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LA OBRA DEL ENEMIGO

UNA PALABRA DE ADVERTENCIA

 

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Puede destacarse que donde existe una obra del enemigo, aun los santos siempre caen en ella si no la tratan como tal. Éstas tienen poder sobre el corazón humano, y donde no está en el alma el poder del Espíritu para juzgarla como el claro daño del enemigo (y así debe juzgarse donde ese poder se encuentra) el alma caerá en ella, como si ésta fuese más perfecta verdad que la que es enseñada por el Espíritu. Vea el judaizamiento de la iglesia al principio, trazado y detectado en las epístolas a los Gálatas y Colosenses, y en otras partes. Y vea en las iglesias de Galacia como los santos cayeron en ella. Vea la misma cosa en el Papado.

Ahora explicaré un poco más. Esto no quiere decir de ninguna manera que no hay verdades sostenidas por aquellos que caen en estas trampas. Muchas verdades importantes pueden ser sostenidas por tales personas. Tampoco debe pensarse por un sólo momento que verdaderos santos de Dios no estén expuestos a caer en estas trampas. Por el contrario, lo que hace importante considerar tales cosas es que éstas afectan a los santos de Dios. Si no fuese así, esto sería sólo una lamentable instrucción, pero no más, justo como la terrible oscuridad del paganismo, o la lamentable condición de un pobre incrédulo hijo de Israel. Tampoco esto quiere decir (aunque generalmente ésta tendrá un tinte legal, porque la carne en tal caso reasumirá más o menos su poder) que muchas buenas obras no serán hechas por aquellos bajo el poder de estas trampas. Ellos pueden abundar en buenas obras. De manera que al decir que existe una obra de Satanás, no estoy diciendo que no hay queridos hijos de Dios en ello; tampoco estoy diciendo que ellos no sostienen muchas verdades importantes, verdades fundamentales, como verdad es tampoco que ellos no estén haciendo muchas buenas obras. Todo esto se encontrará plenamente en el sistema del Papado, por ejemplo, como fue con los gálatas, quizás la primera forma de ese asombroso y engañador sistema.

Pero hay un punto que es justo tener en cuenta. Personas verdaderamente piadosas pueden ser los instrumentos para ayudar a un sistema que es verdaderamente de Satanás. Nadie puede dudar que Cipriano, quien puso su vida por el nombre de Cristo, que Agustín, Bernardo, hayan sido hombres piadosos. Aun así, aunque uno se opuso a Roma episcopal, y el último declaró que el anticristo se había levantado allí, nadie puede dudar que ellos ayudaron a una obra eminentemente de Satanás en el Papado. Ellos no percibieron el alcance de ciertos puntos sobre el significado y testimonio del Espíritu de Dios.

 

Además, no llamo a cada mal que encuentro una obra directa de Satanás. Por supuesto que su mano está allí. A un santo yo llamo una obra de Dios, aunque Satanás puede estropearla. De este modo creo que hay serios defectos y faltas en el “Establecimiento” (iglesia anglicana); pero creo que ésta ha sido una obra de Dios, estropeada por consideraciones humanas, que guiaron a aquellos que la formaron para adaptarla a las circunstancias y al estado de entonces de la población, y para introducir principios que quizás ahora se abren a esa obra de Satanás que comúnmente se llama Puseyismo. En ese también, me atrevo a decir, varios buenos hombres están trabajando, pero por falta de poder espiritual no han discernido la astucia de Satanás, que tiene una hermosa religión para la carne, una religión que a juicio de los hombres es la más hermosa (para los sentimientos naturales del hombre) que la de Dios, que actúa completamente sobre la conciencia, y da toda la gloria a Cristo. Así es también con los Disidentes: creo que eso también ha sido una obra de Dios: aunque con muchos defectos, pero aun así una obra de Dios. Y del mismo modo lo han sido otras. Pero el Papado y el Puseyismo son la obra del enemigo, aunque usted puede, y sin duda que será así, encontrar muchas personas queridas en medio de este sistema. Por supuesto los grados de poder maligno pueden variar. Hablo ahora sólo de su carácter y fuente.

Satanás no origina nada. Ésta es la prerrogativa de Dios. La obra de Satanás es estropear lo que Dios ha producido, cuando ésta ha sido dejada, como un efecto producido, a la responsabilidad del hombre. Dios creó a Adán. Satanás estropeo esta obra a través de la locura del hombre. Sólo hubo Uno al cual Satanás no ha podido tocar aquí abajo; en quien, habiendo puesto su mano contaminada sobre todo lo demás como príncipe de este mundo, en Él no pudo encontrar nada. Satanás no puede originar nada, pero puede edificar con vasta sagacidad un inmenso sistema, de corrupción, conveniente al mal que está en nosotros; si, y estampado con el carácter del mal que está en nosotros al cual es conveniente. ¿Qué sería del dinero sin la avaricia? ¿O de la superstición sin un principio natural de religiosidad en el corazón del hombre? Tal sistema puede ser un vasto hecho en la economía del gobierno divino considerado como un juicio, como el Mahometanismo; o una corrupción más sutil, como el Papado, lleno con sus más grandes daños, pero donde al enemigo de las almas no se le ha permitido borrar en la misma forma los grandes hechos del Cristianismo, en cuanto a la manera de la existencia divina y la encarnación, tampoco las verdades históricas del evangelio; hay allí serios defectos, en lo principal, la verdad permanece; o puede ser la ruina de algún testimonio especial de Dios, en la medida que permanece.

Un testimonio a alguna verdad especial puede decaer, o perderse, o verse privado de su poder por venir a ser meramente una ortodoxia establecida; pero no llamo a esto una obra directa o propiamente de Satanás. Llamo a ésta una obra de Satanás cuando, la bendición y el testimonio han sido  introducidos por el bendito Espíritu de Dios, cuando un esfuerzo sistemático se hace, produciendo un sistema regular: un esfuerzo que toma la verdad cuyo poder ha decaído en cuanto a la fe realmente para llevar al alma fuera de la influencia de las cosas adoptadas  presentes, o alguna verdad generalmente descuidada, y mientras parece que permanece en su base como un hecho, subvierte y la pone a un lado, arrojando nuevamente al alma  sobre un terreno que no es más una prueba de fe, aunque sea verdad (porque Satanás puede adoptar la verdad por un tiempo) e introduce aparente instrucción adicional, pero realmente esto es subversivo del poder de aquello que ha enseñado el Espíritu, y hace la autoridad de esta enseñanza sectaria, o supersticiosa, o ambas cosas, aunque éstas no durarán juntas. No estoy aquí hablando de la obra de Satanás en abierta y pública infidelidad.

Ahora, muchos pueden ser incapaces de detectar la obra de Satanás en esta forma. Pero habrá siempre suficiencia, a través de la fidelidad de Dios, para guardar realmente a las almas que esperan en Él para no caer en aquellas trampas; o, si ya habiendo escuchado, a través de la gracia sacarlas de éstas. Pero entonces aquello debe ser juzgado como malo, y no tratado meramente como una mera medida de lo mejor y lo peor.

Hay una distinción que debe hacerse.

Hay dos caracteres distintos de obra que hace Satanás, que pueden mezclarse; sin embargo, una, si sola, será efímera, la otra duradera. Primero, donde el poder no es el verdadero poder del Espíritu, en cuanto a detectar y juzgar la imitación de Satanás, allí puede levantarse fácilmente la imitación del poder, y aun donde existe una medida de verdadera fe y reconocimiento de Dios; pero sujeción, sujeción inteligente, por medio del Espíritu, a la palabra, no se encuentra. Donde esto está conectado con el establecimiento de ordenada autoridad humana, esto último puede subsistir, pero la obra misma es efímera. Tal obra estará probablemente conectada con algunos de los sentimientos más justos, si no de personas de juicio justo entre los cristianos, que tienen los sentimientos más fuertes del decaimiento que los ocasiona, pero generalmente habrá allí naufragio de la fe en algún punto. Aun así, esto presentará grandes dificultades para aquellos que no pueden discernir la obra del enemigo en medio de estos justos sentimientos.  Presentaré algunos ejemplos de esta forma de mala obra del enemigo, los Montanistas, Irvingitas, y en algunos aspectos, los Amigos. En cuanto a estos últimos, es bien sabido que aquello a lo que me referiré ha sucedido, y que ellos permanecen entre los hombres como los más quietos, y en muchos aspectos, el cuerpo de personas más estimable. Hablo de su primitiva historia. Lo que queda es la autoridad que fue establecida entre ellos, aunque con los antiguos Amigos había muchos defectos en doctrina.

No tengo dudas que esta obra comenzó en un justo sentimiento acerca de la falta de poder espiritual. Esto puede verse fácilmente en las obras de Dell.  Pero nadie que haya leído la notable historia de George Fox, Naylor, y muchos de los escritos de Penn, o conocido muchas de las doctrinas de los Amigos, puede dudar de las incursiones del enemigo. He añadido unas pocas palabras sobre esto, porque era un caso más mezclado y ambiguo; no pasaría por alto esto, porque es instructivo para la iglesia.

 

Pero existe otra forma de la obra de Satanás.

En esta, la verdad ortodoxa es en generalmente mantenida. Cualquiera pretensión a la posición de poder espiritual está basada sobre la posición de iglesia, no de alguna manifestación de poder, y de este modo parece honrar la institución de la iglesia, y a Cristo en ello. Se sostiene que Dios ha establecido allí, en esa institución, el asiento de bendición, y ésta es también una reconocida verdad, y la unidad del cuerpo de Cristo de esta manera es conectada con la institución. Pero la acción soberana del Espíritu de Dios es puesta a un lado, y aquello que actúa fuera de la institución formada es condenada como negando la autoridad de la institución de Dios y como pecado cismático, de este modo los actuales poseedores del poder de la institución, en su estado de entonces, realmente toman el lugar de Dios. Su poder es investido en ellos en lo que concierne a sus actos sobre la tierra. Condenación divina se liga a todos los que actúan independientemente de ellos. No se admite dependencia directa de Dios. Y de esta forma todo lo que pone a prueba la fe individual (porque andar con la multitud bajo autoridad no la prueba) es condenado como voluntad propia y presunción.

El sistema que juzga de este modo alega mantener la unidad de la iglesia. Esto puede existir en diferentes grados, y diferentes circunstancias; pero siempre liga autoridad divina, más o menos, a la posición oficial, y de esta manera pone al hombre en el lugar de Dios al unir Su nombre al hombre. Esta no es la energía espiritual en el hombre poniendo a las almas a través de Cristo en directa relación con Dios, el Padre. Allí las afecciones espirituales son felices y bendecidas. Éste es el hombre eclipsando a Dios, poniéndose entre el alma y Dios; no el hombre revelando a Dios, sino la autoridad de Dios ligada al hombre. Entonces pleno amor y gracia nunca serán conocidas. El Espíritu de adopción y la bendita seguridad de la salvación en el conocimiento de Él nunca existirán. Esto puede sobrevivir por un tiempo, pero no puede identificarse con tal sistema cuando éste ha madurado. Estar con Dios, mientras siempre hace al alma sumisa, debe hacer al alma independiente del hombre; es decir, asevera derechos, pero cuando la necesidad se presenta, dice, “es necesario obedecer a Dios ante que a los hombres”. La primera de estas obras de Satanás entonces es pretender a la extraordinaria operación del Espíritu. Eso es efímero. Esto es conveniente a los mal dirigidos pero justos anhelos por esa manifestación de poder espiritual que fue y es la única verdadera fuente de viviente bendición sobre la tierra, cuando ese poder ha desaparecido. El otro es el establecimiento de hombres en el lugar de ese poder. Esto es conveniente a la incredulidad, y en su pleno desarrollo siempre genera esto. El Montanismo ha pasado las pretensiones espirituales del Irvingismo de hecho han pasado; el sistema de hombres y ordenanzas establecidas por estos permanece. Así es prácticamente entre los Amigos. Esto es común a ambos, que la manifestación de Cristo en viviente poder para la paz de las almas, y la verdad en cuanto a Él es más o menos debilitada y puesta a un lado. Verdades ortodoxas pueden, como hemos visto en uno de los casos que he supuesto, son mantenidas, pero (como la obra del Espíritu es presentar a Cristo al alma, de manera que ésta esté en el poder de esa fe viva que establece al alma en la bendita comunión con el Padre en verdadero gozo, dejando la impresión de su propia eterna naturaleza sobre ésta, que sólo el Espíritu puede dar, y sólo Él puede mantener) la consecuencia es que tal comunión con Cristo se pierde, y la conciencia deja de estar ante Dios.

En el último de los casos que he supuesto la verdad cristiana generalmente se pierde; es decir, las verdades salvadoras conectadas con la persona de Cristo, y el error sustituye estos puntos. La alegada presencia del Espíritu eclipsa, en lugar de revelarlas. En lo último son plausiblemente subvertidas en sus efectos sobre el alma más bien que puestas a un lado; como la justificación por la fe en el sistema papista, donde, mientras cada verdad ortodoxa es mantenida, el amor y la obra de Dios en Cristo es, en cuanto a su eficacia, negada por un sistema tan efectivamente como podría serlo por el mismo Socianismo. En este caso somos capacitados para hablar de la plena y terrible madurez de esta permanente corrupción del enemigo. Pero aquellos conocedores de la historia, y más espirituales, saben que se necesita mucha espiritualidad para detectar sus comienzos y primitivo crecimiento; y que éste realmente brota de las mejores personas y de principios los más aparentemente piadosos que aparecen conforme al registro de las  Escrituras; de manera que, aunque son principios contra restantes que justamente pueden citar los Protestantes, aun así el pleno crecimiento del papado puede citar a los primeros padres para establecer en principio sus demandas, y para apoyar sus pretensiones. La bendita y perfecta palabra de Dios revela en un versículo esta historia: ellos comenzaron en el Espíritu, y terminaron en la carne. Si usted investiga quienes fueron las personas que pusieron las bases de este asombroso mal, encontrará que fueron aquellos que insistían sobre el buen orden y la unidad; esto no fue hecho en el poder del Espíritu Santo (Dios no es autor de confusión, sino de orden, en las iglesias), sino en arreglos que ligan al oficio la autoridad necesaria para mantenerlo. Puede haber habido un obrar carnal que ha dado la ocasión para esto; pero el remedio no fue el actuar espiritualmente sobre la conciencia y afecciones de aquellos que se extraviaban, porque esto es lo que vemos en las epístolas, sino la autoritativa imposición del orden, porque mucho del poder ya había desaparecido. De allí el efecto producido por el poder, la misma institución, la iglesia como un sistema ordenado (no la iglesia como redimida por Cristo), vino a ser el objeto presentado y fue hecho la guarda como una institución, en lugar de ser guardada por medio del cuidado espiritual. Entonces, cuando la institución exterior vino a ser el claro enemigo de Cristo y de Su pueblo, y éste ha retenido sus demandas, y usado su poder como siendo Suyo.

Ahora, aunque sutilmente al principio de manera que nadie percibiese, ahora sabemos que ésta ha sido una obra de Satanás. Ésta ha, por decir así, usurpado el mundo.

Estoy satisfecho que, en cuanto al principio de esto, una obra similar ha estado teniendo efecto en Plymouth. Esto siempre estará fundamentado sobre el poner a un lado prácticamente el poder de esa verdad que ha sido, en cualquier caso, dada, el principio de reunión, y el testimonio de Dios hacia el mundo.

 

No espero que cada uno pueda ver tal obra; pero, como ya he dicho, hay suficientes pruebas presentadas por Dios al ojo simple: que no habrá y no puede haber, para otros. Aquí añadiré algunos de los puntos que me parecen señalar la presencia e influencia del enemigo en general.

La primera señal de debilidad es la misma reunión viniendo a ser el objeto de atención, en lugar de que haya allí personas gozando la bendición de su posición por las relaciones y comunión que esto les ha dado con Cristo, quien ha venido a ser y fue su permanente objeto, revelando a Dios el Padre. Pero hablaré con más detalles, porque esto es más bien la ocasión del poder de Satanás que el fruto de ésta como una palabra positiva. Donde está esto último, encontraremos las santas afecciones espirituales quebrantadas y puestas a un lado para dar lugar a las demandas de la institución. Y así es en cuanto a las afecciones naturales; mientras a estas últimas se les da toda su fuerza y peso natural en práctica para mantener a las personas en la institución, y ampliamente usadas para este propósito. De la misma manera personas son ganadas y puestas bajo la influencia que actúa allí por ellos. La actividad y celo será por ese sistema. Este celo será por hacer prosélitos, y establecerlos en lo que los mantendrá allí, no para salvar almas o guiarlas a Cristo. Allí generalmente habrá una buena parte de actuar contra o desprecio de otros que aún sostienen la fe de Cristo.

Suprema importancia se ligará a las vistas que distinguen a la institución, no a lo que salva o lo que pone a la fe a prueba por medio de la revelación de Cristo.

Se encontrará también generalmente que buenas obras serán muy presionadas y eso en una forma sistemática en que estas obras sean para el sistema. La verdad, pienso veracidad, siempre estará faltando. Siempre he encontrado esto donde está la obra del enemigo.

Conectado con esto está el presionar mucho ciertas doctrinas, cuando es seguro, que ellas forman el eslabón de la institución, y negándolas en el alegado significado, o justificándolas, o poniéndolas a un lado, cuando ellos son presionados por aquellos que detectan el mal. Juntamente con esto se encontrará el atribuir a aquellos que sostienen la verdad cada doctrina que ellos aborrecen, donde hay suficiente influencia para hacer que sus declaraciones sean creídas. El papado es un claro ejemplo de esto.

Otra característica, cual sea la aparente consagración y devoción, si, y a veces verdadera devoción, es que el espíritu del mundo es admitido. Los pobres serán cuidados como instrumentos, y los ricos (y los inteligentes) lisonjeados en vista a apoyo. Otra característica es la extrema dificultad de fijarlos en alguna declaración definitiva, salvo como ellos tengan poder para imponerla; y entonces éste es un lazo sobre otros, y existe el más firme rechazo de todos los que no se inclinan a ello. Calumnias de los santos, y de sus doctrinas, han sido conocidas desde el testimonio de nuestro bendito Señor hacia adelante. La influencia de las mujeres y del dinero se encontrará que se usarán ampliamente.

 

En casos donde se encuentra el segundo carácter de mal he notado que las combinaciones de un partido siempre se encontrarán.

Existe otra característica, a menudo incomprensible para uno no bajo su influencia, y es esa incapacidad de conciencia para discernir entre el bien y el mal, una incapacidad para ver el mal donde aún la mera conciencia natural discerniría y una conciencia recta rechazaría esto enseguida. Hablo de esta incapacidad en verdaderos santos. La verdad es, que el alma no está, donde se encuentra bajo esta influencia, (porque puede ser justa en otras cosas), en la presencia de Dios, y ve todo a la luz del objeto que la gobierna; y en cuanto a estas cosas, la influencia del enemigo ha suplantado y tomado el lugar de la conciencia. Se encontrará que las marcas morales se unen a cada caso de poder maligno.

 

Extracto de Narrativa de los hechos, conectados con la separación del escritor de la congregación reunida en Ebrington Street. [Plymouth]

J.N.D