EL BALANCE DE LA VERDAD

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Verdad son las cosas como ellas son en el pensamiento de Dios. No es un lado de ella ni el otro, sino, el todo, como ellas son a la vista de Dios. La exposición de algún sujeto de acuerdo al pensamiento del hombre es verdadera a su juicio; es decir, que se declara que esta es vista, o puede ser vista por él. Pero esto en sí mismo no es la verdad, porque si una cosa es capaz de presentar una vista diferente cuando es vista desde el lado de Dios, entonces, aunque verdadera que ésta pueda ser a la conciencia humana, esta no es en realidad la verdad; y de esta manera la vista de un sujeto que podría parecer verdadero al hombre sería solo parcial, si la luz en que Dios la ve no es comprendida. Esto explica las vistas parciales en que las doctrinas o sujetos de las Escrituras, es atribuible a esta vista parcial de ellas. Si algún sujeto es claramente visto desde el lado de Dios, debe haber exactitud y perfección en esta; ella va tan lejos como Él lo ha designado, y brota de Él mismo. Considerando que, si ella es limitada a la vista del hombre de ella, es solo vista como lo afecta a él, y él a lo más solo puede trazar desde él mismo hacia arriba, en lugar de verla desde su fuente como de Dios, viniendo abajo hacía el hombre. No hay balance si la gracia de Dios es medida por la ganancia del hombre y su necesidad de ella, porque entonces es hecha una cosa completamente limitada al hombre; y el hombre es hecho la medida de ésta. Esto debe ser parcial, porque este es el lado menor y no el mayor, y también debido a la fuente de la cual brota.

El hombre en el huerto de Edén fue el objeto, y él se apropió de todo como dado por Dios con relación a sí mismo. Pero para el hombre caído, con el juicio descansando sobre él de parte de Dios, cuán diferente es todo; él está en enemistad con Dios y evita a Dios. Si Caín piensa solo de sí mismo y se forma un juicio de su propio pensamiento en cuanto a la forma en la cual la distancia entre Dios y el hombre puede ser reparada, él está completamente errado. La necesidad de ofrendar es admitida por Caín, pero él limita sus pensamientos completamente a si mismo que en cuanto a los pensamientos de Dios en cuanto a él, un pecador, no tiene lugar en él, y ciertamente no hay balance allí. Abel por fe ve que Dios requiere una ofrenda, pero aquí está la gran diferencia entre ellos. Abel tiene la verdad y Caín no. La justicia de Dios demandaba una víctima, inocente, pero que llevara el juicio no merecido. Esa es la verdad. El pensamiento de Dios en cuanto a la justicia es respondido, y el hombre es aceptado ante Dios. De este modo ambos lados son plenamente provistos porque mientras Caín, quien pensó solamente de su lado, no se aseguró de ninguno.

Lot, mientras reteniendo la verdadera posición de estar en Canaán, limitó la verdad a sí mismo, buscó sus propios intereses, y terminó en Sodoma. Si él hubiese considerado su posición del lado de Dios él habría sido preservado, como Abraham, y al final él habría encontrado cual era la cosa justa, la cosa honrosa para Dios, era la mejor cosa para él mismo. El solamente pensaba de sí mismo, el balance se había perdido, y de este modo él perdió el elevado privilegio en el cual la verdad lo había puesto. Si él hubiese mantenido su ojo sobre Dios, él habría encontrado que su propio lado estaba bien asegurado. Esto es muy importante que nosotros lo sepamos, que dondequiera que limitamos una doctrina o una revelación a nosotros mismos, perdemos el valor de esto; pero cuando mantenemos el lado de Dios, siempre encontramos que el nuestro está asegurado.

El rey Saúl nunca pudo ver ningún lado salvo el suyo propio, y consecuentemente él siempre estuvo perdiendo la bendición. Fuese ya sea subyugar a Amalec, o celebrar una fiesta, o en batalla, él nunca podía ver nada de lo que estaba en el pensamiento de Dios; él vio todo de su propio lado, nunca el de Dios. El hecho es, que mientras más insisto en el lado de Dios, más enfáticamente me aseguro de lo que es perfecto y bueno para el hombre. Por otra parte, la gran cosa para David siempre fue el lado de Dios, aun en sus fracasos. Él veía las cosas del lado de Dios, y actuaba conforme a eso, porque es solamente verdad la que es así, y nada es realmente así, sino la que es así para Dios; cualquier otra cosa no es sino una vista falsa. Es una gran cosa cuando Dios viene primero a los pensamientos de uno; y esta fue la diferencia entre David y Saúl.

La gran evidencia del alejamiento de Israel de Dios, por lo cual han sufrido setenta años de cautividad en Babilonia, fue que ellos olvidaron a Dios, en el año sabático, por cuatrocientos noventa años; y ciertamente, al olvidar el lado de Dios, ellos de una marcada forma perdieron sus propias bendiciones. El año sabático era una muy notable evidencia del favor y presencia de Dios; pero ellos no pensaron de Dios, y perdieron su elevado privilegio, e implicó sobre ellos mismos una dolorosa cautividad. De esta forma fue con los cautivos en el tiempo de Esdras; después de sufrir mucho al retornar a la tierra, y después de comenzar a reedificar el templo, siendo estorbados, ellos dejaron de edificar por 16 años (Esd.4:24), y se excusaron a sí mismos, diciendo, “no ha llegado el tiempo…para que la casa del Señor sea edificada”, Hageo 1:2. Mientras ellos diligentemente se preocupaban por sus propias cosas, el lado de Dios era pasado por alto, y la consecuencia fue, “sembráis mucho y recogéis poco…y recogéis en saco roto.” La causa de pérdida para los santos en cada edad es justamente esto, que ellos están pensando en sus propias ganancias en conexión con la revelación de Dios en primera instancia, y de este modo Dios, la Fuente, se pierde. Pablo dice que él resistió a Pedro cara a cara, “para que la verdad del evangelio pudiese permanecer con vosotros,” (Gál.2:5). Pedro no pensaba abandonar el evangelio, pero por un momento él miró del lado de los hombres, y de este modo perdió el balance, y la verdad, que siempre es balanceada, estuvo en peligro. Plausible, sin duda, eran los argumentos usados para excusar la conducta de Pedro, aun Bernabé fue arrastrado, y él mostró el lado sobre el cual él estaba actuando por insistir en llevar consigo a su pariente Marcos consigo y separándose de Pablo; Hech.15:39. En las últimas epístolas (2 Tim.1) leemos que todos los de Asia habían abandonado al apóstol Pablo; no es que ellos hayan abandonado el mismo Cristianismo, sino de la verdad. Ellos no podían mantener más el lado de Dios como tampoco pudieron hacerlo Lot o los cautivos retornados bajo presión, o aun Pedro cuando el hombre era demasiado para él. La pérdida del balance de la verdad está en hacer del hombre el objeto. Cuando Jacob en Shalem (Gén.33) edificó un altar y lo llamó El-elohe-Israel, él conecta a Dios consigo mismo, en lugar de verse a sí mismo conectado con Dios. Esta es la forma en lo cual esto comienza; el primer amor se pierde. Cristo como el simple objeto se pierde, aunque todavía puede haber, como era en Éfeso, odiaba lo que era malo, y probaba la falsedad de las pretensiones eclesiásticas; Apoc.2:2. La fuerza y alcance de la verdad se pierde desde el momento que el ojo se aleja de Dios, y la revelación de Él mismo al hombre; de modo que en los últimos días, como encontramos en 2 Tim.4, sus oídos se alejaran de la verdad y ellos tendrán derechos que convendrán a sus gustos, gustos viciados que se han alejado de la verdad. Entonces lo que caracteriza a los fieles en los últimos días es, “has guardado mi palabra, y no has negado Mi nombre,” Apoc. 3:8). El lado de Cristo es enfatizado sobre los vencedores, y entonces la recompensa están en acuerdo con esto. Cada siervo de Dios en la hora presente encuentra, como él es cuidadoso de mantener la verdad, cuán fácilmente él podía ser puesto a un lado para hacer al hombre prominente en la materia de verdad que él está presentando; y mientras él más claramente insiste sobre que Dios esté primero en el pensamiento, más debilitado será él por un Bernabé, o abandonado por un Demas.

Si el evangelio que es predicado es lo que agrada el gusto, este debe estar completamente ocupado con el hombre y su necesidad, y hablar solamente del beneficio conferido por este. No hay otro pensamiento que lo que este confiere en beneficio sobre el hombre, y esta es la primera palabra para él; pero esta verdad no será balanceada excepto se muestre la relación en la cual este lo pone con Dios. El carcelero de Filipo se le dijo, “cree en el Señor Jesucristo, y será salvo.” Él cree y se regocija en Dios. El evangelio popular se detiene sobre el beneficio para el hombre, el alivio que el evangelio le imparte. Este no insiste sobre la cercanía a Dios al cual el rescatado es llevado. Se le ocupa a él con el bien y el beneficio para sí mismo, en lugar de fundamentar su gozo sobre la relación en la cual él está ahora con Dios a través de Cristo. En una palabra, Dios no es hecho prominente al alma, sino el beneficio. Aceptación para con Dios no es la ganancia presentada, sino el alivio para él mismo. Repito, no hay cuestión acerca de la ganancia; pero existe una gran diferencia entre tener ante uno a la Persona que ha cumplido la ganancia y la ganancia solamente como uno la siente. La Escritura pone a la Persona primero, y después la ganancia para el creyente; y el resultado es que su corazón viene a estar ocupado con Aquel que confiere la ganancia, y no solamente con la ganancia. Ahora, si uno está exclusivamente ocupado con lo último, siempre debe haber un ocuparse con uno mismo_ una ocupación con la ganancia que no aumenta esto, y tiende a hacerlo a uno solamente un favorecido individuo en lugar de uno unido a Cristo. Entonces las almas no son enraizadas y edificadas sobre Él, y no hay balance, porque la verdad no ha sido comprendida.

No hay balance en el evangelio que ocupa al alma exclusivamente con el alivio que ésta tendrá, en lugar de ocuparse con la Persona por medio de quien el alivio ha sido asegurado. ¿Puede estar la verdad donde Dios no tiene consciente y prominentemente un lugar? Ciertamente no hay balance allí. No es solamente la libertad del pecador de la condenación lo que proclama el evangelio, sino que Dios le ha encontrado un Salvador; no solamente que él es salvo, sino que como perdonado ahora está cerca de Dios. El paso entre lo bueno y lo malo es muy pequeño, aun así, es claro que, si el evangelio es limitado al beneficio que este confiere sobre el hombre, entonces el hombre está ante el pensamiento más bien que Dios. Ciertamente eso no es conforme a las balanzas del santuario. El evangelio muestra la gracia de Dios hacia el hombre, pero presiona sobre el hombre lo que es el Dios que tiene esta gracia_ no solamente el efecto sobre el corazón del hombre, sino un sentido de Aquel que confiere esto; no solamente el alivio, sino Aquel que alivia; no solamente la verdad, sino al Libertador.

Este es el mismo principio en cuanto a toda verdad y enseñanza. Si el beneficio del santo, o la felicidad, u orden a ver y buscar aparte de Él, o como haciendo a Cristo secundario, pronto se verá que la verdad se ha perdido; no hay balance. Y esto no solamente se ve rápidamente, porque lo que es dirigido peculiarmente a uno mismo, y para el propio beneficio especial de uno, parece bueno y útil y viene así dentro de la comprensión de la mente natural, por lo cual muchos contienen por la utilidad práctica de esto. La evidencia de cada fracaso en las dispensaciones es el intento de manifestar externamente lo que está faltando internamente; y entonces el Ritualismo y el Fariseísmo siempre cultiva cuando el corazón no está ocupado con Cristo, como Saúl destruyendo todo lo que era vil y librando a Agag (1 Sam.15:9), o los Fariseos en los días de nuestro Señor, o la levadura Laodiceana en nuestros propios días. Se detiene sobre el lado del hombre, pero el lado de Dios es pasado por alto. Todo es solamente de un lado, y el balance que caracteriza la verdad se pierde.