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EL HERMOSO VELO

Ex. 26:31-37

La construcción del tabernáculo, considerado en el último capítulo, comprendió el propio tabernáculo, el lugar santo, y el santísimo. Fuera de esto,  como se verá en el momento debido, estaba el atrio del tabernáculo, que completaba la triple división. Pero dentro de la construcción  estaban solo estas divisiones, el lugar santo y el santísimo. Pero esta división no había sido aún mostrada, pero ahora se hace provisión para ello en las direcciones dadas  en las siguientes escrituras concernientes al velo.

 

"También harás un velo de azul, púrpura, carmesí y lino torcido; será hecho de obra primorosa, con querubines; y lo pondrás sobre cuatro columnas de madera de acacia cubiertas de oro; sus capiteles de oro, sobre basas de plata. Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo. Pondrás el propiciatorio sobre el arca del testimonio en el lugar santísimo. Y pondrás la mesa fuera del velo, y el candelero enfrente de la mesa al lado sur del tabernáculo; y pondrás la mesa al lado del norte. Harás para la puerta del tabernáculo una cortina de azul, púrpura, carmesí y lino torcido, obra de recamador. Y harás para la cortina cinco columnas de madera de acacia, las cuales cubrirás de oro, con sus capiteles de oro; y fundirás cinco basas de bronce para ellas". (Vv.31-37)

 

Hay varios puntos distintos en la descripción del velo a considerar. En cuanto a sus materiales, se percibirá que ellos corresponden en cada detalle con aquellos de las cortinas que formaban el tabernáculo (Ex. 26:1) Como en estas,  por tanto,  así es con el velo, es Cristo que se nos presenta aquí, Cristo en lo que Él es  en cuanto a Su naturaleza  y carácter, Cristo en todo lo que será como Hijo del Hombre e Hijo de David en las glorias futuras de Su reino milenial, y Cristo, además, como Hijo del Hombre investido con supremo poder judicial.  Existe una diferencia que debe notarse. En las cortinas del tabernáculo el lino fino torcido viene primero; aquí es el azul el que tiene prominencia, y el lino viene al final. La razón es que las cortinas despliegan a Cristo en conexión con la tierra, de allí que la absoluta pureza de Su naturaleza  es la primera cosa que se declara; considerando que el velo muestra a Cristo más bien en conexión con  el cielo, y por lo tanto el azul, es carácter celestial, es prominente.

 

La interpretación del velo se encuentra en la epístola a los Hebreos, "Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo, 20 por el camino nuevo y vivo que él nos abrió a través del velo, esto es, de su carne" (Heb 1:19,20) De esto dos cosas pueden verse. Primero,  que el velo  en el tabernáculo ocultaba la escena de la inmediata presencia  y manifestación de Dios, así la carne de Cristo, Cristo en encarnación ocultaba  de la vista natural la presencia de Dios. Él era Dios manifestado en carne; pero Su carne, al mismo tiempo,  estaba calculada  para cegar los ojos de los hombres  a este asombroso hecho.  El segundo es,  que el velo era el único camino para entrar al lugar santísimo, de manera que Cristo es el único camino para llegar a Dios. Así lo dijo Él a Tomás, "Yo soy el camino, la verdad, y la vida, y nadie viene  al Padre sino por Mí" (Jn.14: 6)

Los soportes del velo eran triples. Allí estaban primeramente los pilares, después los ganchos, y finalmente, las basas de plata (V.32) Los pilares eran de madera de acacia, cubiertos con oro, como se ha visto en las tablas, etc.  Esto simboliza, como se muestra una vez más, la Persona de Cristo en Sus dos naturalezas, humana y divina, como Dios-hombre. La lección entonces es, que aunque el velo era sostenido por estos pilares, todo en la redención depende  de la Persona de Cristo Si Él no hubiese sido hombre, no podría haber muerto por nuestros pecados, y si hubiese sido solo un hombre, Su sacrificio no habría tenido valor para Su pueblo.  Pero siendo Dios y hombre Él podía hacer la propiciación  por los pecados de Su pueblo y por los de todo el mundo (1 Jn. 2:2) Todo el valor de Su obra fluye de su Persona; de allí la importancia  de retener firme la verdadera enseñanza escritural sobre este punto,  y guardar celosamente  esa bendita doctrina. Si la verdad de la Persona de Cristo puede ser minada y debilitada, toda la estructura  de la redención sería puesta en peligro. De allí el cuidado, y puede agregarse, la delicia del Espíritu de Dios de testificar a esto en cada forma, en figura y en tipo, como también en palabras distintas. Los ganchos eran de oro.

 

Y el oro nos habla de la justicia divina. Si entonces,  como se ha mostrado,  todo en la redención depende  de la Persona de Cristo, es igualmente verdadero, como visto en el hecho de que el velo estaba suspendido por estos ganchos de oro, que todo de igual manera  depende del despliegue de la justicia de Dios en Cristo.  O puede afirmarse  más directamente aún, que Cristo  es el camino a Dios en justicia divina. Porque ya que Él ha glorificado a Dios sobre la tierra, y cumplido la obra que Él le dio a realizar, la justicia de Dios se ha visto cuando Él lo resucitó de entre los muertos, y lo sentó a Su diestra en las alturas. Todo lo que Dios es, en lo que está interesado, y justamente interesado, al ponerlo y sustentarlo en la posición que Él de este modo ocupa. Las basas eran de plata, figura de la sangre de la expiación. Esto nos lleva abajo, al fundamento de todo, a la obra que Cristo realizó en la cruz. Estas dos cosas, la sangre y el velo, son unidas y combinadas  en el pasaje ya citado en Hebreos. Dios nunca olvidará que la cruz es el fundamento de todo, de la bendición para la Iglesia e Israel, como también para la reconciliación de todas las cosas. Y la delicia de Su propio corazón en lo que Cristo es y ha hecho, es suficientemente revelado en el hecho, que cada cosa pequeña en conexión con el santuario señala a lo uno o lo otro, todo de igual manera revelando, aunque en aspectos diferentes, a Cristo y Su obra.

La posición del velo es muy importante. "Y pondrás el velo debajo de los corchetes, y meterás allí, del velo adentro, el arca del testimonio; y aquel velo os hará separación entre el lugar santo y el santísimo" (v.33)Este de este modo encerraba, como antes se ha explicado, el lugar santísimo, en el cual estaba el arca del testimonio, el trono de Dios sobre la tierra, estaba allí puesto, de manera que nadie podía entrar allí, salvo Aarón una vez al año en el gran día de la expiación (Lv.16) ¿Y cuál, puede preguntarse,  era el significado de esto? La respuesta será dada en las palabras de las Escrituras: "dando el Espíritu Santo a entender con esto que aún no se había manifestado el camino al Lugar Santísimo, entre tanto que la primera parte del tabernáculo estuviese en pie" (Heb 9:8) Si entonces,  por una parte, como hemos visto, el velo, como una figura de Cristo, enseña la bendita verdad que es solo a través de Cristo que podemos tener acceso a Dios, el velo en sí mismo, por otra parte,  nos habla de distancia y ocultamiento.

 

Dios en realidad no podía  revelarse a Sí mismo, ni salir justamente al encuentro del pecador, o llevar al pecador a Si mismo, hasta que la cuestión del pecado fue tomada y arreglada  de una vez y para siempre.  Esto Cristo lo hizo, y como consecuencia, inmediatamente  y en el mismo momento en que Él entrega Su espíritu, el velo del templo se rasgó de arriba hacia abajo (Mt. 27). El velo  en el tabernáculo, por tanto,  mostraba que el camino al lugar santísimo no había sido aún manifestado, y por eso,  no solo probaba que la cuestión  del pecado aún no había sido tratada, sino también que el pueblo era pecador, y como tal no apto para estar en la presencia de Dios. Sacrificios y ofrendas eran ofrecidas a su favor, pero no hacían a aquellos que rendían el servicio perfecto, en lo que concernía a la conciencia, de otro modo ellos habrían tenido derecho a entrar en el lugar santísimo.  No,  no era posible que la sangre de toros y machos cabríos pudiesen quitar los pecados; entonces,  la culpabilidad estaba ligada a sus conciencias, por lo cual ellos no se atrevían a entrar a la presencia de  un Dios santo, y Él (sea dicho con reverencia) no podía salir a ellos, porque Dios en Su santidad es fuego consumidor.

 

La existencia del velo por tanto revela  el contraste entre la posición de Israel y aquella de los creyentes ahora. Israel era dejado fuera, nunca tuvo acceso  al lugar santísimo; Moisés,  reconocido en gracia como el mediador, y Aarón el sumo sacerdote, solo una vez al año, podía entrar.  Pero ahora cada creyente goza de este privilegio (ver Heb 10:19-22) El velo está roto; Porque "Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención" (Heb 9:11,12) Detrás del velo roto está por tanto nuestro único lugar de adoración; Y podemos entrar allí con toda libertad, porque Cristo con una ofrenda  ha perfeccionado para siempre a los santificados. Tampoco podemos olvidar otro contraste.

 

Aún cuando Aarón entraba en el lugar santísimo, él no estaba en la presencia de Dios como lo está el creyente ahora. Dios entonces solo se había revelado como Jehová; pero ahora los creyentes lo conocen como su Dios y Padre. Entonces el apóstol dice, "porque por medio de él los unos y los otros tenemos entrada por un mismo Espíritu al Padre" (Efes. 2:18) Mientras nos llenamos de admiración ante la sabiduría de Dios, como vista en las descritas glorias y sombras de Cristo en el tabernáculo, somos constreñidos  a inclinarnos ante Él con adoración cuando aprendemos por contraste, la gracia que nos  ha introducido en el pleno goce de  todo lo que aquí es tipificado, y de mayores bendiciones que estas.

A esto sigue  el ordenamiento del mobiliario (vv.33-35) Será necesario recordar una vez más  que el altar de incienso no es descrito todavía, porque es un símbolo de acercamiento (por lo que pertenece a  la última división  de esta sección) Los artículos o utensilios presentados hasta ahora  son símbolos de despliegue. Dejando por ahora, cualquier exposición detallada, solo haremos una breve mención de esto en la escritura. El arca,  ante todo,  debía ser puesta en el lugar santísimo, y sobre el arca del testimonio el propiciatorio, . Ninguna otra cosa se encontraba  en el lugar santísimo, porque, como se ha explicado antes,  esta era la escena de la manifestación de Dios.  Allí,  morando entre los querubines, Él era protegido con el incienso del altar de oro, y con la sangre  de los sacrificios del día de expiación; y allí iba Moisés  para recibir comunicaciones  para el pueblo.  El bello velo separaba el lugar santísimo del lugar santo. Este era por tanto el compartimiento  interior del tabernáculo.

 

Fuera del velo, en el lugar santo,  estaba la mesa con los panes y el candelero; el primer utensilio al lado norte, y la mesa al sur. Para tomar prestado el lenguaje de otro, "fuera del velo estaba  la mesa con sus doce panes y el candelero de oro. Doce es perfección administrativa en el hombre; siete, plenitud espiritual, sea en bien o mal. Ambas cosas se encontraban fuera del velo, dentro o detrás de éste estaba la más inmediata manifestación de Dios, el Supremo, pero quien se ocultaba a Sí mismo, como si fuese, en oscuridad. Allí, en el lugar santo, había luz y alimento, Dios en poder en unión con la humanidad, y Dios dando la luz del Espíritu Santo. Por tanto es que tenemos  a los doce apóstoles ligados con el Señor en la carne, y siete iglesias  para Aquel que tenía los siete espíritus de Dios. Las doce tribus eran, en aquel tiempo, lo que respondía externamente a esta manifestación. Esto se encuentra en la  nueva Jerusalén, la idea primaria es  la manifestación de Dios en el hombre por el Espíritu" Y estas dos verdades están conectadas, son mostradas conectadas por las posiciones relativas de la mesa y el candelero; la luz del candelero realmente estaba siempre testificando a la verdad encarnada en la mesa con los doce panes.

 

La última cosa conectada con esta parte del tema es "la cortina de la puerta de la tienda" Esta "cortina" separaba el atrio del tabernáculo del lugar santo, y formaba una entrada a este último. Esta ocupaba  la misma posición en referencia al lugar santo, que el velo tenía respecto al lugar santísimo. Cuando los sacerdotes venían desde el atrio (no todavía descrito), ellos pasaban  a través de esta "cortina" al lugar santo para realizar sus servicios. Sus materiales corresponden a aquellos del hermoso velo. Pero hay una diferencia importante. No había en éstas querubines bordados. En lo demás era lo mismo; y entonces la enseñanza típica de uno se aplicará a lo otro, ¿Cuál es entonces la enseñanza de la omisión de los querubines? Estos, se recordará, muestran al Hijo del hombre en Su carácter judicial. Entonces esta cortina, igualmente con el velo, es una figura de Cristo, con Su carácter judicial cuidadosamente excluido. La razón es obvia. En la "cortina" Él es presentado en gracia. A aquellos que están fuera, como el camino a la posición y privilegios de los sacerdotes, como el camino a la presencia de Dios en este carácter.

 

Los pilares también estaban hechos de los mismos materiales, como también los ganchos; y también estos señalan a la Persona de Cristo, y a la justicia divina, como cumplida y desplegada  en Aquel que está ahora a la diestra de Dios Pero aquí tenemos cinco pilares en lugar de  cuatro.  Esto puede deberse  a lo que ya se ha declarado, que  la "cortina" es  Cristo presentado al mundo en gracia, y de este modo lleva consigo el pensamiento de  responsabilidad hacia el hombre. Las basas  eran de bronce  en lugar de plata. El bronce, como siempre, es la justicia divina  probando al hombre en responsabilidad.  Esto  será explicado más plenamente en el próximo capítulo, pero se comprende fácilmente que Cristo es aquí presentado en gracia, es Cristo presentado a, y entonces como prueba de, al hombre responsable. Desde el momento, sin embargo, que la cuestión del pecado es arreglada, no solo ante Dios, sino también para su propia conciencia, Cristo viene a ser para él  el camino a la presencia de Dios. Todo estaba sobre basas de plata, porque él está ahora  sobre el fundamento de una expiación ya cumplida, en Cristo él tiene redención a través de Su sangre.

 

Todo todavía retrata a Cristo. Puede ser, e indudablemente es, difícil interpretar algunos de sus minuciosos detalles; pero si Cristo está ante el alma, algún rayo de Su gloria pronto será descubierto. Tengamos paciencia y una consciente dependencia, combinada  con vigilancia contra toda actividad del pensamiento, y el Espíritu de Dios se deleitará  en  desplegarnos  estas  sombras a  las almas de Su pueblo.

           

 

E. Dennett