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¿Es la Iglesia la sucesora de Israel?, Si es así

¿Ha sido entonces Israel desechado para siempre?

 

 

Esta última pregunta la responde el apóstol Pablo en el capítulo 11 de la epístola a los Romanos:

 

"Digo, pues: ¿Ha desechado Dios a su pueblo? En ninguna manera. Porque también yo soy israelita, de la descendencia de Abraham, de la tribu de Benjamín. No ha desechado Dios a su pueblo, al cual desde antes conoció".

 

El apóstol da tres pruebas en apoyo, la primera, que él mismo era, personalmente israelita. En su celo judío incluso había perseguido a las asambleas y forzado a los creyentes a blasfemar, y sin embargo Dios había manifestado todas las riquezas de su gracia y longanimidad hacia él al salvarlo y emplearlo en su servicio.

 

La segunda de las pruebas se encuentra en el versículo 11 del mismo capítulo: "Digo, pues, ¿Han tropezado los de Israel para que cayesen? En ninguna manera; pero por su transgresión vino la salvación a los gentiles, para provocarles a celos". Durante toda la historia del pueblo de Israel, largos períodos de oscuridad alternaron con cortos avivamientos, severos castigos con demostraciones de gracia, hasta que al fin Dios envió a su Hijo amado; pero lamentablemente, Aquel a quien Él quería colocar en Sion como la preciosa piedra angular vino a ser piedra de tropiezo y roca que hace caer para las dos casas de Israel. La profecía que anunciaba que un gran número de ellos tropezarían se había cumplido, pero ¿habían caído para no levantarse? No, Dios había revelado por ese medio otros designios de gracia. La caída de Israel había dado ocasión para procurar la bendición de las naciones. De nuevo ese perdón a favor de las naciones debía excitar a celos a los judíos para despertar en ellos el ardiente deseo de obtener nuevamente ese lugar. ¿Eso sucederá? Si, Israel será vuelto, sobre una base completamente nueva, a su antiguo lugar, lo repito: a su antiguo lugar y no implantado en la Iglesia cristiana, de la cual los judíos nunca formaron parte como pueblo. "Porque no quiero, hermanos, que ignoréis este misterio, para que no seáis ignorantes en cuanto a vosotros mismos; que ha acontecido a Israel endurecimiento en parte, hasta que haya entrado la plenitud de los gentiles; y luego todo Israel será salvo" (Ro.11:25).-

 

Hemos llegado ahora a la tercera y más contundente prueba del hecho de que Dios no rechazó a su pueblo pecador, sino que, en Su misericordia, le recordará al final y despertará en él un profundo arrepentimiento y un verdadero retorno de corazón a su Mesías rechazado. "Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios" (Ro.11:29). Un endurecimiento parcial le acaeció a Israel como juicio de su pecado e infidelidad, pero ese endurecimiento no durará para siempre. Después de la plena entrada de los gentiles o sea después que el último miembro de la Iglesia haya sido incorporado a ésta, ella será arrebatada al cielo antes de la hora de la prueba que debe caer sobre toda la tierra, y entonces en ese momento todo Israel será salvo, a saber, Israel como pueblo, compuesto solamente por un remanente. Ello no puede acontecer mientras dure la historia de la verdadera Iglesia, la reunión del cuerpo de Cristo, en el cual no hay ni judío ni griego.

 

Luego, si Israel en un tiempo aún futuro va a ser restaurado, entonces ¿Qué diferencia tiene con la Iglesia?

 

Dios tiene un sólo propósito: glorificarse Él mismo en Cristo. Pero el despliegue de Su gloria en Cristo envuelve dos esferas: la terrenal y la celestial. Israel está especialmente conectado con la manifestación de la gloria de Dios en Cristo "en la tierra", mientras la Iglesia, el cuerpo de Cristo está conectado con la manifestación en los cielos.

 

La Iglesia no ha reemplazado a Israel, tampoco es un continuador espiritual de Israel, porque el "cuerpo de Cristo" no es un pueblo terrenal como lo fue Israel, y como lo será después; sino más bien celestial, sentado en lugares celestiales en Cristo Jesús, con una esperanza celestial (Ef.2:6 y Filip.3:20-21).

 

Si Israel y la Iglesia, son dos entes completamente distintos en llamado, tiempo de acción y promesas; ¿Cuando termina uno y comienza el otro? o ¿Con qué hechos se relaciona su tiempo de testimonio?

 

Israel como pueblo de Dios comienza con su liberación de Egipto y del poder de Faraón. Luego, la historia de la nación de Israel como pueblo de Dios y del gobierno de esta tierra ha sido interrumpida por un paréntesis celestial que es la formación de una compañía celestial: la Iglesia, dicho paréntesis ha comenzado en Pentecostés, después del rechazo del Mesías y terminará el día de rapto; en todo este período su tiempo de testimonio se relaciona con el hecho de que el Espíritu Santo ha sido enviado a la tierra para reunir en uno a los hijos de Dios dispersos.

 

Si la Iglesia es algo distinto a lo que antes se ha conocido ¿Es por esto una revelación nueva de parte de Dios?

 

En la epístola a los Efesios (3:2-6) el apóstol Pablo señala: "si es que habéis oído de la administración de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros; que por revelación me fue declarado el misterio, como antes lo he escrito brevemente, leyendo lo cual podéis entender cuál sea mi conocimiento en el misterio de Cristo, misterio que en otras generaciones no se dio a conocer a los hijos de los hombres, como ahora es revelado a sus santos apóstoles y profetas por el Espíritu: que los gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio".

 

Para que podamos recibir la gran verdad de la asamblea sobre una base de autoridad Divina, el apóstol toma cuidado de explicar que él ha adquirido el conocimiento del "misterio" de la asamblea, no por comunicaciones de hombres, sino por revelación directa de Dios, como él dice: "Por revelación, el misterio me ha sido dado a conocer". Esto responde a una dificultad que puede surgir en relación con la verdad del misterio. Cuando Pablo anunciaba el evangelio en las sinagogas judías, invocaba invariablemente las Escrituras (Hechos 13:27-29) y los judíos de Berea son aprobados por haber examinado las Escrituras para ver si la palabra predicada por Pablo estaba de acuerdo con ellas. Desde el momento que Pablo anuncia la verdad de la asamblea, él no podía más referirse al Antiguo Testamento para confirmar esto. Sus auditores habrían sondeado en vano las Escrituras para ver si las cosas eran así. La incredulidad de los judíos les hacía difícil aceptar numerosas verdades que se hallaban en sus propias Escrituras, como vemos con Nicodemo que ignoraba la verdad del nuevo nacimiento (Ezequiel 36:26). Recibir algo que no se hallara en éstas y que pusiese de lado todo el sistema Judío que era descrito en ella y que había existido con la autoridad de Dios durante siglos, era para los judíos una dificultad casi imposible de vencer.

 

Numerosos cristianos apenas aprecian esta dificultad, por el hecho que la verdad de la asamblea está fuertemente oscurecida en sus espíritus, o totalmente perdida. La asamblea siendo para ellos el conjunto de creyentes en todos los tiempos, ellos están prontos a encontrar lo que ellos creen ser la asamblea en el Antiguo Testamento. Que éste ha sido el pensamiento de hombres piadosos es ampliamente probado por los títulos dados a diversos capítulos del Antiguo Testamento en ciertas traducciones. Pero si recibimos la verdad de la asamblea como ésta es presentada en la epístola a los Efesios, somos puesto en una dificultad que no puede ser resuelta, sino solamente en reconocer que la verdad de la asamblea es una revelación completamente nueva.

 

 

Estudio de Romanos por R. Brockhaus

Las Dispensaciones por J.N.Darby

 

y Efesios por H.Smith