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IMPOSIBLE Y POSIBLE

Things New and Old Things New and Old: Volume 4 Luke 18:18-27; 19:1-10

 

“Un hombre principal le preguntó, diciendo: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna?

18:19 Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo Dios.

18:20 Los mandamientos sabes: No adulterarás; no matarás; no hurtarás; no dirás falso testimonio; honra a tu padre y a tu madre.

18:21 El dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud.

18:22 Jesús, oyendo esto, le dijo: Aún te falta una cosa: vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, sígueme.

18:23 Entonces él, oyendo esto, se puso muy triste, porque era muy rico.

18:24 Al ver Jesús que se había entristecido mucho, dijo: ¡Cuán difícilmente entrarán en el reino de Dios los que tienen riquezas!

18:25 Porque es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.

18:26 Y los que oyeron esto dijeron: ¿Quién, pues, podrá ser salvo?

18:27 El les dijo: Lo que es imposible para los hombres, es posible para Dios.” (Lc.18:18-27)

“Habiendo entrado Jesús en Jericó, iba pasando por la ciudad.

19:2 Y sucedió que un varón llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos, y rico,

19:3 procuraba ver quién era Jesús; pero no podía a causa de la multitud, pues era pequeño de estatura.

19:4 Y corriendo delante, subió a un árbol sicómoro para verle; porque había de pasar por allí.

19:5 Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio, y le dijo: Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.

19:6 Entonces él descendió aprisa, y le recibió gozoso.

19:7 Al ver esto, todos murmuraban, diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador.

19:8 Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.

19:9 Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. “

19:10 Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” (Lc.19:1-10)

 

Estas dos escrituras presentan un sorprendente e instructivo contraste entre un gobernador rico y un publican rico_ un contraste entre la imposibilidad del hombre y lo posible de Dios_ un contraste que ilustra, muy forzosamente la verdad que, aunque el hombre no está dispuesto ni es capaz de elevarse a Dios, aun Dios está dispuesto y es capaz de descender al hombre_ un contraste que prueba, muy claramente que, aunque el pecador es incapaz de hacer la obra necesaria, e indispuesto a pagar el precio necesario por “la vida eternal”, aun así Dios puede dar vida sin precio y sin labor. Esta es la  interesante lección puesta ante nosotros en estas  dos narraciones. Meditemos en ellas por unos momentos. 

En la persona del gobernador rico, tenemos a un miembro de una clase muy numerosa. Él fue uno evidentemente que de buena gana “haría lo mejor de ambos mundos.” Él estaba sobre fundamento legal, y estaba gobernado por un principio mundano. Su historia sugiere y responde a dos preguntas que han sido presentadas y respondidas miles de veces en la historia de la familia humana, es decir, ¿Qué debo hacer? Y ¿qué debo dar? Estas preguntas son muy simplemente respondidas, considerando que es evidentemente el deber del hombre cumplir toda la ley; y en cuanto al precio que debiese darse por la vida eterna, ¿qué menos podría Dios posiblemente demandar que todo lo que el hombre tiene? Dios no podría aceptar nada menos que una obediencia perfecta; y si la vida eternal es digna de algo, es digna de todo. Toda la ley debe ser cumplida, si el cielo debe ser alcanzado por medio de las obras; y nunca podríamos esperar ir al cielo a un precio más bajo que la plena renuncia de la tierra. Si la pregunta es, “¿qué debo hacer?”  La respuesta es, “todo lo que Dios demanda” Si la pregunta es, “¿cuánto debo dar?” la respuesta es, “todo lo que tienes”. Nada más y  nada menos. No menos que toda la ley_ ninguna fracción menos que todas tus posesiones. Sería la misma altura de la absurdidad esperar tener vida eterna sobre términos inferiores. Si usted desea hacerse su camino al cielo debe hacer “todo lo que está escrito en el libro de la ley.” Y si desea pagar su camino al cielo, ¿cómo podría posiblemente esperar entrar allí por menos que todo lo que usted posee sobre la tierra?

Esto explicará el notable método de Cristo de responder al gobernador rico. Él responde al hombre, no su pregunta. Él responde con Su penetrante mirada sobre la condición moral del inquiridor. Él muestra la obra para un legalista; y establece el precio para un negociador. Y si se nota, existe una conexión íntima entre las dos cosas. Si el gobernador hubiese sido capaz de hacer la obra, como él imaginaba vanamente, habría estado dispuesto a pagar el precio. Las dos cosas, muy ciertamente, van juntas. Pero considerando que  nunca ha habido un sólo miembro de la caída familia de Adán que fuese capaz de hacer la obra prescrita, tampoco ha existido uno dispuesto a pagar el precio  estipulado. Y además, cuando un hombre viene a estar convencido, por el Espíritu de Dios, de su indisposición e incapacidad natural, él jamás piensa en presentar una pregunta cómo, “¿qué debo hacer para heredar la vida eterna?”, porque él sabe muy bien que excepto la vida eterna un don gratuito, nunca  puede tenerla.

Sin embargo, el gobernador no había alcanzado el fundamento de  convicción divina cuando estaba en presencia de Cristo con su pregunta legalista. Y si mi lector comprende claramente toda la escena, debe tener en mente que nuestro bendito Señor está tratando, no con un pecador convencido, o un inquiridor ansioso, sino con un legalista y negociador_  no con uno cuyo gran deseo era alcanzar el cielo, sino con uno que deseaba tener el cielo y la tierra al mismo tiempo_ es decir, “hacer lo mejor de ambos mundos”. Esto simplifica el material asombrosamente. Esto hace todo claro. Cristo no pensaba  enseñar que el cielo podría ser alcanzado por medio de obras, o comprado con dinero; pero Él, de manera muy sorprendente, hizo claro que aun si esto hubiese sido posible, aun así el hombre no podía hacer la obra ni pagar el precio. Él probó, en el caso del gobernador, que cuando el cielo fue ofrecido al corazón humano, sobre los razonables términos de algunas posesiones  terrenales, el corazón humano deliberadamente rechazó el precio. No se nos enseña que el cielo puede venderse; sino que se nos enseña que si aun pensásemos que pudiese ser vendido por unos pocos miles, el hombre no pagaría la suma. 

¿Y no vemos la verdad de esto cada día? Los hombres piensan más en el dinero que de ir al cielo. Verdad, ellos desearían ir al cielo cuando mueran. No debemos sorprendernos de esto. Pero ellos desean tener este mundo mientras puedan. Ellos serían felices de “heredar la vida eterna”, y aun aferrarse a sus posesiones terrenales. Este es un vano pensamiento, y es menospreciable como  vano. Es absolutamente imposible tener los dos mundos. Esto debiese comprenderse claramente. Usted podría esforzarse en retener el cielo y el infierno, a Cristo y Satanás, luz y oscuridad, y combinar este presente mundo malo con ese brillante y bendito mundo venidero, por el cual están esperando los redimidos. Los dos son diametralmente opuestos, en cada forma posible.  Satanás es el dios de este mundo. Cristo es Señor del mundo venidero. ¿Cómo podría usted hacer lo mejor de estos dos? Imposible. El intento solamente puede ser considerado como consagrado egoísmo y más peligroso porque es aprobado por muchos de quienes podría esperarse una medida de fidelidad a Cristo. 

Sin embargo, si aquellos que practican y defienden este principio sin Dios ni Cristo, que destruye el alma, solo al meditar en la narración acerca del gobernador rico, ellos podrían ver alguna sana instrucción. Véalo con la balanza en su mano; la vida eterna está en un extremo, y algunos bienes  perecibles en el otro. ¿Cuál fue el resultado? El extremo que tiene contiene la sustancia invaluable vuela rápidamente y toca el techo, mientras el extremo que contiene lo que es pasajero se sumerge en tierra: y la pobre loca criatura junta sus bienes, y vuelve su espalda a Cristo_ al cielo_ a la vida eterna. Él prefiere una herencia que la muerte arrebatará, antes que una “incorruptible, inmarcesible reservada en el cielo” para todos aquellos que simplemente ponen su confianza en el nombre de Jesús. Él se aleja afligido, sin duda; ¿pero aflicción por qué? Porque no podía hacer lo mejor de ambos mundos. Su corazón había detectado, aunque su conciencia no había sido alcanzada; y su historia prueba a todos los que pesarán las pruebas, que es moralmente imposible tener a Cristo en una  mano, y al mundo en la otra; y además, que es imposible para el hombre acercarse a Dios por algo que él pueda hacer o dar. La vida eterna no puede ser alcanzada por obras, ni comprada con dinero. Esta sólo puede ser obtenida como “el don de Dios, a través de Jesucristo nuestro Señor.”

Esto nos conduce, en Segundo lugar, a considerar el caso de Zaqueo, el publican rico de Jericó, cuya historia prueba sorprendentemente que, “las cosas que son imposibles para los hombres, son posibles para Dios.” Al gobernador rico se le dijo lo que debía hacer y dar: el publican rico fue salvado sin que se le dijese o diese alguna cosa. ¿Por qué es esto? Porque el gobernador tomó el terreno de un legalista; considerando que el publican tomó el terreno de un pecador perdido, que deseaba ver a Jesús. Ahora, mientras es absolutamente imposible para un legalista llegar a Dios, es completamente posible para Dios acercar a Sí a un pecador perdido. Esto es bellamente ilustrado en la narración acerca de  Zaqueo.

“Y Jesús entró y pasó a través de Jericó. Y he aquí, había allí un hombre llamado Zaqueo, que era principal entre los publicanos, y él era rico. Y buscaba ver a Jesús, quién era Él; y como no podía pasar, porque era pequeño de estatura. Y corrió delante, y subió a un sicomoro para verlo, porque Él debía pasar por ese camino.”

Aquí, entonces, tenemos ante nosotros, lo posible de Dios. Zaqueo, tomando su lugar sobre el sicomoro, estaba ante los ojos de Jesús como uno de aquellos a quienes el padre traería y acercaría a Él; no importaba, en el más mínimo grado, lo que él fuese_ rico o pobre, publicano o pecador_ ”Cristo “mirándolo, le dijo, Zaqueo, bájate y apúrate; es necesario que hoy vaya a tu casa” (Jn.6:37, “Todo lo que el Padre me da vendrá a Mi; y el que viene a Mí yo no le echo fuera”. Verdad, Zaqueo era “rico”, él pertenecía a la clase de la cual el mismo Señor había dicho, “cuán difícilmente entrará un rico en el reino.” ¿Pero qué de eso? El Señor Jesús lo veía como objeto de los eternos consejos de Dios, y un tema de los eternos designios del Padre. Él conectó el acto de subir el sicomoro con el propósito divino que fue formado antes de la fundación del mundo, y él procedió a actuar en prosecución de ello las buenas nuevas de una salvación gratuita a oídos del rico publicano de Jericó. Los observadores podrían “murmurar”; Zaqueo, también, podía explicar sus honestos y sinceros esfuerzos en la forma de dar limosnas y de restituir; pero Cristo fue verdadero al objeto que lo había traído desde el seno del Padre, y ese objeto era “salvación.” 

“Este día ha venido la salvación a esta casa, considerando que él es un hijo de Abraham. Porque el Hijo del hombre vino a buscar lo que se había perdido.”  (todo el pasaje en Jn.6; 

“Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias. 

6:2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que hacía en los enfermos. 

6:3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus discípulos. 

6:4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos. 

6:5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan para que coman éstos?

6:6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer. 

6:7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco. 

6:8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le dijo: 

6:9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos? 

6:10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de cinco mil varones. 

6:11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. 

6:12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. 

6:13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido. 

6:14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. 

6:15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

6:16 Al anochecer, descendieron sus discípulos al mar, 

6:17 y entrando en una barca, iban cruzando el mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro, y Jesús no había venido a ellos. 

6:18 Y se levantaba el mar con un gran viento que soplaba. 

6:19 Cuando habían remado como veinticinco o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se acercaba a la barca; y tuvieron miedo. 

6:20 Mas él les dijo: Yo soy; no temáis. 

6:21 Ellos entonces con gusto le recibieron en la barca, la cual llegó en seguida a la tierra adonde iban.

6:22 El día siguiente, la gente que estaba al otro lado del mar vio que no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se habían ido solos. 

6:23 Pero otras barcas habían arribado de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después de haber dado gracias el Señor. 

6:24 Cuando vio, pues, la gente que Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas y fueron a Capernaum, buscando a Jesús.

6:25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá? 

6:26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan y os saciasteis. 

6:27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os dará; porque a éste señaló Dios el Padre. 

6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en práctica las obras de Dios? 

6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que creáis en el que él ha enviado.

6:30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 

6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo les dio a comer.

6:32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero pan del cielo. 

6:33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da vida al mundo. 

6:34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan. 

6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás. 

6:36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis. 

6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera. 

6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 

6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero. 

6:40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero.

6:41 Murmuraban entonces de él los judíos, porque había dicho: Yo soy el pan que descendió del cielo.

6:42 Y decían: ¿No es éste Jesús, el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?

6:43 Jesús respondió y les dijo: No murmuréis entre vosotros. 

6:44 Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero. 

6:45 Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios. Así que, todo aquel que oyó al Padre, y aprendió de él, viene a mí. 

6:46 No que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios; éste ha visto al Padre. 

6:47 De cierto, de cierto os digo: El que cree en mí, tiene vida eterna. 

6:48 Yo soy el pan de vida. 

6:49 Vuestros padres comieron el maná en el desierto, y murieron.

6:50 Este es el pan que desciende del cielo, para que el que de él come, no muera. 

6:51 Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo. 

6:52 Entonces los judíos contendían entre sí, diciendo: ¿Cómo puede éste darnos a comer su carne? 

6:53 Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. 

6:54 El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero. 

6:55 Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera bebida. 

6:56 El que come mi carne y bebe mi sangre, en mí permanece, y yo en él. 

6:57 Como me envió el Padre viviente, y yo vivo por el Padre, asimismo el que me come, él también vivirá por mí. 

6:58 Este es el pan que descendió del cielo; no como vuestros padres comieron el maná, y murieron; el que come de este pan, vivirá eternamente. 

6:59 Estas cosas dijo en la sinagoga, enseñando en Capernaum.

6:60 Al oírlas, muchos de sus discípulos dijeron: Dura es esta palabra; ¿quién la puede oír? 

6:61 Sabiendo Jesús en sí mismo que sus discípulos murmuraban de esto, les dijo: ¿Esto os ofende? 

6:62 ¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero? 

6:63 El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. 

6:64 Pero hay algunos de vosotros que no creen. Porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar. 

6:65 Y dijo: Por eso os he dicho que ninguno puede venir a mí, si no le fuere dado del Padre. 

6:66 Desde entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás, y ya no andaban con él. 

6:67 Dijo entonces Jesús a los doce: ¿Queréis acaso iros también vosotros? 

6:68 Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna. 

6:69 Y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente.

6:70 Jesús les respondió: ¿No os he escogido yo a vosotros los doce, y uno de vosotros es diablo? 

6:71 Hablaba de Judas Iscariote, hijo de Simón; porque éste era el que le iba a entregar, y era uno de los doce.”

Esto es muy mal comprendido. Esta porción se usa para confundir a almas ansiosas, mientras, al mismo tiempo, se usa para ministrar a la indiferencia e indolencia de almas descuidadas. Cuando justamente comprendido, no haremos lo uno ni lo otro. En primer lugar, en cuanto a los ansiosos, siempre debiésemos tener en mente, que cada verdadero deseo por Cristo es el resultado de suave, aunque irresistible, atracción del Padre; y Cristo nos asegura que Él, de ninguna manera, rechazará a alguno que viniese a Él como el fruto del envío del Padre. Él descendió del cielo, no para hacer Su propia voluntad, sino la voluntad de Su Padre; y entonces, completamente irrespectivo de Su propio amor personal por las almas, Él salvaría como el Siervo de los consejos divinos. Esto hace la salvación del creyente depender de la cuestión de la habilidad y disposición de hacer la voluntad  del Padre. “descendí del cielo, no para hacer Mi voluntad, sino la voluntad de Aquel que me envió. Y esta es la voluntad del que me envió, que todo lo que Él me ha dado no pierda Yo nada, sino que lo levante en el último día.” Si, por tanto, existe en alguno un verdadero deseo por Cristo, ese deseo puede ser visto como una preciosa señal de que el Padre estaba dirigiendo a esa alma a Jesús, y bendito sea Su nombre, Jesús se hace a Sí mismo responsable por la eterna salvación de los tales.  

Entonces nuevamente, en cuanto al descuidado, a menudo escuchamos a personas decir, “sé que no puedo acercarme, y por tanto debo esperar el tiempo de Dios.” Esta es una completa falacia. Este es un abogar por continuar en la mundanalidad y pecado. Esto no tiene ningún fundamento en Jn.6. o en otra escritura. Cristo dice que salvará a todos los que vienen a Él, ya que todos los que vienen han sido traídos por el Padre, y Él se deleita en hacer la voluntad del Padre. ¿Puede alguna cosa ser más monstruosa que usar tal pasaje como argumento para el tierno y poderoso llamado del evangelio? Tal argumento ¿será de algún valor en el día de juicio? ¡Ah! No, este no será presentado entonces. ¿Por qué sería presentado ahora?

Aquí, entonces, tenemos el posible de Dios. Si Zaqueo hubiese sido llamado a guardar los mandamientos o vender todo lo que tenía en vista a heredar la vida eterna, habría encontrado esto tan difícil como el gobernador rico. Es imposible para algún gobernador, publicano, u otro, encontrar su camino al cielo por medio del camino de las obras. Existe solamente un camino al cielo y ese camino está marcado desde el trono de Dios hasta el pecador perdido por las huellas del amor divino; y está marcado hacia arriba desde el pecador perdido hasta el trono de Dios por la sangre rociada del Cordero. Todo esto está bastante bien, y muy  bello, dar a los pobres, y hacer restitución por algún daño hecho al prójimo; pero estas cosas nunca pueden comprar la salvación, porque esta no puede ser comprada por algo; y aunque pudiese serlo, el caso del gobernador prueba que el hombre no puede pagar el precio. El hecho es, que la salvación es tan gratis como el aire que respiramos, por esta simple razón, que esta ha sido traída a todos por “la gracia de Dios.” “En este día la salvación ha venido a esta casa.” 

Estas preciosas palabras presentan tres características en la salvación que la gracia de Dios trae. Esta es una salvación presente; una perfecta salvación; una salvación personal. “En este día.” Aquí vemos que es una  salvación presente. Mi lector, si no es salvado, no necesita esperar hasta mañana para ser salvo. El gran hecho sobre el cual depende la salvación fue realizado hace más de 1800 años atrás sobre la  cruz. La gran transacción ha sido hecha.

Todo está terminado. Jesús ha “quitado el pecado por medio del sacrificio de Sí mismo.” “Él sufrió por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios.” El alma que cree en este gran hecho es salvada en el mismo lugar donde se encuentra_ salvada ahora_ salvada para siempre. Él no tiene necesidad de ir hasta allí o allá, ni de hacer esto o aquello;  él sólo tiene que creer lo que Dios ha dicho acerca de Jesús, y ser salvo. 

Pero, además, esta es una perfecta salvación. “Este día ha venido la salvación” Ella no está viniendo; no está en camino; actualmente ha “venido”.  Esta fue realizada por Cristo, por nosotros, y esta es perfecta como solamente Él podría hacerla. Esta no demanda nada del pecador. Ella ha sido traída, en toda su divina plenitud a su puerta, y su solo título a ella es que él está “perdido.” Es solamente un pecador perdido quien necesita salvación, y nada sino una perfecta salvación sería de valor para uno que  está absolutamente perdido. No es solamente ayuda la que necesito, sino una plena salvación. Muchos dirán que esperan ser salvados “por la ayuda de Dios.” Este es un error. Existe una amplia diferencia entre Dios ayudándome a ser salvado y Su salvarme completamente. En el primer caso, yo coopero; pero en el último caso, Dios hace todo.

Finalmente, esta es una salvación personal. “Este día la salvación ha venido a esta casa.” Es importante ver esto claramente. Somos muy inclinados a generalizar con referencia a la material de la salvación. Hay muchos que dicen, “todos somos pecadores; y sabemos que Jesús murió por todos;” pero aun así ellos nunca han hecho de esto una material personal. Ellos nunca han sido llevados a  decir desde lo profundo de un corazón quebrantado, “estoy perdido”; pero Jesús me amó, y se dio por mí.” Los demonios creen que Jesús murió por pecadores, y esto no les es de ningún valor. La cosa es creer que Jesús murió por mí_  que una  plena, gratuita, y eterna salvación ha venido a mí_ que mis pecados fueron puestos sobre Jesús, y que Él los llevó en Su propio cuerpo sobre el madero, y los quitó para siempre de la vista de Dios. ¿De qué valor es la salvación si no es para mí? Si no puedo hacerla mía, no me vale de nada. Pero, bendito sea Dios, es para mí, porque soy un pecador perdido.” El Hijo del hombre ha venido a buscar y salvar lo que estaba perdido.” 

Entonces vemos que el pecador no tiene que esperar hasta mañana en vista a ser salvado; él no tiene que añadir a la salvación que la gracia ha traído; y él no puede levantar una sola cuestión en cuanto al hecho que la salvación se aplica a él, porque desde el mismo momento que él toma el terreno de un pecador perdido, la salvación de Dios se aplica a él tan verdaderamente como el aire ha sido designado para todos los que tienen pulmones para respirar, o los rayos del sol para  todos los que tienen ojos  para ver. ¿alguna vez alguien pensó cuestionar si la atmosfera y la luz del sol han sido designadas para él?  Ciertamente que no, mientras la razón  mantiene su lugar. Bien, entonces,  tampoco la pobre conciencia del pecador herido mantendría alguna sola duda en cuanto a la preciosa verdad de que la salvación de Dios no solamente es presente, y perfecta, sino también es una salvación personal. 

¿Y por qué? ¿Es porque él ha guardado todos los mandamientos desde su juventud?  No. ¿Es porque él ha vendido todo y dado a los pobres? De ninguna manera. ¿Por qué entonces? Simplemente porque “el Hijo del hombre ha venido a salvar lo que se había perdido” “Las cosas que son imposibles para el hombre, son posibles para Dios.” Pida a un hombre que abandone alguna  codicia que lo gobierna, algún placer apreciado, en vista a ser salvo. Él le dirá, “esto es imposible.” Pero cuando el hombre es llevado a verse a sí mismo como perdido_ cuando él toma su lugar como un pecador perdido y arruinado que merece el infierno, todo lo que él tiene que hacer es aceptar una plena, incondicional y eterna salvación a través de la sangre del Cordero. Que el hombre venga como un hacedor, y ¿qué menos podría decírsele que hiciese que “toda la ley”? Que el hombre venga como un comprador, ¿y qué menos  podría él dar, que “todo lo que él tiene”?  pero cuando el hombre viene como un  pecador perdido,  encuentra vida eterna como un don, y eterna salvación sin dinero y sin precio. Así fue con Zaqueo. El Señor Jesús fijó Su amante mirada sobre él y dijo, en efecto, “tendré a ese hombre en el cielo, aunque todos los poderes de la tierra y el infierno estén contra él.” 

Y ahora, una palabra en conclusión. ¿Hemos de suponer, por un sólo momento, que Zaqueo dejó de dar limosnas cuando encontró la salvación? No; fue solamente entonces que él aprendió a darlas sobre el verdadero fundamento. Es sólo como salvados que un hombre puede hacer alguna cosa justa. Hasta que encuentra a Cristo él no está sino arando sobre una  roca. Él puede ser muy ferviente; él puede hacer muchas cosas en vista a ser salvo; pero es solamente cuando un pleno y suficiente Cristo es alcanzado por la fe, que las buenas obras pueden ser realizadas o buen fruto puede ser producido. Cuando un hombre conoce y ama a su Señor él puede usar su talento justamente,  considerando que el legalista, quien considera a Cristo como un “hombre austero”,  irá y ocultará su talento en la tierra. 

                                                                                                                                                                    

                                                                                   C. H. Mackintosh.