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¿Por qué me has hecho así?

 

Tantas personas debido a sus enfermedades, falta de capacidad o al entorno en el cual nacieron hacen esta pregunta

 

«Señor, ¿Por qué me has hecho así?»

 

Para comenzar es bueno considerar la soberanía de Dios en la salvación del hombre, el apóstol Pablo tocó este tema en Romanos 9:20-23

 

"Mas antes, oh hombre, ¿quién eres tú, para que alterques con Dios? ¿Dirá el vaso de barro al que lo formó: ¿Por qué me has hecho así? ¿O no tiene potestad el alfarero sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para honra y otro para deshonra? ¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria".

 

"¿Por qué me has hecho así?" Un hombre, al hacerle esta pregunta a Dios, en realidad no dice más que esto: Dios no tiene ningún derecho a juzgar el mal, y si Él no quiere dar su gracia a todos y salvarlos, al menos no debe castigar a nadie. De tal manera se excluye todo justo gobierno y Dios estaría obligado a soportar el mal, lo que ningún hombre honorable haría en su casa o en su entorno. Se olvida que Dios creó al hombre bueno y recto y que le advirtió solemne y enérgicamente acerca del pecado y sus consecuencias, pero el hombre sucumbió a la tentación y cometió pecado tras pecado, violencia tras violencia.

 

Pero se dirá: En las palabras del apóstol (en cuanto a que el alfarero puede hacer a voluntad, de la misma arcilla, un vaso para honra y otro para deshonra) ¿No hay una confirmación de los reproches que se le hacen a Dios? El lenguaje del apóstol es osado, a punto tal que hasta esclarecidos comentaristas de la Palabra de Dios han comprendido mal este pasaje, olvidando que lo que el escritor tenía en vista ante todo era mantener firme en toda su inviolabilidad la soberanía de Dios. Se olvidan de considerar que Dios en modo alguno hizo uso de su derecho, tal como se podía esperar según la imagen del alfarero. Los dos versículos siguientes nos muestran cómo obró Dios. No obstante, era conveniente con respecto a Dios y útil para el hombre dejar bien establecidos de antemano los derechos soberanos de Dios. ¡Cuán a menudo quienes hablan sin cesar de "derechos" olvidan que también Dios los tiene! Por cierto que, si existen derechos, los Suyos, como Creador, deben ser soberanos, sobre todo si recordamos que no sólo somos criaturas, sino criaturas caídas, pecadores que forzosamente deben cosechar los frutos de su mala conducta.

 

Veamos ahora cómo responde el apóstol a esta difícil pregunta: "¿Y qué, si Dios, queriendo mostrar su ira y hacer notorio su poder, soportó con mucha paciencia los vasos de ira preparados para destrucción, y para hacer notorias las riquezas de su gloria, las mostró para con los vasos de misericordia que Él preparó de antemano para gloria, a los cuales también ha llamado, esto es, a nosotros, no sólo de los judíos, sino también de los gentiles?". Ya hicimos notar que Dios debe necesariamente manifestar una vez su ira sobre todo el mal que se hizo y se hace todavía en este mundo, y que él debe hacer conocer Su poder al hombre orgulloso y obstinado si quiere mantener su carácter de Dios santo. ¿Cómo es, pues, que hasta ahora no haya manifestado esa ira y ese poder, y en cambio haya soportado con gran paciencia los vasos de ira? ¿Se tiene derecho a reprochar su falta de misericordia o su injusticia? ¿Acaso el Dios tres veces santo podría permanecer indiferente acerca del mal o tener comunión con él? ¡Imposible! Y sin embargo el hombre no ha cesado, durante toda su historia, de provocarle por medio del menosprecio de sus derechos, con su orgullo incorregible, con su inmoralidad, con sus imprecaciones y blasfemias, pero, a pesar de todo eso Dios aún espera y no ejecuta el juicio mil veces merecido. ¡Cómo ha dispersado gracia y longanimidad! Ha soportado los "vasos de ira" con una bondad e indulgencia maravillosas. Sí, no les ha mostrado más que gracia al hablarles repetidamente, "levantándose temprano", como otrora en Israel (Jeremías 25:3). Pero ¿Cómo respondieron los hombres? ¡Rechazaron todo su consejo y no quisieron saber nada de su reprensión! ¿Se equivocó él al hacerles comer del fruto de su camino y hastiarlos de sus propios consejos? (ver Proverbios 1:24-33).

 

El apóstol llama a estos hombres "vasos de ira" en relación con la imagen del alfarero, así como designa "vasos de misericordia" a aquellos que se someten a Dios y a su Palabra. Unos y otros se encaminan a su meta final, ya sea la destrucción, ya sea la gloria. Ellos están preparados para eso, pero ¡no perdamos de vista la gran diferencia que existe entre las dos preparaciones! Muchos no la han distinguido y por tal razón no captaron el sentido o la fuerza del argumento del apóstol. Acerca de los vasos de ira, el apóstol sólo dice: "preparados para destrucción", mientras que, para los vasos de misericordia, dice: "que él (Dios) preparó de antemano para gloria". Con relación a los vasos de ira no se dice aquí, ni en ningún otro pasaje, que Dios los haya preparado de antemano para destrucción. No, ellos mismos lo han hecho por sus pecados y sobre todo por su incredulidad y rebeldía contra Dios. En cuanto a los vasos de misericordia, es Dios quien los ha preparado, e incluso los ha preparado de antemano y los ha destinado a la gloria. Ellos no contribuyeron para que sea así; todo es obra de Dios, cumplida "según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos" (2ª Timoteo 1:9). Así, pues, sabemos que el mal sólo se produce del lado del hombre y no del de Dios, como así también que el bien sólo proviene de Dios y no de nosotros. Además, vemos confirmado nuevamente el hecho que el propósito de Dios permanece según la elección, no sobre el principio de obras, sino de aquel que llama. Los vasos de misericordia no están destinados a la gloria porque se hayan distinguido de otros por privilegios particulares o virtudes espirituales, sino que Dios los preparó de antemano para la gloria, sin condición, según su soberana elección, según la elección de la gracia. Es cierto que en el curso de los siglos, ellos han sido llamados, justificados, etc. Y si Dios da más fuerzas espirituales y dones de gracia a uno de los vasos que a otro, debemos recordar que ninguno es enviado a la guerra a sus propias expensas, a mayores privilegios mayores son las responsabilidades; sin embargo todos han sido preparados de antemano por Él. Por esa causa un día todos celebrarán la insondable e invariable gracia de Dios.

 

Ahora bien, interesante es considerar el mismo principio de la soberanía de Dios en las condiciones de vida en que cada hombre viene al mundo, «¿Por qué me has hecho así?».

 

Así, muchos hoy en día podrían hacer la pregunta: ¿Por qué nací ciego o sin mis piernas? ¿Por qué nací en esta familia, si yo no elegí ser huérfano de madre o con un padre alcohólico? ¿Por qué nací en la pobreza? ¿Por qué no tengo habilidades para dibujar, cantar? ¿Por qué no tengo capacidad para estudiar tal materia? etc, etc.

 

En todo esto, el lugar que nos tocó ocupar en este mundo, la elección de nuestros padres, la elección del ambiente en que creceríamos, y aún más, nuestros rasgos físicos, nuestras habilidades, nuestras incapacidades naturales, nada de esto hemos elegido, y sin embargo se nos ha dado, luego la pregunta «¿Por qué me has hecho así?» toma otro aspecto.

 

Veamos en Ev. Juan 9:1-3, "Al pasar Jesús vio a un hombre ciego de nacimiento. Y le preguntaron sus discípulos, diciendo: Rabí, ¿quién pecó, éste o sus padres, para que haya nacido ciego? Respondió Jesús: No es que pecó éste, ni sus padres, sino para que las obras de Dios se manifiesten en él".

 

Los discípulos al preguntar ¿Quién pecó? Están relacionando la ceguera o enfermedad con un pecado, conforme a lo que el Antiguo Testamento nos hace conocer como el gobierno moral de Dios. Sin embargo, la respuesta del Señor muestra que la soberanía de Dios ha querido manifestar Sus obras a través de este hombre necesitado; mostrando que como otro ha dicho "la necesidad del hombre es una oportunidad para Dios". Es en medio de este mundo en donde todas estas necesidades hablan al corazón del hombre, para que no se conforme al estado de cosas reinante ni sea cegado por una falsa brillantez y se vuelva al Aquel que es el único capaz de libertarlo. Como otro ha expresado, «Si no existiesen estas necesidades, el hombre podría decir: "Señor, todo a mi alrededor me hablaba de prosperidad, paz, alegría; y nunca me di cuenta de que las cosas eran contrarias a Ti, estaba de tal forma satisfecho que no entendí que eso no era Tu voluntad"; así las propias necesidades y miserias que se sufren en este mundo hablan al hombre y han sido dejadas para quebrantar su voluntad, que está esclava de sus pasiones y volverlo a la cordura de la reconciliación que la gracia de nuestro Dios ha provisto por la obra de nuestro Señor Jesucristo.

 

Aquí en las circunstancias del hombre ciego de nacimiento no era una cuestión de culpa o responsabilidad personal, él no había hecho nada malo para heredar esta deficiencia. Pero el Señor que miraba más allá, le había dado desde antes que naciera un medio para ayudarlo, para que esto lo volviera a la gracia de Dios y a creer en Su palabra. Nos es tal vez difícil comprender por qué Dios permite tal situación con miras a bendecir, pero nos olvidamos que la sanidad del cuerpo, terrenal y pasajero es poca cosa en comparación con la salvación del alma inmortal.

 

Veamos ahora Ev. Juan 5:5-6 y 14, "Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano?...

 

Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor".

 

Aquí encontramos la responsabilidad del hombre en su estado, por las palabras de advertencia del Señor sabemos que por sus pecados había venido a él esa enfermedad, luego, era el gobierno de Dios que lo había dejado enfermo, pero la gracia sobrepasa el juicio, y esta enfermedad había conseguido los propósitos por los cuales Dios la había enviado, el corazón de este hombre estaba en condiciones de responder a la gracia de Dios y creer en Su palabra. La advertencia del Señor ilumina la escena haciéndonos comprender que aquel hombre había sido libertado no tan sólo de su enfermedad, sino también del poder que lo obligada a permanecer en el pecado, y que lo llevaría a pasar por la segunda muerte, la perdición de su alma.

 

Luego, la pregunta «¿Por qué me has hecho así?» muestra que la soberanía de Dios ha escogido de antemano para nosotros el lugar en el cual las circunstancias por difíciles e injustas que pudiesen ser, son dadas con la finalidad de ayudarnos a que podamos volvernos a Él por medio del Señor Jesús y ser salvos del justo juicio que ha de venir. Además de esto una vez siendo creyentes somos los objetos de Su gracia por medio de los cuales manifestar Sus obras.

 

Hoy, a través de los medios de comunicación podemos saber de muchos casos de maltratos y abusos de individuos que desde niños han sufrido, casos en los cuales no parece posible ligar la soberanía de Dios al escoger la familia en la que nacieron; sin embargo, podemos preguntarnos ¿Qué pasó con esas personas que por años sufrieron el maltrato de sus padres, fueron violentados, secuestrados, pervertidos etc? ¿Podemos ver en ellos una conversión? ¿Es que acaso esos terribles dolores los hicieron humillarse ante el Señor y creer en Su palabra? Lamentablemente muchas son las almas que habiendo sufrido abundancia de males han preferido seguir su propia voluntad que acercarse al Señor y es esto lo que ha hecho que continúen siendo víctimas del mal.

 

Veamos el caso que se nos relata en Josué 2:1, "Josué hijo de Num envió desde Sitim dos espías secretamente, diciéndoles: Andad, reconoced la tierra, y a Jericó. Y ellos fueron, y entraron en casa de una ramera que se llamaba Rahab, y posaron allí".

 

Rahab era una prostituta que vivía en los muros de la ciudad de Jericó, por lo que se nos relata en el versículo 13, ella venía de una familia numerosa, con padre, madre y hermanos y hermanas. Pero ¿Qué hizo que ella fuese prostituta? Tal vez el hambre y la miseria o la inmoralidad y costumbre de una cultura depravada como eran los cananeos. El motivo de esto no se nos relata en las Escrituras, sin embargo, más adelante leemos lo que ella expresa: "Sé que Jehová os ha dado esta tierra; porque el temor de vosotros ha caído sobre nosotros, y todos los moradores del país ya han desmayado por causa de vosotros... Os ruego pues, ahora, que me juréis por Jehová, que como he hecho misericordia con vosotros, así la haréis vosotros con la casa de mi padre, de lo cual me daréis una señal segura".

 

Esta mujer ramera fue llevada a considerar lo que ningún otro habitante del país pensó, que en Jehová habría "gracia" para uno que ha creído Su palabra de que el juicio estaba cerca y se humilla ante Él. Ahora bien, Dios no hizo de ella una ramera, tampoco era Su voluntad que viviera esa vida, pero estos hechos hicieron que su corazón no estuviese satisfecho y esto preparo el camino para recibir la Palabra de Dios y que finalmente se volviese a Él. La salvación que el Señor le dio no tan sólo la alejó para siempre de esa antigua vida librándola del pecado, sino que reescribió su historia, haciéndola participar de la genealogía que traería a nuestro Salvador a este mundo, como se nos enseña en Mateo 1:5.

 

 

R. Brockhaus y otras meditaciones