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LOS TIEMPOS DE LOS GENTILES

 

 

 

Este es un término usado por el Señor Jesús para denotar el periodo de supremacía gentil en la tierra (Lc. 21:24). Este cubre todo el periodo desde la destrucción de Jerusalén por Nabucodonosor hasta la gloriosa aparición  del Señor Jesús para la libertad del pueblo de  Israel y para el establecimiento de Su propio reino milenial.

 

Fue la parte de Daniel darnos las particularidades. Su libro tiene un lugar  único  en el  volumen inspirado, y es, en consecuencia, de un carácter muy  importante.  Este  atraviesa un terreno no proseguido por algún otro  profeta. Los profetas en general  pasan en silencio  el  tiempo del dominio   gentil. Ellos  tratan con la conciencia del pueblo en Israel  y  Judá,  en cuanto a su estado moral  y el tiempo de su  testimonio,  y  después pasan a la venida de Cristo, cuando todos los propósitos de Dios concerniente a la tierra,  retrasados por el fracaso de la simiente escogida, serán plena y gloriosamente  cumplidos.

 

Pero la línea de Daniel es completamente diferente. Él no tuvo palabra directa para el pueblo en  cuanto a su estado  y prospectos, pero se le confiaron revelaciones  en cuanto  al período intermedio entre su puesta a  un lado  y su restauración final en  gracia. Su libro tiene dos partes. Daniel 1-6 registra visiones concedidas al monarca pagano, Nabucodonosor, con las  interpretaciones de ellas por Daniel, algunas de ellas  conectadas  con eventos históricos son también añadidas. Daniel 7-12 nos presenta visiones  otorgadas al mismo profeta, en donde el mismo terreno es cubierto como en Nabucodonosor, pero en una  forma mucho más  plena, con  referencia  especial al pueblo de Dios, la  nación de  Israel.

 

Daniel 1 comienza  con  una  solemne  declaración de que el rey de Babilonia  sitió  y tomó  Jerusalén, apresando al rey y llevando  al pueblo  cautivo, y llevándose  los  utensilios de la  casa de  Dios a  Babilonia. Es muy  importante  observar  esto, ya que  nos  presenta el  fundamento  sobre el  cual las profecías de  Daniel proceden.  El  trono de  David  era el trono de   Jehová (1  Crón. 29:23), y  Jerusalén  era la  ciudad de  Dios, la  ciudad del Gran Rey (Sal. 48:2,8).La intención de  Dios  desde el principio  ha  sido administrar la tierra  por medio del  pueblo de  Israel. Ellos  son el  centro de Sus  designios  con relación a la  tierra. "Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, estableció los límites de los pueblos según el número de los hijos de Israel" (Dt. 32:8) Aquí  aprendemos que la división de la tierra entre los  descendientes de Noé, registrada en Gén.10,11, no  fue  una mera materia de casualidad, sino  algo regulado por el Altísimo en vista a Su propósito  futuro. Israel, como hemos dicho, en Su centro.  Jerusalén  es  Su divinamente escogido asiento del gobierno, y la casa de David  sus  administradores   terrenales.

 

Todo  esto  falló,   ¡ay!  Como sucede a  todo lo que es  confiado a la   responsabilidad del  hombre.  Israel  abandonó a Jehová  su Dios,  y se mostró  como  un  infiel  testigo a las  naciones que lo  rodeaban.  La  casa de  David  se alejó de Él_ su  representante más  escogido, Salomón,  fue  líder  en el camino del mal. Dios  no puede ser  un partido para Su propio  deshonor.  Israel  habiéndose sumergido al  nivel de  aquellos que lo  rodeaban, si no  en algunos  respectos,  peor que ellos,  era entonces  imposible para  Dios  mantenerlos  en la elevada posición  en la cual los  había  establecido, especialmente  ya que  cada  fiel  testimonio por medio de  muchos profetas  levantados  no fue de  valor para  ellos.  El  resultado de todo fue que   Jehová  derribó el  trono que  Él mismo   había  establecido, desterrando a la   casa de  David  y a la  nación  culpable de la buena   tierra,  y  otorgó el poder  supremo , por un tiempo, a los  gentiles.  Este  poder  ha sido abusado por sus sostenedores  gentiles,  como lo  hizo Israel anteriormente, pero queda con ellos   hasta la  venida del  Hijo del   hombre, a quien pertenece  el  dominio  y la   gloria.

 

Daniel 2  nos presenta la   visión  concedida a  Nabucodonosor.  Este  fue  un despliegue   profético del futuro  y un  testimonio personal para él.  Él ahora era supremo en la  tierra.  Cada  enemigo  había sido sometido,  y él  había alcanzado la cima  de  la gloria  y majestad  terrenal.  ¿Cómo usaría él este  poder  y posición? El sueño  le  fue enviado  para que  supiera  que su posición no  había  sido  alcanzada  por   la mera  habilidad o poder, sino que la mano de  Jehová estaba en esto.   Entonces  él era  responsable de actuar como Su mayordomo  sobre el  trono de  la tierra.

 

No es  necesario  detenernos  sobre la  agitación de los pensamientos del rey  después de  ver  la  visión,  ni en su irrazonable  demanda   sobre los   Caldeos, por medio de lo cual la impotencia de  la sabiduría  humana  fue  manifestada.  Tampoco  hay   necesidad de detenernos sobre su  decreto  tirano, o en el ejercicio del corazón de  Daniel ante  Dios acerca de este asunto; sino que procederemos  directamente a la  visión y   su  interpretación.  El profeta  dice, "Tú, oh rey, veías, y he aquí una gran imagen. Esta imagen, que era muy grande, y cuya gloria era muy sublime, estaba en pie delante de ti, y su aspecto era terrible. 2:32 La cabeza de esta imagen era de oro fino; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus muslos, de bronce; 2:33 sus piernas, de hierro; sus pies, en parte de hierro y en parte de barro cocido.

 

2:34 Estabas mirando, hasta que una piedra fue cortada, no con mano, e hirió a la imagen en sus pies de hierro y de barro cocido, y los desmenuzó. 2:35 Entonces fueron desmenuzados también el hierro, el barro cocido, el bronce, la plata y el oro, y fueron como tamo de las eras del verano, y se los llevó el viento sin que de ellos quedara rastro alguno. Mas la piedra que hirió a la imagen fue hecha un gran monte que llenó toda la tierra" (Dn.  2:31-35)

 

 "Este es el sueño". En esta  gran imagen compuesta de cuatro metales,  es vista la monarquía  gentil  como   un todo,  con sus   variadas  deterioraciones. Nos detendremos más plenamente  ahora  sobre los diferentes   poderes; y por  ahora bastará nombrarlos_ Babilonia, Medo-Persa, Grecia,  y  Roma. Ellos son llevados a   un  fin por  el violento  golpe de  una  piedra  cortada sin manos, que  después  vendrá a ser  una montaña que llenará  toda la   tierra.

 

Algunos  han pensado que  esta piedra es el evangelio,  pero un momento de reflexión convencerá a  cualquier  lector  reflexivo que este es un error.  El  evangelio de la   gracia de  Dios no  está designado para  destruir  y dispersar los  reinos de la  tierra,  sino para  salvar almas  individualmente en   vista a  tener parte  con el  Hijo de Dios  en el cielo.  El  evangelio deja el poder  terrenal donde lo  encuentra, llamando a aquellos que  creen a  salir del  mundo para ser  peregrinos  y extranjeros aquí hasta que  venga el Señor.  La  piedra es  Cristo,  el  reino  viniendo en poder,  y  gloria, para derribar  todo dominio  y  autoridad.  Dios  se  ha propuesto poner   todas las  cosas   bajo los pies de  Cristo,  y  darle  un reino que gobernará  todo (Heb. 2:6-8;  Sal.8). Esto será  realizado  por medio del  juicio. Su  camino al  trono será  resistido cuando  Él aparezca, para  destrucción  y ruina de Sus enemigos, y de sus reinos para siempre  (Sal. 45:3-5; Dn.2:44;  Apoc.19:11-21).  Toda la  escena  entonces será puesta   bajo la mano de  Aquel a quien Dios puede  confiar, diferente a  Nabucodonosor, o Salomón  con toda su  sabiduría   y  gloria.

 

Volviéndonos  ahora a Dn.7,  donde el despliegue de estas materias  es  más plena,   y con justa  y especial  referencia al pueblo de Dios. La  visión fue  concedida  al  profeta "en el primer año de  Belsasar, rey de  Babilonia."  Es bueno  notar  esto. A los  hombres no le  agrada el pensamiento de que  Dios conoce el fin desde el comienzo,  y es  capaz de hablar de las cosas que no son como si fuesen. El poder babilónico no había sido aun quebrantado, aun así Dios da a conocer a Su siervo su sucesor en el dominio, prosiguiendo el tema  justo hasta la  venida del Hijo del   hombre.

 

"Daniel dijo: Miraba yo en mi visión de noche, y he aquí que los cuatro vientos del cielo combatían en el gran mar. 7:3 Y cuatro bestias grandes, diferentes la una de la otra, subían del mar." (Dn. 7:2,3). Aquí son vistos los diferentes  imperios gentiles, no como  un todo, como en  Dn.2, sino  de forma separada. El mar  es  un emblema de las  naciones, los  vientos son elementos perturbantes en general. De este modo cada uno de estos  imperios se  ha levantado de una  conmoción de las  naciones. Algunos preguntarán, "¿Por  qué ellos  son mostrados como  bestias  salvajes?  Aprendemos en esta  figura  su  carácter  a los  ojos de  Dios. Las  bestias viven para la  satisfacción de  sus codicias, sin  ningún sentido de  responsabilidad  hacia  Dios.  La  figura es  una.  Babilonia,  ni Persia, etc.,  han  gobernado  para  Dios; amor del poder  y ambición de  conquista han  caracterizado a cada uno de ellos en  un mayor  o menor  grado.

 

La primera  bestia  es  fácilmente  reconocida. Esta era "como  un león,  teniendo   alas de águila." Este es el poder de  Babilonia. Jeremías 4 alude a  esto  bajo la  figura de  un  león,  y Ezeq. 17:3 como  un águila. Jer. 49:19-22 une las dos figuras. En la   visión de  Nabucodonosor él fue  mostrado como la  cabeza de  oro. Este fue el poder al cual Dios  encomendó el dominio después de  poner a  un lado a  Israel y la  casa de  David.  Es  un hecho notable que mientras   Israel aun  era  reconocido por  Dios,  a  ningún  poder  se  le permitió  alcanzar la  supremacía en la  tierra. Egipto y Asiria aspiraban a  esto  y contendían por ello,  pero ninguno  obtuvo la  codiciada posición. Pero  cuando llegó el  debido  tiempo para  derribar el  trono de  David, se le permitió al poder  de  Babilonia que se  estaba levantando, subyugar a los  antiguos  imperios  nombrados, y de este modo llegar a  ser suprema entre las naciones.  La continuación  en esto dependía de la  fidelidad a la confianza  encomendada por Aquel que  gobierna en el reino de los hombres, y  da a quien quiere  el reino. Babilonia se mostró  infiel, y posteriormente  fue  puesta a  un lado. En  Dn.7:4  tenemos su humillación  mostrada en una sorprendente  forma. El profeta  veía que  sus alas de león le  eran arrancadas: "y fue levantada del suelo y se puso enhiesta sobre los pies a manera de hombre, y le fue dado corazón de hombre".  Otro  profeta  un  tiempo antes  había   dado los  límites  de  su dominio. Jehová   dijo a   través de Jeremías, "Y ahora yo he puesto todas estas tierras en mano de Nabucodonosor rey de Babilonia, mi siervo, y aun las bestias del campo le he dado para que le sirvan. Y todas las naciones le servirán a él, a su hijo, y al hijo de su hijo, hasta que venga también el tiempo de su misma tierra, y la reduzcan a servidumbre muchas naciones y grandes reyes." ¡Qué  comprensiva  es la  palabra de  Dios!

 

El  destructor   y sucesor de Babilonia  le  fue  mostrado a  Daniel como  un oso que  se  levantaba más de  un lado,  y  que  tenía  tres   costillas  entre sus dientes (Dn. 7:5). Este es el poder  Medo-Persa, el  bien conocido  captor de la  poderosa  Babilonia.  La  figura usada  adecuadamente muestra su ferocidad  y ambición de  conquista.  En su desigualdad podemos  observar la  exactitud del Espíritu de  Dios en los detalles de la  Escritura. En el próximo  capítulo,  donde  el mismo  imperio es  expresado por   un  carnero con  dos  cuernos , aprendemos que  uno era  más alto que  el otro,  y el  más alto creció después. (Dn. 8:3). Esta es  una  referencia al  hecho que  este  era  un  poder con dos  ramas,  y la  principal_ Persia_ era  el más joven.  De  esta  forma  el  Espíritu de Dios toma  cuenta un simple  y   conocido  hecho histórico.

 

El poder  Medo-Persa fue mostrado a  Nabucodonosor  como pecho  y  brazos de  plata,  y pronunciado  como  "inferior"  al suyo propio (Dn.2:39). Esta  inferioridad no era en  extensión de dominio, sino  en el  carácter del   gobierno.   Nabucodonosor  era  un  monarca  absoluto_ "A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba. " (Dn.5:19). El poder que lo  sucedió  estaba  más   limitado en  cuanto a  esto, los  príncipes, etc., jugaban una parte  importante en el  gobierno.  De  este modo  Darío se  encontró  siendo   incapaz  de  salvar a  un  inocente de la cueva de  los leones, aunque  deseaba  grandemente hacer   así. El  imperio que  siguió_ Grecia_  era  más militar en su   carácter,  su  gobernador  estaba,  en  gran  parte, bajo la   influencia de  sus  generales; mientras  el imperio romano, era mostrado  como  hierro en el  sueño del  rey  babilonio,  era  una   extraña mezcla de poder  imperial  y democracia.

 

La  tercera monarquía apareció ante  Daniel como un  leopardo que  tenía en sus  espaldas  cuatro  alas,  y  cuatro  cabezas (Dn. 7:6).  Esto,   como  ya se  ha observado,  es Grecia. Aquí es importante hacer unos  pocos comentarios en  cuanto a la  interpretación de estas  figuras. Se  ha  afirmado que,  en  vista a  comprender  las   visiones de  Daniel justamente, los  estudiantes  deben conocer  bien  los  hechos de la   historia  antigua.  ¡También se   ha  dicho que  esta  arroja luz sobre la  palabra de  Dios!  El lector debe  guardarse de  admitir  tales  ideas  en el pensamiento. La  palabra de  Dios  no  necesita  composiciones  humanas para que arrojen luz sobre ella, ella en sí misma  es  luz,  brillando para la bendición de  nuestras almas  en medio de las   tinieblas.  Se  admite,  por  supuesto, que hechos históricos confirman la palabra de Dios cuando sus profecías  se  han  cumplido, pero  Dios  ha  dado Su palabra  para que  Sus  santos puedan  conocer  Sus pensamientos  antes de que las cosas  sucedan, y sean patentes a cada uno. Si el estudiante compara la  escritura  en oración  y dependencia del  Espíritu Santo, será  capaz de comprender su alcance, aun cuando pueda ser muy deficiente en sus pensamientos,  en  cuanto a  muchos de los   grandes eventos  históricos del  pasado.

 

Pero sigamos con nuestro capitulo. El primero de los  poderes   gentiles  estaba aun  en  su curso,  aun  así el  Espíritu de  Dios habla del  tercer  y aun  cuarto  poder. ¿Quién  podía  declarar  tales  cosas sino Dios  mismo,  quien  conoce el fin desde  el  principio, y para  el cual el  tiempo  no es  nada, y para  Él  todo es un eterno ahora?.  De  esta  forma en  Dn. 8:21,  el poder  griego es  claramente  nombrado  como  el conquistador del poder  Medo-Persa. Su  rapidez  de conquista  se muestra por la figura de  un leopardo (una de las  bestias  más  veloces), con la adición de cuatro alas de ave para acelerar sus  movimientos. Tan  rápido fue  su progreso, que cuando  es mostrado como  un macho  cabrío en el  cap. 8:5, se dice, "he aquí un macho cabrío venía del lado del poniente sobre la faz de toda la tierra, sin tocar tierra; y aquel macho cabrío tenía un cuerno notable entre sus ojos" .En  tal  forma el  Espíritu de  Dios toma  cuenta de las  campañas  y  victorias  de  Alejandro el Grande.  Después de  su muerte, su reino  se dividió  entre  cuatro de  sus  generales, como  leemos "este  tenía cuatro cabezas."  El  gran cuerno del macho  cabrío  fue  quebrado, y en su lugar  se levantaron  cuatro notables cuernos (Dn. 8:8,22).

 

La  cuarta  bestia  atrajo  particularmente la atención del profeta  Daniel. "Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos" (Dn. 7:7). Este  cruel e  indescriptible poder  es  Roma. No  necesitamos  ir  fuera  de la  esfera de las  Escrituras para  interpretar  esto. En el comienzo del N. Testamento encontramos,  no a Babilonia, Persia, o Grecia,  como supremos en la  tierra, sino a  Roma,  y bajo su  gobierno  nació  Cristo en el mundo (Lc. 2:1; 3:1).

 

"Esta  tenía  diez  cuernos," estos son diez  reyes (v.24). Nunca esto  ha sido  verdadero en el pasado. El  imperio romano  ha  estado  bajo  un solo   gobierno. Es verdad,  que en los últimos  días de su supremacía muchos de sus emperadores  asociaron a  otros  consigo en la administración de  sus  vastos dominios, pero  nunca  hubo algo parecido a lo  descrito en la  visión de  Daniel. Aquí  tenemos diez  cuernos_ diez  reyes, y  uno levantándose entre ellos  y  viniendo a ser su  líder   y  cabeza. ¿Qué prueba esto? Muy ciertamente  que este  vasto poder,  por mucho  tiempo  disperso  y  quebrantado,  tiene  aun una  historia  delante de si, porque la  escritura no puede  ser  rota, y  cada una de sus palabras debe  cumplirse.

 

Esto es  exactamente  lo que se  revela  en Apocalipsis  13:1, Juan  vio a  una   extraña  bestia levantándose  del mar (el  tumulto de las  naciones),  combinando en si misma  muchas, si no  todas, las  características de las  variadas monarquías  gentiles  referidas   por  Daniel. Aprendemos  aun más en Apoc.17:8. "La bestia que has visto, era, y no es; y está para subir del abismo e ir a perdición; y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no están escritos desde la fundación del mundo en el libro de la vida, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será."  Esto explica  plenamente la materia.  "La  bestia que  has  visto, era"_ existió en el pasado,  "y no  es."  No  existe  tal poder  ahora,  pero  será  reavivado por el poder  de  Satanás en los  últimos  días  para el cumplimiento de  sus malos  designios contra  Cristo  y Sus  santos. Él  tendrá  éxito al  reunir  una   vez  más  los átomos de  ese gran poder  que  ha  estado en   un  estado de disolución desde los  días de Honorius.

 

El cuerno pequeño es su  última cabeza.  Tres  de los primeros  cuernos  fueron arrancados  delante de los ojos del  profeta.  Esto probablemente  significa el comienzo de  su  gran  poder será la sujeción de  tres  reinos,  lo que  guía  a que los otros siete se   unan  bajo  su  presidencia.  Esto puede ser juzgado como  aconsejable cuando el  tiempo llegue  a  causa del  serio  crecimiento de los principios democráticos,  haciendo  casi  imposible para los  gobernadores mantener restringido a su pueblo. Pero como quiera que esto sea  introducido el hecho general es claro, el imperio romano del futuro será una  confederación de diez  reinos,  cada  uno  gobernado por su propio soberano,  pero todos  sometiéndose al  cuerno pequeño.

 

Este  personaje  no debe  confundirse con el anticristo,  por  una  parte, o con el  cuerno pequeño de  Dn.8:9,  por la otra.  El  anticristo es  un  líder  religioso  más  bien que  un líder político,  su poder como  reino aparentemente  está  limitado a la  tierra de  Israel, donde  él será  aceptado como  el prometido  Mesías  (Dn.11:36). El estará  asociado con el  jefe occidental,  indudablemente, pero no debe  confundirse con él.  Apoc.13 muestra la   distinción  y  conexión.  El cuerno pequeño de  Dn.8 se nos dice claramente que se levanta de  una de las   cuatro divisiones del  imperio de Alejandro, y es idéntico, no  tengo duda,  con el  rey del norte en Dn.1.

 

La  cabeza  romana es solemnemente descrita en nuestro  capitulo  por el  Espíritu Santo. "Y hablará palabras contra el Altísimo, y a los santos del Altísimo quebrantará, y pensará en cambiar los tiempos y la ley; y serán entregados en su mano hasta tiempo, y tiempos, y medio tiempo." (Dn. 7:25).  Aquí se  nos declaran tres cosas de  él. (1) Él es  un  jactancioso  blasfemo.  Compare Apoc.13:1-6. Habiendo recibido su  trono  y autoridad del  dragón,  él desafía  y  blasfema  contra  el Dios del  cielo. (2) Él es  un persecutor.  Él  y su  ayudante, el  hombre de  pecado, tratarán de  borrar toda  confesión de Dios  y Su verdad, y de  esta  forma  vendrá  una  gran tribulación sin  igual,  de la que  ya hemos  hablado en estos artículos. (3) Él  tratará de destruir el orden y las instituciones  judías,  que son significadas por "tiempos  y  leyes."  Se le permitirá  hacer  esto por  espacio de   tres  años  y   medio, para la penosa aflicción  de los piadosos  en  Israel.

 

En  esta  conexión la  notable  profecía de "las setenta semanas" debiese ser examinada  cuidadosamente por el estudiante de la profecía (Dn.9).  Solo  tenemos  espacio  para  unas  pocas palabras  aquí. Este es el  termino de la desolación  y  esclavitud  de Israel  y   Jerusalén, comenzando con el mandato a restaurar y edificar Jerusalén (ver  Neh.2), terminando  con la  bendición  final  y  reconciliación del  pueblo. Esta se  divide  en  tres   partes_ siete, sesenta y dos, y una. Las siete semanas  están ocupadas con la reedificación de  Jerusalén,  las añadidas  sesenta  y dos, que  hacen  483  años, llevan la profecía  hasta la  manifestación del  Mesías  príncipe. ¡Cuán  literalmente en  cuanto al  tiempo esto  fue cumplido! probablemente    cada  lector de la  Biblia lo sabe.

 

Pero  el Mesías no fue recibido, por  tanto  leemos, "después de  la semana  sesenta  y dos  se le  quitará la  vida al  Mesías,  y no  tendrá nada" (así debería leerse el  v.26).  Él estaba autorizado  un  trono,  pero la  incredulidad de Su  pueblo no permitió que  fuera  así.  En  gracia sorprendente Él aceptó la  cruz en lugar de eso, donde la  fe  ve,  no solo la   incredulidad  y pecado  humano,  sino  también el  cumplimiento de la  redención.  Su  alma  fue  hecha  una  ofrenda por el  pecado, y sobre este  fundamento  todos los que  creen son justificados  y perdonados.  El  corte o  muerte del  Mesías es  seguido  en la  profecía por la  destrucción de  la  ciudad y del santuario,  con  guerras  y desolaciones  hasta el  fin.

 

El lenguaje del  verso es muy  preciso, y  debiese  cuidadosamente  notarse. "El pueblo del príncipe que  ha  de  venir destruirá la  ciudad  y el  santuario."  Cada  uno sabe  que el  pueblo en cuestión son los romanos; ellos  bajo Tito  capturaron  y  destruyeron a la  culpable Jerusalén. "El pueblo" ha  venido y hecho su  parte; "el príncipe que  ha  de  venir," se  levantará de en medio de ellos,  aun  no  ha aparecido.

 

Después observamos  un quiebre en la profecía, que  no es  una  cosa   inusual en las  escrituras proféticas. "Y  él  confirmará  un pacto  con muchos por una semana".  ¿Qué se piensa por  eso? Claramente, "el príncipe que ha de  venir;" y  él es el  cabeza  romano, este  mismo  pasaje es el  testigo de ello.  Todo el período desde la  destrucción de  Jerusalén  en el año 70  D.C.  Hasta el tiempo del fin es  ignorado en este  lugar.  Las sesenta  y nueve  semanas han expirado cuando  Cristo se  presentó en Israel; pero  queda  la semana setenta, siete años, que deben aun cumplirse. Sus eventos son aquí  brevemente  puestos  ante el  profeta. "a la mitad de la semana hará cesar el sacrificio y la ofrenda. Después con la muchedumbre de las abominaciones vendrá el desolador, hasta que venga la consumación, y lo que está determinado se derrame sobre el desolador." Este  pasaje, se reconoce, es difícil, y las traducciones pueden  variar, pero he   presentado la que nos provee el  sentido  más  simplemente. No  tenemos  espacio aquí  para   discutir el  verso,  del cual mucho puede  escribirse; pero brevemente  el siguiente es su significado.  El  futuro  cabeza de Roma (el cuerno pequeño de  Dn.7:8) formará un tratado con la multitud de los judíos  retornados; judíos, confirmándolos en sus posesiones  y  adoración. A la  mitad  de los siete años él  quebrantará su palabra, y  en asociación  con el  falso  Cristo en la   tierra, suprimirá su adoración.  La  multitud  aceptará esta sustitución de la  adoración de "la  abominación desoladora"  y a  causa de esto,  Dios permitirá al desolador_ el rey del  norte_ que  los  castigue,  el pueblo  judío de este modo continuará sufriendo,  bajo el gobierno de Dios, hasta que ellos hayan recibido la  medida del castigo divinamente decretado para ellos. Jerusalén es llamada "la desolada."  Compare  Isa. 62:4.

 

Ahora  volvamos  a Dn.7 con la luz provista  por el  cap.9.   Hemos  visto la   blasfemia  y  crueldad del último  cabeza  gentil; después  vemos su destrucción  y  juicio.  Daniel ve  una sesión en los  vv. 9-12; tronos  fueron establecidos y el Anciano de  Días se sentó en   juicio. El  resultado es,  que el dominio  fue quitado de las   manos  gentiles  y  dado al  Hijo del  hombre. "Miraba yo en la visión de la noche, y he aquí con las nubes del cielo venía uno como un hijo de hombre, que vino hasta el Anciano de días, y le hicieron acercarse delante de él. 7:14 Y le fue dado dominio, gloria y reino, para que todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieran; su dominio es dominio eterno, que nunca pasará, y su reino uno que no será destruido." (Cap. 7:13,14)

 

¡Qué refrescante es  esto después de todo lo que  ha pasado  ante  nosotros!  Dios  tiene a  Uno  reservado a quien puede  confiar el dominio  universal, y que  gobernará   y  actuará para Su  gloria. La  casa de  David  ha  fallado,  los  gentiles  han  fallado; esta  bendita  Persona nunca puede  fallar. El se sienta a la  diestra de  Dios ahora,   y la  fe lo contempla allí coronado  con  gloria   y  honor; pronto Él tendrá  todas las cosas puestas   bajo Sus  pies (Heb. 2:6-9).  Cuando  Él aparezca en  poder   y  gloria,  la última   cabeza de los   gentiles será  confinada  al lago de  fuego, en  compañía con el  hombre de  pecado (Dn. 7:11; Apoc.19:20):  Bien podía decir  el apóstol, "¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! " (Heb. 10:31)

 

El  reino de  Cristo llenará toda la  tierra. Nabucodonosor vio esto  bajo la  figura de  una piedra  cortada sin manos que  vino a ser  una  gran  montaña,  que  llenó toda la   tierra,  después de destruir  todos los poderes  adversos (Dn. 2:35). En este  gobierno los santos estarán asociados, y también en Su   juicio. "Hasta que vino el Anciano de días, y se dio el juicio a los santos del Altísimo; y llegó el tiempo, y los santos recibieron el reino. " (Dn. 7:22). ¡Qué  privilegio  y  dignidad para los que   creen en Su  nombre! Aun  así  ¡cuán inclinados somos a olvidar  esto,  y a sumergirnos a  un  nivel  humano! Los  corintios  son  una  triste  prueba de  esto.  Olvidando el  hecho que los  santos  han de reinar  con Cristo , ellos   habían aceptado la comodidad  y  honor en el mundo  actual;  pasando por  alto que los  santos  un  día juzgarán al mundo, ¡ellos se  estaban  acusando  los  unos a  los   otros en las cortes del  mundo para ser  examinados por los  injustos! (1  Cor. 4:8; 6:1-3). Esta es   una  solemne  advertencia  para  nuestras  almas, de esto podemos estar seguros.

 

En  vista de la  cercanía del  reino,  y de  nuestro lugar en este asociados  con el Señor  Jesús,  nuestro Dios desea que  sigamos   humildemente los pasos de Su amado Hijo,  aceptando la  cruz, y permitiendo al mundo seguir, por  Su  causa.  El  camino de  Cristo al  trono fue  a través de la  cruz;  Dios no  tiene  otro  camino  para Sus  santos.

 

 

Apresura, Señor, el  glorioso   tiempo,

Cuando,  bajo el  gobierno del  Mesías,

Cada  nación,  cada  clima,

Obedecerá  el llamado del  evangelio.

Entonces las  guerras  y  tumultos  cesarán,

Entonces la  pena  y el dolor serán desterrados;

Y la  justicia,  gozo,  y  paz,

Imperturbables  reinarán para siempre

 

 

 

 

W. W. FEREDAY