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JACOB SOLO CON DIOS

 

Genesis 32: 24 32.

C.H.Mackintosh.

            Al trazar la historia de Jacob, y contemplar su carácter natural, somos una y otra vez recordados de la gracia expresada en las palabras, "A Jacob amé". La cuestión de porqué Dios amaría a un tal, solo puede recibir una respuesta de la infinita y soberana gracia de Aquel que ha derramado Su amor sobre objetos que no poseían nada digno en sí mismos, y "Aquel que llama a las cosas que no son como si fuesen, para que ninguna carne se gloríe en Su presencia". El carácter natural de Jacob no fue muy afable; su nombre fue realmente la expresión de lo que él era, un "suplantador". El comenzó su curso en el desarrollo de esto, su disposición, y hasta que fue completamente quebrantado, como en estos versículos, él prosiguió un curso de hacer meros negocios. Al dejar la casa de su padre, él quiso hacer un negocio con Dios "Si Dios", dice él, " está conmigo, y me guarda en el camino y me da pan para comer y vestido, de manera que vuelva en paz a la casa de mi padre, entonces el Señor será mi Dios, y esta piedra, que he puesto por pilar, será la casa de Dios, y de todo lo que Tú me des te daré el diezmo" (Gén.28:20-22). Aquí lo encontramos haciendo un negocio con Dios mismo, y se nos presenta la evidencia de cuál era su verdadero carácter. Después nuevamente, lo vemos durante el período de su permanencia con Labán; y allí vemos, qué planes, y esquemas para promover sus propios fines. ¡Cuán claramente se ve que el yo era el gran objeto en su mente, y en todo aquello en lo cual ponía sus manos! Así es en el transcurso de este Cáp.32. Él está profundamente comprometido en planes para alejar de si la temida ira de su más poderoso, y mal tratado, hermano Esaú.

             Pero hay una circunstancia con relación a Jacob en este capítulo que merece nuestra atención. Él es visto trabajando bajo los penosos efectos de una mala conciencia, en relación a su hermano, él sabía que había actuado hacia él en una forma calculada para producir su ira y venganza, y por tanto está incómodo e inquieto ante la probabilidad de tener nuevamente que encontrase con él. Pero Dios tenía una controversia con Jacob, Él tenía que guiarlo a través de un curso de educación por medio de la cual enseñarle que " toda carne es como hierba". Jacob solo pensaba en apaciguar a Esaú por medio de un presente. Es verdad, él se aleja, en este capítulo, para ofrecer una confesión y ruego, pero a pesar de ello, es claro que su corazón estaba comprometido en sus propios arreglos o planes para apaciguar a Esaú, más que con cualquier otra cosa. Pero Dios lo estaba mirando en todo esto, y preparando un saludable curso de disciplina para él, para enseñarle lo que había en su propio corazón. Para este propósito "Jacob fue dejado solo". Toda su compañía, ordenada de acuerdo a su plan, ha pasado adelante, y él mismo estaba esperando está muy temida entrevista con mucha ansiedad. Hay peculiar fuerza en las palabras, "Jacob fue dejado solo". Así es con todos aquellos que han sido entrenados en la escuela de Dios; ellos han sido llevados dentro de la calma, sosiego y soledad de la presencia divina, para verse allí a sí mismos y sus caminos, donde solamente estos pueden verse justamente. Si Jacob hubiese continuado en medio del balido de las ovejas , y el mugido de los bueyes , por ningún medio él habría podido tener la misma calma y sobria vista de sí mismo y de su curso pasado, como fue guiado en la secreta presencia de Dios. "Jacob fue dejado solo" ¡OH! No hay parte en la historia del hombre tan importante como cuando él es guiado de este modo a la solicitud o soledad de la presencia divina, es allí que él comprende cosas que antes le eran oscuras e inexplicables. Allí él puede juzgar de los hombres y cosas en su propia luz; allí, también, puede juzgarse a sí mismo, y ver su propia insignificancia y vileza.

            En el Sal.78 encontramos a un alma mirando hacia afuera, hacia el mundo y razonando por lo que veía allí, razonando a tal extensión, que casi era tentado a decir que era vano servir a Dios.

            En el Sal.77 encontramos a un alma mirando hacia adentro y razonando por lo que veía allí; razonando a tal extensión  hasta llegar a cuestionar la continuación de la gracia de Dios. ¿Cuál era el remedio en ambos casos? "El santuario", él entró en el santuario y entonces comprendió. Así es con Jacob; su "santuario" era aquel lugar solitario, donde Dios pelearía con él hasta el amanecer.

            El lector cuidadoso encontrará que este pasaje, cuando es tomado como este está, no presenta ningún fundamento para la popular idea, es decir, que esto nos da un ejemplo del poder de Jacob en la oración y el ruego. Que esta idea no es mostrada se verá por la expresión, "y allí peleó un varón con él", no se nos dice que haya sido él que peleaba con el hombre, lo que daría un aspecto completamente diferente a la escena. Creo que, que esto, lejos de probar el poder de Jacob para el ruego, nos prueba más bien la tenacidad con la cual él se aferraba a la carne, y las cosas que le pertenecen. Tan firmemente él retenía su "confianza en la carne", que esta disputa duró toda la noche. "El suplantador" no cedió hasta que el mismo asiento de su poder fue tocado, y entonces el hizo sentir que "toda carne es hierba".

            Esta es la enseñanza obvia de esta importante escritura. En lugar de la paciencia de Jacob y de su perseverancia en ruego, tenemos la paciencia de Dios al tratar con uno que necesitaba tener su "viejo hombre" quebrantado en el polvo, antes de que Dios pudiera hacer algo con él. Esta importante escena nos da el punto de vuelta en la vida de este extraordinario hombre. Aquí se nos recuerda la conversión de Saulo; Jacob, con el encaje de su muslo tocado, como Saulo, se postra en el polvo, entre Jerusalén y Damasco. Observemos, por otra parte, los fragmentos quebrantados de "un suplantador", y los elementos del "Príncipe" del Dios Todopoderoso, por la otra, los fragmentos de un perseguidor, y los elementos de un poderoso apóstol de Dios.

            Y podemos preguntar, ¿qué significa la expresión, "no te dejaré ir sino me bendices"? ¿Qué es esto, sino la expresión de uno que ha hecho el sorprendente descubrimiento de que no tenía poder? Jacob fue guiado dentro del secreto de la debilidad humana, por tanto él sentía que debía ser el poder divino o nada. El no piensa más de sus planes y arreglos, ni de sus presentes para apaciguar a su señor Esaú. No; él está ahora temblando ante Uno que lo ha humillado, y clama, "No te dejaré ir sino me bendices". Ciertamente, ¡esta es la puerta del cielo! Jacob había llegado al fin de la carne; ya no es más "yo", sino "Tú". Él se aferra a Cristo como los pobres marineros náufragos a las rocas. Toda la confianza en sí mismo se ha ido, todas las esperanzas en el yo y el mundo estallado, cada cadena de una seguridad planeada por sí mismo se disuelve como una nube de mañana ante los rayos del sol. Todos sus negocios no valían de nada. ¡Cuán miserable debía ser todo lo que él había hecho para sus ojos ahora; si, aún su oferta de dar a Dios el diezmo, cuando él permanecía en el polvo de la humillación propia y en consciente debilidad! El poderoso contendiente dice, "Déjame ir, porque el día amanece". ¡Qué sorprendente expresión! "déjame ir". Él estaba determinado en manifestar la condición del alma de Jacob. Si Jacob había sin retraso soltado y dejado ir, éste había probado que su corazón estaba todavía envuelto en sus planes y esquemas; pero, por el contrario, cuando él clama "No te dejaré", declara que solo Dios era la fuente de todo el gozo y poder de su alma: él, en efecto, dice, "¿A quién tengo yo en los cielos, sino a ti? Y fuera de ti nada deseo yo aquí".

            ¡Bendita experiencia! Así es con la pobre alma convencida de mal; esta puede haber estado confiando en su propia justicia, como Jacob lo estaba haciendo en sus planes; ella puede haber estado edificando sobre su vida moral; pero ¡OH!, cuando la flecha de convicción la ha traspasado, y puesto al descubierto su propia alma, y dicho todo lo que ella ha hecho, ella no confía más en sí misma, sino que exclama como Job, "Ahora mis ojos te ven, por tanto me aborrezco a mí mismo, y me arrepiento en polvo y ceniza". "No te dejaré ir sino me bendices" Este será siempre el feliz efecto de un completo conocimiento de nuestros propios corazones. Jacob ahora obtiene el cambio de su nombre; él no debe más ser conocido como "Suplantador", sino como un "príncipe", que tiene poder con Dios por medio del mismo conocimiento de su debilidad; porque, "cuando soy débil, entonces soy fuerte". Nunca somos tan fuertes como cuando sentimos nuestra propia debilidad, y como cuando tenemos la conciencia de ser "como aguas derramadas, que no pueden ser recogidas otra vez", y por el contrario, nunca somos tan débiles como cuando pensamos que somos fuertes. Pedro nunca desplegó más lamentable debilidad que cuando imaginó que tenía poder: él entonces sintió algo de la feliz condición de Jacob cuando el nervio de su pierna se encogió, solo entonces actuó, y pensó de manera diferente.

                        No debemos dejar este pasaje, sin al menos ver claramente que fue esto lo que le dio a Jacob "poder con Dios y con los hombres"; y esta fue la plena conciencia de su propia insignificancia y debilidad. Quien escucha por un momento estas preciosas palabras, "No te dejaré ir sino me bendices", y contempla al humillado patriarca aferrándose a Aquel que lo había quebrantado, puede fallar en ver que el "poder" de Jacob estaba en su "debilidad". No hay nada aquí del poder de Jacob en el ruego. No: todo lo que vemos es, primero, la fortaleza de la carne en Jacob, y a Dios debilitándolo; después, su debilidad en la carne, y a Dios fortaleciéndolo. Esta es realmente la gran verdad moral de la escena. Jacob estuvo satisfecho por haber hecho un alto en su jornada, al ver que había aprendido el secreto del verdadero poder. Él fue entonces capaz de moverse, usando las palabras expresadas posteriormente por Pablo: "Por tanto, de buena gana me gloriare en mis debilidades, porque cuando soy débil, entonces soy fuerte…Para que el poder de Cristo repose sobre mí". Si, "mis debilidades" por una parte, y "el poder de Cristo" por la otra. , constituyen la suma total de la vida de un cristiano.

                        Deseo observar, lo que me parece que es una marcada conexión entre el espíritu de este instructivo pasaje y aquel de Gál. 6:16, " Y todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sea a ellos, y al Israel de Dios" ¿Qué regla? "La cruz de nuestro Señor Jesucristo". Esta es la verdadera regla de Dios. No es "circuncisión o incircuncisión, sino una nueva creación" Esta es la regla que distingue al Israel de Dios, esta es la gran distinción entre "suplantadores" y "príncipes", los primeros confían en la carne, los últimos en la cruz. El Israel de Dios siempre se ha identificado con la debilidad en si mimo, como Jacob teniendo la sentencia de muerte escrita en su carne. De esta forma el apóstol dice: "De aquí en adelante nadie me cause molestias; porque yo traigo en mi cuerpo las marcas del Señor Jesús" De esta manera Jacob lleva en su "cuerpo las marcas del Señor Jesús". Él no se avergüenza de estas; porque, mientras estas fueron una vez las marcas de la debilidad de Jacob, estas son también las marcas del poder de Israel. ¡Qué podamos conocer más de esto diariamente!

                        Hay que observar como conclusión, que Esaú no fue encontrado solamente por Jacob, sino por Israel, y como una consecuencia, todo fue paz y brillo, las dificultades y los peligros desaparecen. Dios, quien había quebrantado el "viejo hombre " de Jacob, ejerce una influencia sobre los pensamientos de Esaú, de otra manera las consecuencias habrían sido terribles. ¡Cuán feliz es para nosotros cuando podemos enfrentar las dificultades al otro lado de la cruz! Jacob había estado solo con Dios, por tanto podía estar ahora solo con Esaú.

                                                           C.H.Mackintosh