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  EL PODER DE LA EVANGELIZACIÓN

 

"Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego"

(Romanos i. 16)

Predicar  el evangelio es  ya sea una cosa  débil, extraña, y un proceder menospreciable o el medio divinamente dado y honrado de salvación para el hombre, para la gloria de Dios. Y predicar a Jesucristo y  a Él crucificado podría parecer una ocupación bien digna de ridículo si Cristo mismo no fuese "el poder de Dios" y "la sabiduría de Dios." A los ojos de los hombres locura, éste sin embargo obtiene el éxito donde la más profunda  sabiduría del hombre falla absolutamente en ayudar a las  más profundas necesidades del alma: porque, paradójico como pueda parecer, la palabra de Dios declara, "Pues ya que en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios mediante la sabiduría, agradó a Dios salvar a los creyentes por la locura de la predicación" (1 Cor.1:21).La evangelización ofrece  eterna salvación a los perdidos a través de  Cristo.

Sin embargo,  bendito como es indudablemente el sujeto, no es mi parte ahora  considerar la dignificada posición de un evangelista como un embajador de Cristo. Sino que más bien permítannos preguntar ¿dónde está el poder del evangelista? Porque si el siervo de Dios no es divinamente inteligente en cuanto al verdadero secreto del poder, un vistazo a las fuerzas opuestas  sería desalentador para él, que probablemente lo llevaría a buscar alianzas no escriturales  para  enfrentar la supuesta  necesidad.

La enemistad de la mente carnal

¿No está el hombre natural en directa enemistad con el evangelio de Dios? El evangelio puro no solo es "locura" para él, sino que mueve  sus impías pasiones como lo hizo  notablemente contra nuestro Señor Jesucristo_ la  Verdad_ quien fue primeramente objeto de envidia, despreciado y después crucificado. Pero, además, el incrédulo en sus asociaciones con el mundo encuentra  allí todo lo que ministra a sus apetitos carnales, y que tiende a  establecerlo en su alejamiento de Dios. También, Satanás el dios de este mundo está activamente opuesto al Señor Jesús, usando su gran astucia para estorbar la obra del evangelio y arrastrar de este modo las almas al infierno. ¿Y qué poder tiene el evangelista para vencer  el antagonismo interior del hombre hacia este tema, añadido a lo que son las secantes influencias del mundo y Satanás?

El poder del Espíritu Santo

Ciertamente en sí mismo, él no tiene ninguno; él es completamente impotente.  Todavía, en la gracia y sabiduría de Dios, él no hace una guerra a sus propias  expensas. El Señor Jesús, antes de Su partida en presencia corporal ante los Suyos  los comisionó para ser Sus testigos en el mundo, y prometió enviar el Espíritu de Dios quien  estaría  en los santos y obraría con poder  a través de Sus vasos  escogidos. ¿Para qué fin? Cuando Él viniera, dijo el Señor, Él convencería al mundo de pecado, justicia y juicio (Jn.16:8). Y esto lo haría "no con palabras persuasivas de sabiduría humana, sino con demostración del Espíritu y de poder" (1 Cor.2:4)

De acuerdo a esto, en Pentecostés  un pescador galileo, lleno con el Espíritu Santo, acusó a los judíos con haber crucificado a Jesús de Nazaret, Varón aprobado por Dios. El resultado de ese testimonio en Jerusalén fue la conversión de tres mil  judíos obstinados y de corazón endurecido. Comenzando de este modo, el testimonio de  Jesús en la boca de discípulos sin letras esto fue reconocido como el poder de Dios para salvación por parte de los  sacerdotes judíos y cortesanos romanos, eunucos  etíopes y esclavos, delegados  imperiales y endurecidos  carceleros. ¿Cuál era el secreto de este poder de su evangelizar? Simplemente que los  hombres  hablaban por el Espíritu Santo que les había sido dado (Hech.5:32).

El poder de la palabra de Dios

Pero existe otra consideración. Mientras el mismo Espíritu Santo es en Sí mismo  un gran testigo personal, y es el poder de todo verdadero testimonio para Cristo en el mundo (Jn.16:26), la palabra escrita es la revelación autorizada de Dios hacia el hombre, que lo juzgará en el último día (Jn.12:48). Viniendo como de Dios, esta está llena con autoridad y poder divino.

Y despreciar o pasar por alto estas características  únicas de las Escrituras es calamitoso para el predicador como lo es para el oyente. "La palabra de Dios," dice el Espíritu de Dios, ".Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. 4:13 Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta" (Heb.4:12,13). Tampoco este poder se ha perdido o debilitado en el día que estamos viviendo.  Más bien, en contraste con las cosas efímeras a nuestro alrededor, la "palabra de Dios permanece para siempre." Y, "Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada" (1 Ped. 1:25). Entonces el siervo del Señor debe dar atención para no estimar livianamente lo que es la espada del Espíritu (Efes.6:17), y  que solo puede efectuar efectivamente la obra en aquellos que creen (1 Tes.2:13).

 

El poder de la oración

De esta manera es  evidente que el poder del testimonio para Cristo en el evangelio debe ser el Espíritu Santo operando a través de la palabra de Dios. Verdaderamente "tenemos este tesoro en  vasos de barro para que la excelencia del poder pueda ser de Dios y no de nosotros" (2 Cor. 4:7). Por medio de la oración el siervo de Cristo confiesa esto,  y encuentra que su suficiencia viene de Dios. Ver un notable resumen de estos elementos en un honrado testimonio para Dios: "Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios" (Hech.4:31). El Espíritu de Dios estaba en sus corazones, y la palabra de Dios en sus bocas_ "cuando ellos hubieron orado."

Este fundamental principio de la evangelización_ es decir que su poder siempre viene y es de Dios, y nunca del hombre_ nunca puede estar lo suficiente ante nuestros pensamientos. Porque suplementar este poder por algún medio humano, modelado ya sea  por los elementos del mundo,  o de los gustos de los hombres, es impugnar  la suficiencia de ese poder e ignorar la solemne advertencia en 2 Cor.6:14-16 contra la mezcla de luz y tinieblas.

El ejemplo de Pablo en  Corinto

Que el gran apóstol de los gentiles  actuó en completa dependencia del poder de Dios es inequívoco por 1 Cor.2. Cuando Pablo visitó Corinto él sabía que tenía que tratar con personas que  eran fácilmente persuadidas por sentencias bellamente formadas o por apasionados discursos, completamente aparte de la verdad o falsedad de lo que era proclamado. Y si alguna intrincada  especulación o sutil abstracción de "pensamiento" era debidamente presentada a una audiencia en una manera filosófica, oyentes atentos y admirados rápidamente serían ganados.  Aquí entonces ante el apóstol estaban los medios para atraer  a los corintios a su predicación y hacer el evangelio agradable y popular. ¿Cómo procedió el siervo de Dios? Escuchémoslo a él mismo: "Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. 2:2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 2:3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; 2:4 y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, 2:5 para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios." (1 Cor.2:1-5)

Pablo sabía que si ellos eran atraídos a Cristo simplemente por su elocuencia o razonamiento, es decir, "por la sabiduría del mundo,"  ellos estarían edificando sobre un fundamento de arena. Debe haber una obra divina para producir una fe  divina, y por tanto el apóstol se abstenía cuidadosamente de usar cualquier cosa que pudiese venir a ser bajo Satanás una  falsa base para la fe de las almas. El propósito y anhelo de su predicación era que la fe de sus oyentes  pudiesen basarse "en el poder de Dios."

 

Haciendo la verdad atractiva

¿Tiene este principio una aplicación hoy día?  ¿Están los evangelistas  hoy en libertad de  adoptar las cosas agradables de los hombres, las últimas novedades de la edad, o alguna  otra cosa  para hacer el evangelio de Dios atractivo para el mundo? Se dice que el evangelio es poderoso en sí mismo_ el poder de Dios para salvación  para todo aquel que cree (Rom.1:16) ¿No es éste suficiente? ¿Debe ser éste hecho "atractivo"? El corazón del hombre ha rechazado no  solo la palabra y las obras de Cristo, sino la bondad moral y la gloria divina de Su persona, éste no está más  dispuesto hoy para aceptar la gracia y la verdad de Dios en la historia de Su amor sobre el madero. Los hombres todavía  se esconden en la oscuridad y odian la luz.

¿Cómo entonces será hecha "atractiva" la verdad para ellos sin pervertir su carácter? ¿El predicador confiará en la verdad de Dios en su propio y santo poder y simplicidad para despertar la conciencia del hombre?  ¿O en este día,  usará medios adicionales por los cuales el hombre carnal será atraído, satisfecho, apaciguado, y llevado a aceptar el evangelio? Ciertamente, tal compromiso de la verdad de Dios es más bien tratar de agradar a los hombres que mostrar fidelidad a  Cristo y el evangelio. ¿Cómo se atrevería un siervo de Cristo a falsificar el testimonio de manera a suavizarlo para hacerlo convenir a los prejuicios de los no convertidos (2 Cor.2:17)? Esto no es tratar honestamente ni siquiera con los hombres con los cuales hablamos; muchos menos es  aceptable a la vista de Dios a quien servimos.

Música y canto

Pero mientras este falso principio se encuentra bajo esta "atractiva" predicación, esto de igual modo leuda  lo que puede ser denominado los "atractivos accesorios" del evangelio. Música y canto tienen una  indudable influencia sobre muchas personas. Buenas, sin embargo como estas  cosas pueden ser en sus lugares, es más grande la  necesidad de autorización escritural para su uso en el evangelio. Los descendientes de  Caín, cuando huyeron de la presencia de Dios, se hicieron a sí mismos confortables en la tierra de Nod con el arpa  y flauta (si no "el órgano" Gén. 4:21; ver también Job 21:12)

Algunos pueden decir que en la historia de Israel los instrumentos musicales  jugaron una parte importante en los servicios  religiosos de la nación.  Esto, sin embargo,  fue durante el periodo de prueba cuando el hombre en la carne fue  invitado a consagrar lo mejor como hombre para Dios; por tanto,  un bello templo, hermosas decoraciones, y música, y canticos tuvieron su debido lugar. ¿Pero no han pasado estas cosas en su relación con el servicio de Dios?  ¿No están ellas  entre "los rudimentos del mundo", que ahora no deben ser considerados,  que eran solo tipos  y sombras del Anti-tipo, que desde hace mucho tiempo ha venido y que permanece con nosotros? La adoración ahora es en espíritu y verdad, no en carne y forma. La melodía no está en los  instrumentos de  viento o cuerdas, sino en el corazón, "cantando y haciendo melodía (psallontes) en vuestros corazones al Señor" (Efes.5:19)

Cantando a Dios

Ya sea que  creyentes canten en la asamblea o en reuniones de evangelio, ¿no son sus  himnos la  expresión de sus corazones  a  Dios?  Si los santos  cantan a Dios, ¿a quién cantan? ¿Se piensa   realmente que ellos debiesen cantar para atraer a los no convertidos? ¿Qué es eso, sino  rebajar las alabanzas a Dios, y hacer de ellas un cebo para atraer a los hombres naturales a las salas o lugares de  reunión? Tal práctica ¿muestra reverencia y santo  temor? ¿No es este un esfuerzo para combinar la alabanza a Dios con la atracción de los hombres en la  misma acción? Declarar tal mezcla de motivos es realmente condenar esto; ¿es o no éste el hecho? ¿No es más seguro imitar a los apóstoles y sus compañeros? ¿O son los predicadores de nuestros días más sabios que ellos?

¡No! El principio de nuestro cantar es, y debe ser, que este debe ser para Dios. ¿Qué lugar entonces debe haber  para efectos instrumentales y corales y aun para solos?  Deje esto para aquellos que  predican poco o ninguna verdad. Es un pecado y una vergüenza  introducir en la predicación del evangelio elementos del mundo y del Judaísmo, de lo que hemos sido libertados por la muerte de Cristo (Col.2:20-23)

¿El fin justifica los medios?

Desconfío del argumento utilitario, es decir, del éxito en las cosas divinas, cuando nuestro primer llamado es  solo obedecer a Dios. Pero si la música y el canto refinado obran poderosamente sobre los sentimientos e imaginaciones de muchos, ¿cuán a menudo estos de esta manera  suplantan a Cristo en el alma? Había algunos en días pasados que vinieron al Señor movidos por meros sentimientos naturales.  La palabra concerniente a ellos  es solemne, "Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. 2:24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, 2:25 y no tenía necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre." (Jn.2:23-25)

Algunos establecen  su argumento, diciendo que su único objeto es la gloria de Dios en la salvación de las almas, y que la forma o medios adoptados vienen a ser  cosas  sin importancia. ¿No se parece esto demasiado a la petulante excusa del pecador en Rom.3:7? "Si la verdad de Dios ha abundado más a  través de mi mentira para Su gloria, ¿por qué  soy juzgado como un pecador?" ¿Es este un fundamento justo para que el pecador tome ante Dios? Ésta es de hecho la antigua falacia, y engaño de Satanás, "hagamos males para que nos vengan bienes."

Los siervos de Dios deben entonces  guardarse de no desestimar ni menospreciar el poder del Espíritu y de la palabra de Dios.  Y ciertamente  nadie negará que hay mucho en este  día que tiende  a  rebajar el carácter de la verdad de Dios, para que no seamos  tentados a  menospreciar y olvidar el poder de Dios en el evangelio. Apelando de varias formas  a la naturaleza  carnal del hombre hace obsoleto el testimonio del  gran apóstol de los gentiles: "Pues aunque andamos en la carne, no militamos según la carne; 10:4 porque las armas de nuestra milicia no son carnales, sino poderosas en Dios para la destrucción de fortalezas, 10:5 derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo," (2 Cor.10:3-5).       

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                        W.J. Hocking

                                                                                            (The Bible Treasury, 1887)