL GRAN MISTERIO DE CRISTO Y LA IGLESIA

 

      A través de todos los escritos del apóstol Pablo, él una y otra vez se refiere a un maravilloso secreto, que él designa en forma especial como "el misterio", o el "gran misterio". De otros misterios él trata, como ya lo hemos visto, y consideraremos también después; pero hay uno que es prominente como tal. Éste ocupa mucho de su ministerio, y es claramente la principal gema en la diadema de la verdad del Cristianismo; a pesar de ello por siglos éste fue perdido de vista completamente. De hecho, esto fue así hasta que nuevamente fue públicamente conocido a través de los escritos, predicación, y enseñanza de un distinguido ex-clérigo, J.N. Darby, a comienzos del siglos 19, esta clase de ministerio no se encuentra en un sólo libro o sermón a través de todo un período de 16 siglos. Si alguno duda de esta declaración, investigue y sondee, como lo ha hecho el escritor en cierta medida, los comentarios de los así llamados padres, pre y post- nicenos; los tratados teológicos de los teólogos; escritores Romanos Católicos y de todas las formas de pensamiento; la literatura de la Reforma; los sermones y exposiciones de los Puritanos; y las obras teológicas actuales. Quien lo haga encontrará "el misterio" claramente ausente de todos estos escritos. De ordenanzas exaltadas al lugar de misterios, como en los ritos paganos, él encontrará mucho; ¡Pero en cuanto al misterio, que para el apóstol fue indeciblemente precioso, encontrará raramente una referencia!

 

Que una doctrina tan claramente revelada en las Escrituras se haya con el tiempo perdido casi completamente sólo puede explicarse por el judaizar de la Iglesia, y la posterior mezcla de las cosas terrenales que han nublado las celestiales.

 

Tratando de señalar la verdad del gran misterio, me he propuesto considerar varios pasajes en los cuales se hace referencia a éste, en el orden en el cual lo encontramos en nuestras Biblias Inglesas. El primer pasaje está en Rom. 16:25-27: "Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos, pero que ha sido manifestado ahora, y que por las Escrituras de los profetas, según el mandamiento del Dios eterno, se ha dado a conocer a todas las gentes para que obedezcan a la fe, al único y sabio Dios, sea gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén".

 

En la epístola a los Romanos el misterio no es desarrollado. Debemos volvernos a la epístola a los Efesios para eso. Pero en Romanos él se refiere a cuál era su especial línea de ministerio sin exponerlo. Pablo habla de manifestar el misterio que había sido mantenido en secreto. Ahora éste es dado a conocer -no a través del Antiguo Testamento- sino "a través de los escritos proféticos" (que es una mejor traducción que "escritos de los profetas"; es decir, que el misterio es dado a conocer en los escritos proféticos del mismo apóstol; él fue el vaso escogido a quien le fue dado desplegarlo "para la obediencia de la fe". Ahora, si el misterio es para aquellos que tienen fe para obedecerlo, es ciertamente de vasta importancia que cada hijo de Dios se instruya en cuanto a su verdadero carácter.

 

Antes de seguir adelante, permítanme presionar el principal punto aquí declarado. El misterio no formó parte de la revelación en las dispensaciones pasadas. Si hubiese sido de otra manera, Pablo no podría haber escrito justamente que éste había "sido mantenido oculto desde el comienzo del mundo". Éste fue parte de las buenas nuevas que fue comisionado para publicar, pero él no lo aprendió de las anteriores escrituras, o más claramente dicho del Antiguo Testamento, sino por directa revelación del Señor Jesucristo en gloria.

 

En 1ª Cor.2:6-7, después de rechazar la sabiduría del mundo, él escribe: "Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen. Mas hablamos sabiduría de Dios en misterio, la sabiduría oculta, la cual Dios predestinó antes de los siglos para nuestra gloria".

 

Aquí, creo, que él no habla claramente del misterio de la Asamblea, pero esto implica que algún grande y hasta aquí no revelado secreto era la carga de su ministerio a aquellos ya establecidos en el evangelio; entonces esto evidentemente incluye aquello que estamos ahora considerando. La crucifixión del Señor de gloria dio lugar para la declaración de este gran secreto, que nunca antes había sido dado a conocer.  Mientras el Mesías está a la diestra de Dios Padre, y el pueblo de Israel es puesto a un lado a causa del rechazo de su Rey, Dios está desplegando el propósito oculto de Su corazón al introducir una "nueva cosa" en la tierra, el cuerpo místico de Su Hijo, para tener parte con Él de todas las glorias en las cuales Él como Hombre todavía debe entrar, cuando la línea regular de la profecía nuevamente sea tomada.

 

Es a las epístolas de Efesios y Colosenses que debemos volvernos para el despliegue de este misterio. Su propio deleite se declara en Efes.1:9-10: "dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra".

 

Éste es el sorprendente propósito de Dios. El Señor Jesús ha sido rechazado por el hombre, y con cada indignidad que la maldad de su corazón podía planear, él ha crucificado al Señor de gloria. A causa de esto el reloj profético se detuvo en el Calvario. Ningún tic ha sonado desde entonces. Desde el momento que Él inclinó Su cabeza y entregó el espíritu al Padre, todas las glorias del reino predicho por los profetas han sido suspendidas. Pero Dios no ha alterado Su plan, sino que ahora hace conocido el hecho que cuando todo sea cumplido, el Señor Jesús no entrará en Su gloria solo. En la administración de la plenitud de los tiempos, la última dispensación, cuando la libertad de la gracia sea sucedida por la libertad de la gloria, el último Adán no estará sin una que comparta Su trono y las glorias de Su reino. La Iglesia es esa esposa, como nos lo muestra Efes.5. En el Milenio la Iglesia tendrá parte con Cristo en Su cetro y poder cuando Él sea manifestado como el Cabeza de todas las cosas, el Primogénito de toda creación.

 

¡Qué adecuado es que Aquel que sufrió humildemente sea exaltado gloriosamente! Pero cuán asombrosa es la gracia que lo guía a Él a decir de Sus redimidos, "La gloria que me diste, Yo les he dado", Él merece ricamente Sus honores. Nosotros sólo merecemos juicio e ira eterna. Pero Él nos saca de entre Judíos y Gentiles, que se unieron para crucificarlo, y forma un pueblo que estará cerca Suyo para siempre y como siendo Su cuerpo y Esposa.

 

Esto Pablo lo despliega en el cap.3, "que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio, del cual yo fui hecho ministro por el don de la gracia de Dios que me ha sido dado según la operación de su poder. A mí, que soy menos que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios, que creó todas las cosas; para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio de la iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales"  (Efes.3:3-10).

 

Ésta es la más plena declaración, o despliegue, de este precioso y maravilloso misterio que tenemos en toda la Biblia. Éste es tan claro que uno supondría que cada mente espiritual debe ver enseguida a lo que esto se refiere. Aun así los comentadores y expositores generalmente se contentan con hacer que éste signifique que en la edad actual Dios está extendiendo a los Gentiles la misma gracia que Él ofrece a los Judíos, de manera que los primeros por aceptar la oferta de Su gracia, vienen a ser participantes en el reino prometido a Israel.

 

Pero esto es perder de vista completamente aquello de lo cual Pablo fue un vaso escogido y que a él se le ha dado  a conocer. Las bendiciones de Israel son terrenales, y para el tiempo. Cuando ellos entren en ellas, el mundo Gentil se inclinará ante el Judío, y reconocerá su lugar superior. Aquellos que por largo tiempo han sido cola de las naciones, vendrán a ser cabeza de ellas. Éste es el testimonio universal de los profetas.

 

El misterio, por otra parte, es espiritual y pertenece al cielo. Un intervalo habiendo intervenido, Él ahora hace conocido Su propósito oculto que es tomar de entre Judíos y Gentiles un pueblo para el cielo; y quienes deben ser uno con Cristo por la eternidad. Ellos han sido bautizados por un Espíritu en un cuerpo (1ª Cor.12:13), y unidos por el mismo Espíritu al Cabeza en los cielos; de este modo indisolublemente unidos con Él. Su esfera de bendición es celestial; entonces, durante el tiempo actual ellos son peregrinos sobre la tierra. Cuando "la dispensación de la plenitud de los tiempos" llegue, todas las promesas de Dios a Israel serán cumplidas. Ellos serán bendecidos sobre la tierra. La Iglesia será bendecida en el cielo. Cristo será el centro de un universo redimido. Y Su esposa la compañera y participante de todas Sus glorias adquiridas.

 

Éste es el misterio; ¡Glorioso, inconcebible, grande, y trascendentalmente maravilloso!

 

Esto es lo que la unión del matrimonio sobre la tierra muestra. "Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia"  (Efes.5:22-32).

 

Es precioso realizar que cada feliz hogar cristiano, donde el marido y la esposa viven juntos conforme a este conocimiento, es un hermoso cuadro de este misterio no más ahora oculto, sino plenamente manifestado.

 

Cuando nos volvemos a la epístola a los Colosenses, encontramos el mismo y bendito tema introducido. Después de mostrársenos la doble forma en la cual el Señor Jesús es Cabeza (cap.1:15-19). Y el doble aspecto de reconciliación desplegado (presente para el individuo, futuro para "todas las cosas" v.23-29). Como en Efesios, así aquí; él es ministro del evangelio y de la Iglesia; él escribe: "Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la administración de Dios que me fue dada para con vosotros, para que anuncie cumplidamente la palabra de Dios, el misterio que había estado oculto desde los siglos y edades, pero que ahora ha sido manifestado a sus santos, a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; Que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria, a quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de Él, la cual actúa poderosamente en mí" (Col.1:24-29). Esto, con los primeros versículos del cap.2, concluye el testimonio en cuanto a este sorprendente misterio, en lo que concierne al uso de la palabra; pero cada ferviente estudiante debe observar, una vez que sus ojos son abiertos a esto, que éste forma parte del gran grueso de la instrucción dejada para nuestra edificación por el apóstol de los Gentiles. Se insiste especialmente aquí que el misterio es la gran verdad que completa la Palabra de Dios. Éste es la piedra superior de la enseñanza de la Escritura, como la cruz es el fundamento del evangelio. Cristo está ahora obrando entre los Gentiles, mientras permanece rechazado por Israel. Esto, el Antiguo Testamento no lo contempló. Que las naciones serían llevadas a reconocer su gobierno a través de Israel, se enseña claramente allí; pero que Él estuviese haciendo una obra entre ellos, mientras el Judío era puesto a un lado, era un secreto mantenido oculto en Dios. Comprender esto es entrar en la verdad para la dispensación actual. Por tanto el siervo del Señor trabajaba consagradamente para que aquellos ya salvados pudiesen ser enseñados con aquello que era de gran importancia.

 

Entonces él dice, "Porque quiero que sepáis cuán gran lucha sostengo por vosotros, y por los que están en Laodicea, y por todos los que nunca han visto mi rostro; para que sean consolados sus corazones, unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el misterio de Dios el Padre, y de Cristo, en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento" (Col.2: 1-3).

 

El misterio de Dios es Cristo; Cristo místicamente, Cabeza y cuerpo. Como Hombre Él se sienta en el trono de Dios, y Él es Cabeza de la Iglesia. Sus miembros sobre la tierra son aquellos redimidos por Su sangre y bautizados por el Espíritu Santo en un cuerpo. De este modo este gran secreto tiene dos partes; uno, relacionado con el Cabeza; la otra, con el cuerpo.

 

 

Fue impensable en edades pasadas que el Hombre pudiese sentarse sobre el trono del universo. Fue también inconcebible para un Judío que la pared intermedia pudiese ser derribada y los salvados de ambos lados hechos un nuevo y solo hombre. Pero Dios ha hecho posible lo que para todos salvo para Él mismo es imposible. ¡Que podamos entrar más plenamente a lo que es precioso a Su gran corazón de amor!

H.A. IRONSIDE